Esencial, la yerba mate tiene una historia milenaria que es importante recordar para comprender el derrotero de un pueblo que la lleva desde siempre consigo. Ritual en los guaraníes, también castigo de los trabajadores de los yerbales en el pasado. Los yerbales naturales son atendidos por comunidades celosas de su valor y ahora es producto de exportación y de desarrollo económico. Todas estas aristas aparecen en una serie de podcasts que intentan articular pasado, presente y futuro de un árbol que está en los orígenes de nuestro ser.

Mirar el mundo gua­raní en la pers­pectiva de la yerba mate, desde el corazón geo­gráfico que lo alberga, es lo que básicamente se propone la serie de pódcast “La civi­lización de la yerba” del Centro Cultural de España “Juan de Salazar” (CCEJS). Cuando se comprende el espacio que abarca desde el Mato Grosso en el Brasil, se sostiene en el hoy Para­guay y prosigue hacia el sur en Argentina, los estados d e Paraná, Santa Catarina y Río Grande do Sul en el Bra­sil y el Uruguay, se ve que es una lente válida y sustancial.

La maravillosa planta es hasta hoy diseminada por los tucanes, cuyo fruto es el favorito de sus coloridos picos. Es parte de una mile­naria tradición guaraní cuyas tribus enhebraban las hojas en un hilo, y la llevaban como si fuera un cinto del que las iban arrancando para mas­car en las largas caminatas que nuestro pueblo ancestral hizo inaugurando el conti­nente sudamericano que en buena parte se encargó de nombrar.

El español Miguel Jiménez Buendía fue el director de los pódcast y cuenta que la idea le vino al grupo cuando trabajaron en conjunto con la Coordinación de Mujeres Rurales e Indígenas en un proyecto con el colectivo que elabora la yerba “Oñoiru” en Edelira, Itapúa. Foto: Gentileza.

“Los indígenas cortan ramas del tamaño de una brazada, un largo que es un poco más que el codo, para que la planta siga creciendo, la atan prolija­mente en un ramo, porque de esa manera cuidan del espí­ritu femenino que dicen lleva dentro”, cuenta la cantante Norma Ávila Talavera en la presentación del segundo capítulo “Yerba del demo­nio. La historia colonial” de la serie del CCEJS. “Después, también de manera muy cui­dada la van tostando y ahu­mando, es un tratamiento”, recuerda la también pro­motora de la yerba orgánica “SEA”.

En el capítulo 1, “Los ritua­les de la yerba”, Diego Gonçalves recordó que la yerba mate se usa como polvo para curar heridas y que tiene una fuerte importancia espiritual para proteger a los ava guaraní. El líder de la comunidad Ka’a Poty, que tras 7 meses en una plaza del centro de Asunción recuperó sus tierras ances­trales esta semana y estos días emprendió regreso, contó algo esencial de su pue­blo: “Los pai, los tamoi, que son los que hacen el ritual, cortan la yerba mate natural, silvestre que hay en el monte y la traen en el yeroky aty que es el lugar donde oramos”, comentó.

Los mensúes, cuya situación fuera vehementemente denunciada por el escritor español Rafael Barrett en su folleto titulado “Lo que son los yerbales”.

“Entre nosotros los ava guaraní, ellos son los que cuidan, cosechan y bendicen en ritual; ponen una fecha a la comunidad y ahí dicen tal fecha vamos a tener chicha, kaa’guy y cortan la yerba y en el día que ponen la fecha, hacemos el ritual y ellos hacen los macitos de yerba. La dividen en peque­ños atados, que después de ser bendecidos y recibir un nombre especial, protegen a la comunidad en las fuer­tes tormentas… Hacemos el ritual y dios le da el nombre para poner a cada uno de los macitos”, agregó.

El antropólogo Mito Sequera entiende que la yerba se debe recuperar como “el recurso forestal que es, esa es su dimensión cultural”, apunta con razón. En el Bosque Atlántico interior se halla­ban ejemplares de árboles de yerba mate de hasta 15 metros de alto.

“La yerba mate es importante en la cultura guaraní. Hay un interés geoestratégico en que Paraguay tome las amarras de su destino logrando reivindi­car y considerar la yerba que tiene además diferentes usos y propiedades para la salud humana, para el colectivo desde el punto de vista psi­cológico, afectivo y cultural”.

Grabado que muestra el sistema de trabajo de los pueblos indígenas para trabajar la yerba mate.

Sequera entiende que la recu­peración de bosques en tierras para campesinos e indígenas, tiene en la yerba un elemento sustancial para construir un rubro económico que ayude en todo sentido. En una rei­vindicación cultural pro­funda y en la subsistencia de la gente en su “teko”. “Se pueden restablecer programas de arborización urbana con yerba mate, no puede ser que el campesino y el indígena no puedan replicar su conocimiento ancestral”, apuntó.

El botánico francés Augus­tin de Saint Hilaire la bau­tizó como Ilex paragua­riensis en 1823, aunque Sequera recuerda que hay otra taxonomía hecha por campesinos e indígenas que preservan yerbas espe­ciales en territorios cuida­dos por las comunidades. Por ello, considera con cla­ridad que “es esencial recu­perar yerbales”.

Cita como ejemplo de esta tarea al asentamiento de Yvyrarovana en Canindeyú donde se recuperaron unas 17 mil hectáreas en las que viven unas 2.400 familias ava gua­raní, y campesinas. “Allí la yerba es un producto clave para la recuperación”, expone.

El español Miguel Jiménez Buendía fue el director de los podscast y cuenta que la idea le vino al grupo cuando traba­jaron en conjunto con la Coor­dinación de Mujeres Rurales e Indígenas (Conamuri) en un proyecto con el colectivo que elabora la yerba “Oñoiru” en Edelira, Itapúa.

“Estábamos haciendo talle­res sobre violencia contra las mujeres en varias comunida­des campesinas y nos pidie­ron ayuda para echarles una mano en ese lugar donde hay una radio comunitaria y si podíamos apoyar con videos, arreglar la radio que también reparamos y bueno nos dimos cuenta que tras hablar con los campesinos de la zona nos dimos cuenta que había mucho que contar sobre la lucha de las mujeres en el campo y que la yerba mate podía ser un buen vehí­culo conductor”.

Buendía tuvo también una conversión personal: “Yo soy un evangelizado, para mí era esa cosita que antes de venir por estas tierras era lo que tomaban los uruguayos y los argentinos, llegue y me ofre­cieron tereré contra el calor, hermosa manera de refres­carse, además, con el trabajo de los yuyos, así que una cosa que te aparecía a priori desa­gradable y amarga me acabo gustando. No he tomado el hábito de ir cargando el termo pero me gusta”.

En torno a los episodios comentó que la idea es “que la gente pueda comentar y poder tener un feed back viniendo al Centro Cultural a cada charla encuentro, o verlas a través de Facebook live y Youtube, nos pueden escribir y saber qué opinan”.

PARA ESCUCHAR Y ASISTIR

“La Civilización de la Yerba” son historias alrededor de este producto tan cotidiano, “que capaz no conocías: su valor cultural y social, su importancia en la historia de la región, la participación de las mujeres en el campo, la lucha campesina, los modelos de producción agroecológicos y el comercio internacional, actual e histórico”, comentó la producción.

Los próximos capítulos serán el 29/06: Vamos a quedarnos acá. La explotación histórica y la agroecología; 6/07: La lucha prolongada. La batalla de los campesinos y las muje­res y 13/07: Los nuevos acen­tos de la yerba. El comercio internacional, antes y ahora.Todos producidos por el Cen­tro Cultural de España Juan de Salazar y Nomad radio, con la colaboración especial de Conamuri y la cooperativa agroecológica Oñoiru. Cuen­tan con guión y producción de Silvia Villalba, William Costa, Fátima Aguilar, Liv Cáceres, Concepción Oviedo y Miguel Buendía. La producción de campo de Marlene Villalba y Pedro Vega, la dirección de Miguel Jiménez Buendía y la edición y diseño de sonido de Martín de Lemos.

De manera presencial en audi­torios del CCEJS que también se transmiten de forma vir­tual, a efectos de “profundi­zar en cada uno de sus temas, a cada lanzamiento le acom­pañará una conferencia por expertos en cada una de estas áreas: historiadores, activistas indígenas y campesinos, agri­cultores, investigadores. Voces diversas que también serán protagonistas de algunos de los episodios de la serie y que aportarán una gran variedad de historias y visiones”.

Entre los protagonis­tas destacados de estas historias se encuentran los investigadores Mito Sequera y Christine Folch; las activistas de la Cona­muri; líderes indígenas como Bernarda Pesoa (Pue­blo Qom) y Diego Gonçalves (pueblo avá guaraní); los historiadores Milda Riva­rola y Herib Caballero; los campesinos de Oñoiru, ade­más de un nutrido grupo de comunicadores que llevan investigando durante un año para la realización de la serie. Además, cuenta con la música original de artistas paraguayos que han querido sumarse al proyecto, como Juanjo Corbalán, Santi & Tugçe, Tekoveté y Pynandi.

YERBAS ESPECIALES: SEA Y OÑOIRÛ

“Comencé a trabajar con los pueblos originarios hace 20 años y cuando más me metía, más me gustaba”, cuenta Norma Ávila Talavera, cantante y compositora del grupo Pynandi y también promotora y vendedora de la yerba agroecológica “SEA”. Cuenta que, en uno de sus viajes, “cuando me levanté, preparé mate con la yerba que había llevado desde Asunción.

Cuando estábamos tomando me dijo el abuelo que el mate no era rico, se río y des­pués me dijo, vamos a volver a hacer yerba para vos. En ese momento no entendí que tenía otro significado, que era un volver a hacer porque durante casi 100 años ya nadie hizo yerba, porque tenían miedo de que les pillen y los lleven a esclavizar como fue durante siglos en la región”, contó.

Recordó que cuando se encontró con un árbol de yerba mate, se sorprendió por un brillo especial en sus hojas que consultó con el abuelo Francisco. “Él me dijo que ese árbol había traído mucho dolor a su gente”, contó. Así, en el tiempo, en las rondas de mate en la madrugada, le fueron contando la historia que liga al pueblo ava guaraní con la yerba.

Gracias a esa interacción, volvieron a hacer yerba. “Un día me llamó Francisco y me dijo que tenía 97 kilos de yerba para mí”, dice hoy entre risas. “Así comenzamos a dar conocer la yerba mate originaria, que es medicina porque tiene todas las propie­dades medicinales que hacen a la irrigación de la sangre, la concentración, es buena para despertar, es refrescante, tiene aminoácidos y muchísimas virtudes más”, se entusiasma en comentar.

Hoy, en el norte del departamento de San Pedro producen “SEA”, que es uno de los productos resguardados en el “Arca del gusto del planeta” que administra la ONG Internacional Slow Food. “Es un orgullo, una satisfacción, no por mí, sino porque nuestra yerba está allí como fortaleciendo los tres pilares importantes sobre los que se funda este proyecto que son la sustentabilidad, recuperación de saberes ances­trales que también y que también sea algo que reditúe a la comunidad”, apuntó.

EXPERIENCIA COMUNITARIA

Ramón Benítez Brunaga, pionero de Asociación Agroecológica Oñoiru, recordó los orígenes de la yerba que producen. “Una familia de 6 personas consume 150 kilos por año, así que imaginen cómo impacta en la economía de la familia, entonces la idea era ahorrar. Teníamos aquí los árboles, así que de manera artesanal comenza­mos a hacer con compañeros que sabían cómo. Se fueron haciendo pequeños barba­cuá y así, se fue haciendo en solidaridad con los vecinos a los que convidábamos”, recordó en entrevista con la periodista Marlene Villalba.

Entonces Oñoiru fue un comité que nació en 1987 con el objetivo del autoabasteci­miento, “también para generar algún arraigo e intentar que la juventud no se vaya a las ciudades o la Argentina. Fue una manera de resistir en el terreno. Para tener ali­mentos, avati moroti, manduvi, takuaree, se hizo el esfuerzo a pesar de las críticas de los vecinos y de la comunidad porque la gente quedó con miedo después de la dic­tadura, que no permitía los comités de campesinos, la acción comunitaria”.

Pedro Vega, gerente de la Aso, recordó que hoy ya se industrializa “un volumen inte­resante para su comercialización en un proceso que dura entre un año y medio a dos hasta llegar al mercado, porque es 100% artesanal. Tiene un estacionamiento pro­longado para que pueda salir a la venta. Porque la yerba mate en esa forma gana su esencia, sabor, textura, color, aroma, su identidad como tal”, describe. “Hoy en día en 4 años de proceso estamos llegando a varios puntos del país para tener una idea con 1 distribuidor hacemos 130 puntos de ventas en supermercados. Otro nos ayuda en los departamentos de Ñeembucú, Misiones e Itapúa y también exportamos a Argen­tina, Chile, Estados Unidos, República Checa y Rusia.

Vega cuenta además, un secreto esencial, la importancia de cosechar cuando la luna está en cuarto menguante: “la luna nueva “jasyra’y” es cuando toda el agua, nutrien­tes y alimentos de la planta se concentran en lo aéreo, y en la menguante es cuando todos estos elementos se concentran en las raíces.

Entonces, es la fase en la que menos se perjudica a la planta, porque es donde se com­prueba que los nutrientes están en las raíces, no pierden elementos y hace que la planta después de recibir la poda, puede tener la capacidad de hacer nuevos brotes para hacer sustentable la producción”.Dice que también se vino haciendo un esfuerzo para reemplazar los envases plásticos con que comenzaron la comercialización.

“Fuimos evolucionando buscando que no contaminen el medio ambiente y que sea netamente orgánica, buscando que todo el círculo pueda ser un proceso 100% ecoló­gico y que no esté dañando el medio ambiente, que sea biodegradable y que se pueda reciclar e identificar al producto. Ahora se puede usar el envoltorio como macetita en la huerta urbana y rural y estamos trabajando también para que la tinta sea ecológica”.

ACTUALIDAD

EXPORTACIONES

Eduardo Oswald, presidente del Centro Yerbatero Paraguayo comentó en estos días que “Actualmente el sector yerbatero se encuentra en plena cosecha que se inició después de la quincena de mayo y va hasta fines del mes de agosto. La merma de rendimiento por hectárea sería aproximadamente de 15 a 20%”, a causa de las sequías.

Oswald manifestó que la yerba mate paraguaya llega actualmente a un total de 27 países y desde el gremio buscan “intensificar las ventas en los mercados ya ganados y conquistar los mercados árabes como Siria, Emiratos Árabes; además de intensificar las ventas en el mercado asiático”.

Hasta mayo se exportó por valor de US$ 6,1 millones, correspondiente a 4.156 toneladas. Des­tacó que los mercados principales del producto son, España, Bolivia, Israel, Alemania, Chile, Polonia, Estados Unidos, República Checa, Líbano, así como también Canadá, Taiwán, Japón, Reino Unido, Turquía, entre otros.

SECADORA

En la cooperativa Citricoop Limitada, se inauguró a principios de junio una moderna seca­dora de yerba mate con capacidad para procesar 120 mil kilos de hojas por día que beneficiará a 128 socios de la mutual asentada en la Colonia San Lorenzo, del distrito de Carlos Antonio López, Itapúa.

La inversión pública/privada ascendió a cerca de 2.250 millones de guaraníes, de los cuales 748 millones de guaraníes fueron desembolsados por el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) y la contrapartida de la entidad mutual alcanzó los 1.700 millones de guaraníes.

El coordinador General Unidad Ejecutora de Proyectos (UEP) del MAG, José Giménez, mani­festó que “el proceso fue largo e intenso, pero valió la pena. Hoy en día estamos en una planta modelo, hecho que era un sueño para nuestros pequeños productores. Debemos recuperar nuestras raíces y nuestro trabajo, recuperar el orgullo de ser campesinos y producir nuestra tierra para producir nuestros propios ingresos para mejorar la calidad de vida de nuestras familias y comunidad”, consideró.

“PROHIBIDA LA YERBA”

“Prohibida la yerba, es un afiche que se pegaba en la ciudad”, cuenta Norma Ávila sobre el texto que ilustra el paquete de la yerba SEA. “Le latigaban a la gente que consumía la yerba, es increíble”, dice.

Revisando la historia se pueden encontrar los castigos adheridos al consumo de yerba en el Paraguay colonial: “Excomunión al que la bebe, 15 días de cárcel al que la introduce en la ciudad, 100 latigazos al que fuese encontrado en pose­sión de yerba. Asquerosa, vicio abominable y sucio que hace haraganes y con­tagia a todos. Favorece a los enamorados, cuando les falta dicen que no pueden vivir, dan sus calzones cuando no tienen con qué pagarla”, se lee en diferentes documentos tanto oficiales como eclesiásticos.

El historiador Herib Caballero recordó que el poder colonial intentó pero no logró prohibir el consumo del ka’a. “A los pocos años se dieron cuenta de que podían ganar dinero, el principal producto para los comerciantes asuncenos y para los religiosos que con lo que vendían en Buenos Aires, podían pagar la encomienda de los indígenas al reino”, explicó.

“Eran los dos sectores que competían en su producción, los segundos dejaron de verla como la yerba del demonio. Los yerbales eran naturales y estaban prin­cipalmente en Amambay, Canindeyú, en lo que hoy es el estado de Paraná, no queda muy claro quién, entre los españoles descubre las ventajas de la yerba que era llevada a los mineros del Potosí, ya que el principal mercado se encuentra en el Alto Perú”, comentó. Poco tiempo después, la hoja se había convertido en el producto estrella del Paraguay colonial, ya que Bolivia, Chile y Perú, eran regio­nes de un gran consumo. “El uso es general en el país”, reporta Félix de Azara.

Son los Jesuitas los que aprenden a cultivarla. Dice Caballero: “Las semillas de la yerba mate, estaban rodeada de una película que ellos limpiaban con lejía y después conseguían que germinen”.

Sin embargo, es central en la historia nacional la disputa entre los comercian­tes de la provincia civil y la provincia jesuita por el uso de mano de obra indí­gena. “Es alto el costo humano de la prosperidad yerbatera.

Los indígenas son oprimidos con excesiva tarea, teniendo por alimento solo un pedazo de carne “Hacen hasta 200 leguas caminando de ida y vuelta. Todos mueren sin sacra­mentos”, escribió el jesuita Diego Altamirano en el siglo XVII. Por ello, la batalla por el control de la mano de obra indígena se da hasta la expulsión de los jesuitas en 1677″.

El impacto de la ida de los jesuitas está en que “se perdió el secreto de la germinación de la semilla, técnica que tardó 100 años en resurgir en tanto que el trabajo esclavo siguió hasta el siglo XX”, recordó Caballero.

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