Trabaja en “La lógica del escorpión”, un disco que reúne temas propios y versiones castellanas de clásicos de John Lennon y The Byrds. Está en silla de ruedas y en los últimos meses hubo preocupación por su salud. Su vida, que parece hecha de muchas otras, se siente cercana e inspiradora siempre. Aquí un repaso a manera de celebración de cumpleaños.

El niño escucha los arpe­gios del maestro de la guitarra Eduardo Falú y algo no suena bien.

“Hay una cuerda desafinada”, le dice ante el estupor de los adultos que murmuran grave.

“¿Cuál?”, pregunta Falú. “Esta”, le dice, señalando la quinta.

Desde entonces se sabrá que el prodigio tiene oído absoluto.

Cuenta la historia que a los dos años comenzó a jugar con una citarina y, ya más grandecito, en un piano de juguete que le regaló su abuela consiguió tocar “Torna a Sorrento”.

Charly junto con Daniel Melingo calzando la remera con la imagen que sería la tapa de “La lógica del escorpión”

Entonces contó su madre, Car­men Moreno, “cuando lo escu­ché lo llevé al departamento de un vecino que vivía en el piso de arriba y tenía un piano grande… Y enseguida se puso a tocar como si nada. Al otro día fui y le compré uno”.

A los 5 años ya estudia en el conservatorio Thibaud- Pia­zzini y se destaca como estu­diante.

A los 9, enojado con su madre, inspirado en el “Club del clan”, un programa televisivo del que surgieron importantes estre­llas pop argentinas, escribe “Corazón de hormigón”, su primer tema: “El corazón es blando/El corazón perdona/Pero tu corazón parece de hor­migón”, que grabaría 50 años más tarde junto a Palito Ortega en su disco “Kill Gil” (2010).

Contó García: “Vivía en el mundo de la clase alta. En el colegio me hice vago, reven­tado. Hasta ese momento, lo que me molestaba de la escuela era el quilombo. No entendía por qué los pibes querían que­brar el orden; en la música clá­sica a nadie se le ocurriría cam­biarle una corchea a Mozart”, dijo. “Yo escuchaba algo desa­finado y me ponía nervioso”.

SACUDÓN

Lector y cinéfilo ávido, un sacudón inesperado llegó a sus oídos desde una radio a vál­vulas: “There’s a place”, fue el tema de Los Beatles que ilu­minó su camino. Corrió a com­prarse un disco y vio 27 veces la película “Anochecer de un día agitado”.

Allí comenzó a ser Charly, como lo llamaba su profe­sora de inglés, alimentando su creciente pasión con los Rolling Stones, Litto Nebbia y Los Gatos, los Byrds, Elton John, armando una banda con sus hermanos, poniéndole un micrófono a la guitarra criolla que amplificaba con el televi­sor familiar.

A los 13 va al colegio Dámaso Centeno de Caballito, donde forma To Walk Spanish, su pri­mera banda. Conoce allí a Nito Mestre, que integraba de The Century Indignation.

Adiós Sui Generis, dos conciertos en el Luna Park, le puso punto final a la banda de juventud

De la fusión de los dos grupos surgiría una de las más famo­sas bandas del rock en español: Sui Generis.

A los 18 le toca la “colimba”, como le llamaban los argen­tinos al servicio militar obli­gatorio, un apócope de “corre, limpie y barra”. Consigue zafar fingiendo demencia, paseando un cadáver por el casino de ofi­ciales, le diagnosticaron “neu­rosis histérica, personalidad esquizoide” y lo enviaron a casa.

Tiempo después conoce­ría en un concierto a María Rosa Yorio, la mamá de su hijo Miguel, musa de varias com­posiciones y también cantante.

A los 21, en setiembre de 1972, consiguen grabar “Canción para mi muerte” en los estu­dios Phonalex.

Billy Bond, rockero emblemá­tico de Argentina, era produc­tor artístico del sello Micro­fón, y fue el que se dio cuenta que era un hitazo. El líder de La Pesada del Rock & Roll no se equivocó, vendió 250 mil dis­cos. “Todo el mundo creyó que el rock iba a vender y les meti­mos, al mismo tiempo, 150 gru­pos a tres grabadoras. Ahí se prendió la hoguera y comenzó todo. Manal había sido el peor fracaso del mundo, no había vendido nunca nada. Siempre digo que, si no fuera por Charly, el rock estaría muerto”.

Captura de pantalla de un video difundido en las redes sociales de un momento del festejo de su cumpleaños junto con familiares y amigos

FENÓMENO

Sus padres, que lamentaban que haya dejado el conservato­rio y la música clásica, se dieron cuenta del fenómeno el día que Sui Generis presentó “Vida” en el Teatro Ópera.

Contó su mamá Carmen: “Recuerdo que fuimos a verlo con mi marido en el auto y unas cuadras antes de lle­gar estaba el tráfico parado… Carlos (Padre) me dijo: ‘Justo hoy que toca Carlitos hay lío’.

Y cuando por fin pudimos lle­gar hasta la puerta del teatro nos dimos cuenta de que el lío se había provocado por las miles de personas que querían verlo a él”.

A los 24 protagonizó “Adiós Sui Generis”, dos conciertos en el Luna Park que le pusie­ron punto final a la banda de juventud. Los primeros shows masivos del rock argentino quedaron documentados en una película dirigida por Bebe Kamín.

Hubo luego una reunión con amigos que se llamó PorSui­Gieco por Raúl Porchetto, Sui Generis, León Gieco, y que también integró María Rosa Yorio que produjo un álbum con temas que quedaron en el cancionero popular como “La Colina de laVida”, de León, o “El fantasma de Canterville”, de Charly.

Con La Máquina de Hacer Pájaros su idea fue hacer música elaborada, pero que la entienda todo el mundo

A los 25 da un giro vertiginoso abrazando el rock progresivo que impactaba el mundo y que ya venía experimentando al final de Sui Generis (“Un hada un cisne”, en el concierto de despedida, por ejemplo), algo en el disco “Pequeñas anéc­dotas sobre las instituciones” también lo anticipa.

Entonces con prodigio­sos músicos conforma La Máquina de Hacer Pájaros, una superbanda: “La onda es hacer una música elaborada, con concepción en los arreglos. Pero no queremos hacer una música hermética, queremos que la entienda todo el mundo”, dijo. Entonces tenía 25 años.

TIEMPOS TENEBROSOS

Aquí comienza a surgir el observador de la realidad, el hombre de las metáforas pre­cisas, porque le toca acompa­ñar en el tiempo a la tenebrosa dictadura militar que se inició en marzo de 1976.

Temas de esa época “Como mata el viento norte” o “Por probar el vino y el agua salada” son parte del primer álbum.

El segundo disco de la Máquina llevó por título “Pelí­culas” y es donde el concepto llega a su máxima expresión en verdaderas joyas musica­les como “Hipercandombe”, por ejemplo.

NO LLORES POR MÍ, ARGENTINA

A los 26 años organizó el Fes­tival del Amor, que además de hacer las veces de despedida de La Máquina le permitió repasar su carrera, volviendo a tocar algunos temas con Nito Mestre, su siamés en Sui Gene­ris, y con sus amigos Porchetto y Gieco, poniendo en escena nuevamente al Porsuigieco.

Pero había en ese show espe­cial la intención de seducir a David Lebón, el guitarrista que presentó en la oportuni­dad temas de su disco solista. Con lo recaudado en ese con­cierto, soñando con formar un grupo nuevo, García se lo llevó a Lebón a Brasil a componer nuevos temas.

Tiempo después, ya instalados en Buzios, se les sumaron Óscar Moro y Pedro Aznar, dando nacimiento a Serú Girán.

El cuarteto, cuyos integran­tes llegaron a ser considera­dos Los Beatles argentinos, tuvieron sin embargo un debut decepcionante, con silbidos a Charly incluidos. El disco “Seru Girán” de 1978 no tuvo el éxito esperado a pesar de abrigar temas que en el tiempo fueron megaéxitos como “Eiti Leda” y “Seminare”.

Le seguiría en 1979 el álbum “La grasa de las capitales”, que los reconcilió con el público a base de una gira nacional de recitales. Se destaca allí “Vier­nes 3 AM”, uno de los temas más viscerales del músico.

En el Teatro Colón de Buenos Aires, presentando "Líneas Paralelas, Artificio Imposible", en setiembre de 2013. Foto: AFP

La banda fue muy exitosa con multitudinarias presentacio­nes de su disco “Bicicleta”, pero la que más se destacó fue el concierto gratuito que die­ron en el predio de la Sociedad Rural ante unas 60 mil perso­nas a fines de 1980, quizá el pri­mer concierto de una banda de rock argentino televisado en directo. “Canción de Alicia en el país”, “Desarma y sangra”, “Cuánto tiempo más llevará” formaron parte de ese registro. Charly tenía 30 años.

En el 81 llegaría “Peperina” y en el 82 vendría la disolución de la banda ante la incorporación de Aznar al grupo del guita­rrista de jazz estadounidense Pat Metheny.

“No llores por mí, Argentina” es el disco que registra la multi­tudinaria despedida del grupo en dos conciertos.

Años más tarde, en 1992, habría un retorno, con disco incluido, y con una serie de conciertos que concluyeron con dos presentaciones en la cancha de River con unas 50.000 personas por fecha.

EL SURGIMIENTO DEL SOLISTA

Charly contó alguna vez que le costaba usar bigote porque allí se reflejaba el vitíligo que sufrió cuando niño. Al crecer, le quedaba de dos colores. Un día se dijo “loco, bancate ese defecto” y salió al ruedo.

Algo parecido le ocurrió con su salto solista, que ocurrió a fines del 82 cuando publicó el disco “Pubis angelical, Yendo de la cama al living”, que tuvo una recordada presentación en la cancha de Ferrocarril Oeste, con una imponente escenografía que evocaba los rascacielos de una ciudad que fue destruida al final mientras sonaba “No bombardeen Bue­nos Aires”.

Nacía la estrella de rock, el hombre de las apuestas de riesgo.

Viaja a Nueva York y graba “Clics modernos”, el disco que acompañó el retorno de la democracia, que vio la luz en noviembre de 1983. Charly tenía 32 años y supo sintonizar el mundo y traducirlo al código latinoamericano.

Una fabulosa combinación de baile y reflexión. Desde el “No me dejan salir” a “Los dinosau­rios”, un tema que recuerda a los 30.000 desaparecidos del vecino país.

El cuarteto Serú Girán llegó a ser considerado como Los Beatles argentinos

En 1984 “Yo que crecí con Videla, yo que nací sin poder”, cuenta en el impresionante “Demoliendo hoteles” de Piano Bar otro disco que marcó época.

Le sucedería en 1987 el muy elogiado “Parte de la religión” y en el 89 aparece “Cómo con­seguir chicas”, poniéndole el broche a una década en la que registró temas importantísi­mos de su repertorio en una etapa más introspectiva del hombre que lidia con la fama, el dinero, el éxito y los vaivenes de los consumos peligrosos.

Los 90 se abren con “Filosofía barata y zapatos de goma” y la disruptiva versión del himno argentino, que alguna vez fue polémica y hoy se puede ver como un hecho artístico que abrió la posibilidad de inter­pretar más cercanamente una canción nacional, algo que los estadounidenses venían haciendo desde hace años.

Charly ya tiene 43 años cuando encara “La hija de la lágrima”, concebida como una ópera rock, en la que ya se describe “víctima de soledad, víctima de un mal extraño”.

SAY NO MORE

Tras grabar un impactante “Unplugged” para la cadena estadounidense MTV, Charly edita en 1996 el disco que inau­guraría la etapa más difícil de su vida, “Say no more”.

Tiene 45 años cuando apare­cen los conceptos que ampli­ficará en sus trabajos poste­riores: “El aguante” (1998), “Influencia” (2002) y Rock & Roll Yo (2003). Caos en la vida, en la composición, intuiciones, capas de sobregrabado, sinteti­zadores al límite, mucho ruido distorsivo.

El 3 de marzo de 2000, Charly salta, cual superhéroe, desde el noveno piso a una pileta en un hotel de Mendoza y su leyenda crece.

Entre tanto, sus altibajos son más frecuentes. En 2007 intenta que las discográficas le publiquen su álbum “Kill Gil” y no llega a un acuerdo econó­mico. La situación lo deprime, el disco se filtra y aparecen ver­siones no terminadas girando por internet. Finalmente sal­dría a la venta en 2010.

Charly García en un show en Montevideo, en mayo de 2011. Foto: AFP

EXCESOS

La vida de excesos pasa factura y termina internado en un cen­tro de adicciones del que lo res­cata Palito Ortega en julio de 2008.

El autor de “Despeinada” lo contó así: “Él pasó por un momento difícil. Yo fui a visi­tarlo y él se paró de su cama y me dijo: ‘Sacame de acá, ayu­dame, sacame de acá’. Ahí empezó la relación. Nos fui­mos a Luján, estuvimos un año. Un año conviviendo ahí, todos los días, y nació una rela­ción que si yo mañana estoy en Sudáfrica y digo: ‘Necesito que venga Charly’, yo sé que va a ir. Y lo mismo pasa de parte mía. Él sabe que si me llama por­que necesita, yo voy a estar al lado de él. Esa es en definitiva la relación que se establece en un momento determinado donde no juega ningún otro valor más que el afecto. Él es un fuera de serie, un músico extraordina­rio”, dijo el tucumano.

El 23 de octubre de 2009 cum­plía 58 años y brinda El Con­cierto Subacuático, una actua­ción memorable bajo una lluvia persistente ante una multitud que se queda a pesar de todo en el estadio de Vélez Sars­field como quien sabe que está siendo parte de la historia.

El 23 de setiembre de 2013 debuta en el Teatro Colón con Líneas Paralelas, Artificio Imposible, un show en el que sus temas tuvieron arreglos especiales ejecutados por la Orquesta Kashmir.

Tiempo después, ayudado por Palito, publica el cele­brado “Random” en 2017 y es el último registro en estudio hasta el momento.

El 23 de octubre pasado cum­plió 72, lo acompañaron Fito Páez, Raúl Porchetto y Nito Mestre. Las fotos de ese día son las primeras imágenes de Charly en meses luego de que hubiera mucha preocupación por su estado de salud tras una internación en agosto pasado.

Amigos suyos como Fabiana Cantilo o Pipo Cipolatti comen­taron a la prensa que no podían verlo, por lo que se comenzó a especular sobre sus condicio­nes de vida.

Los que llegan hasta su casa o hablan periódicamente por teléfono con él dicen que tra­baja en “La lógica del escor­pión”, un disco que sigue puliendo cual ebanista que pre­tende una pieza precisa. Tam­bién que allí insiste en perse­guir un camino a la belleza, a la rebeldía, a la utopía de la libertad.

“Cuando estés mal, cuando estés solo, cuando ya estés can­sado de llorar, no te olvides de mí porque sé que te puedo esti­mular”, canta en “De mí”.

Su obra inspiradora invita a celebrarlo.

Say no more.

El periodista Sergio Ferreira es autor de un libro sobre la historia del rock paraguayo. Foto: Néstor Soto

Sergio Ferreira: “Me tocó verlo en conciertos brillantes”

Charly García tocó por primera vez en Paraguay el 24 de noviembre de 1987 y la dictadura intentó impedir su actuación. “La Junta Municipal de Asunción, presidida por un tal Gerónimo Segovia, prohibió que el concierto se realice en el Club Olimpia, donde se había programado, por lo que hubo que mudarlo al Club Colegiales. Fue un concierto al que asistieron unas 3 mil personas en el que lamentablemente no pude estar, pero los que estuvieron, recuerdan con mucho cariño, porque era la primera vez que tocaba”, recuerda el periodista Sergio Ferreira, autor de “Tengo un Tema, una historia sobre el rock en Paraguay”.

“Fue prohibido para menores de 20 años, porque el juez de Tutela del Menor, Ángel R. Campos, prohibió que vayan al concierto por la conducta “indecorosa” de Charly en varias actuaciones anteriores en la Argentina”, cuenta rememorando episodios en que el artista se bajó los pantalones y tuvo algún que otro altercado con el auditorio.

“Volvió en 1988 e hizo un concierto en el Yacht & Golf Club, sin ningún problema, pero tampoco tuvo tanta trascendencia mediática”, dice recordando sus pasos por nuestros escenarios.

“Mucho tiempo después, en 1996 vino como invitado de Mercedes Sosa y dio un concierto en el Sol de América y tocó un par de temas con ella. Como él estaba acompañado por María Gabriela Epumer, ya fallecida, que era su guitarrista, las noches que estuvo en Asunción, decidió hacer incursiones en pubs de la ciudad. La noche del concierto corrió el rumor que tocaría en “el Club de la Serpiente”, así que fuimos a verlo”, memoró.

“Hizo un show allí tocando covers enganchados de rock clásico, fue uno de los shows más espectaculares que vi. Se notaba la gran inventiva de Charly para los acordes, para enlazar los temas, era una gran jam rockera en la que enlazaba los temas de una manera magistral, por ahí colaba alguno suyo, pero en general tocó clásicos del rock. Era una época en la que él estaba experimentando con eso con versiones que después se registraron en el disco “Estaba en llamas cuando me acosté” con la banda Cassandra Lange”, explicó.

Charly García durante la celebración de sus 70 años en el Centro Cultural Kirchner en Buenos Aires, el 23 de octubre de 2021. Foto: AFP

“Después en junio del 96 vino y dio un concierto en el Sol de América realmente magistral. Era la época de “La Hija de la Lágrima” y comenzaba el período “Say No More”, un show de una entrega total, que brindó acostado en una cama en el medio del escenario, cantando y tocando desde allí, ¡un feroz concierto, realmente inolvidable!”, reseñó.

Siguiendo a García en el tiempo, en el país, nos damos con que “en el 2000 tocó en un concierto muy bueno en el León Condou que tuvo como teloneros a los Turf y regresó recién en el 2011 en el aniversario de la Rock & Pop en una noche helada de junio en un concierto muy bueno, según lo que pude leer en las crónicas, porque no pude asistir”, apunta Ferreira.

Para el periodista especializado, “Charly es el más grande músico de rock latinoamericano, pionero grandioso que ha hecho obras cumbres desde hace 50 años con Sui Generis, la etapa maravillosa del rock progresivo con la Máquina de Hacer Pájaros y Serú Girán”, expone.

“Y, como solista es completamente innovador, comenzando con las bases pop de los 80 y haciendo cosas más complejas e interesantes, siempre Charly ha sido un tipo que fue mucho más allá que los demás. Particularmente me gusta más Luis Alberto Spinetta, pero la personalidad extrovertida de Charly lo llevaba más adelante, Spinetta, era más lírico, Charly era todo, el escenario, su entrega, y su música, es un artista completo”, concluyó.

Yenia Rivarola su disco “Paraguay delta” presentó en el 2022. Foto: Archivo

Yenia Rivarola: “Me ayudó a vencer la timidez”

“Charly entra a mi vida en los fogones, las peñas, mediante Sui Generis, cuyas canciones no solo son hermosas, sino que tienen la generosidad de poder ser rasgueadas por una guitarrista principiante”, recuerda la cantautora Yenia Rivarola.

“Cantando a pecho gentil “Rasguña las piedras” en do mayor y “hubo un tiempo que fui hermoso y fui libre de verdad… te encontraré una mañana dentro de mi habitación y prepararás la cama para vos” ya estabas hecha: hacías cantar a los amigos y si estabas en territorio desconocido hacías nuevos amigos”, memora la autora de los discos “Febrero” y “Paraguay Delta”.

Yenia comenta que “con esas canciones de Charly y Nito vencí mi timidez tras de una guitarra en los días del cole y en los días de la facu. Y ahora que hablo del cole, si habremos bailando “no voy en tren, voy en avión en las fiestas de 15 años, con la explosión del rock argentino en Paraguay y mi favorita “no me banco a las hormigas, yo me vuelvo a la ciudad. ¡Ay!”, comenta.

“No conozco la obra completa de Charly García, pero la parte que conozco me parece hermosa, dulce, un rasgo raro: también muy divertida: “he visto muchos casos de epilepsia, conozco la leyenda del colmillo, tratemos el asunto con asepsia, pero por favor, no te mueras en mi altillo”, cita en una muestra del chispeante humor del argentino.

“Una buena síntesis de la que sería mi antología de favoritos de Charly está en su concierto “Unplugged”. Hoy con 51 años me sorprende re escuchar canciones que compuso muy jovencito en las que habla con la voz, la melancolía de un hombre que ha vivido una vida larga y conocido sus costados cruel y sublime. Al igual que grandes como Violeta Parra, Charly tiene canciones tempranas premonitorias. Sin dudas es autor de algunas de las canciones más bellas del habla hispana”.

Joaquín Sabina, Diego Maradona y Charly García, al finalizar el programa "La Noche del Diez", el 10 de octubre de 2005, en Buenos Aires. Foto: AFP

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