Tras el periodo de producción lexicográfica misionera, el Paraguay atravesó casi dos siglos sin producciones de diccionarios. Este largo intervalo se explica por una serie de factores históricos: la independencia en 1811, la dictadura posterior, dos guerras internacionales (contra la Triple Alianza y la del Chaco), una instrucción pública limitada y la dispersión o exilio de gran parte de la intelectualidad nacional.

  • Por Estela Mary Peralta de Aguayo*
  • Fotos: Gentileza

A pesar de este contexto adverso, el siglo XX marcó un punto de inflexión. En medio de una lenta reorganización cultural, comenzaron a sur­gir obras lexicográficas bilin­gües que retomaron el vínculo entre el español y el guaraní, las dos lenguas nacionales del país. Estas producciones refle­jan una clara intención peda­gógica y cultural, y constitu­yen un valioso legado para la identidad lingüística para­guaya.

Uno de los hitos más rele­vantes fue la publicación del “Gran diccionario castella­no-guaraní” de Antonio Ortiz Mayans en 1933. Este autor, formado en leyes y perio­dismo, inició su labor lexico­gráfica en el exilio en Buenos Aires. Su obra comenzó con unas 5.000 entradas y fue ampliada en sucesivas edicio­nes. La versión de 1997 incluye dos secciones: una con la grafía tradicional y otra con la grafía actualizada del guaraní, pen­sada para facilitar su uso en el ámbito educativo.

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El sacerdote jesuita y lingüista español Antonio Guasch consolidó su aporte al estudio del idioma publicando diccionarios, gramáticas y antologías

Otro referente es el “Dicciona­rio castellano-guaraní / gua­raní-castellano” del sacerdote jesuita y lingüista Antonio Guasch, publicado en 1944. Su diccionario se caracteriza por incluir el morfema de pri­mera persona en los verbos, aunque no especifica la cate­goría gramatical de cada pala­bra. Además, Guasch publicó una gramática y antología de la lengua guaraní, consolidando su aporte al estudio del idioma.

Posteriormente, en 1950, Anselmo Jover Peralta y Tomás Osuna presentaron una obra conjunta: el “Diccio­nario guaraní-español / espa­ñol-guaraní”, editado en Bue­nos Aires. Este diccionario, con más de 20.000 vocablos y 60.000 acepciones, incluye tecnicismos, neologismos, regionalismos y sinónimos. Su estructura contempla sec­ciones preliminares, nomen­clatura en ambas direcciones y apéndices gramaticales y toponímicos. En el prólogo, los autores expresan su intención de ofrecer una herramienta útil para maestros y estudian­tes, además de contribuir al conocimiento y divulgación del guaraní.

FIN DE SIGLO

Ya hacia el final del siglo, en 1999, se publicó el “Dicciona­rio avañe’e guaraní-español / español-guaraní”, elabo­rado por Natalia Krivoshein de Canese y Feliciano Acosta Alcaraz. Ambos, egresados de la licenciatura en Lengua Guaraní del Instituto Superior de Lenguas de la Universidad Nacional de Asunción, habían trabajado previamente en la “Gramática de la lengua gua­raní” (1983).

Este diccionario presenta novedades en cuanto a su estructura clara, la indicación gramatical categorial y subca­tegorial, y la inclusión de for­mas complejas o pluriverba­les. Su enfoque pedagógico lo convirtió en una herramienta de suma utilidad en el ámbito educativo.

A finales de la década de 1990, y como resultado de la oficiali­zación del guaraní, emergieron diccionarios bilingües de dife­rentes editoriales nacionales.

Estas obras, elaboradas en contextos de reconstrucción cultural y educativa, facilita­ron el aprendizaje del guaraní y, a su vez, contribuyeron a su preservación y estandariza­ción. En conjunto, la lexico­grafía bilingüe de este siglo representa un capítulo funda­mental en la historia lingüís­tica del país, en el que la pala­bra volvió a ocupar el lugar que el silencio había dejado.

GLOSARIOS ESCONDIDOS

Igualmente, en el siglo XX también se instala una ante­sala de la lexicografía dife­rencial del español. En inves­tigaciones recientes pudimos constatar que autores impor­tantes de la literatura nacional recurrieron a insertar glo­sas en sus obras: algunas se incluyen directamente en la página en la que apa­rece la palabra en cues­tión, mientras que otras lo hicieron a modo de glosarios al final de sus obras.

Esta práctica ya se había ini­ciado en siglos anteriores en la literatura hispanoameri­cana. Esto se realiza con el fin de facilitar la comprensión de términos propios del habla local, especialmente guara­nismos. Además de tener una función explicativa, revela la riqueza lingüística del país y la convivencia entre el español y el guaraní, fenómeno cono­cido como yopará.

Entre los ejemplos más des­tacados se encuentra “La babosa” (1952), de Gabriel Casaccia, obra clave de la narrativa paraguaya, que contiene unas 91 notas al pie. “Follaje en los ojos” (1952), de José María Rivarola Matto, incorpora un glosario titu­lado “Palabras guaraníticas y provincialismos más fre­cuentes usados en la obra”, con 62 voces definidas bre­vemente. En “El trueno entre las hojas” (1953), Augusto Roa Bastos presenta un glosario de 182 palabras, ordenadas alfa­béticamente, que reflejan su interés por representar la ora­lidad y la identidad lingüística paraguaya.

Carlos Villagra Marsal, en “Mancuello y la perdiz” (1965), incluye glosas al pie de página y, en ediciones posteriores, un glosario final ampliado por Juan Vicente Peiró. Este glo­sario se distingue por ofrecer datos etimológicos, cronológi­cos y regionales. Por su parte, Renée Ferrer, en “Vagos sin tierra” (1999), añade un anexo con 79 entradas, en su mayo­ría guaranismos y ruralismos.

Estos glosarios, visibles o implícitos, no solo cumplen una función metalingüística, sino también consolidan el valor del guaraní y del espa­ñol paraguayo como lenguas literarias. En conjunto, cons­tituyen una forma de diccio­narización que emerge desde la literatura y contribuye a la preservación del patrimonio lingüístico nacional.

* Docente e investigadora en el área de lingüística, con énfasis en la his­toria de la lexicografía paraguaya.

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