• Toni Roberto
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Este domingo, Toni Roberto reflexiona sobre el legado de un artista fundamental del arte paraguayo del siglo XX a propósito de una muestra que se encuentra abierta actualmente en una galería del barrio Trinidad.

Allá por 1990, conocí a María Cristina “Titina” Ruttia de Conigliaro, quien vivía en un chalet estilo “art decó paraguayo” con altas escaleras sobre la calle República de Colombia, en la zona de loma Tarumá. Ahí, entre las telas de su taller de costura, me contaba de su tío el pintor Pedro Di Lascio (1900-1977).

Eso fue lo primero que recordé al ver la muestra retrospectiva sobre la obra de este artista del siglo XX organizada por Santiago Abente dentro del marco del proyecto Pinta. Entre ellas encontré la casaquinta de don Antonio Zuccolillo Abbondante, quien estaba emparentado con el pintor.

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LA CALLE CABALLERO

Segundos después, los recuerdos de los paseos de domingo por el barrio con su vecina, la insigne artista paraguaya Edith Jiménez, que me decía allá por 1999 cuando pasábamos por la calle Caballero entre Manuel Domínguez y Fulgencio R. Moreno: “Acá vivía don Pedro Di Lascio. Era un personaje, todos los artistas veníamos a comprarle óleos, acuarelas, témperas, tintas para grabar y otras cosas para pintar que él vendía. Recuerdo que los muchachos, jovencitos en aquellos años 60, le hacían bromas. Un día Ricardo Migliorisi entró con Lito Krasniansky y le escondieron sus pomos de óleos. Casi se enloqueció. Era muy austero y vivía humildemente”.

PRESCRIPCIÓN

Así, aquel señor comerciante, hijo de inmigrantes italianos, de esa calle que llevaba al sur de la ciudad, un día por prescripción médica empezó a pintar ya casi con cincuenta años. En 1947 se inscribió en los cursos del Ateneo Paraguayo junto con otras personas de la sociedad asuncena de la época, entre quienes se encontraban Nélida Amábile, Monserrat Solé de Bravard, María Teresa Valdovinos, Olga Blinder, Inorla Bittar de Sabe, entre otras.

DESDE UN CHALECITO HASTA EL ALTAR

Los que somos estudiosos de la ciudad vemos la obra de este artista al que se le llama naif en muchos casos y al que considero sencillamente de un estilo “dilasciano”, un registrador de la ciudad.

Así, encontramos en esta muestra casitas populares de algunos barrios, chalecitos, casaquintas, esquinas, calles, vistas aéreas, edificios, hasta el altar de la iglesia de San Francisco de la calle Herrera. Por supuesto, con su estilo y su mirada tan particular como su misma vida, austera, sencilla y discreta, resaltando esto sobre todo en sus acuarelas y sus grabados.

“El altar de san Francisco”. Pedro Di Lascio. Asunción, 1970

EL ABSTRACTO DE LA CASA DE “TITINA” Y LA ASO

Su obra está emparentada con la “modernidad brasileña”, sobre todo con el gran maestro Volpi, que fuera influenciada por los conceptos tomados, por supuesto a su manera, del artista João Rossi, quien vino al Paraguay para enseñar en la vieja ASO (Asociación Cristiana de Jóvenes), sobre la misma calle Herrera, en los años 50.

Este detalle fue resaltado por su sobrina Titina Ruttia de Conigliaro al enseñarme, o mejor, al tratar de explicarme, una gran obra suya que engalanaba las paredes de su sala.

Ticio Escobar, quien también fuera vecino del artista, le dedica un importante apartado en su libro “Una interpretación de las artes visuales en el Paraguay”, editado en 1980, haciendo un análisis profundo de su obra y de la muestra que se encuentra expuesta en un rincón del barrio Trinidad.

Di Lascio, un artista que forma parte fundamental del arte paraguayo del siglo XX, más allá de la técnica o de la academia, nos sigue dando clases de autenticidad, que tanto escasea en este siglo que ya está cumpliendo sus primeros veinticinco años.

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