- Luis Vera
- Fotos: Gentileza
Con el título de “El Tormes de Lazarillo”, la colección fotográfica de Jesús Ruiz Nestosa curada por Luis Vera se presenta en la Casa Bicentenario de las Artes Visuales (Centro Cultural de la República El Cabildo), con el apoyo clave del Centro Cultural de España Juan de Salazar y la Embajada de España en Asunción.
Hay escenas en la literatura que se graban en la memoria colectiva. Una de ellas es el brutal despertar de Lázaro de Tormes: su amo ciego, junto a un toro de piedra en el puente de Salamanca, le promete escuchar un “gran ruido” en su interior. El niño acerca el oído con inocencia y recibe a cambio una violenta calabazada. “Necio, aprende”, le dice el ciego, “que el mozo del ciego un punto ha de saber más que el diablo”. En ese instante, con el dolor de la cornada, Lázaro despierta de su niñez a la dura realidad del mundo.
Este pasaje fundacional de la picaresca española es el punto de partida de la nueva exposición del maestro Jesús Ruiz Nestosa.
El universo del Lazarillo, publicado anónimamente en 1554, retrata una sociedad moralmente en bancarrota. Para Ruiz Nestosa, la novela fue revolucionaria: le dio la espalda a los héroes de caballería para enfocar, por primera vez, a los desfavorecidos, cuya única gesta era sobrevivir. En ese relato, el río Tormes no es solo un paisaje; es un umbral, el inicio de un camino de adversidades, el símbolo del flujo constante de una vida precaria.
Fiel a su estilo, Ruiz Nestosa no ilustra la novela, la interpreta. Sus fotografías destilan la esencia de la experiencia pícara y la proyectan sobre un paisaje que, a través de su lente, se vuelve universal. Esta sensibilidad no es casual. La propia trayectoria de Ruiz Nestosa como periodista y escritor está marcada por una aguda crítica al poder, habiendo sido testigo y víctima de las represalias de su tiempo. En las orillas del Tormes, su mirada reconoce el eco de las mismas luchas y soledades que ha documentado a lo largo de su vida. Su fotografía se convierte así en un diálogo íntimo entre su memoria personal y la memoria literaria.
Así como el “Lazarillo” dignificó al personaje cotidiano, la cámara de Jesús selecciona fragmentos de una realidad a menudo ignorada. Encuadra lo residual, lo olvidado y, al hacerlo, lo eleva del “no-lugar” al estatus de sujeto digno de contemplación. Poner estos elementos dentro del cuadro es, en sí mismo, un potente acto de valorización.
LA TENSIÓN DEL PAISAJE
La elección del paisaje no es trivial; de hecho, conecta su obra con los mismos orígenes de la fotografía. Es revelador que la primera fotografía de la historia sea, precisamente, un paisaje. La “Vista desde la ventana en Le Gras”, que Joseph Nicéphore Niépce capturó en 1826 tras una exposición de ocho horas, no es un retrato ni una escena preparada, sino una simple vista de los tejados desde su taller. La fotografía nació documentando el espacio exterior porque, por su naturaleza estática, el paisaje era el sujeto ideal para las limitaciones técnicas pioneras.
Tal vez con esa herencia en mente, Ruiz Nestosa aborda el Tormes en un blanco y negro riguroso, creando un diálogo entre una estética clásica y un propósito profundamente contemporáneo. Su lenguaje visual evoca la tradición fotográfica del siglo XIX, no por la cultura. Ese formalismo clásico se convierte en una herramienta para forjar una metáfora actual, una melancolía crítica que se ancla en una profunda conciencia histórica.
Este proyecto se suma a una trayectoria impecable que ha marcado la historia de la fotografía en Paraguay. Desde su muestra fundacional en 1968, pasando por sus exploraciones urbanas, sus obras conceptuales como “Demoliciones” (1981) y sus más recientes reflexiones sobre el paisaje en “La estepa castellana” (2018), Ruiz Nestosa ha demostrado una maestría absoluta para transitar entre lenguajes visuales.
EL FOTÓGRAFO QUE ESCRIBE, EL ESCRITOR QUE MIRA
Ante un creador que domina tanto la palabra como la imagen, la pregunta es inevitable: ¿cómo conviven ambas facetas? “La respuesta es complicada”, admite con entusiasmo. “Tengo esas dos corrientes y se da la coincidencia de que en la época en que estoy trabajando sobre un tema no escribo. Y en la época que estoy escribiendo, tampoco fotografío.Generalmente, cuando tengo ocupada mi parte cerebral literaria trabajo en eso”.
El redescubrimiento del “Lazarillo” en Salamanca fue la chispa. “Lo leí en el colegio, como una obligación y sin entender nada. Al volver a leerlo allí, me pareció un libro precioso. Me fascinó cómo el autor, en lugar de recurrir a los grandes caballeros y reyes, enfoca un estrato social ausente hasta entonces en la literatura. Lázaro es un pobre chico que abre las puertas para que otros escritores se dediquen a mirar a esa gente, que también tiene una humanidad interesante”.
Esa fascinación se tradujo en acción. “El entusiasmo de haber hecho las fotos en la ribera del Tormes nació del entusiasmo que me despertó el libro. Es una lástima que la gente deje de leer y se pierda una maravilla como esa”.
Durante casi cinco años, Ruiz Nestosa caminó y fotografió el río, impulsado por esa conexión literaria. Y al exhibir su trabajo, recuerda las palabras del propio Lázaro, quien afirmaba que los escritores no buscan dinero, sino “que vean y lean sus obras y, si hay de qué, se las alaben”. Un deseo de trascendencia que hoy, a través de estas imágenes, Jesús Ruiz Nestosa comparte con nosotros.
EL ARTISTA
Jesús Ruiz Nestosa nació en Asunción, Paraguay, el 26 de junio de 1941. Desde muy joven inició su vínculo con la fotografía, disciplina en la que se fortaleció luego en el Rochester Institute of Technology de Nueva York, donde en 1982 realizó estudios especializados y en 1983 obtuvo el grado de máster en Bellas Artes en el área de artes visuales, plásticas, literarias y escénicas.
A lo largo de su vida desarrolló una trayectoria múltiple como narrador, poeta, fotógrafo, periodista, crítico cultural y docente. Inició su labor en la prensa escrita en los años sesenta, colaborando en los diarios La Mañana y La Tribuna entre 1963 y 1966, para luego integrarse en 1967 al equipo fundador de ABC Color, donde ejerció como periodista, cronista y crítico. Paralelamente, impartió clases en colegios y universidades, abordando temas de literatura, fotografía y cine, y cultivó la crítica cultural con una mirada rigurosa y comprometida. Su producción literaria abarca la narrativa, la poesía y textos concebidos para obras musicales.
En el ámbito de la fotografía, Ruiz Nestosa sostuvo una producción constante desde finales de la década de 1950, con un recorrido artístico que le permitió exponer en importantes centros culturales del país y del exterior. Su obra fotográfica, siempre vinculada a la búsqueda estética y al diálogo con la memoria y el tiempo, constituye una referencia en el panorama visual paraguayo.
Reconocido como un creador integral, Ruiz Nestosa ha sido distinguido con homenajes institucionales como el reconocimiento de Maestro del Arte del Congreso de la Nación; es miembro de número de la Academia Paraguaya de la Lengua Española. Su figura ocupa un lugar central en la cultura nacional por la versatilidad de su aporte, que integra literatura, poesía, música, fotografía y periodismo en un universo creativo de singular coherencia y riqueza.

