• Paulo César López
  • paulo.lopez@nacionmedia.com
  • Fotos: Matías Amarilla/Gentilez

La estación florida se ha iniciado y las opciones turísticas para los amantes de la naturaleza y la aventura son atractivas y variadas. Los primeros días de calor que trajo el cambio estacional no han templado aún las frías aguas de los ríos y arroyos. No obstante, las temperaturas aún moderadas son ideales para escalar y hacer senderismo. Por ello te invitamos a que formes parte de este recorrido por dos joyas geológicas y culturales de la cordillera del Ybytyruzú, el cerro Akatî e Itá Letra, un lugar de alta importancia arqueológica para conocer más de la prehistoria en el Paraguay.

A casi 200 km de Asunción y a 12 km del casco urbano de Independencia, en el departamento del Guairá, se alza la formación geológica conocida como cerro Akatî, que tiene una elevación de 673 metros sobre el nivel del mar (msnm). El área forma parte de la Reserva de Recursos Manejados del Yvytyruzú, un área protegida que enfrenta múltiples amenazas como la deforestación y la irrupción de especies invasoras.

El camino es accesible hasta la cima en camionetas 4 x 4, aunque por estos días se están realizando labores de mantenimiento del camino por el inicio de la temporada alta. En la cima hay cinco estaciones y tres miradores. El principal es el conocido como Portal del Cielo, con su icónico banco panorámico y la imponente vista del cerro Mymýi, praderas en las elevaciones menores que la rodean y la compañía Tororõ.

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Los demás circuitos son la Arboleda Acatí, el Mirador Amanecer, Mirador el Escondido y el Ykua de los Deseos.

En esta entrevista para La Nación/Nación Media, Néstor Salinas, del Departamento de Geología de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales (Facen) de la Universidad Nacional de Asunción (UNA), habla de las características de esta formidable formación geológica que guarda en su interior una rica biodiversidad que presta servicios ecosistémicos fundamentales para el equilibrio ecológico.

Néstor Salinas, geólogo

–¿Cuáles son las características geológicas del cerro Akatî?

–El cerro Akatî, ubicado en el flanco occidental de la cordillera del Yvytyruzú, está formado principalmente por rocas ígneas volcánicas conocidas como basaltos toleíticos, que pertenecen a la Formación Alto Paraná. Los basaltos del cerro Akatî se apoyan sobre capas más antiguas de areniscas rojas, originadas por la acumulación de sedimentos eólicos (transportados por el viento) de la Formación Misiones, depositados durante los periodos Triásico–Jurásico, cuando gran parte de la región era un extenso desierto, muy parecido al Sahara actual.

DATACIÓN

–¿A qué periodo pertenece y cuál sería la datación?

–Estas rocas basálticas tienen una edad de entre 130 y 134 millones de años, determinada mediante el método de datación isotópica ⁴⁰Ar/³⁹Ar, lo que las sitúa en el Cretácico inferior. Esta roca predomina en las cotas superiores en toda la cordillera.

–¿Qué eventos geológicos provocaron la formación de estos bloques?

–El origen de estos basaltos está directamente relacionado con el evento geológico que provocó la separación de Sudamérica y África (Gondwana), dando lugar al océano Atlántico. Durante ese proceso, la corteza terrestre se fracturó a lo largo de la Dorsal Mesoatlántica, liberando enormes volúmenes de lava muy fluida que se esparcieron como gigantescos ríos de fuego, cubriendo extensas áreas de ambos continentes. En Paraguay, estas lavas cubrieron lo que en aquel tiempo era un gran desierto, transformando por completo el paisaje. Las fallas y diques de rocas ígneas alcalinas potásicas visibles en la región occidental de la cordillera evidencian la intensa actividad magmática y tectónica que marcó la zona.

–¿Cuál es el tipo de suelo que se presenta en el lugar?

–En la zona predominan suelos de color rojo y textura arcillosa, formados a partir de la descomposición de los basaltos de la Formación Alto Paraná. Son suelos poco profundos y con poco desarrollo en los cuales no se observan los horizontes pedogenéticos, ubicados en áreas elevadas y de fuerte pendiente, correspondientes principalmente al orden entisoles. En las zonas de relieve más suave y lomadas predominan suelos arenosos y arcillosos de colores rojizos a amarillentos, con mayor desarrollo y más profundos, originados de la descomposición de areniscas y, en menor medida, de basaltos, correspondientes a los órdenes ultisoles y alfisoles.

GEOFORMAS

–¿Cuáles son algunas de las geoformas que predominan en el sitio?

–Predominan paisajes de sierras elevadas con alta pendiente y de formas puntiagudas, cuya elevación principal es el cerro Tres Kandu, de 842 msnm, mientras que el cerro Akatî tiene una elevación de 673 msnm. La elevación promedio de la cordillera del Yvytyruzú es de 400 msnm. En las áreas adyacentes a la serranía se presentan elevaciones más onduladas y redondeadas con elevaciones que no superan los 200 msnm. Estas geoformas fueron formadas por intensa meteorización diferencial de rocas volcánicas que dan como resultado morfologías más accidentadas y de rocas sedimentarias que dan morfologías más suaves y onduladas.

–¿Cuál es la importancia orográfica e hídrica que tiene el sitio?

–La cordillera del Yvytyruzú es importante porque sus cerros y lomadas elevadas crean paisajes variados y únicos. Además, existen numerosas fuentes de agua, como manantiales y nacientes, que se originan por la infiltración en los suelos y las grietas de las rocas. Desde las elevaciones fluyen arroyos y cursos de agua, que alimentan ríos como el Tebicuary-mí. Además, la Formación Misiones, presente en esta cordillera, constituye una zona importante de recarga del acuífero Guaraní, un acuífero regional compartido con varios países. Su vegetación arbórea también ayuda a proteger los suelos, influye en el clima local y mantiene la biodiversidad, convirtiendo a la cordillera en un lugar clave para el equilibrio ambiental.

GEOTURISMO

–¿Qué importancia geoturística tiene este sitio?

–Tiene una gran importancia geoturística debido a sus paisajes espectaculares, con cerros y valles que ofrecen vistas panorámicas y formas del relieve únicas. Su geodiversidad, que permite la observación y el estudio de procesos geológicos, incluye rocas volcánicas basálticas, rocas sedimentarias como las areniscas eólicas, saltos de agua, suelos que posibilitan el desarrollo de una biodiversidad particular. Además, brinda oportunidades para el ecoturismo y el senderismo, ideal para actividades recreativas y educativas, observación de aves, fotografía y geomorfología, convirtiéndola en un destino atractivo para turistas nacionales y extranjeros, por su alto valor escénico, como también la de estudiantes de escuelas y universidades por su alto valor educativo y científico.

–¿Quiere añadir algo que no le haya preguntado para cerrar la entrevista?

–Es importante volver a resaltar la geodiversidad de la cordillera del Yvytyruzú, que, a través de sus rocas ígneas basálticas, areniscas eólicas, diques intrusivos, suelos rojizos y saltos de agua espectaculares no solo genera paisajes y ecosistemas únicos, sino que también posee un alto valor educativo y científico, al permitir el estudio de procesos geológicos y albergar sitios arqueológicos como Itá Letra, con sus grabados rupestres de gran relevancia cultural.

Su protección y valoración se alinean con los objetivos del Día Internacional de la Geodiversidad establecido por la Unesco cada 6 de octubre, buscando reconocer la importancia de conservar los elementos geológicos y los paisajes asociados, promoviendo su uso sostenible y la preservación del patrimonio cultural y natural.

ARTE RUPESTRE PREHISTÓRICO

En la compañía Tororô, ubicada a 18 km del centro de la capital del cuarto departamento, existe una rareza arqueológica de la que no se tienen muchos datos certeros conocida como Itá Letra. Este sitio adquirió cierta fama desde los años 50, cuando fue publicitado por europeos que trabajaban en la explotación minera en la zona.

Se trata de grabados rupestres en areniscas rojas que tienen una datación estimada de 2.000 a 5.000 años. Este valioso sitio estuvo expuesto durante años a la degradación y al vandalismo, pues visitantes irresponsables procedían a grabar sus nombres y otras leyendas sobre las piedras.

Actualmente está más protegido por vallas y cámaras instaladas por la familia que reivindica los derechos sobre el dominio de la finca. El yacimiento está reconocido como emblema azul de la Unesco, es decir, es un patrimonio cultural nacional protegido por la Convención de La Haya de 1954 para la protección de bienes culturales en caso de conflicto armado y sus dos protocolos.

En el lugar nos recibe Cristina Fernández, heredera de la finca de 9 hectáreas donde se encuentra el bloque de piedra, quien refirió que hace unos seis años cuando ella no se encontraba en el lugar fue recibida por su hermano una persona que se identificó como funcionaria de la Senatur y procedió a pasar pintura blanca a los trazos de manera que sean más visibles.

“Lo que más se nota es la figura del sol y lo que confunde más a la gente es la figura que parece una cruz. Pero si te fijás bien el resto de los dibujos son como más viejos y la cruz parece más nueva, pero hasta ahora nadie sabe bien. Mi papá decía que los indígenas tenían miedo de esas inscripciones”, refiere Fernández.

“RESTAURACIÓN”

Consultado sobre esta “restauración”, el titular de la Dirección de Estudios de Antropología, Arqueología y Paleontología, Sergio Ríos, refirió que en 2020 la Secretaría Nacional de Cultura (SNC) a través de los departamentos de Arqueología y Registro y Restauración realizó una verificación en el sitio y confirmó que se “agregó un tipo de pintura sintética. Esta intervención por lo que pudimos recabar se realizó entre 2018 y 2020. Lamentablemente no disponemos de información acerca de qué institución o qué persona hizo esta intervención, pero no contó con la autorización de la SNC”.

A renglón seguido añadió que “la aplicación de la pintura se dio para realzar la visibilidad de las pinturas rupestres, pero no es la manera correcta de realizar ese tipo de procedimiento. Desde que el lugar fue conocido la mitad del siglo XX periódicamente se aplicó pintura para que sea más visible para los visitantes y para los registros fotográficos, pero ciertamente hoy día las técnicas modernas de conservación y protocolos de manejo de sitio no recomiendan ese tipo de intervención porque puede contribuir a la degradación del lugar”.

Luego destacó que Itá Letra es sin lugar a dudas un sitio emblemático y que hubo muchos rumores sobre quiénes habrían sido los autores de las inscripciones y sobre su antigüedad.

“Publicaciones de índole seudocientífica atribuyeron la autoría a los vikingos, que se trata de inscripciones rúnicas, pero lo que terminó de desmitificar esta narrativa fue el trabajo de investigación que realizó el Museo de Altamira, dirigido en aquel entonces por el arqueólogo José Antonio Lasheras, en los sitios de arte rupestre de la región Oriental, sobre todo en Amambay, pero también en Itá Letra.

Ellos determinaron que se trataba de inscripciones hechas por comunidades indígenas mucho más antiguas que los guaraníes. Sobre su antigüedad, por el estilo y por el tipo de inscripciones presentes en el lugar se calcularon en 2.500 años, pero otros sectores de Itá Letra podrían ser más antiguos. En el caso de Amambay hay inscripciones similares que tienen una datación absoluta que ronda los 5.000 años”.

Ríos siguió explicando que lo que distingue a Itá Letra de los otros sitios de arte rupestre en el Paraguay es que el nivel de complejidad de los diseños es mayor, lo que también coincide con que su datación sea más reciente.

Posteriormente, añadió que “desafortunadamente, al ser el sitio más conocido, fue sometido por ejemplo a excavaciones ilegales en búsqueda de plata yvyguy. En algunas partes hay paneles que fueron retirados y llevados a museos. Queda pendiente un trabajo de puesta en valor del sitio que debe ser realizado en conjunto con la Gobernación de Guairá y la Municipalidad de Villarrica y, por supuesto, con los propietarios del sitio”.

Sobre el probable significado de las inscripciones, cabe mencionar que en el trabajo divulgativo de la misión ya citada se concluyó que se trataría de representaciones que simbolizan constelaciones, pisadas de animales, órganos sexuales femeninos, entre otros, y corresponderían a un grupo cultural anterior a los avá-guaraní que poblaron la zona.

OTRAS HIPÓTESIS

Si bien la teoría más aceptada y reciente es la de la misión del Museo de Altamira, cabe citar un clásico de la bibliografía nacional como el trabajo del historiador y estudioso del folclore Dionisio González Torres titulado “Cultura guaraní”. En esta obra señala que si bien los tupí-guaraníes no conocieron la escritura alfabética, “en varios lugares de su hábitat se hallaron inscripciones lapidares, litogrifos prehistóricos y grabados en rocas, peñascos, piedras o en paredes y techos de cavernas (...). En partes (son) parecidos a la escritura cuneiforme”.

Más adelante indica que “hay algunos autores que creen que esas inscripciones o son simples manifestaciones de pasatiempo, de recreación de los indígenas, o tal vez tengan carácter funerario o quieran significar el nombre de un muerto (…). Podría tratarse de una escritura ideográfica o de carácter informativo, o de comunicación ritual, símbolos de ritos extintos o conceptos mitológicos”.

Entre otros autores y teorías, sobre el posible origen menciona que “según estudios de Angyone Costa, José Imbelloni, Pereira Junior, los itakuatia son signos de naturaleza ideográfica, muy parecidos o idénticos a los de las tablillas de la isla de Pascua Rapa-Nui (los kohan-rongorongo, así llamados por los aborígenes), cuyos habitantes eran de origen no muy claro: melano-polinesios según unos, de Malasia según otros y hasta de origen americano del sur para algunos”.

IMPORTANCIA

El geólogo Néstor Salinas destaca que Itá Letra “representa uno de los complejos arqueológicos más importantes del país, debido sus grabados rupestres de estilo pisadas según fueron definidos por arqueólogos del Museo de Altamira de España, asociadas a su vez con grabados en la zona del Amambay, específicamente el Cerro Guazú (datados en 5.212 antes del presente) y otros sitios del parque Cerro Corá. Este estilo de grabados en roca está presente desde Brasil, Bolivia hasta la Patagonia Argentina”.

Sobre las características del bloque de piedra y las inscripciones, explicó que “los grabados rupestres están hechos sobre rocas areniscas de la Formación Misiones. Consisten principalmente en líneas piqueteadas con motivos abstractos, lo que los diferencia de los encontrados en el sitio Cerro Guazú.

Esto sugiere, según los estudios, que Itá Letra tendría un origen posterior al de Cerro Guazú; sin embargo, se requieren más investigaciones arqueológicas para determinar con precisión su antigüedad y origen”. Para el acceso al lugar se cobra un aporte voluntario para la limpieza y el mantenimiento de los sanitarios. El horario de visita es de 9:00 a 17:00 en el invierno y de 9:00 a 18:00 en el verano. Para más información se puede escribir al (0986) 240-678.

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