• Toni Roberto
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Este domingo, Toni Roberto rinde homenaje a una bioquímica que, con una vida profesional de más de cincuenta años, cambió la mirada de muchos con su trato profundamente humano.

Era un día cualquiera de febrero de 2025 en el edificio Pedro A. Meyer, propiedad de Meyer Lab. Sentado en uno de los pisos con vistas a techos, edificios y al viejo edificio del Inter, le digo al médico tratante: “Qué hermoso es ese espacio vacío, una especie de cilindro que tiene este diseño de Hilario”. La respuesta fue “¡¿pero para qué sirve?!”. Segundos después le respondo: “¡Para pensar, doctor!”.

En ese momento recordé el trabajo de Teresa Meyer y esa obra realizada por Hilario Gómez Núñez, su compañero desde hace treinta años.

Tal vez ese rincón del edificio contenga todos aquellos recuerdos que fui atesorando de vida, de humanidad, de María Teresa Meyer Canillas, aquella niña del barrio Sajonia, de una familia numerosa, que pasó toda su infancia, ahí, en el oeste de Asunción, haciendo sus estudios primarios en la prestigiosa y legendaria Escuela República del Perú.

Charlando con ella me va contando de sus amigas y compañeras, sobre todo de aquellas que pasaron de la vida “glocal” en el barrio a la secundaria en el colegio de La Providencia.

LA INOLVIDABLE PREGUNTA DEL GALENO

Aquella arquitectura se me sigue representando desde aquel día de esa “inolvidable pregunta” de aquel galeno, habitante de uno de los pisos, de un proyecto que se fue haciendo de a poco, con sacrificio.

Al leer las más de doscientas páginas del libro “La química de mi vida”, voy reconociendo pasajes de historias recordadas de las largas charlas desde hace años con ella, con Hilario y con su hermano, el insigne ingeniero Luis Fernando Meyer, amigo y poeta del cemento.

Volviendo al barrio Sajonia y sus habitantes, la vida de una numerosa familia de más de diez hermanos, como también lo son los Prono, en la misma zona se adorna de detalles humanos increíbles que se proyectan al trabajo. Esto al presentar como centro de la historia al ser humano, punto fundamental en la vida profesional de más de cincuenta años de esta bioquímica que cambió la mirada de muchos.

Más allá de un análisis clínico, en el trato personal, de lo que yo puedo dar fe, desde una corta y memorable charla a mis mozos veinte años en el viejo local donde empezaron aquellos encuentros sobre diversos temas, cuya figura fundamental fuera el pa’i Salgado. Otro hecho innovador en Asunción tiene que ver con los conocimientos adquiridos en su vida en los Estados Unidos en su especialización en la carrera de Tecnología Médica y Bioquímica Clínica.

LA LITERAL QUÍMICA DE MI VIDA

En el transcurso de la lectura, voy encontrando nombres y personas entrañables que forman y formaron parte de la vida de una Asunción de hoy y de otras épocas. Al final del libro, como toda buena persona agradece a su familia, a sus amigos, compañeros e instituciones.

Yo termino literalmente como dice el libro y la llamo “La química de mi vida”, que me cambió la mirada, el pensamiento y contribuyó, tal vez sin saberlo, a la existencia primera de estos “Cuadernos de barrio” hace muchos años.

Luis “Yiyo” Zanotti, Teresa Meyer, Juan Max Boettner y Ubaldo Scavone. Asunción, 1993

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