Paulo César López, paulo.lopez@nacionmedia.com - Fotos: Jorge Jara

En conmemoración de la festividad de San Blas, patrono del Paraguay, un equipo de La Nación/Nación Media visitó el Museo Eclesiástico Monseñor Juan Sinforiano Bogarín, cuyo director, el presbítero Hugo Fernández Valiente, nos guió en un recorrido a través de su rico y valioso acervo que, además del arte propiamente religioso, atestigua importantes momentos de nuestra historia.

En el histórico pasaje Comuneros del barrio La Catedral de Asunción, uno de los más antiguos y emblemáticos de la capital, se encuentra el Museo Eclesiástico Monseñor Juan Sinforiano Bogarín. Su sede es una histórica edificación de estilo arquitectónico domus romani o casas romanas llamadas ad pluvium a raíz de que estaban preparadas para utilizar las aguas de las precipitaciones para los diversos menesteres del hogar, explica el presbítero Hugo Fernández Valiente en un breve pero ilustrativo material informativo titulado “De cárcel a museo. Historia edilicia del Museo Monseñor Juan Sinforiano Bogarín”.

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A pesar de que apenas transcurría poco más de la media mañana, el calor del naciente febrero ya hacía sentir con fuerza cómo se presentaría la jornada. El padre Hugo nos aguardaba junto con su ayudante Benjamín en la recepción, una austera habitación con algunos volúmenes sobre el museo y su creador exhibidos en un aparador.

El patio interno nos sumerge en un apacible microclima de quietud monástica. En tono afable y con una memoria prodigiosa para las fechas, el joven teólogo de 36 años con una especialización en historia de la Iglesia en la Pontificia Universidad Católica de Chile nos empieza contando que el Juan Sinforiano Bogarín es el museo paraguayo más antiguo en vigencia. Fue fundado en 1893 en la casa parroquial de la Catedral, donde, en su carácter de párroco, Bogarín empezó a coleccionar antigüedades, rocas y minerales para los “curiosos”.

La institución a cargo de Fernández Valiente cuenta con un nutrido repertorio de arte religioso y objetos históricos del Paraguay, y otros países. Asimismo, existe una colección de platería colonial, numismática, minerales, rocas, restos arqueológicos y fósiles, pero que no están en su totalidad expuestos al público por falta de fondos para el montaje, los equipos de seguridad y la cartelería.

“Es uno de los museos más completos que tiene el Paraguay y en su recinto pequeñito recibe con un corazón grande a todos nuestros visitantes”, señala el religioso al inicio de nuestra charla.

ITINERANCIA

Esta colección fue una suerte de museo itinerante que seguía el destino de su fundador. Cuando Bogarín asumió como obispo, el muestrario fue trasladado a la sede del Obispado, “donde fue enriqueciéndose cada vez más” y donde permaneció hasta 1930, cuando fue llevado al sótano del entonces nuevo Seminario Metropolitano ubicado sobre la actual calle Juscelino Kubitschek. Aquí funcionó hasta 1980 y desde el año siguiente fue instalado definitivamente en su lugar actual, al costado de la Catedral, en “una de las casas más emblemáticas de Asunción”, que fue la residencia de los próceres de la Independencia Fulgencio Yegros y su hermano Antonio Tomás Yegros, refiere el sacerdote.

Durante el gobierno de José Gaspar Rodríguez de Francia, la casa fue confiscada a la familia Yegros y fue utilizada como cárcel provisoria, que según refiere Fernández Valiente en su material estuvo abarrotada de presos políticos luego de la conjuración de 1820 y en una de sus habitaciones se quitó la vida Pedro Juan Caballero durante el tiempo de su reclusión.

En el periodo de Carlos Antonio López la casa fue refaccionada para convertirla en sede del Primer Seminario Conciliar del Paraguay y durante la guerra contra la Triple Alianza fue nuevamente cárcel y también hacía las veces de hospital. Después volvió a ser sede del Seminario hasta 1930, cuando fue alquilado a la Policía bajo la condición de realizar mejoras, lo cual no fue cumplido.

Durante la terrible Guerra Civil del 47 volvió a funcionar como centro de reclusión de presos políticos hasta 1956, cuando se convirtió en una escuelita para pobres y luego la Universidad Católica la utilizó para la primera Facultad de Teología del Paraguay. En la década del 70, a raíz de su mal estado, se ordenó su demolición para utilizar el predio como estacionamiento. Allí se inició la cruzada conservacionista de monseñor Agustín Blujaki con el fin de restaurar la edificación y convertirla en museo.

EL PRIMER ARZOBISPO

Tras esta introducción sobre la historia del lugar, el padre Hugo nos conduce a la primera sala, donde se exhiben pertenencias de su fundador. Monseñor Bogarín nació en Mbuyapey, departamento de Paraguarí, el 21 de agosto de 1863. Fue el primer arzobispo del Paraguay y recorrió todo el territorio nacional devastado tras la guerra “tres veces a lomo de mula para la reconstrucción moral del Paraguay”, apunta el guía.

Entre otros objetos personales y familiares como el sillón de su madre, imágenes religiosas, libros, manuscritos, un baúl, un ropero, el báculo bañado en oro que le obsequió el papa León XIII el día de su consagración episcopal y hasta una banderita de honor de cera con asta de plata del Olimpia que le fue regalada por el club, del cual era un fanático seguidor, con motivo de los 45 años de su ordenación como obispo, que tuvo lugar el 3 de febrero de 1895, el día de San Blas.

Bogarín fue el sacerdote paraguayo más joven en haber alcanzado esa jerarquía, cuando tenía apenas 31 años, y también el más longevo en actividad con un total de 54 años de ejercicio de esa función hasta su fallecimiento en 1949 a los 86 años de edad.

CULTURAS INDÍGENAS

Luego pasamos a la sala dedicada a las culturas indígenas, hacia las que monseñor Bogarín tuvo honda preocupación y defendió en su tiempo con la organización de misiones de auxilio ante el despojo territorial que sufrieron para el establecimiento de los enclaves yerbateros y durante la guerra del Chaco.

En esta sección se observan ejemplares de cerámica prehispánica guaraní, urnas funerarias, japepo, restos arqueológicos, puntas de fechas, elementos líticos, boleadoras, hachas y “una obra muy especial para la historia del arte en toda la región, la imagen de la Virgen de la Paz, un cuadro pintado sobre tabla de timbó en el año 1617. Esta obra es considerada de la autoría del hermano José Berger, cuyo testimonio tenemos. Es una de las pinturas más antiguas del Río de la Plata”, manifiesta con entusiasmo el prelado.

ARTE DE LAS MISIONES

Posteriormente pasamos a la sala dedicada al arte de las misiones franciscanas y jesuitas del Paraguay con piezas del pre- y del barroco hispano-guaraní como santos de inicios del año 1600, piedras talladas e instrumentos de uso cotidiano en las misiones.

“Todas estas imágenes fueron rescatadas por monseñor Juan Sinforiano Bogarín de manos de coleccionistas privados y de saqueadores de las antiguas ruinas jesuíticas y también rescatadas de ser utilizadas como leña en los vagones del tren”, indica para acentuar la enorme labor de rescate realizada por Bogarín.

A renglón seguido sigue relatando que cuando llegaron los misioneros se dieron cuenta de que los guaraníes eran muy diestros en el tallado de la madera porque construían canoas y por tal motivo las primeras imágenes religiosas son de santos cuyos moldes son muy similares a las embarcaciones indígenas o a horcones, por lo que estas esculturas, sobre todo las de mediados del año 1600, tienen el nombre de santos canoa debido a que tenían un hueco en la parte posterior que posibilitaba que floten en el agua, explica mientras señala la figura de un San Estanislao prebarroco.

Ulteriormente, con la llegada del sacerdote jesuita italiano José Brasanelli, a finales del siglo XVII, se instauran talleres de arte y de esa época se conservan obras barrocas de la Virgen y Santa Ana, San Matías, la Virgen de la Candelaria, la Virgen de la Asunción y los Santos Arcángeles.

En cuanto al legado franciscano, que fue la orden que estableció las primeras reducciones en el país, se cuenta con un retablo de principios del año 1700 de la antigua iglesia de Guarambaré, imágenes de la pasión de Cristo, de la Virgen de los Dolores, de San Blas, el confesionario barroco del demolido viejo templo de Caacupé, sillones de culto, aberturas, puertas, entre otros objetos que fueron rescatados de iglesias destruidas o transformadas luego de las reformas litúrgicas instauradas por el Concilio Vaticano II en la década del sesenta que, entre otras medidas, dispuso la realización de la misa de cara a los feligreses en lugar de la tradicional realizada mirando al altar.

Uno de los elementos que más resalta en este conjunto es el púlpito de la vieja iglesia de Villeta, que según detalla el sacerdote cuenta con los tres elementos propios como la base, el tambor y el tornavoz, que servía como una herramienta acústica para que la voz del oficiante de la misa se disperse por todo el templo.

ÉPOCA INDEPENDIENTE

La última sala que visitamos fue la sección histórica, donde se exhiben muebles, herramientas, armas y utensilios personales de la época colonial, de la Independencia y de los López como los escritorios de los próceres, el cañón con el cual fue intimado el gobernador Bernardo de Velasco con las ruedas y el pedestal originales.

Así también, la copia de un retrato de la autoría de Aureliano García de Carlos Antonio López con uniforme militar, su ropero y el sillón que utilizaba cada vez que asistía a misa en la Catedral; una camisa, el catalejo con la inscripción de su nombre, cigarrera, el rebenque y un pedazo de la vaina de la espada de Francisco Solano López, la espada de honor de José Eduvigis Díaz, una pequeña espada de Panchito López y objetos que pertenecieron a Alicia Elisa Lynch como su monedero y papelera.

A más de ello, también está expuesto el libro mayor de las donaciones de joyas de las mujeres para ayudar al ejército en campaña durante la Guerra Grande.

MITO E HISTORIA

Como muchas cosas en el Paraguay, la historia se funde con el mito dibujando una línea difusa que hace difícil marcar límites precisos entre ambos universos. Así, la historia del porqué San Blas fue ungido como santo patrono de nuestro país no escapa a esta lógica.

Según narra el cronista criollo Ruy Díaz de Guzmán, considerado el primer historiador paraguayo, en su obra “Anales del descubrimiento, población y conquistas del Río de la Plata”, más conocida como “La Argentina”, en la primera época de la Conquista, el 3 de febrero de 1538, día del “bienaventurado San Blas”, el fuerte de Corpus Christi fue cercado por unos 2.000 indios rebelados contra los españoles que, tras una sangrienta lucha, quedaron de pronto “desordenados y rendidos, atónitos” ante la visión de un hombre vestido de blanco con una espada que con su resplandor les cegaba la vista, por lo que atemorizados caían en la tierra. Esta aparición es atribuida por el autor a San Blas, que conforme señala ya había acudido en otras ocasiones en socorro de los españoles, que tenían gran devoción hacia este santo, al que ya habían adoptado como patrón y abogado.

Por esta razón, añade Fernández Valiente, cuando Domingo Martínez de Irala diseña el escudo de nuestra capital pone la imagen de la Virgen de la Asunción y a su lado la de San Blas, que fue denominado patrono de la Conquista. Así también, la primera iglesia de nativos de toda la región es fundada en nuestro país bajo el nombre de parroquia de San Blas en 1557, que desde ese momento es considerado patrono del Paraguay.

“Coincidentemente, la historia paraguaya ha tenido muchos acontecimientos puntuales el día 3 de febrero. Uno de ellos, tal vez el más recordado, es que en la mañana del 3 de febrero de 1989 cayó el gobierno de Alfredo Stroessner”, concluye nuestro anfitrión.

Mientras nos acompaña hacia la salida, el padre Hugo comenta que está a cargo de la dirección del museo desde 2020, en plena pandemia, cuando empezaron a trabajar en la readecuación museológica y museográfica “de una forma muy sencilla, pero a la vez con mucho acercamiento al sentido patrimonial que tiene este lugar”. Nos despedimos abruptamente por la llegada de una devota con urgencia de recibir auxilio espiritual y nos comprometemos a realizar una próxima visita con más tiempo.

Finalmente, el cura aprovecha la ocasión para invitar a todo el público a visitar el museo, que está abierto de jueves a domingo y feriados de 11:00 a 18:00 con un aporte de G. 10.000 por persona. Están exentos los niños menores de 12 años, los mayores de 60 años y las personas con discapacidad.

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