En esta edición del programa “Expresso”, transmitido por GEN/Nación Media, Augusto dos Santos conversa con el histórico jugador de la Albirroja Paulo da Silva (43), aunque no le guste esa denominación, quien habla de sus inicios en el fútbol, las principales lecciones que aprendió a lo largo de su carrera, comparte anécdotas, brinda consejos a los futbolistas que se inician y opina sobre el presente de la selección paraguaya desde su nuevo rol de comentarista deportivo.

Fotos: Carlos Juri

ADS: ¿Qué se siente ser la cabeza más temida por los chilenos?

Invitación al canal de WhatsApp de La Nación PY

–PDS: Yo creo que es un halago y segundo para ellos, imagino, 100 años de yeta porque son mis únicos tres goles que tengo en la selección y no volví a meter más a ninguna selección. Entonces Chile está maldecido por 100 años yo creo (risas).

–¿Qué recordás de esos dos goles?

–Y era un partido complicado. Nosotros con (Gerardo) Martino no trabajamos muchas pelotas paradas y cuando eso los jugadores chilenos no te marcaban encima como otras selecciones. Entonces llega un centro de (Salvador) Cabañas prácticamente a la cabeza y un central paraguayo típico lo único que tenía que hacer es golpear con la cabeza, que se fue adentro por suerte también.

–¿Y qué escuchaste decir alrededor cuando metiste el segundo gol, bastante parecido?

–Y me pasaron una grabación de los periodistas chilenos que decían “no puede ser, dos veces la misma jugada, el mismo jugador, ¿dónde está la marca?”. Marcelo Bielsa, que era el entrenador, “¿por qué le marcan a fulano y no a Da Silva? O sea, cosas así que uno se pone contento, pero también el fútbol pasa rápido y en contados segundos. Jugar tantos partidos y hacer tres goles a una misma selección es como que me genera felicidad, me genera orgullo, historia y parece que me estoy remontando a aquella época.

–Jugar tantos partidos decís y en realidad tuviste unos 150 partidos con la selección.

–Increíble, yo cuando debuté pensé que hubiera jugado ese partido y después no más, porque debuté en La Paz, creo que en el año 2000, a 3.600 metros. Empatamos ese partido.

–¿Qué le decís a los tipos que dicen que el tema de la altura es un mito?

–La altura es una realidad, porque no se juega en condiciones normales, jugar a 3.600 metros es complicado. La pelota, diría Daniel Pasarela, no dobla, el esfuerzo es el triple y obviamente todos los cuerpos no son iguales. Hay unos que sufren y otros que no sufren.

–¿Habrá una posición que está más expuesta al rigor de la altura definiendo entre defensa, medio campo y delantera?

–Los mediocampistas, los laterales, los delanteros, también que juegan solos, porque uno cuando hace una estrategia en la altura, lo primero que hace es resguardarse bien atrás, resguardarse en el medio y dejar al delantero solo ahí.

CONSTANCIA

–Tuviste que haber funcionado muy bien por mucho tiempo para tener tanta militancia en la selección.

–Yo pienso que mi constancia, mi dedicatoria y el hecho de que siempre estuve en cualquier situación en la selección. Al principio fui muy criticado, después fui medio criticado, después me incluyen entre los famosos históricos, después quedamos segundos en la final de la Copa América después de veinte y pico de años, y después viene la doble eliminatoria, donde yo también fui parte. Creo que fui de los pocos, ya que jugué para Brasil 2014 y después para Rusia 2018 Rusia, que también jugué toda la eliminatoria.

–¿Cuántas eliminatorias?

–Yo creo que jugué cinco, para 2002, 2006, 2010, 2014, 2018.

–Estás ahí de ser un récord también en esa materia.

–Según los que llevan las estadísticas, dicen que soy el jugador con más partidos de eliminatorias. Porque también hay jugadores que empiezan a perder la confianza cuando no salen los resultados, y a veces uno piensa en no estar más o no volver más a la selección y dar un paso al costado, que en mi pensamiento nunca estuvo.

INICIOS

–Hablame de tu niñez, de tus padres y cómo terminaste pegado a una pelota?

–Mi niñez fue difícil, no éramos una familia adinerada. Me quedo huérfano de padre en el 87, tenía 7 años. Y eso obligó a mi mamá a salir a trabajar, a dejar sus tres hijos en la casa. Y ahí empecé a trabajar. Yo desde los 7 años empecé a trabajar en Aduanas, empecé a trabajar como auxiliar, tratando de replantear nuestra familia. Y después, cuando tenía 10, 11 años, yo le dije a mi mamá que quería ser futbolista. Como mi padre fue futbolista, entonces ella típica madre me dijo “si no vas a andar para el fútbol, tienes que estudiar”. Entonces ella me llevó al Club Atlántida, del que soy fanático, donde empecé, donde voy a terminar también. Y ahí había un entrenador que todavía vive, que es el presidente del Club Atlántida. Y le dijo a mi mamá, en guaraní “oguahêta kóa” (este va a llegar). Y ahí yo empecé a pulir, empecé a entrenar, me levantaba muy temprano e iba a entrenar. Cuando eso no había la inseguridad que hay ahora, entonces bajeaba a toda la calle Quinta hasta Aduanas, que estaba cuando eso sobre Colón. Y fue una etapa linda.

–¿Tu viejo jugaba al fútbol?

–Él es brasileño, jugó en Atlántida, General Caballero, creo que en Sol de América también, Cerro Porteño. Y era centro delantero. Según mi madre, era más flaco que yo, que yo no soy tan flaco, y más alto que yo. Pero la misma careta, como dice ella. Tenía muy buena altura.

–Serás de los defensores más altos de Paraguay en todo este tiempo. ¿Es una ventaja para tu posición?

–Sí. Definitivamente. Como también hubo centrales en Paraguay que eran bajos y saltaban una locura. Celso Ayala, Denis Caniza también, que jugó más de lateral, pero era central. Ellos saltaban una locura.

–¿Y tu último club en Paraguay antes de salir?

–Antes de salir la primera vez fue Cerro, en el 98. Después me fui a Italia. Después volví a Argentina. Me fui a Italia, vine a Libertad. Me fui a Toluca de México. Me fui a Inglaterra, me fui a España. Volví a Pachuca de México. Volví otra vez a Toluca. Vine a Libertad, 12 de Octubre, Independiente de Campo Grande y 12 de Junio.

–¿Te figurás en tu casa, tereré, pantuflas, viendo los partidos solo por televisión porque ya te jubilaste del fútbol?

–En realidad estoy a punto de jubilarme y me gusta ver el partido en la tele. Primero porque la gente acá, cuando te vas a ver la selección y a la selección le va mal, lo primero que te dicen es “volvé a la selección. Jugadores como vos ya no existen”. “¿Por qué no tenés tatuaje y los de ahora tienen tatuaje?”. “¿Por qué no usas arito y los de ahora usan arito?”. “¿Por qué vos respondés y otros no responden?”. O sea, que los tiempos pasan.

NUEVOS TIEMPOS

–¿Crees que son injustos con los jugadores de hoy?

–Para mí es injusto. Porque los tatuajes, los aritos, las redes sociales yo creo que son parte de la vida actual que vivimos. Uno se tiene que adaptar. Yo no quiero que un jugador de esta época piense como yo. Cada uno tiene sus responsabilidades, es otra vida. Yo no quiero que piense como yo pensaba.

–Aparte que la competitividad se ve en la cancha.

–Totalmente. Y donde tienen que jugar es en la cancha. Afuera uno es persona normal. Obviamente que tienes que cuidar tu imagen porque también es para los chicos. Yo que soy padre de familia digo que es lo que más me importa.

–Probablemente en otras generaciones se pensaba más en el tema “Yo soy un ejemplo para los más chicos”.

–Mi mamá hasta ahora me carajea. A veces de diez fotos tomás ocho y te olvidaste de dos. Y te dice “¿por qué no te tomaste dos fotos con él? No te agrandes. Acordate que vos eras como ellos, pedías fotos”. Entonces yo siempre trato de mantener una humildad. Obviamente a veces no puedo cumplir con todo. Pero por lo menos dar una buena imagen, primero por mis hijos y otro también porque la gente si te reconoce es por algo.

–¿Cómo funciona la casa respecto de éxitos y fracasos? ¿Tu vieja te sigue siempre?

–Siempre. Ella es como mi crítica número uno. Pero sus críticas nunca son malas. Son para ayudarte. “Hoy no te he visto bien, hoy te vi cansado, ¿qué te pasó?, ¿te duele algo?”. Pero son críticas sanas, críticas buenas. Y siempre viví bajo las críticas. Y eso hasta este punto de mi carrera me encantó porque eso me ayudó a mejorar mucho.

–¿Y hasta ahora te pasa que cuando perdés un partido tenés ganas de estar solo y apartarte?

–Hoy día no tanto. Hoy aprendí a perder, que es lo más difícil para un deportista en realidad.

“HISTÓRICOS”

–Podemos recordar, Paulo, la medalla de plata de 2004, Alemania 2006, el vicecampeonato de 2011, pero siempre vamos a quedarnos con la joya de 2010 de Sudáfrica, ¿verdad?

–Y es un lindo recuerdo que tenemos nosotros. Hay una palabra que donde me paro te dicen el histórico o los históricos. Pero nosotros, yo siempre digo, no somos históricos, nosotros hicimos lo que teníamos que haber hecho. Jugar por nuestro país, jugar por la gente, tratar de convencernos de que si jugamos como equipo podemos ganar, seguramente que podemos perder, pero si jugamos como equipo tendríamos grandes chances. Pero para eso también la cabeza tiene que estar bien.

–¿Cómo era ese plantel?

–Éramos muy amigos todos, que es difícil, porque en un plantel de 25, 23, 30, hasta 50 con la delegación, uno se despierta mal, a otros no les gusta esto.

–¿Quién era el más pirevai de ese equipo?

–Lo que pasa es que hay varios. Porque cada uno, después de tanto tiempo, porque nosotros casi tuvimos 15 años, y vas conociendo a tu compañero de pieza, te juntás con otros compañeros de otras piezas y dicen “fulano se despierta temprano, hace ruido”. Yo soy dormilón. Con Carlos Bonet hacíamos una de las mejores parejas, porque lo que él no tenía, yo tenía. Él se levantaba temprano, yo tarde. Él era profesional, yo comía lo que me encontraba por el camino. Él se iba al gimnasio, yo no me iba al gimnasio. Él se dormía temprano, yo no me dormía temprano.

–¿Quién es para vos el Tata Martino y por qué no pudimos seguir con su escuela más tiempo?

–El Tata para mí fue el mejor entrenador que tuve en la selección. Y te dicen “porque te hizo jugar”. No. Yo jugué 150 partidos, quiere decir que jugué con todos. Con él obviamente fue el que sacó mejores cosas de mí, porque él ya me había dirigido en Libertad. Me conocía cómo era, conocía mis limitaciones, conocía mi fortaleza, conocía lo que yo era dentro de un grupo, porque dentro de un grupo era uno de los jugadores más kachiãi. Era de los más alegres, pero a la hora de entrenar, era de los que me gustaba entrenar. Así venga de estos viajes maratónicos, porque todos hacemos, no es que yo nomás hacía, todos hacemos. Le ponía onda. Para mí no había el pirevai en la selección. Llegar a la selección era lo máximo. Y Tata eso pudo encontrar en mí. Él dijo que yo siempre fui un líder, que yo tampoco me lo creía porque no era yo el capitán en aquel momento.

–¿A partir de cuándo fuiste?

–Cuando se va Justo (Villar) empecé a ser el capitán. Justo se va creo que después de la Copa América. Me parece que siguió todavía otra eliminatoria, pero éramos varios capitanes sin brazalete, como decía Tata. Estaba Roque (Santa Cruz), estaba Julio César Cáceres. Denis Caniza era el capitán cuando estaba en cancha.

–¿Quiénes son dos o tres de esa selección que siguen siendo amigos de toda la vida?

–Roque, Villar, Justo, Carlos Bonet, que es mi compadre aparte, Cristian Riveros y con los demás tengo una excelente relación. Te nombro a esos cuatro porque siempre estábamos juntos en la concentración, en viajes. Estamos en contacto a través del teléfono. Sé que si uno de los cuatro necesitamos, los tres restantes estarán. Estoy totalmente seguro. Se lo dije a Justo ahora que él es miembro de la selección. Le dije “no estás solo”. Por más que nuestras críticas sean para la selección, que generalmente trato de no criticar, pero no estás solo en este partido, que es más difícil.

CAPITANÍA

–¿Qué es ser capitán?

–La gente me reconoce como el último gran capitán y yo encima que soy tímido, o sea, tímido cuando me dicen eso, como que me sonrojo por más que no se me vea. Pero ser capitán es algo lindo, porque es como que sos el capitán de un equipo o de un país, pero tenés que ser ejemplo. Yo siempre a la hora de criticar primero me hago una autocrítica y después trato de ayudar.

–¿Cuáles son dos o tres cuestiones que se tienen que tener en cuenta para ser un buen capitán de selección o de equipo?

–Primero ser autocrítico. También saber que llevaba el peso de un equipo, porque ser capitán, por más que hay tres o cuatro que pueden serlo, te eligen a ti y tienes que ser ejemplo. Yo velaba por un grupo, o sea, me gustaba que el grupo vaya bien. No me gustaba que nadie esté por encima del equipo. Así sea Roque Santa Cruz jugando en el Manchester City, Takuara metiendo 100 goles en el Benfica, por encima del equipo no estaba nadie. El rol de capitán cuando se gana es más fácil. Pero cuando se pierde, los líderes son los que tienen que tirar a la manada. Nosotros pasamos momentos difíciles, porque en la Copa América de 2007 venimos de un 6-0 ante México, se nos caía la estantería, estaba por empezar la eliminatoria para el Mundial de Sudáfrica y éramos literalmente un desastre para todo el pueblo paraguayo.

–¿Como capitán eras esa especie de abogado defensor de tu equipo ante los árbitros? ¿Eras de reclamar mucho?

–Ahora los árbitros dejan que vos te expreses de forma más violenta. Antes los árbitros te cruzaban, un (Javier) Castrilli te dice “seguís hablando y te vas”. Entonces, cuando tenés una amarilla, ya es como que te vas en reversa. Pero mientras no te saque una tarjeta, vos le podés decir de todo. Yo era el que trataba de separar, pero también tirarle un insulto al árbitro. “Dejale, si este no va a cobrar nada”. “Dejale, no ves que está cagado”.

–¿Y eso le puede llegar a trabajar al réfere?

–A nivel internacional, el árbitro también juega su partido. Y les conoce a todos los jugadores, porque el árbitro cuando es designado para un partido ya imagino que sabe a quiénes va a dirigir.

–La experiencia también juega ahí, aparte de ser capitán.

–Yo, por ejemplo, nunca fui muy rápido, pero sí era un líder de gritar. El que jugaba conmigo, tanto Julio Cáceres o Antolín Alcaraz o Gustavo Gómez en mi última época, Fabián Balbuena, Bruno Valdés, Julio Alonso, ellos tenían que acatar orden.

NOVATOS

–¿Y el novato que está empezando necesita afecto nomás o necesita un pequeño jeja’o (reprimenda) también durante sus primeros partidos?

–Yo creo que los dos. Afecto sí, porque tienes que hacerle sentir que es parte de la familia. No porque él tenga un partido y yo 200, él no tiene derecho a opinar, no tiene derecho a hacer su juego.

–¿Qué es lo que te decían cuando vos empezabas?

–¡Dale, pues, mitã'i! ¡Edispara! (corré). O si no, a veces te suele pasar que llegas 20 minutos antes de entrenamiento y te dicen “mba’e eguahê ramo mitã'i. Nde una hora antes reima va’erã (Por qué llegás recién, pendejo. Una hora antes ya debés estar). Y tiene razón, porque eso es respeto. O sea, si yo llego al vestuario y encuentro que ya están Chilavert, Gamarra, Ayala, Arce, José Cardoso, por nombrarte algunos.

–¿Y sos de los que reprochan con el silencio y cosas así?

–No, jamás. Siempre respeté a la gente. Por eso creo que ahora que ya no juego en la selección, gozo de un respeto. No sé si la gente me quiere o no, pero un respeto. Imagínate el respeto que hice en volver a la selección. Y con el perdón, la selección no me necesita. La selección está cubierta. Yo creo que nuestros mejores elementos están en la parte baja. O por lo menos están en clubes importantes. Palmeiras, en Europa creo que están dos, tres, cuatro. Alderete, Balbuena, Alonso. Otro está en Boca, va a jugar la final, Bruno Valdés. Otro hace poco en River, Rojas.

–Si tuvieras que definir una relación amorosa con un club de Paraguay y uno del exterior, ¿con cuál sería?

–Fácil. Atlántida y Toluca.

–¿A quién le hiciste una trancada que hasta ahorita arrepentís? ¿Y se te quejaba?

–Tuve una con Bruno Marioni, un delantero argentino. Creo que le mandé unos 15 días a comer caldo con pajita. Porque me insultó. Primero que nosotros con los argentinos siempre tuvimos pique. Entonces me dijo “muerto de hambre”, “qué ganaste”, “mirá lo que sos”. En aquel momento me ponía loco. Ahora es parte de la cultura.

FAMOSOS

–¿Cuatro famosos que vas a contarle a tus nietos que te enfrentaste a ellos?

–Seguramente Lionel Messi. Cristiano Ronaldo. Ronaldinho Gaúcho. Y el otro está entre Romario y Ronaldo el Gordo. O sea, ahora que está retirado está así.

–O sea, fácilmente podía hacerte una pregunta con diez nombres por todo tu rodaje.

–Veinte también. Didier Drogba, (Wayne) Rooney, (Nicolás) Anelka, Gerard (Piqué), John Terry, muchísimos. O sea, no estamos hablando de compartir la misma cancha. Pero, para no quedarme mal con mi ídolo de infancia, los tres, Ronaldinho Gaúcho, Messi, Cristiano Ronaldo y el Colorado Gamarra. Ese fue mi ídolo.

–Y de estos delanteros, ¿quién era el que se quejaba más y te reclamaba directamente?

–De los tres buenos, yo creo que fue Messi. Ronaldinho Gaúcho no, porque no le atajaba. La única forma de pegarle una patada era en el túnel.

–Habrá sido, con todo respeto a Messi, el jugador más impresionante que viste, ¿no?

–El que más espectáculo dio en los últimos años, lejos.

–Eras capaz de sentarte y mirarle jugar ahí adentro.

–Él tiene una anécdota que fue de los pocos futbolistas aplaudidos en el Bernabéu, en el estadio del Real Madrid, jugando para el Barcelona, Ronaldinho Gaúcho. Pero de los que más se quejaban, Cristiano sí. Y después tenía a Luis Suárez, por ejemplo, siendo una mole. Le pegaba una patada en el tobillo y él se agarraba la rodilla. No sé por qué. Saltaba a cabecear y le llevaba el codo y él se agarraba la rodilla.

EL VAR

–En estos tiempos es más difícil con el VAR.

–Sí, el VAR te limita. Diego Lugano, el central de Uruguay, cada vez que nos encontramos en un evento, me dice “Paulo, tenemos suerte de que en nuestra época no había VAR, porque ni vos ni yo no habríamos jugado ni 10 partidos”. Es otra época. Porque el VAR interviene en cualquier punto del campo.

–Un córner es la escena que mejor define la lucha entre el defensor y el delantero, ¿no?

–Totalmente. Pero el defensor es el que más se siente en el campo. Pero el delantero, a la hora de defender en un córner, es vulnerable. Porque no le gusta marcar por más que tenga dos metros.

–Por eso en la práctica se les ve cabecear siempre otra vez a los defensores.

–Y los defensores, aparte que somos los mejores defendiendo, también tenemos tendencia a hacer muchos goles de pelota parada.

–¿Un pibe que se perfila para crack qué cosas tiene que cuidar para llegar a la meta?

–Hay que ver el entorno. Siempre hay que ser un poco psicólogo. Primero tienes que llevarle de a poco. Porque ellos saben la condición que tienen, pero siempre hay que hacerles aterrizar. Tienen que llegar a la tierra. Con el talento no basta. Y más si sos muy talentoso, tenés tendencia a que los otros te quieran reventar. Te quieran hacer una entrada porque no te alcanza, porque sos bueno, porque tirás caños. Siempre tenés que llevarle de a poco.

OTRO PARTIDO

–Estás en un nuevo equipo, un equipo de transmisiones deportivas. ¿Qué comparaciones hacés entre equipos? ¿Entre jugar con Pipino Cuevas y jugar con Gustavo del Puerto?

–Prefiero estar en la cancha jugando. Yo disfruto mucho y aprendo de ellos porque llevan años. Porque saben el medio, conocen. Estudiaron para eso. Disfruto muchísimo. Y disfruto más que cuando me quedaba en la casa viendo el partido. Primero porque se ve mejor de arriba. Se critica mejor de arriba. Y todos somos buenos estando ahí arriba. Yo comento lo que veo porque me dan la palabra y yo estoy viendo todo el estadio.

–Además me comentaban que hubo expresiones de mucho cariño hacia vos en la hinchada antes del partido.

–Es reconfortante, es lindo. Es otra vez aterrizar a aquellas épocas. Pero yo siempre soy firme con lo que digo, tenemos que apoyar a la selección.

–¿Cómo estamos con eso? Fue importante este triunfo.

–Importante. Porque también me dijeron cuando terminaba el partido “Paulo, no puede ser 1-0 nomás a Bolivia”. Y le dije “nosotros también, el grupo de Sudáfrica, también le ganó 1-0″. Al final son tres puntos. Necesitamos ganar. Necesitamos sacarnos la mochila de, como dijo Gustavo del Puerto en la transmisión, que en 460 minutos no hacíamos un gol. Necesitamos que nuestros delanteros conviertan. Ya sea Almirón, Ávalos, Toni, que le tocó. Adam Bareiro que hizo un gran trabajo. Entonces necesitamos ganar. Ahora se descomprime un poco. Porque hay un ambiente de que ves la clasificación y están ahí como cuatro selecciones pegadas entre tres puntos. Las dos selecciones que nos vienen en este combo son como nuestros rivales directos. Y vos ya te sacaste la mochila de perdedor. Porque eso la gente dice, “estos son perdedores”. Fracaso es el que no intenta. Estos jugadores intentan.

APOYO

–Desde el ejercicio del periodismo deportivo, ¿qué ajustes te parece son necesarios para que esto no haya sido una casualidad?

–Yo creo que a veces nosotros cuando tenemos el micrófono somos dueños de la pelota. Porque tener el micrófono es ser dueño de la pelota. Y a veces también opinamos como hincha. Entonces yo en las transmisiones siempre trato de ser corto y conciso para que no me salga el fanatismo. Yo creo que tenemos que ser autocríticos todos. Dirigentes, jugadores, cuerpo técnico y nosotros parte del periodismo. Primero generar onda positiva. Y después que haya una reciprocidad. Que la selección también nos abra un poco el panorama. Me gustaría también que los chicos puedan observar algún entrenamiento de la selección. Que haya un vínculo más fuerte. Porque acá se le critica porque los jugadores vienen y no les ven más que en la tele y se van. Pero yo también en mi época hacía lo mismo. Pero vos podés generar un vínculo. Yo no te digo que todas las prácticas tienen que ser abiertas. Pero hay por ejemplo cosas. Hay jugadores que la gente le idolatra, le admira. Un Almirón, un Gustavo Gómez. A Carlos Coronel, el arquero, muchos no le conocen.

–¿Tiene que haber un mayor esfuerzo por parte de la dirigencia de aproximación de los jugadores hacia la gente?

–Puede ser un camino para que la gente cambie de opinión contra estos jugadores. O contra nuestros jugadores. Pero es algo que yo pensé nomás. No es algo que le va a ayudar porque al final te vas a enfrentar contra Messi y Cristiano. Y te vas a enfrentar contra Luis Suárez y esos no te van a perdonar aunque abras las puertas a miles de personas.

–¿Va a ser sufrido el resto del camino te parece?

–Para mí que sí. Pero estamos acostumbrados a sufrir. Si Paraguay no sufre, no es Paraguay. Tenemos que preocuparnos si Paraguay gana 4-0, 5-0. Porque si gana 5-0, ¿cómo le bajamos de arriba? ¿O cómo nos bajan de arriba? Peligrosísimo. Yo prefiero ganar 1-0. Porque el paraguayo está acostumbrado a eso. Porque si nosotros ganamos 1-0, todavía estamos en alerta al siguiente partido. Pero si ganamos 5-0, nada. Me voy a mi club, juego. En tres semanas vuelvo otra vez. Ganamos 5-0. Van a pasar mis goles. Van a pasar mi atajada. Van a pasar mi cabezazo. Yo creo que todo tiene que ser mesurado.

Déjanos tus comentarios en Voiz