Paulo César López, paulo.lopez@nacionmedia.com - Fotos: Néstor Soto

La joven mecánica de aviación Jessica Rojas Barreto recibió a un equipo de Nación Media en su puesto de trabajo en el Aeropuerto Internacional Silvio Pettirossi para mostrarnos su rutina laboral y hablar sobre su experiencia en un ámbito tradicionalmente no muy común para las mujeres. Jessica habla con seguridad y entusiasmo demostrando que no le pesa el hecho de ser una pionera en el rubro y que, muy al contrario, se apresta a volar cada vez más alto en su pasión por la aeronáutica.

Cerca de las diez de la mañana la principal estación área de nuestro país sale repentinamente del sopor con la llegada en tropel de un contingente de pasajeros. Jessica sale a nuestro encuentro cerca del puesto de check-in y nos conduce a un puesto lateral, donde pasamos por los controles de rigor y nos entregan las credenciales antes de ingresar a la plataforma.

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Mientras nos tiende unos chalecos reflectivos se excusa en tono de disculpa en que es parte de las medidas de seguridad sin figurarse que, en lugar de causarme alguna molestia, eso suscitó en mí un entusiasmo cuasiinfantil como si me aprestara a tomar parte de una escena a lo Top Gun. Hago un comentario jocoso en ese sentido y Jessica hace un gesto que denota su perplejidad. Pronto caigo en la cuenta de que, a sus cortos 22 años de edad, probablemente jamás escuchó sobre el clásico filme de 1986 protagonizado por Tom Cruise que encendió en los corazones de varias generaciones de los 80 y 90 la fascinación por los aviones y las motocicletas.

Luego de pasar nuestras mochilas por los escáneres y atravesar el detector de metales, bajamos las escaleras rumbo a la pista, donde la joven mecánica de aviación se apresta a iniciar sus labores de inspección antes del despegue del CRJ 200, un jet privado modificado con capacidad para 50 pasajeros que hace vuelos comerciales regionales perteneciente a la flota con bandera paraguaya Paranair.

El ruido de las turbinas hace fluir la adrenalina. La Organización de Mantenimiento Aprobada (OMA) de la firma Air Nostum Technic América SA (ANTA) que visitamos está integrada por cinco mecánicos, tres certificadores y dos pasantes, además de los ingenieros y personal administrativo.

LA RUTINA

Como parte del equipo, Jessica empieza su trabajo verificando las ruedas para cerciorarse de que tenga la calibración adecuada o en búsqueda de algún corte que merezca realizar un cambio en los neumáticos. En horario diurno se realizan los trabajos en línea, que se inician con una vuelta 360, como le llaman en la jerga especializada, que consiste en pegar un giro alrededor de toda la aeronave examinando las aletas, la cola y el motor en búsqueda de alguna abolladura por impacto contra aves y cerciorarse de que ningún pájaro haya quedado atrapado en las turbinas, especialmente en esta temporada, en que sube exponencialmente el movimiento migratorio de las aves y que, por mínimo que parezca, cualquier impacto puede alterar sensiblemente el equilibrio aerodinámico del avión.

“Todo tiene su límite en el avión. Por ejemplo, puede tener una abolladura por un birdstrike (choque con aves), pero si está en los límites, igual sale. Pero si pasa del límite, ya se tiene que cambiar, se tiene que arreglar, se tiene que mandar ver. Por eso se hacen los informes. Esos impactos afectan todo el vuelo por la aerodinámica. El avión está hecho para que funcione de una forma.

Si por ejemplo el flap tuvo un impacto, que es la parte del ala para que vuele más rápido, para que se sustente el avión, si tuvo un impacto que ya está fuera de los límites, ese avión no puede salir. Todo está en el manual, el nivel que se permite”, explica Jessica.

Posteriormente, el trabajo continúa con una conversación sobre el viaje con el piloto y la azafata con relación a algún percance o irregularidad en la cabina de vuelo o de pasajeros para hacer la revisión correspondiente y solucionar cualquier problema que se haya presentado.

Jessica refiere que el turno noche es más intenso porque el avión se queda estacionado por varias horas e incluso cuando no hay señales de alguna anormalidad de todas maneras se realizan las tareas de mantenimiento programadas, que van desde el cambio de las ruedas, el aceite y las piezas que sea necesario reemplazar. Una vez finalizada esta etapa, se procede a la documentación, que según refiere es la parte más importante de la aviación, pues aunque se realicen todos los trabajos, si estos no están registrados el avión no sale.

Si bien el transporte aéreo es el más seguro que existe y los percances son más bien raros, cualquier mínima falla puede desembocar en un percance de grandes proporciones, por lo que es de fundamental importancia la precisión y la mente fría a la hora de evaluar cualquier situación, pues las presiones para salir son constantes, pero no hay que dejarse llevar por estas y se debe cancelar cualquier vuelo cuando haya que hacerlo, dice la joven profesional.

“Eso es lo que nos enseñan acá, que si hay un problema, por más presión que vos tengas, todos quieren salir, quieren saber cuánto falta. Vos tenés esa presión, pero tenés que trabajar con tranquilidad. Vos no podés por esa presión de que todo el mundo viene y te pregunta trabajes mal o trabajes rápido para solucionar en el momento y después vuelve a tener el mismo problema. Nuestros vuelos tienen una gran puntualidad gracias al trabajo de mantenimiento, por el trabajo de todo el equipo”, asegura.

Luego subimos al avión para observar la inspección a nivel interno. Jessica se sienta en el lugar del copiloto y examina todo el tablero. Mientras tanto, personal del emblema carga los refrigerios para un viaje internacional de corta distancia. Una vez que todos los aprestos finalizan, un carro remolca el avión hasta el lugar donde abordarán los pasajeros. Una vez que estos empiezan a embarcar, la labor con esa unidad se da por finalizada y nos ubicamos al costado de la pista para seguir nuestra charla bajo la sombra que proyecta el edificio terminal.

UNA TEMPRANERA VOCACIÓN

Sobre cómo se despertó en ella la vocación por este oficio, cuenta que desde chica siempre le gustaron mucho los aviones y que cuando observaba a alguno surcar el cielo a lo lejos ella los saludaba desde abajo sin sospechar aún que en un futuro dependería de sus manos que esos colosos del aire puedan volar con todas las garantías de seguridad y que los viajantes lleguen a sus destinos sin percances.

En este sentido, rememora que desde muy temprana edad su padre se encargó de incentivar en ella esa pasión, pues durante los fines de semana cuando iban a visitar a sus abuelos, que vivían en Luque, él la llevaba a dar una vuelta hacia los hangares para apreciar de cerca esos enormes pájaros de metal que tanta emoción despertaban en su pequeña.

Egresada del bachillerato técnico en mecatrónica en el Salesianito, se disponía a prepararse para los exámenes de ingreso a la academia militar para formarse como piloto cuando le comentaron sobre el curso de mecánica de aviación que se imparte en el Instituto Nacional de Aeronáutica Civil (Inac). Decidió probar suerte, pues nada perdía, ya que en caso de que no lograra ingresar le quedaba como opción presentarse a la academia militar a finales de año.

Transcurría el 2019 e ingresó en el primer puesto. A fines del 2020 debía graduarse, pero por la obligada suspensión de las actividades a raíz de la pandemia se postergó hasta finales del año pasado, cuando terminó el curso recibiéndose de mecánica de aviación como mejor egresada.

Pero antes de finalizar sus estudios la forzada pausa en las actividades académicas por la cuarentena sanitaria no la detuvo y aprovechó el tiempo para iniciar su pasantía en una empresa de motores recíprocos dedicada a hacer servicio de mantenimiento y overhaul, que consiste en el tratamiento en profundidad de las piezas del avión para dejarlas como nuevas, antes de tener su primera experiencia con los motores a reacción.

Apenas finalizó esta etapa de su formación, le llegó el dato sobre la posibilidad de desempeñarse como pasante en el taller del aeropuerto, una oportunidad que aprovechó sin dudar. Aun más, cuando finalizó el periodo de tres meses, solicitó prolongar la práctica por otros tres meses más. Luego, al cabo de seis meses de pasar por ese tiempo de aprendizaje, a finales del año 2021 le confirmaron que sería contratada.

APOYO FAMILIAR

Respecto a cómo fue la reacción de sus padres cuando les habló sobre el camino profesional que deseaba tomar, refirió que su padre la apoyó desde siempre y, aunque su madre mostró cierta reticencia al principio, al final ambos terminaron muy complacidos por la carrera de su hija, más aún viendo el empeño y dedicación que presta a su trabajo, anteponiendo siempre sus responsabilidades sin importar la hora ni el día.

Ya al ir culminando nuestra charla, viene la pregunta inevitable y Jessica suelta una carcajada al descubrir nuestra estratagema de dejarla para el final. “¿Cómo se siente una mujer trabajando en una rama tradicionalmente reservada a los varones?”.

“Mi papá también siempre me pregunta ¿y no te molestan? Desde el colegio ya siempre estuve trabajando con hombres. Éramos cuatro nenas nomás. Después en el curso de mecánica de aviación también. Es como que tenés que saber cómo trabajar con ellos. Tenés que saber poner límites. Tenés que saber que van a haber comentarios que no van a ser de tu agrado, pero es cuestión de hacer caso omiso y vos demostrar con tu esfuerzo lo que podés hacer”, afirma.

Si bien reconoce que hay trabajos que le resultan pesados como el cambio de ruedas, asevera que aunque le lleve un poco más de tiempo respecto a sus compañeros varones igual es capaz de realizar las mismas tareas que ellos. “Yo voy a hacer, probablemente me tome un poquito más, pero yo voy a hacer. En la práctica mientras más voy haciendo más voy afinando los conocimientos y voy mejorando. Pero realmente me tocó un buen grupo. No es un grupo machista que me va a poner trabas. Ellos me ayudan bastante, me enseñan. Yo les pregunto qué es esto, cómo funciona, qué hago. Tienen la paciencia de decirme ‘así funciona’ y me muestran. Yo soy preguntona, me meto y ayudo y hago. Yo creo que por eso, por ser techakuaa, les gustó mi actitud. Si ellos necesitan algo, ya está ahí lo que necesitan”, expresa con una sonrisa que refleja el enorme orgullo que siente por lo que hace.

Al concluir la entrevista, nos quedamos conversando por unos minutos antes de que nos acompañe al camino de salida. Se muestra entusiasmada con la entrevista y nos pregunta qué día será publicada. Al despedirnos, nos agradece y se pone a las órdenes para cualquier consulta extra que deseemos hacer. Un avión despega y lo sigo con la vista hasta que se pierde en el horizonte. Quizá la próxima vez que aborde uno me sentiré mucho más seguro.

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