Jorge Zárate, jorge.zarate@nacionmedia.com - Fotos: Néstor Soto y gentileza

Una traducción de la historiadora paraguaya Noelia Quintana Villasboa nos aproxima al papel desempeñado por Charles A. Washburn, embajador de los Estados Unidos en Paraguay durante la guerra de la Triple Alianza, en una conspiración contra el mariscal Francisco Solano López. El texto llamado “Washburn y la conspiración paraguaya”, escrito en francés, estuvo 150 años sin ser traducido al español, una tarea que abordó la historiadora “para tener elementos que nos permitan entender nuestro pasado”.

Se trata del sexto libro que edita Noelia Quintana Villasboa, especializada en temas bélicos y particularmente en la guerra Guasu. Lo que diferencia a “Washburn y la conspiración paraguaya” de sus tomos anteriores es que en este caso se trata de una traducción del francés de un documento que permanece en guarda en la Biblioteca Nacional de la autoría de Paul Cavelier de Cuverville, al que adosó un contextualizado texto introductorio.

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En este sentido, explica Quintana: “En el tema de la guerra de la Triple Alianza es donde más tintas se vertieron con falsificaciones, con calumnias y con mentiras, sobre cómo Paraguay entró a la guerra, qué pasó durante el proceso, durante las batallas, durante las campañas, siempre hay muchos problemas y es necesario hacer las comparaciones para tener una aproximación a la verdad de esos hechos”.

Así, recuerda que investigaba sobre el tribunal militar de San Fernando “tratando de construir un texto histórico lo más preciso posible porque lo que tenemos de ese hecho son novelas, obras de teatro, o si no, las supuestas investigaciones serias que tienen ‘Los papeles del tirano del Paraguay’, que tiene muchos anacronismos”.

En eso estaba cuando encontró “este documento de autoría del cónsul francés en Asunción, Paul Cavelier de Cuverville, en la Biblioteca Nacional, fechado en el año 1868 en París. Ahí me doy cuenta de que habla de la conspiración previa a la creación del tribunal de San Fernando, donde ocurren una serie de ejecuciones, pero no en la cantidad que nosotros normalmente manejamos, que el territorio se llenó de sangre, que fueron fusilados no menos de 500 personas, cuestión que era toda una propaganda falsa, una ruse de guerre, como se dice en francés”, apuntó.

“Evidentemente sí existieron ejecuciones, eso es innegable, pero no en la cantidad y de la forma en que se suele decir. Entonces, este libro nos aclara por qué la decisión jurídica del Estado paraguayo de establecer un tribunal militar. Y esto es algo muy importante, porque nosotros tenemos la versión de Washburn, que era ministro residente en Asunción ante el gobierno de Francisco Solano López en representación de los Estados Unidos. Entonces él dice que López era un déspota, un hombre cobarde, un tirano, un sanguinario y esa es la versión que él da apenas pisa la ciudad de Buenos Aires. Hace esa publicación en todos los medios del planeta cuando él sale de Paraguay. Y también escribe una suerte de memoria al señor Stuart, que es ministro de Inglaterra acreditado en Buenos Aires en ese sentido”.

Es notoria, señala Quintana, la ambivalencia de las consideraciones de Washburn estando dentro y ya luego fuera del país. “Pasa de llamarse ‘amigo del Paraguay’ a usar palabras fuertes, acusatorias, cuando pisa Buenos Aires”.

INMUNIDAD DIPLOMÁTICA

En la presentación realizada el pasado 7 de setiembre en el Museo de Arte Sacro, Fernando Griffith dio su mirada política y social, y el coronel en situación de retiro Jorge Llanos opinó sobre las implicancias militares de lo que devela el texto.

Allí Cavelier de Cuverville analiza la actuación de Washburn, sobre todo las objeciones que este le hiciera a López por no permitir el asilo de los complotados en la sede diplomática de los Estados Unidos en Asunción. Quintana recuerda que “allí contesta, con base en el derecho de gentes, al derecho internacional público de esa época, como funciona el derecho de asilo y explica que una embajada no tiene derecho a proteger a criminales de Estado”.

Denuncia en su escrito que “Washburn utilizó el hotel de la embajada estadounidense para asilo de criminales, para asilo de los conspiradores y que él era el agente principal de la conspiración”. Vale recordar que ocultó allí al excónsul portugués José María Leyte Pereyra, los orientales Antonio de las Carreras y Francisco Rodríguez Larreta, el estadounidense Porter Cornelius Bliss y al británico George Frederick Masterman.

El mariscal acusó que en connivencia con sus hermanos Benigno y Venancio López, y el excanciller José Berges habrían facilitado al Brasil un plan de operaciones que permitía evitar las fortificaciones de Humaitá, como efectivamente ocurrió a mediados de 1868 tras dos años de férrea resistencia.

La historiadora dice que hay otras fuentes que avalan la existencia de la conspiración como “por ejemplo en las memorias militares del coronel Silvestre Aveiro, donde habla de que Benigno le pagaba a Washburn”.

–¿Cuántas personas aloja Washburn?, ¿cómo concluye el incidente?

–Las mujeres cuando vieron que Washburn no podía sacarlas del país, porque querían ir a Bolivia, y que él no iba a quedarse hasta el final de la guerra, se fueron a confesar ante el tribunal militar. Washburn, cuando el gobierno le descubre, le pide sus pasaportes para irse y se va en setiembre de 1868 y en diciembre llega el general Martin McMahon como nuevo embajador estadounidense.

COMPRENDIENDO LA ÉPOCA

–¿Te parece que el libro ayuda a establecer una mirada distinta?

–Ningún tribunal militar es suave. Los principios de época eran bastante duros. La gente tiene que entender que las leyes son diferentes a las nuestras, la traición tenía una pena capital, que es la muerte. Así estaba en las Siete Partidas y eso es algo que con la mirada de hoy no se puede entender. Es una empresa dura, violenta, pero obviamente las sanciones fueron merecidas.

–¿Qué expectativas tenés a partir de que esto se pueda leer en español?

–Creo que es importante que esto llegue al pueblo paraguayo. Que conozca una versión u otra mirada sobre un mismo suceso. Siempre es importante ampliar. Obviamente nosotros dentro de la historia paraguaya tenemos este problema, un maniqueísmo, el francista y el antifrancista; el lopista y el antilopista. Este dualismo nada aporta realmente a la ciencia histórica. Este tipo de documentos sí aporta. Y a mí como investigadora me llama mucho la atención que tiene 155 años y que no lo hayan traducido. Siempre se traducen otras cosas. Esto siempre estuvo al alcance de muchas personas, de muchos estudiosos. Yo no creo ser la única que haya estudiado francés para poder hacer este trabajo. Yo creo que muchos de ellos lo han hecho. Lo que aquí lamentablemente pasa es que hay un establecimiento cultural que cuando tú hablas en favor o en defensa de la patria o de los héroes eso está mal, no es bien visto.

Por qué cayó Humaitá

La historiadora Noelia Quintana resume: “Mi expectativa es que la gente al leer esto pueda tener una amplitud. Me abrió un panorama de entendimiento para escudriñar por qué Francisco Solano López decide en la guerra establecer un tribunal y llevar a procesos judiciales… Imaginate que este libro nos explica el motivo de por qué cayó Humaitá”.

Sigue recordando que “durante dos años Humaitá frenó a los aliados. Paul Cavelier de Cuverville nos cuenta que el que conocía la topografía de la zona y el que le muestra a Luís Alves de Lima e Silva, el duque de Caxias, a través de Washburn (la paloma mensajera), fue Benigno López. Y eso es grave”.

“Es una bomba, un documento en extremo importante y que la gente tiene que saber. Porque realmente nosotros nos ponemos a leerle a Juan Crisóstomo Centurión, uno de los mejores memorialistas de la guerra y nos preguntamos ¿por qué cayó Humaitá después de dos años? ¿Cómo de repente, de la nada, se animan a hacer los aliados el paso?”, apunta.

“Por más de que haya circunstancias favorables, la crecida del río, la pregunta sigue siendo ¿cómo lo hicieron? Entonces este texto nos advierte que es porque se les diseñaron los caminos y les mostraron las zonas por donde podían pasar y ante ello obviamente la condena se justifica porque a través de ese paso de información miles de soldados murieron. No es solamente la vida de López acá lo que está en juego”, entiende Quintana.

“Cuando hay una conspiración, la vida de todo un pueblo se compromete. Y eso es lo que hay que entender. Y hay que dar la sentencia justa a los responsables de cada cosa. López, por supuesto, que tuvo sus errores. Y sus grandes fulguraciones también. Pero no era todo responsabilidad de él lo que pasó. Y cuando surge este tipo de material, cuando el pueblo paraguayo tiene la oportunidad de leer este tipo de material, creo que brinda un poco de claridad a algo tan complicado”, agrega.

Para la historiadora son “realmente sorprendentes las confesiones, los documentos. Son cuatro cartas que presenta Cuverville de notas recibidas. Cartas que él mismo escribió a Washburn. Espero alguna vez poder viajar a Francia y mirar un poco los archivos. Sé que hay investigadores que fueron a buscar otras cosas. Quizás en algún momento nosotros podamos ir y encontrar más cosas”, concluyó.

“El oro de la corrupción”

Escribe Paul Cavelier de Cuverville en el capítulo II de “Washburn y la conspiración paraguaya”: “Al Brasil le gusta mucho practicar la política del rey Filipo de Macedonia, para vencer, cuanta más con el oro de la corrupción que con la valentía de sus soldados.

Fue comprando traidores que logró concertar el Tratado de la Triple Alianza y que, al comienzo de la guerra, ha logrado hacer fracasar en Corrientes, el plan de la campaña hábilmente combinado del Mariscal López. Más tarde, el Mariscal Caxias intentó varias veces corromper al coronel Alen, que comandaba en Humaitá; llegó a ofrecerle dos millones quinientos mil francos y a garantizarle el grado de general del Ejército paraguayo, bajo el gobierno que los aliados vencedores instalarían en Paraguay, si él consintiera en entregarle esta fortaleza que le atrajo esta fina y burlona respuesta: ‘Yo lamento, Mariscal, no poder, a vuestro ejemplo, ofreceros dinero, no tener grados ni conferirlos; pero si usted me entrega su ejército, yo le ofrezco, a cambio, la corona imperial del Brasil’. Hacía ya más de un año que el ejército aliado estaba acampado al Este de Humaitá sin hacer ningún progreso, incapaz de forzar incluso los atrincheramientos del pequeño fuerte avanzado de Curupaity. El Mariscal Caxias pensó que la única manera que tenía de triunfar sobre Paraguay era suscitar una revolución interior y se puso a trabajar.

¿Con qué argumentos se dejó seducir el Sr. Washburn?...

… (Es que) encontró en Paraguay más facilidades de las que podría haber creído en un principio para tramar maquinaciones…

…El Sr. Washburn fue al cuartel general enemigo. Pero antes de partir, tuvo una conferencia con Benigno López, hermano menor del Mariscal, que era uno de los jefes de la conspiración, las posibilidades que tendrían de triunfar, y se pusieron de acuerdo en que el pronunciamiento revolucionario proyectado, solo podía estallar y triunfar si los aliados le ayudaban con una fuerte columna dirigida rápidamente hacia la Asunción. Pero, ¿cómo era posible que los aliados pudieran intentar semejante punto? El Mariscal López seguía siendo el maestro de las comunicaciones.

Humaitá no fue atacada ni cercada, el ejército aliado no ha dado un paso desde que cruzó el Paraná. Benigno López tomó entonces un lápiz y trazó en el papel unas líneas de dibujo que entregó al señor Washburn. Era el plan de una infame traición. Benigno López conocía la topografía de los alrededores de la fortaleza. Acababa de indicar a los aliados el camino que debían tomar a través de unos pantanos crudos e intransitables para efectuar un movimiento giratorio y pasar de sur a norte de la fortaleza de Humaitá, que se encontraría así investida.

Y el Sr. Washburn fue a comunicar este plan al Mariscal Caxias, que se apresuró a ejecutarlo. Se esperaba así encerrar al ejército paraguayo en la fortaleza, y se había convenido que inmediatamente después de haber obtenido este resultado, los aliados, ahora libres en sus movimientos, enviarían un cuerpo de caballería a la Asunción para ayudar en la revolución…”.

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