En esta edición del programa “Expresso”, del canal GEN/Nación Media, Augusto dos Santos se sienta en un imperdible mano a mano junto con el docente, comunicador y poeta Ramón Silva, estudioso de la lengua guaraní y difusor del idioma nativo en los medios de comunicación. Además de relatar su emotiva historia de vida, Silva comparte un sueño que atesora poder cumplir antes del fin de la batalla que está librando contra un mal que ataca su más valiosa herramienta de trabajo.

  • Fotos: Matías Amarilla

–Conta­nos dónde naciste y qué recordás de tu niñez.

–Yo nací en Asunción, en un barrio muy popular, Bañado Tacumbú, Barrio Obrero. En una zanja. Mi abuela era indí­gena. Todos sus hermanos vivieron 105 años, 103 años. Luego mi mamá nació en Are­guá, mi abuela también, la familia Vasilikov. Se hablaba también eso en mi casa, el ruso, el guaraní indígena, el caste­llano y el guaraní paraguayo.

–Qué fusión más potente, ¿no?

–Y yo no sabía, porque yo me preocupaba en ganar dinero como lustrabotas, vendedor de diarios, para mis herma­nos. Yo juntaba en los mercados de Asunción tomate tujukue y les llevaba a ellos eso. Y así nos mantuvimos. Mi mamá murió por chichã guasu. El corazón crece dentro del pecho y des­pués le revienta. El mal de Cha­gas. Entonces me responsabi­licé de mis hermanos, hice de todo. Luego de estudiar pro­fundamente pude descifrar qué decía mi abuela. En las comu­nidades indígenas encontré el ritmo tangará. Hice una pro­puesta mía de los versos libres, rítmico, sonoro y que llevé a la generación del 80, donde me costó mucho porque si vos no respetabas la forma eurocén­trica entonces no eras poeta. Con el Taller Ortiz Guerrero, donde me apoyaron mucho, empecé a entrar en los gran­des festivales.

–Esa cadencia es del tuntún de nuestros pueblos origina­rios, ¿no?

–Sí, así mismo. Hice más de 500 poemas con ese ritmo que yo les cantaba a ellos.

–¿Cuál es alguno que recor­dás más vivamente?

–Uno que ganó el Festival de Ypacaraí, presenté con el Grupo Real de Teatro. Son ejercicios, experimentos, la poesía de interpretación cua­drafónica. Entonces, le ponía a la banda Peteque y al grupo de teatro 5, 5, 5, 5 y yo en el medio del escenario. Enton­ces... “Peteke, peteke, aníke omano. / Peteke, peteke aníke omano... Entonces se escucha en diferentes lugares. Son sim­plemente ejercicios poéticos.

–¿Cuán importante es el canto para el mundo indí­gena originario?

–Es ritmo, es mucho ritmo, es muy importante, principal­mente en la poesía onomato­péyica.

RECONOCIMIENTO OFICIAL

–¿Cómo podés describir los diferentes momentos que vivió el guaraní una vez que fue adoptado por el no indí­gena paraguayo?

–Gracias a la Constitución Nacional del 67 por primera vez es declarado lengua nacio­nal y eso celebramos cada 25 de agosto. Luego en el 92 fue decla­rado lengua oficial. Después de 19 años nace la Ley de Len­guas. La Comisión Nacional de Bilingüismo, donde estuve con Ramiro Domínguez, Bartomeu Melià, José Zanardini y otros más, hemos contactado con lin­güistas que en ese momento estaban investigando el man­darín en China. Se hizo una ley buenísima, vinieron a conocer el Mercado 4, a escuchar, fuimos a Itapúa, Alto Paraná y escucha­ron las diferentes lenguas. En total son 34 lenguas contando las lenguas internacionales, las de migración. Trajimos esos conocimientos, pero la sociedad civil formó otro grupo donde también integré como comu­nicador social. Entonces, salió otra Ley de Lenguas con el Vice­ministerio de Educación, se formó una ley consensuada. Con la ley se creó la Secre­taría de Políticas Lingüísticas y el primer ministro fue Carlos Villagra Mar­sal. Después esa secreta­ría crea la Academia de la Lengua Guaraní. Yo estoy entre los primeros miem­bros de esa academia, luego vinieron 15 más, somos 30 en total, y nos damos cuenta allí que el que es lingüista es el hablante y los estudio­sos académicos deben escu­char.

–La dinámica de las lenguas está en la calle.

–Allí está. Y entonces hay un guaraní del aula actual que busca la pureza de la lengua, descolonizar la lengua y la cul­tura. Y hay un habla actual que es un guaranismo más hispa­nismo y paraguayismo.

–Hay un momento que es muy productivo, como es el Taller Ortiz Guerrero. ¿Qué puedes recordar de ese taller?

–Fuimos no digo desterrados. No se nos tuvo en cuenta. No existe la generación del 80. Entonces, trabajamos nosotros clandestinamente. Amane­cíamos todos en los bares, éra­mos jóvenes. O si no, en la casa de Moncho Azuaga nos reu­níamos y de a poquito fuimos más. Analizábamos los poe­mas, criticábamos. Si alguien no aguantaba, se iba. Hay per­sonas que venían que querían que se les aplaudiera o querían agarrar todo. Cuando llama la atención algo, vamos a estimu­larle, vamos a alentarle y así fue creciendo.

–¿Cuál es un poema en gua­raní que se puede considerar un clásico tuyo de esa época y de ese momento?

–Todos los poemas para niños. Empecé con los niños y hoy los niños cantan y ya está hecha canción. Yo tra­bajé con Diosnel Chase, Her­minio Giménez, Florentín Giménez y otros más para lle­var mis poemas a la música. Con los antiguos, con los nue­vos, con los de ahora, repartí ya más de 700 poemas.

INICIO EN LOS MEDIOS

–¿Cómo empezó tu histo­ria con los medios? ¿Cuál fue la primera vez que dijiste “aikéta ko’ápe”?

–Yo venía ganando aplau­sos en los escenarios con mi baile, porque yo era muerto de hambre. Me pagaban 4.000 guaraníes y yo con eso compraba pan para mis her­manos. Entonces yo me iba para hacer eso y ya entraba plata por eso. Entonces me eligieron joven sobresaliente del año, la Red Caracol, luego joven sobresaliente del Con­venio Andrés Bello en Ecua­dor, joven sobresaliente en Colombia, en Francia y en otros lugares. Luego en Bra­sil también les gustaba lo que hacía. Al regresar de allá, el señor Ladislao Mello Cabral me dijo “¿por qué no haces radio?”. Y él me llevó a Cor­dillera FM. Y me apoyó, me alentó, pero me dijo “hacé algo diferente. Traé tu gua­raní, traé lo que hacés en el escenario, pero convertilo en un texto y un discurso”. Entonces, vine y me fui for­mando.

–¿Tenías formación uni­versitaria en ese momento o todavía no?

–No, yo estudié Derecho e Ingeniería, pero nunca ter­minaba porque no tenía el dinero para eso, porque te obligaba a irte ya a las 7 de la mañana. Lenguaje radial me ayudó bastante. Allí empecé todo y luego pasé a Cordillera AM en Caacupé. Y también yo elaboraba texto. Era creativo y traductor en varias agencias publicitarias y les gustaba lo que yo hacía.

–A propósito, ¿te picha cuando escuchás algún aviso pésimamente llevado en guaraní?

–No, no es que me picha. Acu­dieron las agencias publicita­rias a gente que no está prepa­rada. Entonces acuden a mí.

–¿Cuál es tu opinión sobre el guaraní que se enseña en las escuelas?

–Estamos buscando el gua­raní puro con nuevas palabras. Cómo decimos vaso, cómo deci­mos anteojo, etc. Pero el con­cepto no entienden el niño, el joven, es el guaraní puro, el de la escuela, de la enseñanza ideal, pero se aparta del habla. La len­gua viva es el habla, es el jopara.

–¿Por qué a la gente le cuesta tanto aprender el guaraní del aula?

–A veces culpamos a la didác­tica, culpamos al docente, cul­pamos al MEC, a los doctores de educación y, sin embargo, es más profundo, está en su karaku, en el ADN. Lo que le das es lo que está fallando. El guaraní que se enseña te obliga a leer, escribir, hablar y razo­nar. Y como se aprende pala­bra por palabra una traduc­ción, la lectoescritura fracasa, la comprensión lectora fracasa. Cuando vos querés socializar una palabra, llevás a la socie­dad, la sociedad rechaza. Mien­tras que el otro viene de la orali­dad, pero una lengua viva, pero también tiene sus debilidades. Se habla, se razona, pero no se escribe. Necesitamos sistémi­cos que quiten las debilidades y unan las fortalezas. Y allí por fin deben hacer una propuesta para un guaraní agradable con la participación ciudadana.

EL JOPARA

–¿Qué es para vos el jopara?

–El jopara es un patrimonio sagrado, cultural y lingüístico. En la cultura paraguaya, no es lo mismo cultura originaria, no es lo mismo cultura hispánica. La cultura paraguaya es guara­nidad, hispanidad y paraguayi­dad, nacionalidad. Y el jopara es un patrimonio. En los jui­cios orales declaran los testi­gos, traen su jopara, declaran los acusados, traen su jopara. A mí me llevó 35 a 40 años inves­tigar esto. Recopilar el habla. Vos no podés poner en el tra­ductor de Google “oike chupe jacarépe”. “Le entró el coco­drilo”. Se necesitan mínimo 20 palabras del castellano para lle­nar lo figurativo de eso. Acep­tar la presencia hispánica. Esa es mi propuesta.

–Y ahora, maestro, hablame de tu obra lite­raria, poética, de tu obra monumental en materia de sistematización de lo que es el diccionario al servicio del diálogo estatal.

–Tengo muchos poema­rios, el más vendido se llama “Na’ápe”, 35 edi­ciones, que le gustaba al pueblo, mostrando el dedo del medio.

–Qué notable lo que es la expresión de rebeldía...

–Es contra el hambre, con­tra la mise­ria, contra la pobreza. Hay mucha violencia afuera. Entonces, yo recha­zaba eso con la palabra. Y cuando me decían no a los temas antipoéti­cos, gané un festival de poesía que se hizo aquí, inter­nacional, justamente con poe­mas de ese estilo.

– Estoy leyendo un apunte de nada menos que don Félix de Guarania, que dijo que eras uno de los pioneros de la nueva poesía en guaraní.

–El trabajó mucho en Rusia con el “Gallito cantor” de (José Asunción) Flores. Y con un tra­bajo mío que se grabó también en Rusia que se llama “Guaigui jepe’e”. “Oúma ro’y, oúma”. Lo hizo Juglares, Ñamandú. Gra­baron y se llevó después con otro grupo vocal. Yo era tam­bién jardinero y mi abuela ya no había leña y mi pala puso allí para que podamos comer algo. Mandarina rykue o cocido. Todo es realidad alre­dedor mío.

EL SUEÑO DEL MAESTRO

–Maestro, ¿cuál es un sueño tuyo que acariciás al res­pecto del idioma y su rela­ción con el pueblo para­guayo?

–Y como vengo de quimios y rayos, hay secuelas en mí, le pido a Dios que no me lleve antes de terminar mi obra, que yo le puedo servir. Enton­ces, tengo el guaraní jurídico el guaraní teológico, el guaraní médico, el guaraní político, el guaraní todo. Son en total 50 tomos de esto.

–¿Cuántos los tenés publi­cados hasta ahora?

–Apenas 20. Bueno, ¿cuál es mi sueño? Terminar mi pro­puesta. Mucho cuidado con la tecnología digital y electró­nica.

Viene su hijo, que se llama inteligencia artificial, que así como está nuestro guaraní si metemos va a ser impru­dente. Tenemos que hacer una transformación epistemoló­gica, paradigmática, romper los esquemas.

Primero la base, valores, principios, virtudes y luego llegamos a los funda­mentos legales, filosóficos, científicos, antropológicos. Le debe servir al pueblo. Tenemos que respetar los derechos con­suetudinarios del hablante. Ya estoy trabajando con el uso de la inteligencia artificial que te habla, que le preguntás el tra­ductor digital electrónico inte­ractivo. Y te escucha y te res­ponde.

Entonces en el Poder Judicial estoy trabajando junto con el expediente elec­trónico y estoy trabajando para hacer el primer traduc­tor para el Poder Judicial con el guaraní jurídico y luego meter toda mi obra y servir a la patria.

Quiero dejar esto, yo no quiero dinero, que se respete lo que es del pueblo. Quiero terminar el traductor para que vos bajes en tu celular toda la riqueza del guaraní vivo. Quiero que el guaraní académico, esco­lar, llegue hasta el último rincón pobre del país. Quiero ent rega rle al verdadero dueño, que es el pueblo.

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