A principios de este setiembre el Instituto Nacional de Estadística (INE) dio a conocer el “Atlas de comunidades de los pueblos indígenas en el Paraguay 2022”, un extenso documento de cinco tomos que recoge los datos del Censo Nacional Indígena 2022. Entre otros aspectos de la dinámica poblacional, el estudio revela una mejoría en muchos indicadores sociales, aunque aún por debajo de la media nacional. En esta charla con El Gran Domingo de La Nación, la coordinadora del censo indígena Nélida Otazú y la especialista en demografía Yolanda Barrios cuentan lo que fue la experiencia y comparten algunos de los hallazgos más significativos de la evolución demográfica de estas sociedades.
- Por Paulo César López
- paulo.lopez@nacionmedia.com
- Fotos: Gentileza
El antropólogo Bartomeu Melià (s. j.) afirmaba que, así como la biodiversidad es indispensable para la salud de un ecosistema, la diversidad cultural tiene una importancia análoga en la salud de las sociedades.
En efecto, todo lo que de original y singular tiene la cultura paraguaya guarda relación con lo que nos legaron nuestros ancestros indígenas, principalmente la lengua, además de los conocimientos en materia de farmacopea natural y zoología. Coincidentemente, o no, estos son los campos científicos más promisorios en nuestro país en los que hemos logrado importantes avances que debemos seguir promoviendo.
La supervivencia de los pueblos indígenas no es, pues, solo una cuestión de justicia y humanidad, lo cual de por sí ya sería suficiente, sino que es una condición sine qua non para el desarrollo y progreso de nuestra sociedad.
Actualmente enfrentamos desafíos ambientales y sanitarios en los que los conocimientos ancestrales de estas sociedades pueden resultar cruciales. De hecho, al menos la mitad de sus tierras forman parte de bosques nativos, por lo que su labor de guardianes de los últimos remanentes boscosos no puede ser soslayado.
Lo primero que puede ser mencionado tras una lectura al vuelo del informe de más de 1.500 páginas es que la población indígena ha aumentado respecto a la última medición, que han mejorado varios indicadores y que la encuesta ha sido implementada con un enfoque de derecho e interculturalidad. Así, fueron los propios indígenas los que hicieron de encuestadores en sus comunidades.
INSTRUMENTO DE POLÍTICA PÚBLICA
Para conocer más detalles de lo que fue el operativo y los datos más resaltantes que arrojó el Censo Indígena 2022, charlamos con Nélida Otazú y Yolanda Barrios, la primera magíster en antropología y la segunda máster en demografía, respectivamente, quienes destacan el valor de la medición como instrumento de política pública para enfrentar las brechas históricas entre las poblaciones indígenas y la sociedad envolvente.
Otazú empezó contando que desde 2002 se tiene la participación de censistas y supervisores de las propias comunidades. Para esta última medición, desde 2019 se realizaron campañas de anuncio y consentimiento y posteriormente se efectuó la elección de censistas y supervisores por los propios líderes en reuniones comunitarias. A diferencia del censo nacional que se realizó en una jornada, el censo indígena se extendió durante 15 días. Esto por la diferencia en algunos instrumentos, la lengua y el difícil acceso a muchos de sus asentamientos.
Se estima que el censo abarcó el 99,5 % de las comunidades, ya que no se pudo llegar o se llegó parcialmente tan solo a tres comunidades, una de Jasuka Venda (Amambay), otra de Capiibary (San Pedro) y una tercera de Mariscal Estigarribia (Boquerón). Los integrantes de estas comunidades o algunos de ellos habrían rechazado ser censados a consecuencia de una campaña contra el proyecto de transformación educativa, que instaló que si accedían a ser encuestados no serían registrados como ellos o ellas, sino como elles.
En lo tocante a los aspectos metodológicos, Otazú siguió explicando que se aplicaron dos instrumentos censales: un cuestionario general y otro cuestionario comunitario. El primero fue aplicado en las viviendas y el segundo con los líderes de las diversas comunidades.
“Estos instrumentos permitieron obtener datos precisos y relevantes de las comunidades, aldeas, barrios, núcleos familiares e individualidades, garantizando de ese modo una representación fiable de la realidad indígena en Paraguay”, aseguró.
CRECIMIENTO DEMOGRÁFICO
El Atlas contiene informaciones actualizadas sobre las comunidades, aldeas o barrios ubicados en 14 departamentos y en la capital del país. El material está organizado en cinco tomos y cada uno corresponde a una familia lingüística: Guaraní, Lengua Maskoy (Enlhet-Enenlhet), Mataco-Mataguayo, Zamuco y Guaicurú.
Los resultados finales dan cuenta de que se han contabilizado 557 comunidades y 234 aldeas o barrios que totalizan 791 comunidades, aldeas o barrios indígenas ubicados en 14 departamentos y en la capital, totalizando una población de 140.206 personas.
Para tener una idea del crecimiento poblacional verificado, en 2012 se contabilizó un total de 117.150 personas, mientras que en 2002 se registraron 89.169 habitantes.
“Está aumentando la población, pero el crecimiento se ha desacelerado. Al igual que a nivel nacional se ha detectado una reducción paulatina y sostenida de nacimientos. Las mujeres indígenas tienen menos hijos, pero siguen teniendo más que a nivel nacional porque las poblaciones más rezagadas también tienden a tener menos acceso a la planificación familiar. Hay una tendencia de disminución de la natalidad que tiene que ver con decisiones de las mujeres de mayor participación económica, permanencia en el sistema educativo y otros factores culturales. Hay menos niños y en el centro de la pirámide poblacional se ubican los jóvenes en edad de trabajar. Tenemos un gran ahorro demográfico para asumir las tareas de producción económica que van siendo dejadas por la población de más edad. Sin embargo, para aprovechar este bono demográfico hay que fortalecer las políticas públicas de educación y empleo”, remarcó Barrios.
La mayor cantidad de comunidades pertenece a la familia lingüística Guaraní, con 430 comunidades; seguido por la familia Lengua Maskoy/Enlhet-Enenlhet, que totaliza 51comunidades, Zamuco con 35 comunidades, Mataco-Mataguayo con 29 comunidades y
Guaicurú que totaliza 12 comunidades. La familia lingüística más numerosa es la guaraní, que reportó una población de 76.506 personas, en tanto que la lengua maskoy/enlhet - enenlhet arrojó 31.752 personas; mataco mataguayo, 20.446; zamuco, 5.029, y guaicurú, 2.198.
ACCESO A TERRITORIO
Respecto a la tenencia de la tierra, 467 comunidades declararon contar con tierra propia, lo cual representa el 83,8 % del total. En lo referente a la titulación, el 86,9 % respondió que posee tierra titulada a nombre de la comunidad, es decir, el equivalente a 406 comunidades.
“En cuanto a la extensión de la tierra propia y titulada a nombre de la comunidad, se ha registrado un total de 1.159.086 hectáreas. Los departamentos de la región Occidental cuentan con el 75 % de ese total, mientras que los departamentos de la región Oriental abarcan el 25 %. De la totalidad de tierras propias y tituladas, 603.360 hectáreas son montes, equivalentes a 52,1 %”, detalla el informe.
La contracara es que el censo contabilizó 151 comunidades que reportaron problemas de tierra; 61 comunidades poseen tierra propia, pero sin título a nombre de la comunidad, y 90 comunidades no tienen tierra propia.
SERVICIOS BÁSICOS
Uno de los puntos más destacables es la mejora en el acceso a servicios básicos, educación, jefatura femenina, la dinámica del empleo y la planificación familiar, aunque persisten las brechas históricas respecto a la población nacional.
“Hay mejoría en todos los indicadores, mejores coberturas en los servicios básicos en general. Sin embargo, en comparación a la media nacional siguen estando en posición de desigualdad, hay brechas aún que cubrir. Hay una menor llegada de las políticas públicas a las comunidades. Pero también hay que ver que hay una hetereogeneidad cultural y territorial. No es lo mismo hablar de la región Oriental que de la Occidental, o dentro mismo de la región Oriental una comunidad fronteriza con una de Caazapá o San Pedro, o en el mismo Chaco no es lo mismo una comunidad de Alto Paraguay y Boquerón, donde hay convivencia con comunidades de paraguayos y menonitas, que Presidente Hayes, que aunque es más cerca de Asunción tiene enormes carencias, en especial hacia el centro”, refirió Barrios.
EDUCACIÓN
Respecto a cómo mejoró en lo concreto la educación, refirió que en 2012 la población analfabeta de 15 años y más alcanzaba el 38 %, mientras que en la última medición esta tasa disminuyó al 26 %.
“Si bien es un indicador bruto, nos muestra en general que disminuyó sustancialmente el porcentaje de población que llega hasta el segundo grado, pero a nivel nacional el nivel de analfabetismo es menos del 10 %. El promedio de permanencia en el sistema escolar es de 4,6 años; es decir, entre el cuarto y quinto grado, mientras que en el caso nacional es hasta el séptimo grado. Otra vez es muy heterogéneo. Los guaraníes occidentales tienen, por ejemplo, 8 años de promedio y en el extremo contrario están los manjui y los ayoreos, que tienen segundo y casi tercer grado de promedio”, detalló.
A modo de cierre, Barrios observó que “persisten desigualdades estructurales que se ven en la diferencia de la llegada de las políticas públicas, que en algunos casos son nulas. Los desafíos que tenemos como país es que persisten brechas muy fuertes, sobre todo en educación y salud. Hay aún una deuda que saldar con estas poblaciones. El censo nos muestra que hay una mejoría, pero las necesidades siguen siendo importantes”.
De su lado, Otazú concluyó señalando que “ahora están a disposición los datos que recabamos y esperamos que sirvan de base para la formulación y diseño de políticas públicas inclusivas que tomen en cuenta las necesidades reales de los pueblos indígenas”.

