• Jorge Zárate
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En coincidencia con movimientos regionales que revalorizan los orígenes africanos, una encuesta encontró una importante cifra de personas que se asumen como afroparaguayas. El trabajo alienta a encarar políticas públicas desde el Consejo Nacional de Afrodescendientes (Conafro) con miras a mejorar los guarismos que los ubican en una situación de “pobreza multidimensional”. Aquí un análisis del estudio con sus investigadores.

La población de 5 años y más que se identifica como kamba/afroparaguaya se estima en promedio en 85.596 personas, que representan un 1,5 % de la población total. El número se ubica por encima a lo observado en Argentina (0,7 %), Bolivia (0,2 %) y Chile (0,04 %). Sin embargo, como bien se sabe, la presencia afro es notoriamente menor a la de Uruguay (10,6 %) y Brasil (55,5 %).

Este es el dato principal que aporta la Encuesta sobre la Población Afroparaguaya (EPAP 2024), indicando que el margen de error hace que la cifra pueda ubicarse en realidad entre las 62.000 y 110.000 personas. Apunta, a su vez, que la mayoría está viviendo en la zona del departamento Central, revelando aspectos de la composición de nuestra población que habían sido obviados en el censo 2022.

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El trabajo dio cuenta, por ejemplo, que más allá de sitios de reconocida presencia negra como Emboscada y el barrio Kamba Kua en Fernando de la Mora, zona norte, “más de la mitad de la población afro se encuentra en distritos intermedios del interior de la región Oriental y en distritos pequeños de menos de 25.000 habitantes. En ellos vive 1 de cada 3 personas que se reconoce como afroparaguaya”.

Este dato fue revelador, ya que no surgía en informaciones previas del Instituto Nacional de Estadística (INE) o algún otro ente oficial. “Honestamente, fue una sorpresa”, cuenta su investigador principal, el sociólogo Sebastián Bruno, experto en población.

SUBSANAR UNA OMISIÓN

La EPAP 2024 admite en su presentación que esta franja de habitantes de nuestro país “estuvo ausente en los diseños conceptuales; o con problemas de captación como en el caso del Censo 2012… (Por lo que) se encuentra estadísticamente omitida, desconociéndose su magnitud y potenciales brechas sociales”, se explica para fundar la motivación del trabajo cuyas conclusiones aquí se presentan.

Bruno recuerda que existió un primer registro de los habitantes afro en el censo de 1846 y que luego, tanto en Paraguay como en países de la región, aparece un sesgo racista que omite la inclusión de la categoría hasta prácticamente nuestros días.

Señala que la EPAP 2024 hizo sus preguntas en 5.932 hogares, distribuidos en 39 distritos. Las mismas se elaboraron recogiendo la experiencia de otros países latinoamericanos, buscando saber, en principio, si en una vivienda había alguna persona “que se identifica como kamba, afroparaguaya o negra. Y en el caso de que nos digan que no, se pregunta por sus padres, sus tradiciones y demás”, en un intento de no perder las filiaciones.

Según explicó, esta serie de preguntas puede ayudar al INE en futuros censos y encuestas como la Permanente de Hogares (EPH) a poder registrar datos de manera más eficiente y precisa sobre esta franja particular.

Los resultados de la Encuesta sobre la Población Afroparaguaya fueron presentados el pasado 30 de setiembre en el Espacio Cultural Staudt de Asunción

DIFÍCIL SITUACIÓN

Un 32 % de la población afro se encuentra en pobreza multidimensional “y esto es más que el doble que quienes están en dicha situación en la generalidad”, apunta Bruno para dar cuenta de la situación del grupo.

“Hay algunos indicadores que nos están marcando brechas sociales de acceso, especialmente en la educación. Los niños, niñas y adolescentes afro de 6 a 17 años están asistiendo a la escuela o al colegio en un poco más de 82 %. Y esto es más bajo que la generalidad de los chicos y chicas de la región Oriental, donde asisten casi en un 96 %”.

También los adultos tienen 8,5 años de estudio contra el promedio general de 10 años y el nivel de analfabetismo crece a un 9 % para las personas de hasta 15 años, cuando el promedio general es 5 %. Un dato curioso es que el analfabetismo trepa un 21 % en poblaciones rurales.

“En términos de salud, no encontramos grandes diferencias. Sí en el acceso al trabajo tienen una participación laboral bastante similar en cuanto a las tasas de ocupación y demás. Son en mayoría cuentapropistas y menos de 1 de cada 10 tiene Registro Único de Contribuyentes (RUC), lo que indica que está predominando una situación de informalidad laboral”, describe Bruno.

Sebastián Bruno, sociólogo experto en población e investigador principal del estudio

POLÍTICAS PÚBLICAS

Para Ignacio Telesca, investigador asociado de la EPAP 2024, estos datos “son fundamentales a la hora de pensar políticas públicas, de salud, de educación, de trabajo, que se puedan orientar a la población afrodescendiente, un desafío para el Estado que es bueno señalar que se está haciendo”.

Menciona entonces las sesiones de la Comisión de Afrodescendientes (Conafro), que tiene representación de los distintos ministerios, en la que van “dándose pasos para tener esa cuestión en cuenta, sobre todo a nivel del Ministerio de Educación y Ciencias (MEC), que es un punto interesante porque ahí no solo hay que atender a la población afrodescendiente como un sujeto de derechos, sino también ir incorporando en la currícula el tema afrodescendiente a distintos niveles. Es decir, crear capacidades para evitar la discriminación, para el reconocimiento histórico de esta población”.

Cuenta entonces: “He participado en varias reuniones y se espera que para 2026 se pueda ir profundizando este tipo de acciones, por lo que creo hay un punto de esperanza. Por supuesto, es todo muy lento y va a necesitar tiempo, por los compromisos, peleas, discusiones, pero hay movimiento y cuando hay movimiento es siempre bueno”, considera.

EL EQUIPO

El equipo de investigación estuvo integrado por Sebastián Bruno (investigador principal), Ignacio Telesca (investigador asociado), Edith Arrúa (investigadora asociada), Leticia Alcaraz (directora), Lilian Meza (investigadora en formación) y Adolfo Ruiz (investigador en formación).

El relevamiento fue implementado por un equipo de investigación del Centro de Información y Recursos para el Desarrollo (CIRD) a través del proyecto “Población afrodescendiente en Paraguay: estimación de magnitud y características”.

El proyecto es cofinanciado por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) como parte del programa Prociencia con el apoyo del Fondo para la Excelencia de la Educación y la Investigación (FEEI).

PARAR LA DISCRIMINACIÓN

Un 22 % de los consultados experimentó maltrato o discriminación de acuerdo a su condición afro. “Esto realmente, por lo que hemos acompañado los encuestadores, nos muestra que es como un piso. Hay mucha gente que manifiesta situación de discriminación y demás, pero entiende que es algo normal o está normalizado o naturalizado”, reporta el investigador principal Sebastián Bruno. Los hechos se dan en lugares públicos, “la calle, plazas y demás; en segunda instancia en el trabajo o buscando trabajos y después en reuniones o eventos sociales. Ya en menor medida hay menciones a medios de transporte, redes sociales y centros educativos, ya es mucho más minoritario”, explica el sociólogo.

Para Ignacio Telesca, investigador asociado de la EPAP 2024, “somos sociedades que discriminamos. Muchas veces nos pasa que como no tuvimos un apartheid como Sudáfrica o que tuvo Estados Unidos, entonces sentimos que no tenemos ese problema. Ciertamente no estamos a ese punto, pero siempre existe esa necesidad de diferenciarme del otro, pero diferenciarme de una manera que yo soy mejor, superior o algo más que el otro. Y buscamos cualquier diferencia para sobrevalorar lo mío y discriminar lo otro”.

Allí ingresan los fenómenos del racismo, el odio a los pobres, las cuestiones de género, “hay espacios de discriminación que son muy evidentes que existen: el fútbol testimonia algo que está en lo más profundo y se expone en los gritos y en los insultos. A lo mejor en una conversación normal lo vamos filtrando, pero en el deporte no tenemos ningún filtro y salen. No son casos aislados, es algo que atraviesa toda la sociedad”.

Allí es donde entiende importante proponerse un cambio. “Solo reconocerlo no alcanza, hay que tomar medidas para que nos eduquemos y para que, si no tenemos filtro, bueno, aprendamos a usarlos y paguemos por no usar filtros. Porque discriminar implica ningunear, menospreciar y afectar a la otra persona. Entonces, no podemos quedar impunes, entre todos tenemos que discutir cómo evitar ese tipo de discriminaciones a todo nivel, incluso lingüísticas”, sugiere.

MESTIZAJE

El mestizaje, un proceso continuo en las poblaciones, impacta en lo afro. Bruno recuerda que “dado el pasado ligado al esclavismo, hubo un intento de la propia población afro por lograr este mestizaje, integrarse de otra forma con las poblaciones después de las aboliciones de la esclavitud a fines del siglo XIX”.

Recién a partir “de las organizaciones en la década del 60 en adelante hay una recuperación de las identidades afro y ahora hay una fuerte reivindicación y reconocimiento de estas poblaciones que le da números desde la demografía, por lo que habrá que seguirla en un futuro”.

Telesca, autor del estudio “La historiografía paraguaya y los afrodescendientes”, recuerda que en la mezcla de la población europea, negra e indígena está la base de la población americana. “Entonces, imaginémonos todos los derivados que hay entre estos tres combinados”, propone.

Ignacio Telesca, investigador asociado

Reflexiona sobre lo importante de mantener presente este diálogo interétnico teniendo en cuenta que “investigando un poco y haciendo cuentas y números, a nuestra región llegaron más africanos que europeos. A la zona del Paraguay llegaron europeos en el siglo XVI cuando se van a crear las otras ciudades, Santa Fe, Corrientes, Buenos Aires y al entender que Paraguay no es un lugar para llegar a Potosí, que no hay minas de oro ni de plata, entonces la gente deja de venir”.

Insiste entonces en que “durante el siglo XVII y XVIII los que entraron de afuera eran esclavos, personas esclavizadas”, que en gran mayoría eran africanos.

Recién a fines del siglo XVIII con la apertura de nuevos puertos comerciales llega una segunda oleada de españoles y europeos comerciantes.

Telesca, quien es doctor en historia, recuerda que “Eladio Velázquez y Juan Carlos Garavaglia recogieron documentación de fin del siglo XVII, en la que desde la corona española se reconocía que el mestizo iba a ser tenido como español. Entonces, no aparece la categoría de mestizo en los censos. Uno ve el censo en 1782 y no aparece, las categorías son españoles americanos, españoles europeos, indígenas o ‘indios’, como se decía en esa época, y afrodescendientes negros y mulatos”.

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