Hoy Toni nos lleva al mundo pictórico a través de flores de artistas paraguayos expresando la personalidad de cada uno de ellos en este tiempo de rosas.
Es primavera y me lleva directamente a los años 70, a los gladiolos de mi vecina de la calle Alberdi; un elegante portoncito y una empinada escalera del chalet diseñado por Alberto Barrail a principios de los años 50. En el medio, un cantero redondo donde estas flores hablaban en cada primavera, cuidadas por su fiel propietaria doña Lelia de Gorostiaga. Imagino que escenarios como este le habrán inspirado a los más encumbrados artistas de mediados del siglo pasado a pintar flores que hoy nos siguen contando de la paleta de estos paraguayos del siglo XX.
Brunhilde Guggiari. Asunción, 1988.
LUIS ALBERTO BALMELLI Y ¡OTRA VEZ FLORES!
“¡Otra vez flores!”, decían en 1984 cuando Luis Alberto Balmelli presentaba su serie “Flores”, que pintaba con mucha maestría. El local: la vieja esquina de Casa Gente, de Mariscal López y San José, que estaba comandada por Ana María de Peyrat. A pesar de que era visto por muchos como un tema gastado, las flores siempre estaban ahí, representando la personalidad del artista, flores que hablan de emociones, de recuerdos, de alegrías y de tristezas, el sentimiento siempre será el mismo a través de los siglos.
EL TEMPERAMENTO DE LILÍ DEL MÓNICO
Cuando Olga Blinder presentaba en 1972 la muestra de Lilí del Mónico en el Centro Cultural Paraguayo-Americano hace exactamente 50 años decía:
“Decir que hay flores tranquilas y flores inquietas, flores sumisas y flores rebeldes parecería un absurdo, pero mirando las flores pintadas por Lilí del Mónico esa idea adquiere realidad.
Edith Jiménez. Asunción c.1980.
Evidentemente estas flores no son sumisas ni tranquilas. Por el contrario, reflejan la personalidad rebelde y luchadora de quien las creó y, aunque podemos conocerlas, esas rosas, esas dalias fueron totalmente creadas por Lili a pesar de que a veces el ramo estuviera ahí delante de ella”. Yo puedo dar fe habiéndole conocido a esta mujer pintora y empresaria del azúcar que vivía entre sus pinceles y la canoa que le llevaba diariamente al otro lado del río a su ingenio de Benjamín Aceval.
LA SUAVIDAD DE BRUNHILDE GUGGIARI Y LAS FLORES DE DI LASCIO
De esa misma manera podemos conocer a otras personalidades del arte paraguayo a través de las flores. Así, Brunhilde Guggiari pintaba suaves flores en acuarela con el mismo cariño que le daba a sus numerosos hijos, nietos y amigos que frecuentábamos ese florido chalet del barrio Recoleta diseñado por el constructor Crimi a finales de los años 40, propiedad donde vivió hasta el final de sus días en marzo del 2020.
Siguiendo este camino de las flores al que hoy nos convoca la primavera, podemos ver el ingenuo mundo del pintor Pedro di Lascio, quien empezó a pintar ya a avanzada edad por prescripción médica, siendo luego uno de los artistas más expresivos de su época, mostrándonos su mundo de pequeñas casitas urbanas con sus flores. O el potente mundo interior que transmite a través de sus piezas florales la laureada artista Edith Jiménez, vecina de este pintor en el centro de Asunción.
Lili del Mónico. Asunción, c.1980.
LA RACIONALIDAD DE OLGA Y LAS TELAS DE LEONOR
El mundo racional de Olga Blinder nos lleva al legendario cubismo que fuera tocado de forma urgente en el arte paraguayo de principios de los años 50 tratando de quemar etapas perdidas de la pintura internacional en el arte paraguayo, que nos enseña en esta composición de 1953 que presentamos en este tiempo de rosas. Por su lado, Leonor Cecotto, vecina del barrio La Encarnación, cortaba metros de telas estampadas para confeccionar vestidos de sus más encumbradas vecinas de aquellas décadas mientras pintaba sus grandes “flores pop” inspirada en coloridos tejidos que lucían los viejos maniquíes del taller de costura de su casa de la calle O’Leary y Jejuí.
Pedro di Lascio. Asunción, c.1971.
El viaje ha terminado y el pasado ha quedado eternizado con el recuerdo de algunas pinturas que nos convocan a andar siempre con “una flor en la mano”, como el título de una poesía de Facundo Cabral cuyo fragmento dice:
“Hay medio mundo esperando
con una flor en la mano
y la otra mitad del mundo
por esa flor esperando”.
Olga Blinder. Asunción, 1953.Luis Alberto Balmelli. Asunción, c. 1984.
Con naturaleza, ciencia y creatividad darán la bienvenida a la primavera
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El Museo de Ciencias (MuCi) celebrará la llegada de la primavera con ciencia, naturaleza, lectura y creatividad. Bombas de semillas, misterios del reino fungi, un taller para construir platillos voladores, observación de la luna y recorridos por las obras del futuro Museo de Ciencias son algunas de las propuestas para disfrutar en setiembre.
A partir del sábado 19 se prevé actividades especiales por la entrada de la estación de las flores y continuarán hasta fin de mes, en su predio de Textilia (Gral. Santos 1030). Los eventos van dirigidos no sólo a jóvenes, también a niños y adultos.
Una de las propuestas: las Bombas de semillas, invita a descubrir pequeñas acciones que contribuyen a transformar nuestro entorno a través de la naturaleza. Se realizará el sábado 19 de setiembre, de 17:00 a 18:30. Los cupos son para veinticinco personas.
Para quienes sienten curiosidad por el espacio, pueden aprovechar la primavera para visitar el planetario San Cosmos. Foto: Gentileza
Al día siguiente, domingo 20 de setiembre, llegará Misterios del reino fungi, una experiencia para conocer el mundo de los hongos, datos curiosos, especies interesantes y algunos descubrimientos fascinantes sobre estos seres vivos.
Como bonus, los participantes podrán recrear artísticamente un honguito para llevarse a casa. Habrá dos turnos: de 16:00 a 17:00 y de 17:00 a 18:00.
Para quienes sienten curiosidad por el espacio y la tecnología, el domingo 27 de setiembre el MuCi propone un taller para construir un platillo volador diseñando y elaborando su propio modelo. La actividad tendrá dos turnos, de 16:00 a 17:00 y de 17:00 a 18:00, con cupos de hasta veinte personas.
El bioestanque, donde se puede explorar el mundo de los peces y conocer sus hábitos alimenticios, y Sábado porã, una experiencia para recorrer los jardines y realizar observación de aves, son otras de las actividades disponibles cada semana.
Lectura compartida y recorridos
La agenda invita para el sábado 26 de setiembre, de 16:30 a 18:00, al club de lectura La fogata que abrirá un espacio para compartir la pasión por los libros.
La invitación es llegar con un libro, leer en compañía, conocer a otros lectores y cerrar el encuentro con una ronda de preguntas y reflexiones. La actividad es gratuita, con inscripción previa a través de la web, y cuenta con cupos para treinta personas a partir de los 16 años.
Las levaduras forman parte del reino fungi y sirven para hacer pan y cerveza. Los participantes podrán recrear un honguito artístico.Foto: Gentileza
Otra opción es Obra tour, un recorrido por las obras de construcción del futuro Museo de Ciencias para conocer de cerca detalles técnicos del proceso constructivo y los métodos innovadores que se están implementando.
La experiencia está pensada para profesionales, estudiantes y también para personas curiosas por conocer cómo se construye un museo. Se realizará los sábados 19 y 26 de setiembre, de 9:00 a 10:30, acompañada por una arquitecta y facilitadora del MuCi.
Planetario y propuestas gratuitas
San Cosmos, el primer planetario digital de Paraguay, continúa ofreciendo funciones audiovisuales sobre el universo, la Luna, los cometas, las estrellas y otros fenómenos del espacio en un domo inmersivo. Hay funciones cada hora.
Entre las actividades gratuitas previstas para este mes se encuentra la observación de la Luna a través del MuCiTron, que se realizará el sábado 19 de setiembre, de 18:30 a 20:30.
Además, Ciencia a cielo abierto propone un recorrido libre por tres estaciones: el bioestanque, los jardines temáticos y el sendero interactivo. La experiencia está disponible todos los días y puede realizarse al ritmo de cada visitante.
Otra propuesta sin costo es Po Prendé: jardines temáticos, una experiencia sensorial para descubrir plantas aromáticas, medicinales y ornamentales, además de aprender sobre sus usos y cuidados. Para conocer disponibilidad de cupos y entradas, ingresar a www.muci.org.
Toni nos deleita hoy con la evocación nostálgica de anécdotas urbanas insólitas sobre diplomáticos de países ficticios o extravagantes en Asunción, entrelazada con el proceso creativo y el recuerdo de figuras clave de la cultura y el periodismo paraguayo.
“¡¿Qué inventamos para el próximo domingo?!” Es la pregunta que siempre nos hacíamos con Bea Bosio; después, Marycruz Najle nos escribía en su tonito cordobés: “¿Chicos, ya tienen su material?”.
Así me siento hoy: ¿que escribo para el domingo? Así salió el salvavidas: “Mbyky de barrio” (Primera parte), que en varias ocasiones quería repetir, pero que solamente publiqué una vez en estos más de 7 años y medio de Cuadernos de Barrio.
CANCILLER, ESA REPÚBLICA NO EXISTE
Pero, hace rato quiero recordar una historia casi fantástica, cuando algunos vecinos fuimos invitados para la acreditación del cónsul honorario de Seborga, un ciudadano francés, a la sazón, novio de una amiga asuncena de juventud.
odo esto me vino a la cabeza cuando veo en los medios argentinos que hablaban de un personaje de un barrio encumbrado de Buenos Aires que decidió inventar la Embajada de Transilvania, luego se separa de su esposa y se muda en el mismo aristocrático barrio e iza la bandera del consulado del Cyber espacio.
Finalmente se establece en su nueva mansión y pone un cartel que dice: Principado de Escandinavia.
El ciudadano galo llegado al Paraguay, alquiló una casa en el residencial barrio Manorá de Asunción de finales de los años 90 y colocó un cartel en el portón donde rezaba: Consulado de Seborga. Llegó el día de la oficialización del diplomático, estaba todo preparado en el Palacio Benigno López, en sus primeros años después de su restauración, y unas horas antes el secretario le dice al ministro: “Canciller, esa república no existe”.
Ida de los Ríos. Asunción, 2017
EL BELLO CÓNSUL
Por supuesto que esto también me recordó al Bello Cónsul de principio de los años 80, que vivía en un coqueto chalet sobre la avenida España entre Washington y Padre Pucheau, en el tradicional barrio Las Mercedes. Ahí uno podía ver el escudo, la bandera flameando y, por su puesto, su descapotable en la cochera.
Todas estas historias mbyky van sumando como en un saltimbanqui, a mi estilo, de un tema a otro, en un domingo “destemado” como si estuviese escribiendo en el corredor de Josefina Plá, rodeado de los gatos, una casa chorizo de Asunción, tan bien descritas por Ida de los Ríos, tanto en sus textos como en sus acuarelas.
Aquellos espacios abiertos de esas piezas colocadas una tras otra como si fueran cuentas de rosario.
Así, después de mucho tiempo escribo este mbyky segunda parte, “destemado”, entre el consulado de un país que no existe, el legendario Bello Cónsul, todo desde el corredor imaginario de Josefina Plá de la calle Estados Unidos. Desde ahí me despido hasta el próximo domingo.
Flores y la búsqueda de la raíz indígena de la música paraguaya
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Jorge Zárate
jorge.zarate@nacionmedia.com
Fotos: Gentileza
“Creo que el maestro nos quería enseñar que la polca paraguaya tiene mucho de indígena”, dice el musicólogo Nicolás Ramírez Salaberry, que estudia desde hace años al gran músico nacional. Dice que hacen falta transcripciones de las partituras y mayores registros de audio y video de sus obras emblemáticas. También que el panorama sinfónico es bueno en el país y que hay nueva obra esperando abrirse camino.
“La música indígena le llega a Flores con mucha fuerza, para él es vital para entender, para hacer música paraguaya”, expone Nicolás Ramírez Salaberry, musicólogo y director de orquesta. “La música indígena no es un elemento nomás, sino que la música indígena es la propia música paraguaya se podría decir hace parte”, define.
“A veces las obras musicales son como cartas al futuro. Creo que Flores quiso demostrar eso en “Ahendu nde sapukái”, donde nos dice miren todo esto, esta rítmica que recuerda a lo tribal, a lo indígena, deviene en una polca paraguaya”, apunta.
En la semana brindó la conferencia “Temática indígena en José Asunción Flores; desde ‘Ahendu nde sapukái’ a ‘Ñanderuvusu’”, realizada en el marco de la Semana de la Guarania 2026 que se desarrolló en la Casa Bicentenario de la Música Agustín Pío Barrios.
También en la oportunidad Fátima Abramo enseñó sobre los instrumentos con los que Flores se inició en la música: el bombardino y el trombón, a propósito de la exposición permanente de estos “bronces” de la Banda de la Policía Nacional correspondientes a la época en que el gran maestro chacariteño fue parte de su formación.
El titular de la Casa Bicentenario de la Música, Diego Sánchez Haase, calificó de “magnífica” la conferencia de Ramírez Salaberry en la que “analizó a profundidad estas obras fundamentales desde lo musical, lo lingüístico y otros aspectos sonoros que se relacionan con la música indígena, que fueron desglosados de una manera maravillosa”, apuntó.
Nicolás Ramírez Salaberry, musicólogo y director de orquesta
ESTUDIO DE LOS ORÍGENES
Ramírez Salaberry, al trabajar su tesis de grado como director orquestal en la Universidad de San Pablo, eligió a José Asunción Flores como materia de estudio. El maestro Luis Szarán le acercó las partituras de “Ñanderuvusu”, poema sinfónico concebido para ballet y, a partir de allí, se sumergió en la fascinación de esa obra que homenajea la cosmovisión guaraní del génesis universal.
“Es un material potente, una obra imponente, se siente que tiene algo de apoteósico, majestuoso y quise entender por qué”, explica.
En el trabajo universitario debió contextualizar el país y ubicar el surgimiento del creador “en un momento de reconstrucción del país”. Luego abordó elementos lingüísticos, la breve pero profunda invocación en guaraní, los elementos impresionistas que evocan a Claude Debussy en algunas figuras del arpa “con volatas que son como gestos musicales”, cuenta.
Sin embargo, el vínculo de la obra con la música indígena le surge al cursar una maestría en Musicología en la Universidad Estadual Paulista (UNESP), cuando estudia la obra “Mandú-Çarará”, del gran maestro brasileño Heitor Villa Lobos. “Esta tiene fuertes elementos indígenas, de la cultura africana, una búsqueda, una síntesis de esa identidad brasileña que tiene influencia europea, india y negra”, apunta para explicar que allí, comparando, encuentra fondos que luego utilizaría en su pesquisa sobre Flores.
En la continuidad de sus aprendizajes, acompañado por el también musicólogo paraguayo Miguel Díaz-Antar, residente en Brasil, estudian la evolución en la música nacional llegando hasta la electrificación de los instrumentos.
Allí vuelve a Flores con más información sobre su interés en la música indígena y aborda “Ahendu nde sapukái”, a la que considera “una obra enigmática, que marca un antes y un después y coincide con un momento más intenso en su formación como orquestador”, apunta. El maestro está en Buenos Aires y estudia y comparte con Gilardo Gilardi, Rodolfo Kubik y Alberto Ginastera, son los finales de los 40, inicios de los 50, “sigue desarrollando su lenguaje y ya tiene elementos suficientes para hacer un trabajo sofisticado, muy ingenioso, ritualístico podríamos decir, muy danzado, de ritmo constante, como es “Ahendu…”.
“Cuando Flores trabaja el fuerte pulso del 3 (ternario) contra el 2 (binario), aparece la célula principal de lo que podría ser la guarania, así como la polca, el 3 contra 2 y el sincopado. Y es lo que evidencian los tambores en esa obra”, apunta.
“La música nativa no tiene una forma estructurada, puede desvanecerse en algún momento”, distingue destacando la manera en que Flores construye la pieza para hacerlo notar. También la “rugosidad casi como una desafinación que puede recordar a flautas indígenas o tambores que no están exactamente en una afinación esperada por el oído de occidente. Entonces es un timbre característico, probablemente de una música indígena, esa rugosidad, esas segundas menores. Y bueno, esta investigación continúa, no ha finalizado todavía, está empezando, pero creo que él estaba queriendo decir que la polca paraguaya tiene mucho de indígena”, define.
En Ñanderuvusu aparece lo rítmico como elemento indígena y la búsqueda de un “canto llano y en cuanto a la melodía por esta búsqueda de aproximación a esa solemnidad de los grados conjuntos de la música nativa”. También la investigación del génesis “en la versión colectada por Kurt Unkel Nimuendajú, traducido del alemán al portugués, cuya traducción al castellano se la iba haciendo nada más y nada menos que Augusto Roa Bastos, según cuenta Carlos Federico Abente”, recordó.
POCAS GRABACIONES
Ramírez Salaberry entiende que las pocas grabaciones que hay de “Ahendú…” tiene que ver con la falta de partituras. “Sabemos que todo el material de Flores corrió riesgo de desaparecer en muchos momentos, su música era prohibida, sufrió persecución de la dictadura. Atribuyo un poco a eso el por qué no llegamos a tener todo sistematizado, así como normalmente un compositor sinfónico suele tenerlas”.
Propone para el caso hacer un trabajo de transcripción: “Creo que sería posible si se contrata un equipo de por lo menos tres musicólogos y músicos sinfónicos para poder hacer partituras al menos por 10 años”.
Hoy son escasas las versiones. “Por ejemplo, Óscar Cardozo Ocampos transcribió para piano “Ahendu…”, apunta el musicólogo.
En el caso de “Ñanderuvusu”, fue registrada en disco por la Orquesta de la Radio y Televisión de Moscú en 1969, aunque ya fuera estrenada en 1954 en el Teatro Politeama de Buenos Aires.
A partir de allí, “es difícil encontrar registros de que se haya ejecutado antes de 2011, cuando el maestro Diego Sánchez Haase la repone al frente de la Orquesta de la Uninorte, con coro y ballet, haciendo una adaptación al castellano a partir de la edición rusa”.
También se ejecuta en 2018 por la Orquesta de la Uninorte dirigida por Gordon Campbell y “en 2025 por la Orquesta Sinfónica Nacional en una versión en guaraní, utilizando el texto que está en el manuscrito, dirigido por la brasileña Catarina Araújo”.
Penosamente no hay registro discográfico de estas experiencias, aunque sí piezas audiovisuales no profesionales, que se pueden ver en Youtube, por lo que alienta nuevos y mejores registros para la gran obra de José Asunción Flores.
El maestro Diego Sánchez Haase calificó de “magnífico” el trabajo que analiza las obras desde lo musical, lo lingüístico y otros aspectos sonoros
SALDANDO DEUDAS CON EL MAESTRO
Para el musicólogo Nicolás Ramírez Salaberry, los especialistas, a partir del reconocimiento de la guarania como Patrimonio de la Humanidad, van apuntando esfuerzos en torno a “entender a José Asunción Flores como una figura universal y colocarlo al lado de los grandes sinfonistas de América Latina como el mexicano Carlos Chávez, Heitor Villa-Lobos y Alberto Ginastera”.
Expone que de esa forma se van saldando deudas con su legado. Por ejemplo, con “la edición por parte de la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN) de la partitura sinfónica de “India” que se publicó el año pasado”.
Por ello, propone extender la tarea “a todos los poemas sinfónicos, todas las versiones que Flores tuvo. El paraguayo tendría que tener la posibilidad de ir a una biblioteca y tener partituras de diversas versiones orquestales de las obras”, señala.
NUEVA OBRA SINFÓNICA
Docente en la licenciatura de Música de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Arte (FADA) de la Universidad Nacional de Asunción (UNA), el musicólogo Nicolás Ramírez Salaberry señala que “en cuanto a la nueva obra sinfónica, creo que tenemos trabajos muy importantes y hay mucho más incentivo, se están dando oportunidades a compositores nacionales”.
Apunta que hay cosas por hacer: “Todavía no tenemos en las orquestas sinfónicas un sueldo que se le pague a un compositor fijo. Se necesitan al menos tres compositores fijos en cada orquesta y que estos presenten por lo menos una obra por año y es así que vamos a poder tener trabajos profundos, trabajos de mayor envergadura, más ambiciosos en la cuestión sinfónica”, propone.
Lo dice señalando que sería importante abordar la orquesta “no solamente con una visión de carácter romántico o comienzo del siglo XX, sino con una propuesta sinfónica conectada con la realidad actual. Desde qué elementos existen en el Paraguay que se podría dar a conocer, qué de la música indígena se puede aprovechar todavía o expresar toda la diversidad cultural que tenemos”.
Ramírez Salaberry está haciendo actualmente la residencia de compositores de la Orquesta Sinfónica del Congreso (OSIC) 2026 promovida por el maestro Diego Sánchez Haase: “Creo que tiene una visión muy acertada al dar espacio a jóvenes compositores para conseguir generar ese laboratorio, caldo de cultivo, para que surjan obras que, por supuesto no va a ser perfectas, siempre van a tener sus ajustes, siempre van a tener sus puntos por mejorar”.
Desde su faceta de director de orquesta, apunta: “Creo que el músico sinfónico, que toca profesionalmente, entiende bastante eso. Que los que están trayendo nuevas lecturas de obras nacionales desde arreglos o reorquestaciones o composiciones nuevas son muy enriquecedoras y en ese proceso están colaborando bastante.
Porque puede ocurrir que en algunos casos una orquesta profesional simplemente prefiera no trabajar con músicos o compositores que están todavía en un proceso de formación. Y como dije, en el caso de Paraguay necesitamos fortalecer ese aspecto, que exista esa flexibilidad para que vaya ganándose cada vez más un mayor trabajo profesional”.
El lapacho florece todo el año: la creatividad que convirtió al árbol nacional en un arreglo floral
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Una florería paraguaya convirtió la belleza de los lapachos en pequeños arreglos que pueden conservarse durante mucho tiempo.
Furor en redes. Los “lapachitos” de la florería Del Fiore recrean a escala los característicos árboles paraguayos en sus colores amarillo, blanco y rosado. La propuesta, que nació casi de manera espontánea, llegó a superar los 14 millones de reproducciones en redes sociales.
Cuando los lapachos comienzan a florecer, entre junio y septiembre, las calles y ciudades del Paraguay se tiñen de amarillo, blanco y rosado. Esa postal tan característica del país inspiró a la boutique de flores que encontró una manera particular de llevar esa belleza al interior de los hogares y oficinas, a través de pequeños lapachos elaborados artesanalmente y conocidos como “lapachitos”.
Clemente Asoya y Nohelia de Asoya, propietarios de la florería. Foto: Gentileza
Independencia e inspiración. La idea nació de la mano de Clemente Azoya, propietario y creador de la florería, quien cuenta con más de 17 años de experiencia en el rubro y hace tres años decidió independizarse para abrir su propio emprendimiento.
El concepto de los lapachitos surgió durante la temporada pasada, mientras observaba la floración de estos árboles y buscaba una forma de reproducir su apariencia a pequeña escala.
Para concretar la idea, Azoya encontró en las flores naturales conocidas como “Gipsófilas” un modelo similar a las flores del lapacho. A partir de allí comenzó a desarrollar las opciones, utilizando estas flores naturales sometidas a un tratamiento especial que permite conservarlas durante largos periodos.
Actualmente, los arreglos se realizan principalmente en amarillo, blanco y rosado, aunque también existe una versión en lila inspirada en el Jacarandá.
El lapachito de color rosado alcanzó más de 15 millones de visualizaciones. Foto: Gentileza
El resultado no tardó en llamar la atención. Según Azoya, la aparición de los lapachitos disparó las ventas, las visitas al local y las visualizaciones en las redes sociales.
Uno de los modelos llegó a superar los 14 millones de reproducciones y recibió consultas desde distintos lugares del mundo. El arreglo se convirtió en uno de los productos más solicitados y actualmente permanece expuesto en la tienda como una suerte de pieza emblemática del emprendimiento.
Los precios parten desde G. 100.000 y varían según el tamaño, el modelo y la complejidad del arreglo. Azoya explicó que ya llegó a elaborar lapachitos de hasta 80 centímetros, adaptando cada pieza a las preferencias del cliente.
La variedad permite que la propuesta abarque desde opciones sencillas hasta arreglos de mayor tamaño y elaboración.
También hay opciones de color amarillo y blanco,sin embargo los lapachitos rosados son los más solicitadas. Foto: Gentileza
Así, una escena habitual del paisaje paraguayo se transformó en una oportunidad de negocio. Los lapachitos muestran cómo la creatividad puede convertir un elemento profundamente asociado a la identidad local en un producto con potencial comercial, capaz de conectar tradición, artesanía y diseño.