Las torturas no doblegaron a Pablo Herken: “Yo vencí al estronismo”
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Publicado por Hoy.com.py
Fotos: Archivo
El reconocido economista y analista político Pablo Herken, quien falleció el pasado 1 de setiembre a la edad de 70 años, fue una de las tantas víctimas de la nefasta dictadura impuesta por Alfredo Stroessner. En su juventud fue torturado, pero nunca demostró un atisbo de derrota ante quienes lo sometieron a los más bárbaros métodos de castigo.
La muerte de Pablo Alfredo Herken Krauer, por complicaciones de una patología intestinal, tomó de sorpresa a toda la sociedad paraguaya. Fue uno de los profesionales más respetados en el ámbito económico, reconocido por la sociedad por su célebre frase “duele decirlo, pero hay que decirlo”. Además, fue periodista, comunicador social, consultor, docente y analista político.
El país estuvo bajo la dictadura del general Alfredo Stroessner por casi 35 años y en ese periodo Pablo sufrió en carne propia las medidas represivas del régimen autoritario.
Detenido por la dictadura por expresar sus ideas pintando murallas, fue torturado, pero nunca gritó. Así lo recordó en el documental “Los 35 años del stronismo”, emitido el 13 de diciembre de 2011 en la TV Pública Paraguay.
Ficha del detenido entonces por la dictadura estronista, Pablo Alfredo Herkan Krauer
En julio de 1972, cuando aún era menor de edad y estudiante, fue detenido por la Policía porque su hermano había sido fichado anteriormente. “Buscaban a mi hermano, pero no lo encontraban. En mi ficha figuraba que yo había estado en Cuba, Argentina, Uruguay y Chile, y que era un líder de extrema izquierda sumamente peligroso, pero nunca había ido a Cuba y con mis padres había ido de vacaciones a Argentina”, recordó.
Estando en el calabozo incluso se despidió de sus padres, creyendo que nunca más los iba a ver de vuelta. Allí estuvo dos semanas y luego fue soltado.
NUEVA DETENCIÓN
El 31 de enero de 1974, siendo cabo de infantería, fue nuevamente detenido en su vivienda. A bordo de la Caperucita, aquel temido vehículo de color rojo utilizado durante la dictadura estronista para detener y secuestrar personas, Pablo fue llevado a la Comisaría 3.ª Metropolitana. En esa misma sede policial desaparecieron varias personas y otras estuvieron privadas de libertad injustamente durante años sufriendo los peores vejámenes.
Allí estaba junto con otros “enemigos del régimen”, muchos de ellos jóvenes, sus amigos y conocidos. “Al primero que llaman es a mí. Me dicen ‘desvístase’ y quedo en calzoncillos. Al entrar a una habitación me agarra un tremendo pánico porque veo una pileta y cables eléctricos, además de un palo especial para pegar”, rememoró.
Lo peor estaba por llegar. Sus captores lo ataron de pies y manos para manejarlo a su antojo. Le pegaron en la planta de los pies hasta el punto de infligirle un dolor terrible que luego le impidió caminar pisando con toda la planta del pie. “Como no gritaba, me pegaban muchísimo más. Eso me di cuenta luego cuando les tocó a mis compañeros (la sesión de tortura). Teníamos toda deformada la planta del pie”, comentó.
Como si esto no fuera poco, luego le metieron a la tina con agua sucia y excremento. Así lo tuvieron por mucho tiempo. Su pecado: haber pintado murallas.
ANHELOS DE LIBERTAD
“Lo que tiene el terror y la tortura es que una vez que te tocó, ese toque te queda toda la vida.
Todo por pintar paredes, que es lo que hoy se hace hasta por divertirse. Queríamos ser libres, expresar nuestras ideas, queríamos conquistar el mundo y conseguir la paz, que hoy son los ideales. Nosotros nos expresamos y fuimos castigados”, contó durante esa entrevista.
Su familia intentó verlo durante su detención en esa sede policial, pero el régimen nunca lo permitió.
Tras esas sesiones de tortura, vino la orden de que él, junto con otro cabo y un sargento que también estaban en carácter de detenidos en la comisaría, sean entregados a la Policía Militar. Así, los tres fueron enviados al Chaco, donde estuvieron durante dos años como castigo.
Según mencionó Herken, durante aproximadamente siete años no pudo dormir sin tener pesadillas sobre su lugar de tortura. En este mal sueño le venía a la mente una imagen reiterativa: siendo llevado nuevamente por la Policía a la Comisaría 3.ª Metropolitana y él rogando que no lo hagan porque ya había estado allí antes.
ORGULLO
Durante la entrevista expresó que tenía muchas ganas de llorar al rememorar su paso por esa dependencia policial, pero a la vez le reconfortaba poder decir “yo vencí al estronismo, nunca grité y me siento orgulloso de nunca haber gritado”.
Así también, en otra entrevista con “Expresso”, del canal GEN, detalló que su detención del 74 fue por una protesta (casi infantil) que se hizo contra la suba de los precios de los combustibles y alimentos. Como era cabo de infantería, según comentó, fue considerado por el régimen como un peligro al tener, supuestamente, cierta influencia sobre los demás uniformados.
“Me llevaron a la comisaría, pensé que iba a ser una cosa fácil de pasar, pero allí experimenté mi primer y último caso de tortura violenta, desagradable, dolorosa, humillante, que te encierren y te jueguen como si fueras una porquería, era humillante. Para ellos tu vida no valía nada. Cuando me metieron a la habitación lo primero que pensé fue ‘no les voy a dar el gusto de llorar, gritar o decir basta’. Ese fue mi grave error: me hicieron de todo, pero no lloré y eso les puso más fieras. Al final yo me iba, sentí como que a ellos se les iba la mano y me desvanecía. Me despertaba al día siguiente y decía ‘no morí’”, relató sobre ese episodio.
Como cierre de la nota, Herken instó entonces a la ciudadanía a pelear y defender la libertad a muerte, porque sin ella una persona no es humana ni digna.
“La literatura llega a lugares a los que la historia no puede”
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Fotos: Archivo/Gentileza
El próximo miércoles 3 de junio, a las 15:00, en la Feria Internacional del Libro de Asunción se realizará el lanzamiento del libro “Naranja hái. Memorias del olvido”, del docente y gestor cultural Virgilio Cantero. El volumen reúne relatos basados en la memoria oral popular que exploran cómo la tragedia de la guerra afecta a los seres humanos de distintas maneras.
La presentación, que tendrá lugar en el auditorio María Elena Sachero del Centro de Convenciones Mariscal, estará a cargo del periodista y escritor Julio Benegas, quien estuvo a cargo de la revisión y cuidado de edición.
Sobre la génesis y las características del libro, donde lo militar es un aspecto secundario y se prioriza un abordaje que apunta más a la cuestión civil y, sobre todo, humana, Cantero explica que “nace como un intento de dejar por escrito un registro de la tradición oral familiar en torno a las vivencias de los antepasados.
El libro en sí rescata la vivencia de mis tatarabuelos por el lado materno, como así también la vivencia de mi abuelo y otros familiares durante la guerra del Chaco. Es un cruce de relatos, un cruce de memoria que permanece en la tradición oral familiar. El hilo común de los cuentos es la violencia de la guerra y cómo afecta de distintas maneras a hombres y mujeres.
Busco acercarme a la experiencia subjetiva que la guerra provoca en las personas a partir de lo que viven los personajes. Al mismo tiempo, contrasto eso con una mirada a la naturaleza, que permanece indolente e invariable frente a las tragedias humanas”.
LITERATURA E HISTORIA
Respecto a cómo se tensionan y complementan en su obra la ficción literaria y la historia, indicó que “la literatura, a partir de su capacidad creadora y de la ficción, llega a lugares a los que la historia no puede llegar por su condición de ciencia y de conocimiento crítico.
La literatura funciona como un auxiliar de la historia para pensar e imaginar los pensamientos, vivencias y experiencias de los personajes y los hechos históricos que la historia no puede abordar por su propio carácter científico.
A la historia le compete el abordaje crítico de la tradición oral. La literatura, como ficción, tiene el permiso de ficcionar esos hechos y plantear un acercamiento verosímil a los acontecimientos”.
En lo tocante a sus fuentes, explica que se basan en la tradición oral familiar, contrastada con la tradición oral nacional y respaldada por documentos hallados en Valenzuela.
“En el museo de la ciudad hallamos registros de donaciones que las personas hicieron para sostener los gastos de la guerra del Chaco. En los archivos escolares de una de las escuelas de la comunidad también encontramos actividades realizadas por niños, maestros y padres para contribuir a esos gastos militares.
Tanto en el Museo de Valenzuela como en la Escuela 45 hay registros de la época de la guerra del Chaco donde se consignan las donaciones de los pobladores: oro, plata, animales y productos del campo para sostener la guerra.
También existen registros escolares donde la directora informa a sus superiores sobre las actividades que hacían los chicos para producir elementos que se enviaban al frente. Por ejemplo, confección de bufandas y tricotas, trabajo en la chacra escolar y otras actividades para sostener a los huérfanos de la guerra.
Parte de esos registros se incluyen en el libro como fundamentación documental de los cuentos que abordan justamente esa época. Esas fueron las dos fuentes principales a las que acudí”, detalló.
EL MANÁ DE LA GUERRA
Con relación con el título, asevera que no se trata propiamente de un simbolismo, sino que es un elemento presente en uno de los relatos, donde esa fruta cumple una función clave para que el personaje logre sobrevivir y superar su situación.
“En varios libros de historia se registra que la naranja agria fue el alimento que sostuvo a mucha gente durante la guerra de la Triple Alianza. Ese cítrico, que crece de forma natural en los bosques del Paraguay, permitió que muchas personas sobrevivieran a esa hecatombe”, finalizó.
PERFIL
Virgilio Antonio Cantero Benítez (1980) es profesor de ética y filosofía graduado del Instituto Superior de Estudios Humanísticos y Filosóficos (ISEHF) de la Compañía de Jesús. También realizó un diplomado en humanidades y en derechos humanos.
Desde hace cuatro años se dedica a la gestión cultural comunitaria y a la promoción turística con enfoque sustentable en el distrito de Valenzuela, departamento de Cordillera.
Su gestión se centra en la recuperación y preservación del patrimonio cultural y de la memoria histórica de la comunidad en el fomento del turismo local. Fue partícipe del descubrimiento de una pintura rupestre única en el Paraguay, actualmente en proceso de estudio por expertos.
En 2015 publicó “Ensayos de emergencia”, un abordaje filosófico sobre cuestiones políticas, sociedad y poder. Asimismo, trabaja como coordinador en la red de bibliotecas callejeras de Valenzuela, donde acude aproximadamente un grupo de cincuenta niños, jóvenes y adolescentes en los diversos talleres y actividades que ofrecen.
Al rescate de la memoria histórica de la radiofonía paraguaya
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Fotos: Gentileza
El viernes 5 de junio, a las 21:00, en el marco de la Feria Internacional del Libro de Asunción, el docente y locutor Eduardo Palacios presentará su obra “Historias de la radio en Paraguay. Hechos y protagonistas”, una documentada investigación sobre la actividad radiofónica en nuestro país.
Durante cuatro años, Palacios publicó en las páginas del Gran Domingo de La Nación amenas crónicas sobre las emisoras, los programas y personajes que marcaron la actividad radiofónica en el país
Palacios tiene una larga trayectoria que se inició el 12 de octubre de 1975 como locutor en radio Cáritas. Desde los primeros años de su actividad radial se interesó por la historia de la radio y comenzó a recopilar datos, recortes de periódicos, revistas, fotografías, etc., sobre lo que era la radio en las décadas pasadas en nuestro país.
–¿Podés contarnos en qué consiste el libro que presentás?
–Es el rescate de la memoria histórica de la radiofonía paraguaya de una época comprendida entre la década de los años 20 hasta mediados de la década del 60. A mediados de los años 20 surgen en Paraguay las primeras emisiones radiofónicas. En el libro se relata todo el acontecer radiofónico de las décadas citadas, con las emisoras que existían por esos años, los programas que se emitían y los protagonistas de la radio, así como hechos anecdóticos que hemos recogido de las publicaciones de libros, revistas y folletos a los que pudimos acceder en este amplio trabajo de investigación histórica que realizamos desde hace más de 40 años y que tendrá continuidad con otras publicaciones posteriores. La riqueza histórica de la radio es muy poco abordada a pesar de que es un medio muy cercano a la sociedad paraguaya.
RELATO AMENO Y SENCILLO
–¿Con qué se encontrarán los lectores que recurran a sus páginas?
–Con el relato ameno y sencillo de una parte importante de la radiofonía, de una etapa absolutamente diferente de lo que es hoy la radio, en donde la diversión gratuita, el escenario del arte y la promoción cultural eran los temas centrales en los programas de las emisoras, donde los protagonistas eran figuras de gran relevancia artística. Se encontrarán también con el gran legado de la radio como han sido las grandes figuras del arte y del teatro nacional, surgidos desde el seno de la radio, como Jacinto Herrera, Néstor Romero Valdovinos, Josefina Plá, la primera locutora en una radio paraguaya; Ernesto Báez, Mario Halley Mora y su hermano Gerardo Halley Mora, Víctor Montórfano, locutor y director de la radio del Estado y más tarde un poeta de gran relevancia, autor de “Tetãgua sapukái”, entre otros.
–¿Cuáles son algunos de los principales hallazgos y anécdotas que ofrece el libro?
–En verdad son varias informaciones importantes, muchas desconocidas, entre ellas el rol protagónico que tuviera en la radio un talentoso poeta como fue Víctor Montórfano, quien es autor, a más de “Tetãgua sapukái”, con Félix Pérez Cardozo, de otras composiciones como “Mburicaó”, “Choli”, “Purahéi paha”, “Gallito cantor” y otras con José Asunción Flores. Néstor Romero Valdovinos fue libretista por varios años del programa humorístico “La pensión de doña Liga”, juntamente con Aníbal Romero, otro gran artista nacional de las décadas pasadas, y una cita muy especial para Mario Halley Mora, el gran dramaturgo y Premio Nacional de Literatura, quien fue en los años 40 operador de ZP3 radio Teleco. Hay varios hechos anecdóticos y uno de ellos precisamente guarda relación con Mario Halley Mora y su comienzo como libretista en la radio. Ante la ausencia de Romero Valdovinos en la obra cómica referida antes, Halley Mora lo reemplazó escribiendo un capítulo de ese programa y, como él lo cuenta, fue la primera vez que escribió, en este caso un libreto radial, comenzando una larga y fructífera carrera de escritor y autor teatral de gran renombre.
NARRATIVA HISTÓRICA
–¿Dentro de qué género podría ubicarse el libro?
–Es una narrativa histórica sobre los hechos y protagonistas de la radio como resultado de un trabajo de investigación de la radiofonía. Es decir, en un tiempo determinado, en el marco y en el contexto económico-social del Paraguay en los años citados.
–¿Cuál fue la mayor satisfacción y el mayor desafío de encarar este proyecto?
–Creo que si no fuese por el sello editorial Línea de Tiempo, que tiene en su haber la publicación de más de diez obras importantes en los últimos seis años, esta obra no hubiera sido posible. Juan Marcelo Cuenca, un joven escritor y responsable de la editora, ha tenido un papel fundamental en los detalles más importantes de este libro. El mayor desafío está aún por venir. Estamos encarando otras realizaciones de obras que vamos a encarar. En principio hay dos más, todas vinculadas a la radio en Paraguay.
–¿Cómo te parece puede aportar la historia de la radiofonía a comprender más la historia nacional?
–La historia como ciencia tiene elementos fundamentales para ser considerada como tal. Por ejemplo, el objeto del estudio, que es el tiempo pasado; un método científico, que es la historia misma, y el conjunto de fuentes, como evidencias; sin esos atributos no podría existir. Y estos elementos se dan ampliamente en esta obra sobre la radiofonía paraguaya, en esos componentes se basa nuestra investigación y como resultado el presente libro. La historia de la radio en Paraguay es una parte importante de la historia nacional. La vida, los hechos y los protagonistas de nuestra sociedad pasaron por la radio. Para valorarlos tenemos que conocer quiénes fueron, qué hacían y cuál fue el aporte sociocultural de los medios radiales.
Hace unos años, en una madrugada húmeda de Taipéi, terminé sentado en una pequeña casa de té al costado de una estación de metro.
Afuera llovía suave.
Yo estaba cansado. Venía de caminar todo el día grabando imágenes y entrevistando gente. En una mesa cercana, un anciano tomaba sopa mientras miraba las noticias en una vieja televisión colgada en la pared. No entendía una sola palabra del idioma, pero sí entendí una imagen: hospitales, médicos, pantallas gigantes, gráficos, tecnología.
La mujer que atendía el local, una señora de sonrisa tímida, me preguntó de dónde era. Cuando le dije “Paraguay”, abrió grande los ojos y respondió en un inglés entrecortado: “Taiwán ama Paraguay”.
Sonreí.
Después me mostró orgullosa en su celular cómo funcionaba el sistema de salud de su país. Sacó una tarjeta sanitaria digital, habló de consultas a distancia, de inteligencia artificial detectando enfermedades, de médicos conectados entre ciudades y montañas.
Pero en un momento bajó la voz. “El mundo usa muchas cosas de Taiwán… pero a veces hace como si no existiéramos”. Esa frase me quedó dando vueltas en la cabeza porque era verdad.
Vivimos en un planeta donde millones usan teléfonos, computadoras y tecnologías creadas gracias al talento taiwanés. Un país pequeño, ordenado, moderno, con una de las democracias más avanzadas de Asia y uno de los sistemas sanitarios más eficientes del mundo.
Hoy, gracias al crecimiento exponencial de la inteligencia artificial y a la enorme demanda global de semiconductores, la bolsa de valores de Taiwán ya superó a la de India y se convirtió en la quinta más grande del mundo.
Una pequeña isla que fabrica gran parte del cerebro tecnológico del planeta… pero que todavía sigue siendo invisibilizada en muchos espacios internacionales.
“Y aun así, Taiwán lleva diez años fuera de la Asamblea Mundial de la Salud.”
Diez años.
Mientras el planeta habla de cooperación, inclusión y derechos universales, 23 millones de personas siguen siendo excluidas por presión política. Y lo más absurdo es que Taiwán no pide privilegios. Pide participar. Compartir experiencia. Ayudar.
Durante la pandemia muchos países aprendieron tarde lo que Taiwán ya sabía desde hace tiempo: la tecnología salva vidas cuando se usa con inteligencia y humanidad.
Ellos entendieron antes que otros que el futuro de la medicina también pasa por la inteligencia artificial, el big data y la conectividad. Hoy tienen hospitales inteligentes admirados por el mundo entero, sistemas digitales que llegan hasta zonas rurales y plataformas médicas que varios países quisieran imitar.
Sin embargo, hay silencios diplomáticos que pesan más que la evidencia. A veces la política internacional se parece demasiado a un recreo de colegio: algunos deciden quién puede sentarse en la mesa… y quién debe quedarse afuera aunque tenga algo importante que decir.
“Aquella noche en Taipéi terminé mi té mirando la lluvia detrás del vidrio empañado”.
Y pensé: qué extraño es este mundo.
Los países que sostienen gran parte del futuro tecnológico del planeta todavía tienen que pedir permiso para ser escuchados y el mundo debería prestar atención…
Árbol de la vida”, representación coreográfica y performática realizada en el encuentro de los “Constructores de la Sociedad” con el papa Juan Pablo II en mayo de 1988 en Asunción
Los cuerpos en movimiento como resistencia a la dictadura
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Jimmi Peralta
Fotos: Gentileza
María José Costa, Camila Cáceres y Mélani Peronja lanzaron el libro “La danza como disidencia frente al poder dictatorial”, un trabajo de investigación sobre la danza contemporánea como forma de expresión política durante las dictaduras militares de Paraguay y Argentina. Las autoras parten de la tesis de que la danza posee una doble capacidad de acción en el campo político: el movimiento bailado y el movimiento de lucha.
El registro del arte como resistencia política en la historia de la región sigue siendo rescatado de los archivos y revividos a través de las voces con los testimonios de quienes participaron o fueron testigos de acciones, obras, textos, grabaciones, etc. El ocultamiento de las resistencias muchas veces sirve para la construcción de identidades pasivas de los pueblos. Sin embargo, como en este caso, el movimiento de los cuerpos nunca dejó de decir basta y de sublevarse desde los escenarios.
“La danza como disidencia frente al poder dictatorial. Casos emblemáticos en Buenos Aires y Asunción” es el nombre de la investigación realizada por las bailarinas María José Costa Céspedes, Camila Andrea Cáceres Arza (paraguayas) y Mélani Jazmín Peronja (argentina), en el marco del cierre de su carrera de licenciatura en Composición Coreográfica, mención Danza, en la Universidad Nacional de las Artes de Buenos Aires.
El trabajo fue presentado recientemente en formato de libro y en él se aborda el tema histórico y conceptual de la danza contemporánea como expresión en contextos sociopolíticos, dando paso a lo que se conoce como “coreopolítica”, así como enfoca el estudio de casos emblemáticos en ambos países.
En cuanto a Paraguay, la obra incluye el hito de la presentación de la performance “Árbol de la vida”, que reunió a artistas en oportunidad del encuentro del papa Juan Pablo II con los “constructores de la sociedad”, en 1988. También el impacto desarrollado por la coreografía “Dónde están”, basada en la canción homónima del cantautor Alberto Rodas. En cuanto a Argentina, el libro rememora y analiza las obras que fueron parte del ciclo Danza Abierta, en plena época de la dictadura militar en el país vecino.
El Gran Domingo de La Nación conversó con las autoras María José Costa Céspedes (MC), Camila Andrea Cáceres Arza (CC) y Mélani Jazmín Peronja (MP) sobre los temas que abordaron, el marco conceptual, y la reflexión sobre la danza como disidencia política, premisa sobre la que se sostiene el material.
IMPACTO EN LOS CUERPOS Y EN EL ARTE
–¿En qué contexto nació la idea de este trabajo?
–MC: Como autoras paraguayas y argentinas, nos interesaba entender cómo las dictaduras impactaron no solo en la política y la sociedad, sino también en los cuerpos y en las formas de expresión artística. Nos llamó la atención que la relación entre danza y dictadura latinoamericana había sido muy poco investigada, especialmente desde la danza contemporánea. A partir de ahí comenzamos a preguntarnos cómo el arte podía convertirse en una forma de resistencia en contextos de censura y control. Tuvimos mucha inspiración y acompañamiento de nuestros tutores Rodolfo Prantte y Sonia Sasiain.
–¿Cómo fue el proceso de investigación?
–El trabajo se construyó a partir de entrevistas a referentes y protagonistas de la danza de aquella época, tanto en Paraguay como en Argentina, además de una investigación en archivos, periódicos y bibliografía histórica. En Asunción trabajamos con materiales del Archivo del Terror en el Museo de la Justicia, la Biblioteca Nacional y otros espacios vinculados a la memoria histórica. La memoria oral fue fundamental para reconstruir estas experiencias desde quienes las vivieron. Hicimos muchas entrevistas, y en el libro se publican fragmentos de varias de ellas, como las mantenidas con Teresa Capurro, Alejandra Díaz Lanz, Susana Tambutti y Anahí Zlotnik, y gracias al apoyo de Fondec (Fondo Nacional de la Cultura y las Artes) pudimos adaptar y ampliar la investigación para publicar finalmente el libro que hoy está disponible tanto en Paraguay como en Argentina.
–¿Cuál fue el marco teórico que utilizaron para interpretar y/o valorar las puestas investigadas y su contexto?
–MC: El marco teórico del trabajo se centró en pensar la relación entre cuerpo, poder y disidencia durante las dictaduras. Nos interesaba entender cómo los regímenes autoritarios buscaron disciplinar los cuerpos y controlar las formas de movimiento y expresión, y cómo la danza contemporánea apareció también como una práctica política y de resistencia. Trabajamos principalmente con autores como Michel Foucault para analizar las lógicas de control y disciplinamiento social, y André Lepecki, quien desarrolla conceptos como la coreopolítica y la capacidad política del movimiento. También incorporamos aportes sobre memoria y sobre la dimensión política de la danza contemporánea en América Latina. Más que estudiar solamente obras coreográficas, nos interesaba pensar cómo ciertos cuerpos y ciertos modos de moverse podían convertirse en una forma de disidencia frente a contextos represivos.
“CON POCA ROPA”
–¿Podrían hablarnos sobre la puesta de 1988 frente al papa?
–MC: La puesta de “Árbol de la vida” se realizó en 1988, durante la visita del papa Juan Pablo II a Paraguay, en un contexto en el que la dictadura de Alfredo Stroessner ya comenzaba a mostrar signos de desgaste. Fue una performance colectiva que reunió danza, música, teatro y poesía, y que se presentó dentro de un encuentro entre el papa y representantes de distintos sectores sociales y culturales, los denominados “constructores de la sociedad”. Lo interesante es que, aunque oficialmente era un acto vinculado a la visita papal, terminó convirtiéndose en una expresión simbólica de crítica y deseo de cambio frente al régimen. La obra utilizaba la imagen de un árbol seco que, hacia el final, florecía colectivamente como metáfora de esperanza, libertad y recuperación de lo vital.
–¿Qué repercusiones provocó la obra en su momento?
–MC: La repercusión fue muy grande. El Gobierno intentó suspender el encuentro por considerarlo demasiado crítico, hubo tensión política y mediática. Estando ya en gira el papa en la región, el Vaticano hizo saber que podría suspender la llegada a Paraguay si el Gobierno sacaba el acto de la agenda. El episcopado paraguayo también reclamó preservar el acto y finalmente se realizó. Según los testimonios que recogimos, muchas personas sintieron que era una forma de decir públicamente cosas que durante años habían sido silenciadas. Incluso algunas de las artistas participantes sufrieron consecuencias posteriores por haber formado parte de la puesta. El libro aporta la visión de algunos de los responsables, pero sobre todo documentos inéditos del Archivo del Terror como uno en el que Pastor Coronel informa a Stroessner sobre los “entretelones” del evento, “comentados” en una visita que recibiera de un obispo “amigo”, quien incluso decía que entre los religiosos hubo quienes cuestionaron que “las bailarinas vestían poca ropa” y eso no era “adecuado”.
La dictadura stronista vigilaba y controlaba tanto a políticos como a artistas. Aquí, uno de los informes de vigilancia sobre la maestra Teresa Capurro, cuando recibió en su casa a bailarines de Argentina
COREOPOLÍTICA
–La relación entre las dictaduras y el cuerpo suele expresarse en formas de control, disciplinamiento y unificación. En ese contexto, ¿qué mensajes o estímulos podían producir las propuestas de danza contemporánea como para incomodar al poder?
–MP: Aprendimos que la danza posee una doble capacidad de acción en el campo político: el movimiento bailado y el movimiento de lucha. El movimiento bailado son esas obras o prácticas dancísticas que buscan influenciar la opinión pública o consolidar un discurso político. Ejemplo de esto sería la obra coreográfica “Dónde están”. Y el movimiento de lucha es esa capacidad contestataria de la danza de generar un movimiento colectivo de protesta como lo fue Danza Abierta en Buenos Aires.
–El video de “Dónde están” es un ícono de aquella generación. ¿Ese fue su material de estudio o también existió una puesta en escena inspirada en la canción de Rodas?
–CC: “Dónde están” es una obra que se basó en la canción “Donde están los desaparecidos” de Alberto Rodas. Esta obra se estrenó en el Bosque de los Artistas de Hermann Guggiari a finales de la dictadura y tomó más valor para la memoria al ser representada en varias ocasiones en escuelas y teatros por la compañía del Ballet Nacional. Nuestro material de estudio fue un video que se encuentra a disposición en Youtube en Memorias de Danza, pero también nos basamos en entrevistas realizadas a los coreógrafos e intérpretes Alejandra Díaz y Francisco Carvallo.
–¿Cómo comparten o disputan protagonismo la estética, la técnica y la política dentro de la danza?
–CC: No hay una disputa, hay una simbiosis entre estas. Hay una armonía entre lo que el artista quiere decir, lo que se puede mostrar y lo que el público interpreta. La danza es movimiento constante, es un todo orgánico.
Durante los talleres hubo muy buena recepción entre las estudiantes, que manifestaron interés en los aportes documentales del Archivo del Terror vinculados al arte y la danza
RECEPCIÓN EN EL PÚBLICO
–¿Qué receptividad tuvo el trabajo cuando lo presentaron en Asunción y Buenos Aires?
–CC: Tanto la presentación del trabajo final de graduación ante la mesa examinadora de la Universidad Nacional de las Artes, Buenos Aires, como las presentaciones del libro que realizamos en Asunción fueron muy bien recibidas por varios aspectos, pero lo principal es que todavía no somos una generación muy distante a lo que pasó. Todavía tenemos docentes y familiares que participaron en estos eventos o que sufrieron de alguna manera las violaciones de los derechos humanos en esa época. Desde la universidad siempre nos incentivaron a investigar y así poder registrar el aporte que tuvo la danza en ese periodo. Coincidentemente, el concepto de coreopolitica de Andre Lepeki que exponemos en el libro se articula con lo que la universidad estuvo haciendo en Buenos Aires en el último año, defendiendo sus derechos y demostrando que a través de la danza también podemos hacer política.
–¿Cómo vivieron la recepción de los participantes y el público en los talleres?
–En los talleres y conversatorios que pudimos hacer en Asunción, en el Instituto Superior de Bellas Artes, en el Archivo del Terror y en la academia Núcleo de Arte y Danza hubo muy buena receptividad por lo novedoso del tema y el enfoque. La performance que preparamos como parte de los eventos, que es un homenaje a quienes protagonizaron esos tiempos, creo que gustó y aportó el momento artístico especial. El libro estuvo también en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires gracias al apoyo de los encargados culturales de la Embajada paraguaya. Y en la Feria Internacional del Libro de Asunción lo presentaremos el 31 de mayo, con presencia también internacional. Así también, estamos gestionando presentaciones con la Universidad Nacional de las Artes de Buenos Aires.
AUTORAS DEL LIBRO
María José Costa Céspedes: licenciada en Composición Coreográfica con Mención en Danza por la UNA de Buenos Aires. Profesora superior de danza clásica, Academia Núcleo de Arte y Danza, Asunción.
Camila Andrea Arza: técnica en danza y licenciada en Composición con Mención en Danza por la UNA de Buenos Aires. Profesora superior en danza clásica por el Instituto Superior de Bellas Artes (ISBA) de Asunción.
Mélani Jazmín Peronja: técnica en danza y licenciada en Composición Coreográfica con Mención en Danza por la UNA de Buenos Aires.
Mélani Peronja, Camila Cáceres, María José Costa, autoras de la investigación