Hoy Toni nos lleva al mundo pictórico a través de flores de artistas paraguayos expresando la personalidad de cada uno de ellos en este tiempo de rosas.

Es primavera y me lleva directamente a los años 70, a los gladiolos de mi vecina de la calle Alberdi; un elegante portoncito y una empinada escalera del chalet diseñado por Alberto Barrail a prin­cipios de los años 50. En el medio, un cantero redondo donde estas flores hablaban en cada primavera, cuidadas por su fiel propietaria doña Lelia de Gorostiaga. Imagino que escenarios como este le habrán inspirado a los más encumbrados artistas de mediados del siglo pasado a pintar flores que hoy nos siguen contando de la paleta de estos paraguayos del siglo XX.

Brunhilde Guggiari. Asunción, 1988.

LUIS ALBERTO BALMELLI Y ¡OTRA VEZ FLORES!

“¡Otra vez flores!”, decían en 1984 cuando Luis Alberto Balmelli presentaba su serie “Flores”, que pintaba con mucha maestría. El local: la vieja esquina de Casa Gente, de Mariscal López y San José, que estaba comandada por Ana María de Peyrat. A pesar de que era visto por muchos como un tema gastado, las flores siempre estaban ahí, representando la persona­lidad del artista, flores que hablan de emociones, de recuerdos, de alegrías y de tristezas, el sentimiento siempre será el mismo a tra­vés de los siglos.

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EL TEMPERAMENTO DE LILÍ DEL MÓNICO

Cuando Olga Blinder presen­taba en 1972 la muestra de Lilí del Mónico en el Centro Cultural Paraguayo-Ameri­cano hace exactamente 50 años decía:

“Decir que hay flores tran­quilas y flores inquietas, flo­res sumisas y flores rebeldes parecería un absurdo, pero mirando las flores pintadas por Lilí del Mónico esa idea adquiere realidad.

Edith Jiménez. Asunción c.1980.

Evidentemente estas flores no son sumisas ni tranquilas. Por el contrario, reflejan la personalidad rebelde y lucha­dora de quien las creó y, aun­que podemos conocerlas, esas rosas, esas dalias fueron totalmente creadas por Lili a pesar de que a veces el ramo estuviera ahí delante de ella”. Yo puedo dar fe habiéndole conocido a esta mujer pintora y empresaria del azúcar que vivía entre sus pinceles y la canoa que le llevaba diaria­mente al otro lado del río a su ingenio de Benjamín Aceval.

LA SUAVIDAD DE BRUNHILDE GUGGIARI Y LAS FLORES DE DI LASCIO

De esa misma manera pode­mos conocer a otras perso­nalidades del arte paraguayo a través de las flores. Así, Brunhilde Guggiari pintaba suaves flores en acuarela con el mismo cariño que le daba a sus numerosos hijos, nie­tos y amigos que frecuentá­bamos ese florido chalet del barrio Recoleta diseñado por el constructor Crimi a finales de los años 40, pro­piedad donde vivió hasta el final de sus días en marzo del 2020.

Siguiendo este camino de las flores al que hoy nos con­voca la primavera, podemos ver el ingenuo mundo del pin­tor Pedro di Lascio, quien empezó a pintar ya a avan­zada edad por prescripción médica, siendo luego uno de los artistas más expresivos de su época, mostrándonos su mundo de pequeñas casitas urbanas con sus flores. O el potente mundo interior que transmite a través de sus pie­zas florales la laureada artista Edith Jiménez, vecina de este pintor en el centro de Asun­ción.

Lili del Mónico. Asunción, c.1980.

LA RACIONALIDAD DE OLGA Y LAS TELAS DE LEONOR

El mundo racional de Olga Blinder nos lleva al legenda­rio cubismo que fuera tocado de forma urgente en el arte paraguayo de principios de los años 50 tratando de que­mar etapas perdidas de la pin­tura internacional en el arte paraguayo, que nos enseña en esta composición de 1953 que presentamos en este tiempo de rosas. Por su lado, Leonor Cecotto, vecina del barrio La Encarnación, cortaba metros de telas estampadas para confeccionar vestidos de sus más encumbradas vecinas de aquellas décadas mientras pintaba sus grandes “flores pop” inspirada en coloridos tejidos que lucían los viejos maniquíes del taller de cos­tura de su casa de la calle O’Leary y Jejuí.

Pedro di Lascio. Asunción, c.1971.

El viaje ha terminado y el pasado ha quedado eter­nizado con el recuerdo de algunas pinturas que nos convocan a andar siempre con “una flor en la mano”, como el título de una poesía de Facundo Cabral cuyo frag­mento dice:

“Hay medio mundo espe­rando

con una flor en la mano

y la otra mitad del mundo

por esa flor esperando”.

Olga Blinder. Asunción, 1953.
Luis Alberto Balmelli. Asunción, c. 1984.
Etiquetas: #Flores#barrio

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