En esta edición del programa “Expresso”, del canal GEN/Nación Media, Augusto dos Santos recibe al pastor Víctor Wall, quien en recordación a los 500 años de la reforma radical de Zúrich habla de los valores y aportes de la cultura menonita al pensamiento humanista paraguayo y universal. Además de principios ahora asentados como el rechazo al uso de la fuerza para la resolución de conflictos, la libertad religiosa y de conciencia, Wall destaca un progresivo y armónico proceso de integración con la sociedad nacional más allá de la actividad económica.

  • Fotos: Néstor Soto

–La primera pre­gunta puede ser técnica o filosófica, puede ser des­criptiva y es un desafío siempre. ¿Quiénes son los menonitas?

–Es la pregunta que nos esta­mos haciendo por 500 años ahora (risas). Es básicamente un movimiento espiritual que surge dentro del contexto del siglo XVI, un siglo en el cual se da el traspaso de la Edad Media a la Edad Moderna, en un contexto donde se dan más o menos seis diferentes refor­mas religiosas. Y los menoni­tas, en aquel entonces llama­dos anabaptistas, eran uno de ellos. Desde mi perspectiva, eran bastante avanzados en algunos conceptos como la libertad religiosa, la libertad de conciencia, el respeto a la persona, sus convicciones, la postura de que la violencia no sea un medio útil para resolver conflictos. Esto hoy por hoy es algo bastante sobreentendido, pero en aquel entonces no.

–¿Cómo fue recibida esta idea teológica y las prác­ticas culturales en ese momento?

–En aquel entonces las refor­mas se daban con un contexto político muy dominante y para los primeros menoni­tas significó una feroz perse­cución de parte de todas las autoridades y no solamente con el beneplácito, sino con el acompañamiento de los otros grupos religiosos de aquel entonces. Era prohibido. El primer bautismo se dio en Zúrich y dos años más tarde ya muere el primer mártir y le siguen más de 4.000 en algunas décadas. Esta fue la recepción cultural y polí­tica del inicio. Es una histo­ria muy dramática y también inspira hasta hoy en día.

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–Y esa persecución implicó naturalmente un éxodo, ¿no?

–Sí. A mitad del siglo XVI se empieza con la migración de los Países Bajos, o sea, de Holanda a Prusia. Y esto gra­cias a que Prusia necesitaba gente, era un país que estaba un poco devastado y que reco­nocía en la gente de Holanda personas que supieran tra­bajar la tierra, secar la tierra con sus diques y todo eso y esto fue el precio de la tole­rancia. Es allí donde empieza un poco el aislamiento de las comunidades menonitas, que antes no era la idea ni la manera de vivir. Inclusive en Prusia se da el desarrollo de una comunidad étnica, cultu­ral y el aislamiento fue dicta­minado por el Gobierno, tanto en Prusia como en Rusia. En Prusia fueron tolerados gra­cias a su capacidad de tra­bajar y de contribuir al país. Después se instala tanto en Francia como en Rusia el ser­vicio militar obligatorio hace un poco más de 200 años. La comunidad menonita era muy pacifista y rechazaba la parti­cipación en el aparato mili­tar. Entonces eso se solucionó por un buen tiempo con pagar cierto tipo de impuestos. Más tarde se fue limitando la tole­rancia en Prusia por la expan­sión misma. La comunidad crecía y las familias no tenían cómo sobrevivir. Entonces vino la invitación de Rusia a través de la emperadora Cata­lina la Grande porque el país necesitaba gente para trabajar la tierra. En Rusia cambiaron los tiempos también y enton­ces se acordó un servicio alter­nativo, que era mayormente un servicio forestal muy exigente.

EL ESPÍRITU MENONITA

–Te pido que nos dibujes el aporte que ha tenido en lo religioso y en lo cultural en general esta historia de 500 años.

–Desde nuestra perspectiva y desde la perspectiva reli­giosa, la fe cristiana se mani­fiesta en la cultura. Así, con­ceptos como la búsqueda de la paz, la libertad religiosa, el respeto a la conciencia del individuo, la conviven­cia pacífica, una autentici­dad religiosa más allá de los ritos. Esto es un aporte cul­tural muy grande. El presi­dente alemán (Frank-Walter) Steinmeier en una celebra­ción en Alemania dijo que los menonitas son parte de la construcción de la libertad europea por sus conceptos.

–Contanos ahora cómo fue que un día llegaron a Paraguay hace casi ya 100 años.

–Fue por una decisión del Gobierno canadiense. En la comunidad menonita, la edu­cación de los hijos a través de las instituciones educativas, y la formación de la persona y la formación de la cosmo­visión van muy de la mano. En este caso, también la for­mación religiosa. El Gobierno canadiense en aquel enton­ces, hace casi 100 años, tomó algunas decisiones bastante radicales en cuanto a deter­minar lo que pasaría en las instituciones educativas y exigió por ejemplo el idioma inglés, que eliminaba en aquel entonces a los docentes meno­nitas en el área de la educa­ción cristiana. Entonces, sur­gen en toda la década del 20 muchas ideas de qué vamos a hacer, vamos a buscar otros países. Y ahí surgen negocia­ciones con países como Brasil, México y Argentina. Y allí es la primera vez en la historia en un país en América Latina que a nivel de gobierno se empieza a discutir y considerar la idea de la libertad de conciencia, porque esto estaba sobre la mesa de negociaciones. Estos países abrieron las puertas para los buenos agricultores, pero no negociaban la cues­tión de la liberación del ser­vicio armado y ahí es donde Paraguay entra en la mira y donde se empieza a negociar y en Paraguay surge un inte­resante debate en el Congreso acerca de esto.

–Háblenos de ese debate, por favor.

–Se debatía sobre la presencia en Paraguay sobre la base de ciertas excepciones, ciertas libertades. Algunos tenían un concepto tal vez romántico, otros estaban en duda y otros estaban feroz­mente en contra. Finalmente surge la Ley 514 y esta ley está en pie todavía y gran parte del espíritu de esta ley es parte del espíritu de la Constitu­ción Nacional. O sea, la liber­tad de conciencia, libertad de religión, el aprecio cultural por los idiomas extranjeros, que según la Constitución son un bien cultural del Para­guay, la objeción de concien­cia frente al servicio armado y otras cuestiones que pueden darse. Por eso nosotros cree­mos que nuestra actual Cons­titución Nacional en general es muy buena y para nosotros es gratificante también ver ciertos conceptos comparti­dos con la sociedad.

LLEGADA AL PARAGUAY

–¿El momento en que salen de Rusia fue el ele­mento predisponente para que finalmente lle­guen a Paraguay?

–Los primeros emigrantes de Rusia se fueron a Canadá, luego a México y finalmente a Paraguay. Esta es una línea. La otra línea es la que se ajustó a las exigencias del Gobierno ruso para quedarse y hacer el servicio alterna­tivo, que es el grupo al cual yo pertenezco, que estaban muy bien instalados, esta­ban aportando muchísimo también en el área de la agri­cultura, no solamente de la producción, sino también de la maquinaria. Estaban cul­tivando nuevas tierras. Por ejemplo, muchos se fueron a Siberia, donde pocos querían irse. Y ahí viene la revolución de 1917. Con todos los con­flictos internacionales, muy pronto ser descendiente ale­mán, ser un cristiano activo y tener algún tipo de tie­rra ya te hacía enemigo del Estado. Y entonces se juntan los menonitas en los alrede­dores de Moscú a finales del 28, 29, unas 15.000 personas. Y con presión internacional finalmente permiten a 6.000 emigrar y el resto es llevado de vuelta a su casa o a Sibe­ria, nadie sabe exactamente lo que pasó en aquel entonces.

–¿En qué momento vinie­ron a Paraguay?

–Los que vinieron de Canadá crearon la colonia Meno y los que vinieron de Rusia llega­ron en el año 30 y fundaron la colonia Fram, fue la segunda oleada. Y un grupito de ellos, mi familia, se fue al lejano este de Siberia, en la fron­tera de China y así empeza­ron una vez más en el 27, 28 de cero allí. Mis papás eran jóvenes y de allí huyeron a China como refugiados.

–¿En qué momento se pro­duce el salto de tus padres hacia Paraguay?

–Primero huyen en peque­ños grupos, de a 2, 4, 5 fami­lias juntas. El comité cen­tral menonita surge en los inicios del 21,22 cuando se da una hambruna en lo que hoy es Ucrania a consecuencia de la gue­rra civil y del terrorismo. Entonces, el comité central menonita empieza a nego­ciar, la embajada alemana empieza a involucrarse y así se logra un acuerdo a nivel internacional porque Rusia demandaba de China que devuelvan a estos. Salen en un barco japonés y cruzan el océano Índico, cruzan el canal Suez, el mar Medite­rráneo, se van a Francia y allí se organizan para emi­grar a Paraguay. Ahí toman otro barco a Buenos Aires y así hasta Puerto Casado, des­pués a Punta Riel por el tren­cito y después con carro de bueyes al Chaco Central.

CONVIVENCIA

–¿Cómo te parece que es la convivencia con el resto de la sociedad paraguaya?

–De respeto mucho, de ayuda, o sea, donde se hace necesario o donde se pide, siempre estamos y tenemos el mismo trasfondo cultu­ral que ayuda mucho, o sea, la comida, algunas cuantas cosas, el idioma. Pero tam­bién estamos alentando una renovación espiritual, que es el desafío para cada genera­ción. Si nosotros queremos ser auténticos en nuestra espiritualidad, necesita­mos renovarnos, no podemos depender de costumbres o de reglas o de ritos. Esto es el postulado de los menonitas.

–Hay un mundo más moderno, industrializado, que tiene una estrella de la Fórmula 2 por ejemplo. ¿En ese mundo hay res­guardos o temores al res­pecto de que esta moder­nidad genere problemas con la fe?

–En los grupos tradicionales, sí. En el grupo donde estamos más abiertos a eso, yo no diría el temor ni por la moderni­dad ni por la ciencia, porque estamos en ambos, sino por el desafío de cómo vamos a vivir nuestra fe radical en un contexto X, en un contexto digamos deportivo, que de repente cada vez se vuelve más y más violento o más falso también. Sea lo que fuese, yo estoy aprendiendo a manejarme con la IA y me ayuda. No es un problema. Y me ayuda en reflexiones bíblicas y todo eso, no me asusta, lo que sí tengo que saber manejar y esto es algo que necesitamos reflexionar y enseñar también cómo ser modernos, o sea, cómo ir con el tiempo sin perder nuestra radicalidad espiritual y los valores originarios.

EL CENTENARIO

–¿Cómo estás viendo este año de vísperas de la cele­bración de los 100 años? ¿Qué esperás de futuro para este proceso?

–Veo en forma positiva. Yo creo que nos estamos enca­minando a una integración muy sana. Yo creo que uno puede integrarse bien sin per­der también ciertas costum­bres y ciertos aspectos cultu­rales. Creemos que hacemos bien en mantener el idioma alemán bien fomentado, bien enriquecido también. Esto abre muchas puertas. Yo creo que estamos aprendiendo a jugar en ciertas ligas econó­micamente hablando de la perspectiva industrial y todo eso. El Chaco se vuelve inte­resante por las vías de comu­nicación y todo eso es comple­tamente diferente. El Chaco es muy atractivo. Se aprende nueva tecnología en el área del medioambiente, del agua y todo esto. Mucho también va a depender del Gobierno, de las políticas y de la capaci­dad del Gobierno de no sola­mente promover el desarrollo y de hacer caminos, sino de administrar. O sea, si Para­guay realmente quiere ser un país internacionalmente atractivo y reconocido, esto exige ciertas políticas y pro­cedimientos a ese nivel.

–Me sorprendió muy gra­tamente, en Filadelfia par­ticularmente, la cantidad de museos, de sitios de memoria.

–La memoria histórica es fundamental. Esto es lo que falta en Paraguay también. Y claro que se ha avanzado, pero se puede hacer mucho más. La memoria histórica es fundamental para la for­taleza de una sociedad. Lo mismo también en el área espiritual. La memoria his­tórica es muy importante inclusive en la vida perso­nal. Y el Paraguay tiene algu­nas tareas que hacer. Noso­tros también, pero nosotros hemos aprendido esto.

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