Sacrificios, privaciones, lesiones, la vida del deportista de alto rendimiento los exige desde muy jóvenes. Aquí algunos de los compatriotas que pudieron colgarse medallas cuentan brevemente sus experiencias en los últimos Juegos Panamericanos Júnior desarrollados en nuestra capital. La importancia del apoyo familiar y de una política deportiva nacional que sustente económicamente a los atletas se hace patente en sus testimonios. También lo valioso de haber compartido la felicidad de sus conquistas con nuestra gente, quizá lo más atesorable de este histórico Asu 2025.

Lars Flaming logró lanzar su jabalina a 81,56 metros y fue récord para el Paname­ricano Júnior. Se ganó la medalla de oro y llenó de alegría a nuestra afición.

Su camino, sin embargo, se inicia en Filadelfia, Boque­rón, en el Chaco paraguayo, donde sus padres Christel y Freddy Flaming “siempre enseñaron atletismo”. Así comenzó a practicar y sus resultados entusiasmaron: “Me llevaron a una com­petencia en Canadá, pero durante toda la primaria en la clase de educación física estuve practicando. Luego vino un entrenador de Asun­ción y se fijó en mí, pero el mérito es de mis padres, que desde que tengo 12 años me llevaron a las competencias en Asunción y en el país”, cuenta el deportista, que hoy tiene 22 años.

Lars, quien se define como atleta de Cristo y estudia teología, no siente que el deporte le genere priva­ciones: “Realmente no tuve que sacrificar alegrías más allá de juntas con amigos más tarde que las 22:00 o dejar de practicar otros deportes por enfocarme en el mío. Si algo fue sacri­ficado no fue difícil y lo que me causa alegría aún lo tengo en mi vida”, dice el jabalinista. Una beca de la Secretaría Nacional de Deportes (SND) le ayudó en esta última faceta de su desarrollo deportivo.

“Fue sumamente impor­tante, ya que fue una puerta que Dios me abrió para venir a Asunción nue­vamente y fue como saber que tenía el apoyo de Para­guay todo”, apunta. Con­seguido el objetivo, se muestra “muy satisfecho y agradecido de poder cum­plir con toda la gente que me apoyó y empujó hasta este punto. Pero no con­forme con la marca, ya que aún hay mucho potencial que explotar y errores que corregir deportivamente hablando”, aseguró.

Lars Flaming, oro en jabalina

Agostina Ochipinti, bronce en básquet 3 x 3

Agostina Ochipinti junto con Ana Brítez, Antonella Luraghi y Manuela Ramírez consiguieron la presea de bronce en básquetbol 3 x 3. La depor­tista cuenta que comenzó a picar la pelota cuando tenía cinco años. “Mis padres me llevaron a probar y bueno, me terminó gustando, gracias a Dios”.

Como todo en la vida, fue alternando buenas y malas al punto de que todavía recuerda la anécdota cuando de niña “en una final metí en contra y ¡perdi­mos por mi culpa! (risas)”.

Entiende que “la vida de un deportista es muy sacrificada, tenés que dejar de lado muchas cosas, muchas amistades, vida social. Pero la verdad que a mí no me costó mucho, porque siempre supe que quise ser jugadora de básquet y estaba muy enfocada en eso”, apunta.

Haber conseguido la medalla es para Agostina “el reflejo del sacrificio y esfuerzo, de entrenar feriados, con frío, calor, con el sol que te da en la cara y no podés tirar bien. La verdad que me siento muy feliz y orgullosa de saber que todo este esfuerzo tuvo su recompensa. Y más feliz de haberlo podido vivir acá en casa con el pueblo paraguayo”.

Agradece entonces “a mi mamá y a mi papá. Todavía no caigo que tengo esta meda­lla en mis manos. Y no puedo evitar pensar que esto es por y para ellos. Quiero agra­decerle por llevarme a cada práctica, por aguantar todos mis malos días y por ser mis mayores fanáticos. Su apoyo incondicional me dio la fuerza para llegar hasta acá. Gra­cias por tanto”, finaliza.

Esteban Trébol, bronce en taekwondo

Esteban Trébol junto con Luz Areco y Alejandro Añazco ganaron el bronce en la competencia por equipos de Kyoru­gui de taekwondo. Practica el deporte desde los cinco años con su padre, que es maestro, pero confiesa que “como que no me gustaba en ese momento”.

Fue a jugar fútbol, rugby, básquet, hasta que a los 11 años volvió al arte marcial de origen coreano. “A los 13 años tuve una chispa, un momento que encendió el fuego en mí, diga­mos, y desde entonces no he parado de amar y dedicarme al 100 % a esto”, cuenta.

Atesora muchas anécdotas en el deporte, pero recuerda especialmente la de su medalla de oro en el Open Pana­mericano de Perú. “Fue mi primer torneo internacional y estuve a cargo de los maestros Sebastián y Mauro Crisma­nich. Estaba a punto de pelear por primera vez en el tatami en el área de calentamiento y me acerco a mi maestro Sebas y le digo: ‘Yo tengo miedo, inseguridades, no siento que sea tan fuerte como ellos’ y él me dice ‘Trébol, vos sos más fuerte que cualquiera, vos podés ganar a cualquiera.

No te intimides y no retrocedas ni un paso en el tatami’. Así fue que entré con cabeza alta con orgullo de ser paraguayo y obtuve la medalla de oro ese día”, recuerda.

Sin embargo, su gran objetivo fue Asu 2025. Superando lesio­nes, e inclusive una fractura en el menisco externo, siguió entrenando porque aprendió que “es una carrera de resisten­cia y lo logran los que más aguantan”.

Una frase de Muhammad Ali lo marcó: “Lo más difícil no es esquivar los golpes y las patadas que te tiran, lo más difícil es esquivar las fiestas, los tragos y las mujeres. Entonces hay que tener la fortaleza mental siempre de seguir adelante por tus objetivos”, dice.

Agradece al COP y a la Confederación Paraguaya de Tae­kwondo por su apuesta por los deportistas, lo cual llevó a desarrollar infraestructura y contratar entrenadores de primer nivel: “Logramos muchas medallas y muchos objetivos gra­cias a ellos. Nos financiaron los viajes, los entrenamientos en varios países”.

Entiende que de ese proceso surge la medalla de bronce que pudo obtener con su equipo y agradece a su familia y a su novia. “Por tantas alegrías que me dio esta medalla, pienso seguir con el deporte con objetivos aún más grandes y no parar hasta tocar el cielo con las manos y poder ser aún más grande el orgullo que sientan mis seres queridos”.

Como mensaje para los jóvenes, apunta que “los sueños se cumplen, así que tengan los sueños más grandes posibles, ya que con una mente abierta y sacrificándose por sus sueños, aprendiendo de cada persona que se encuentren en su camino, pueden llegar a cualquier lugar… Paraguay puede, ese es mi mensaje”, concluye.

Victoria Livieres, bronce en golf

Victoria Livieres obtuvo el bronce en el juego individual femenino de golf. Cuenta que comenzó a jugar a los tres años. “Dejé de jugar en pandemia y volví en 2022. Empecé en alto rendimiento a los 14, ahí fue más o menos cuando comencé a pensar en que podía llegar a querer dedicarme a esto”.

Lo hizo asumiendo los sacrificios propios del deporte: “Yo creo que para la gran mayoría es un gigantesco desafío. Personalmente no es fácil poder mantenerme al día con el colegio, a eso sumarle actividad física y las prácticas es todo un reto. Igual, para mí es un lujo poder sacrificar millones de cosas para seguir esta rutina”.

El esfuerzo de sus padres le dio soporte en su desarrollo como golfista, aunque “en este momento me ayudan la SND y también el COP con el tema de viajes y muchas cosas más”.

La medalla le trajo una gran alegría: “La verdad me siento feliz, pero todo es un aprendizaje, yo aprendí muchísimo en el torneo con mi equipo de trabajo. Obviamente estamos sumamente contentos, pero toca seguir trabajando y aprendiendo. Quería resaltar también que todo es un proceso. Este torneo como equipo nos hizo darnos cuenta de que es solo el comienzo. Hay todavía muchísimo camino por recorrer, mucho trabajo por hacer”, entiende.

Nicolás Villalba, plata en remo

Nicolás Villalba junto con su tocayo Nico­lás Invernizzi obtuvieron la medalla de plata en la categoría “Dos remos largos sin timonel”. Su historia comienza a los 10 años: “Me acuerdo que fue un sábado de tarde que me lleva­ron mis padres a probar este her­moso deporte y luego de eso me enganché hasta hoy día. También que en mi primera competen­cia nacional ¡me tumbé y caí al agua!... Luego de eso nunca más por suerte (risas)”.

Destaca lo arduo de la vida deportiva: “El alto rendimiento es sacrificado, son varios meses de ir afuera del país a competir o concentrar, lejos de la familia, de la comodidad, noches sin dormir, decir no a eventos con amigos o familiares. Antes de estos Juegos Panamericanos Júnior tuve una de mis giras más largas, una concentración de tres semanas en Río de Janeiro y luego fuimos al Mun­dial sub-23 en Polonia una semana y media, pero todos esos sacrificios valie­ron la pena al final”, rescata.

“Tuvimos un gran apoyo del Comité Olím­pico Paraguayo (COP) y de la SND. Había fondos específicos para cada deporte para Asu 2025 y gracias a esto pudimos hacer la puesta a punto para estos jue­gos”, dice del soporte recibido para el desarrollo de su actividad.

“Me siento demasiado feliz por estos resultados. Pudimos obtener la medalla de plata en el dos sin timonel con mi com­pañero Nicolás Invernizzi y una medalla de bronce en el ocho mixto con timonel. Nos veníamos preparando para estos juegos desde hace dos años y un factor funda­mental también fue nues­tro entrenador, Osvaldo Borchi, que se sumó desde enero de este año y fue clave para poder lograr estos resulta­dos. También quiero destacar a los otros tres entrenadores que tene­mos: Arturo Rivarola, Franco Chiola y Óscar Matiauda”, concluye.

Fiorella Núñez, vóley de playa

Fiorella Núñez junto con su compañera Denisse Álvarez obtuvie­ron la medalla de bronce en la competencia de vóley de playa en jornadas que hicieron vibrar al público.

“Comencé gracias a mi mamá porque ella era jugadora de vóley amateur y crecí básicamente viendo partidos hasta que tuve la edad mínima para poder practicar”.

Recuerda que “el deporte te enseña que no hay resultados sin esfuerzo. Hubo muchos momentos duros: entrenamientos interminables, lesio­nes, días en los que el cuerpo no responde, pero igual tenés que seguir. Hubo renuncias, cumpleaños y reuniones familiares a los que no pude ir… pero también hay alegrías enormes que compensan todo. Cada triunfo, cada paso adelante, hace que todo valga la pena”, resume.

Fiorella es atleta becada por el Estado y agradece esa situación explicando que la medalla viene a coronar un arduo proceso de crecimiento deportivo. “Hoy la veo y siento orgullo: por mi equipo, por mi país y por todas las personas que nos apoyaron. Más que una medalla, para mí representa resiliencia”.

Apunta entonces que “el deporte es mucho más que los resulta­dos: es una forma de vida que me enseñó disciplina, compañe­rismo y fortaleza. Mi deseo es que más niños y jóvenes puedan acceder a estas oportunidades, que encuentren en el deporte un espacio de crecimiento y de sueños”.

Catalina Delmás, bronce en tenis

Catalina Delmás junto con Santino Núñez se hicieron acreedores de la medalla de bronce en el doble mixto de tenis.

“Empecé a jugar tenis porque mi mamá fue tenista profesional. Ella me motivó a empezar y es una gran inspiración para mí hoy en día”, cuenta.

La vida deportiva suele tener un costado de sacrificio, de padeceres, que se contrapesan con las alegrías. “Dejas muchas cosas atrás, te pierdes cosas importantes con tus amigos, familia, etc. Pero es algo que dejás por un sueño que vos querés conse­guir”, justifica la joven tenista.

“Tenemos mucho apoyo”, agradeció a la hora de reconocer los esfuerzos de mucha gente para el logro conse­guido.

Conseguir la medalla la puso “muy feliz, orgullosa y contenta por todo el trabajo que se viene haciendo de atrás de este evento. Contenta por todo un equipo enorme que trabajó muchísimo para que todo sea la gran fiesta que terminó siendo”.

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