A días de su partida se rinde un homenaje para quien fuera una gran trabajadora de la comunicación y una pieza importante de la literatura paraguaya del presente.

  • Por Jimmy Peralta
  • Periodista

El arte es una de esas formas en las que la vida logra rom­per los límites del tiempo, ese juego de persistir más allá del cuerpo mismo, es la posibilidad de seguir siendo una voz y un sentir, es apro­piarse de la oportunidad de seguir tocando, afectando al otro desde un sonido, o desde la paciente espera permanente en un papel, en una pantalla.

Mabel Pedrozo (1965-2022), escritora y perio­dista, rozará lo eterno con su literatura, pero también en la memoria finita de quie­nes la conocieron, y quie­nes hoy comparten con La Nación-Nación Media su valoración, su afecto y su admiración por su trabajo.

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Compartió décadas de redac­ción diaria en un matutino y reservó sus joyas en los rela­tos publicados en “Mujeres en el teléfono y otros cuen­tos” (1997), “Debajo de la cama” (2000), “Multipli­cada” (2001), “Juego de sába­nas” (2003), “Las arrugas de la virgen” (2010), “Hilván de lunas” (2017) y “La virgen del carrillo” (2021), entre otras obras. Hoy sus colegas escri­tores y periodistas la recuer­dan y celebran con estas palabras.

Mabelita para siempre

  • Bernardo Neri Fariña

Menuda, suave, con su sonrisa apenas esbozada por el pincel de Da Vinci. Como una Gioconda oteando tímida el entorno, como acomodándose en medio del albo­roto alborozado de aquel enjambre de reinas y obreros que celebraban el coti­diano rito de elaborar un periódico. En esa batahola, ella y su máquina destila­ban paz en el fragor de la batalla. Mabel esculpiendo un poema en un escape rápido. Un paréntesis al periodismo para celebrar la fantasía que le cabalgaba dentro y sentar unos versos o iniciar un relato.

La recuerdo así a Mabelita, tal cual la lla­mábamos con ese diminutivo cargado de afecto, de ternura, de ganas de tenerla siempre cerca para disfrutar de su pre­sencia.

La literatura la convirtió luego en Mabel Pedrozo, un nombre sonoro, pleno de luz. El cuento la tuvo entre sus autoras favo­ritas y la poesía fue siempre el ave que le rondaba incesante. Y luego la novela la consagró para convertirla en vida inmar­chitable.

Hoy nos duele su ausencia; nos oscurece el eclipse de su sonrisa, esa que le esbo­zara Da Vinci en la comisura de los labios. Pero se queda flameando, suave como era, en la brisa apacible que soplará nuestra memoria. Mabel Pedrozo… Mabelita para siempre.

“Dueña de una pluma virtuosa”

  • Milia Gayoso

Siguiendo las huellas de su hermana Amanda, Mabel Pedrozo se volcó con pasión a la literatura y el periodismo. Ambas pasaron por periódicos como Hoy y Noticias, luego, durante casi treinta años demostraron su talento en el Diario Popular. Mabel se dedicó a hacer reportajes durante años y luego creó un espacio que ganó miles de lectores, “No pensé pasar por esto”, donde plasmaba las historias cotidianas de amor y desamor de miles de parejas, que la llamaban a contar sobre sus triunfos, desilusiones y quebrantos.

A la par de tanta tinta usada todos los días, durante meses y años, su imaginación no sufría mella y Mabel continuó creando poesías, cuentos y novelas. Dueña de una pluma virtuosa, logra que el lector tome partido en cada una de sus histo­rias, y se convierta en observador o protagonista de cada texto literario que ha creado.

Siempre fui una gran admiradora de su obra, entre los muchos cuentos escritos por ella, tengo uno favorito: “Con olor a manzanas maduras”, y ahora una novela preferida: “La virgen Carrillo”, su último libro. En dos oportunidades tuve el honor de incluir sus cuentos en dos antologías interna­cionales. En el 2004, cuando me tocó compilar a cuatro autores por Paraguay, para el libro “Peque­ñas resistencias 3-Antología del nuevo cuento sudamericano”, editado por Páginas de Espuma en España, incluí su cuento “La puerta par”. El año pasado,su cuento “Fiebre” pasó a integrar “Todos somos libros” Antología de cuentos paraguayos, publicado en Alemania por Iliada Ediciones.

Mabelita se fue discretamente, así como fue su vida. Sin embargo, deja una descomunal obra, y con ella se hace inmortal aquí y más allá de nues­tras fronteras.

Mabel Pedrozo y el signo del silencio

  • Susy Delgado

“Tenemos que acostumbrarnos/ al silencio” decía en un poema de los años del Taller Manuel Ortiz Guerrero… Y volvería a insistir sobre este signo que tal vez adoptó o descubrió entre sus percepciones fundamentales: “la soledad es inmensa/ y el hueco de nuestros brazos/ es por el silencio.” Y otras veces más, en sus textos y en su vida…

Mi percepción de su singular personalidad es solo una más, por supuesto. La de alguien que no tuvo demasiado trato personal con ella, pero siguió sus pasos a cierta distancia, con interés y admiración. Y desde esta percepción, ella no era, desde luego, alguien que ofreciera un trato cercano a mucha gente, no frecuentaba las vidrieras sociales y lite­rarias y se la veía en muy contados espacios en los que evidentemente ella sentía arropadas su gran sencillez y su discreción que parecían innegocia­bles.

Por dentro, evidentemente, bullían sus inquietudes que, ellas sí, eran tumultuosas. Las expresaba en sus textos, recorriendo un buen trecho con la poesía, en el que ya mostró su aguda sensibilidad y su gran talento, y lanzándose luego al terreno de la narrativa, en el que pareció encontrar el amplio terreno que buscaba y brilló con un esplendor que los lectores de literatura celebraron fervorosamente.

Como si hubiera percibido que se iría muy pronto, apuró sus pasos y lo culminó con una novela que está deslumbrando vivamente a todos sus seguido­res. Creo que no era de quienes van detrás de eso que la gente llama éxito y apuró ese último trecho de su vida sin renegar en lo más mínimo de su estilo y se fue, fiel al modo de andar por la vida que había elegido, haciendo culto de ese “silencio” profundo que escogió para su imagen personal, dejándonos en sus libros las inquietudes que latían bajo su tímida mirada, en admirables pinturas humanas y sociales.

Desde esta percepción que me atrevo a compartir como modesto homenaje a quien nos dejó, Mabel Pedrozo fue una mujer verdaderamente singular. Un bello animal salvaje de los que no abundan, que bajo su estilo arisco guardaba una mirada aguda, capaz de llegar donde llegan muy pocos, y que tuvimos la maravillosa suerte de conocer.

Mabel

  • Victorio V. Suárez

El río de la mañana es una voz que toca la profunda irradiación de tu mirada.

Finalmente, estamos solos en este mundo de duelo y ceniza donde la muerte habla al llevarte hacia el sendero donde Dios Ilumina con total claridad el perfil de todas las almas que partieron.

Es posible retenerte en la memoria, en el eco sigiloso de los años que pasaron como esqueletos de oro

que reflejaron tus alas en los sitios de esperanzas compartidas.

Ya no podemos reanimar tus ojos de inquietantes primaveras.

Solo responde el vacío, la sencillez del polvo entre tantas ausencias dolorosamente acumuladas.

¡Arde mi pecho con su cargamento de fuego en la estéril agonía de este día!

Apenas puedo levantar mis manos para decirte:

Adiós capitana de todos los vientos

Tu nombre flamea como una bandera

En los rudos arenales de la existencia.

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