Nubes de mosquitos y de moscas, lluvias del subtrópico, lloviznas pertinaces, nieblas traicioneras, vientos cambiantes y hasta el sol de fuego van afrontando los jinetes uruguayos que esperan llegar antes del 28 de abril al Jardín Botánico de Asunción a fin de conmemorar los 100 años de la Escuela Solar de Artigas.

“Hemos pasado por tormen­tas y tem­pestades”, cuenta Eduardo Acosta, dirigente de la mar­cha que comenzó el 15 de marzo en la plaza Indepen­dencia de Montevideo, a metros del mausoleo en el que descansan los restos de José Gervasio Artigas con guardia permanente de Blandengues.

Acosta, jinete aparcero de Barros Blancos, allá en Cane­lones, Uruguay, explica las motivaciones del viaje: “Así como José Pedro Varela nos dio la educación laica y gra­tuita, Artigas marcó el fondo del ser uruguayo, así que en el homenaje a la escuela pode­mos aunar las dos cosas”, apunta.

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Al momento del diálogo con nuestro diario, la delegación está en el Chaco argentino, en una parada de descanso de las que vienen haciendo des­pués de cabalgar tres horas por la mañana y tres por la tarde como hacen desde que ingresaron al vecino país tras cruzar la frontera en Salto.

“Venimos jinetes que repre­sentan a la Unión de Aparce­rías y Sociedades Tradiciona­listas del Uruguay (UASTU) de Canelones, Durazno, Maldonado, Montevideo, de todo el país, trayendo men­sajes de los chicos de más de 80 escuelas de nuestro país para recordar a don José Gervasio Artigas, para homena­jear a la escuela y para saludar a los estudiantes del Para­guay”, comentó Acosta, quien forma parte de la columna que ingresará en unos días por la frontera entre Puerto Falcón y Clorinda.

Además, los jinetes hicieron plantar, en cada una de las escuelas uruguayas que reco­rrieron, semillas del árbol de yvyrapytã, bajo cuya sombra descansó el Protector de los Pueblos Libres en lo que hoy es el Botánico asunceno. El emblemático árbol tiene cerca de 250 años y está al cuidado de técnicos agróno­mos que todavía lo mantie­nen con vida.

María José Volpe es la direc­tora de la Escuela Solar Arti­gas y cuenta que se vienen aprontando los preparati­vos para la llegada de la dele­gación, que se estima será este 26 de abril, para el acto a desarrollarse el domingo 28 de abril.

“Queremos darles un recibi­miento muy cálido de niños que ofrecerán poesías y can­ciones, así como de sus fami­lias. Se acercará el intendente de Asunción y esperamos la presencia de autorida­des nacionales también. En la oportunidad haremos entrega de una carta en res­puesta, compartiremos un almuerzo con ellos y la comu­nidad de la escuela”, comentó.

A CABALLO

El rol del caballo en la coloni­zación española y, paradoja incluida, en la independencia de los pueblos americanos fue fundamental. Artigas mismo fue un gran jinete, al punto tal de que la delegación viene tra­yéndole un caballo moro, de la raza uruguaya, ensillado y listo para que el jefe disponga. Un homenaje que le hace el Regimiento de Blandengues cuyo abanderado viene con la columna que ingresó por Encarnación y que avanza por territorio nacional hacia su destino final.

Los chasquis, corriendo a pie por todo el Imperio inca, hacían comunicación por postas, técnica que evolu­cionó con la incorporación de los caballos, al punto de que este tipo de travesías lle­vando mensajes es todavía denominada chasques en el Uruguay.

Laviero Balmelli Forno es el segundo secretario en la Embajada paraguaya en Montevideo y cuenta que la génesis de la marcha se dio en una reunión en la lega­ción diplomática en la que los aparceros, jinetes orga­nizados, plantearon la idea. “La verdad es que es una ini­ciativa que vale la pena. Llevó mucho esfuerzo conseguir los permisos para los caballos, las gestiones ante el Minis­terio de Educación uruguayo para que las escuelas puedan recibir a los jinetes para que puedan recoger el chasque”, recuerda con la satisfacción de la empresa en movimiento.

Los jinetes vienen repitiendo el derrotero que hizo Artigas hacia su exilio en Paraguay tras la derrota ante el cau­dillo entrerriano Francisco “Pancho” Ramírez, que había sido uno de sus hombres, en la batalla de Las Guachas, en junio de 1820.

La confrontación fue una consecuencia directa del Pacto de Pilar, que reorganizó las fuerzas en pugna en el Río de la Plata y que el jefe oriental vivió como una traición.

ITINERARIO

Don José Gervasio en su retiro se fue a caballo seguido por su ejército de criollos, indios y negros por los que hoy son los pueblos y ciudades argentinas de Ayuí, Federación, Chajarí, General Ávalos y Curuzú Cua­tiá, Reconquista y Resistencia.

Los jinetes uruguayos de la actualidad decidieron aquí hacer un cambio separando en dos columnas la marcha, haciendo que una marche hacia Posadas para cruzar a Encarnación, como lo hiciera Artigas, y que otra esté en camino hacia Formosa y Clo­rinda para darle mayor ampli­tud al gesto hermanador de unir a caballo los tres países.

Reseñó el diario uruguayo El País: “Cada marcha avanza entre 30 y 35 kilómetros por día en dos tiempos: entre dos y tres horas en la mañana y lo mismo en la tarde. Se paran en lugares con buen pasto y preferentemente donde haya agua, así los caballos (y los jinetes) pueden descansar. Cada grupo tiene camionetas de apoyo que viajan adelante para conseguir lugares donde puedan alojarse por la noche o armar las carpas y para com­prar provisiones”.

Y agregó: “Los caballos están entrenados para recorrer grandes distancias. Un grupo llevó 10 y el otro, 32. En ambos lados viajan caballos crio­llos y mestizos; en el equipo más numeroso también hay ejemplares de cuarto de milla y árabes”, como así también caballos de polo.

En unos días más piensan salu­dar a la estatua erguida que recuerda la impronta del jefe de los orientales en la céntrica plaza Uruguaya de Asunción.

Artigas y su buena memoria merecen el empeño.

UNA ESCUELA CASI ÚNICA EN EL MUNDO

“Esperamos una presencia importante de exalumnos”, se entusiasma María José Volpe, directora de la Escuela Solar Artigas. La mujer que llegó al país en 2021 durante la pandemia del coronavirus acaba de renovar su pasantía en la única escuela uruguaya que da clases fuera del país, una rareza mundial.

“Debe ser de los pocos casos en el mundo de una escuela llevando la propuesta educativa de otro país que se ha logrado sostener por 100 años, es muy importante que haya permanecido vigente con presti­gio y reconocimiento”, dice Volpe recordando que allí se dan clases de jardín y preescolar y de primero a sexto de la primaria, “como era en un Uruguay hasta el año pasado… y todos los maestros, ocho en total, son uruguayos. Ahora, como a partir de 2017 es subvencionada, tenemos una profesora de guaraní y uno de educación física que nos da el Ministerio de Educación que son paraguayos”, comenta.

“Es una escuela querida, reconocida. La gente está con mucha expec­tativa por esta celebración, pero pensamos ir generando diferentes eventos para homenajear a la escuela y al Karai Marangatu, padre de los pobres, señor grande, señor bondadoso, como le decían los paraguayos a Artigas. Hay un conocimiento y un respeto muy impor­tante en el país para con don José Gervasio. En el Uruguay es más la consideración al militar, al estadista, en cambio aquí surge desde lo humano”, añadió.

Para Volpe, de igual manera, “los uruguayos tenemos un deber con la vida de Artigas en Paraguay. Allá entendemos que se vino aquí y se exilió. Para mí todo lo que uno aprende sobre su vida y lo que fue dejando, vínculos y reconocimiento que se ganó aquí es algo que nos debe llenar de orgullo. Se puede hacer mucho y en eso la escuela podría tener un rol importante no solo para nuestros países, sino para toda Latinoamérica, que lo valora como libertador, por su lucha por la independencia y la federación. Hay investigadores que tienen la palabra para poder difundir todo lo que hizo en Paraguay con la gente en algún material que se pudiera producir con el crite­rio y el rigor que se requiere, es un proyecto que anhelo”, concluyó.

EL PASO DEL PROTECTOR DE LOS PUEBLOS LIBRES POR PARAGUAY

“Artigas en Paraguay”, pintura de Eduardo Carbajal
  • Por Miguel Caballero Mora
  • Periodista, poeta y escritor uruguayo-paraguayo

Una de las figuras menos comprendidas por los historiadores del pen­samiento revolucionario fue sin dudas José Gervasio Artigas. Hijo de estancieros, el prócer oriental da su primer paso enfrentando a su pro­pia clase social, una vez que enarbola la causa de los desposeídos y de los esclavos.

Lo que hoy es Uruguay, el Estado tapón, en la época llamado Provincia Cisplatina, ya no era simplemente el refugio de contrabandistas, deser­tores y fugitivos de toda índole: entonces empezaba la intensa disputa entre el Imperio portugués y los porteños, que pugnaban por anexarlo.

Más allá de su lucha por la libertad de la tierra donde nació, frases como “Sean los orientales tan ilustrados como valientes” o “Con libertad no ofendo ni temo”, entre tantas otras, dan cuenta de una actitud que a Artigas le valió el odio indeclinable de todas las potencias regionales e incluso de los estudiosos de la época, que lo ignoraron olímpicamente.

De hecho, el caudillo llega al Paraguay huyendo de enemigos que no lo seguían para tomarlo prisionero, sino para rematarlo. Es el año de 1820. El Dr. José Gaspar Rodríguez de Francia, que años antes había recibido una declaración de guerra por parte de la futura nación orien­tal y se había dado el lujo de ni siquiera contestarla, le concede el asilo político. Lo recluye en el Convento de la Merced y, posteriormente, lo aloja en lo que luego sería bautizado como el Solar de Artigas, en las afueras de Asunción.

Las razones por las cuales, tiempo después, Francia lo destina al casi anónimo poblado de Curuguaty, a cientos de kilómetros de la capi­tal paraguaya, no han sido aclaradas, pero el oriental pasa casi treinta años, los últimos de su vida, en aquél lejano confín. Se sabe, ahora, que la huída de Artigas no acabó cuando cruzó el río Paraná: los intentos de matarlo se sucedieron durante años y las presiones diplomáticas para que Francia lo entregue, también. No sería descabellado suponer que este lo envió a lo más profundo de la selva por su propia seguridad, lo que efectivamente funcionó.

El Protector de los Pueblos Libres, finalmente, termina sus días allí, tra­bajando la tierra e identificado profundamente con el Paraguay de la época, de lo cual dan fe varios hechos, como el ofrecimiento del presi­dente uruguayo Fructuoso Rivera, que en 1841 le propone regresar al Uruguay, oferta que es rechazada por el prócer, o ya, en tiempos del pre­sidente Carlos A. López, el honor de que este le proponga ser instructor del Ejército paraguayo, algo que también fue rechazado por el caudillo oriental, según releva la historiadora uruguaya Ana Ribeiro en una nota para el diario Brecha, de Montevideo, fechada en junio del año 2000.

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