Por Ricardo Rivas, periodista, Twitter: @RtrivasRivas

Los cada día más frecuentes estallidos sociales que se verifican en numerosos países generan inevitables explicaciones por parte de analistas de las más diversas ideologías. Periodistas, comunicadores y medios van en la búsqueda de las razones que mueven a los pueblos para expresarse de las formas más diversas y que, en algunos casos, devienen en prácticas violentas. Luego de tales sucesos y según la perspectiva ideológica de quien los explique o interprete, las presuntas responsabilidades suelen señalar a cualquier parte hasta el punto que, sin proponérselo (¿o sí?), no son pocas las veces en que añaden más confusión a la hora de interpretar complejas situaciones.

NADA ES NUEVO

Nada nuevo, en alguna medida. ¿Pero son sorprendentes esas emergencias sociales para muchos y muchas inesperadas, mientras que para otras y otros son inevitables? Tal vez, no. Aunque también podría ser todo lo contrario. La llegada de los acontecimientos inesperados, casi siempre –y así lo detalla la historia– fue advertida con tiempo. El 10 de noviembre del 2011, el sociólogo Ulrich Beck lanzaba varios interrogantes desde el diario español El País. “¿Cómo es posible que un otoño caliente en EEUU, a imagen y semejanza de la primavera árabe, eche por tierra la creencia más arraigada de Occidente, la imagen económica mundial del american way? ¿Cómo es posible que la consigna Ocupa Wall Street, no solo saque a la calle a jóvenes de otras ciudades de EEUU, sino también de Londres y Vancouver, Bruselas y Roma, Fráncfort y Tokio? Y esos manifestantes no se han congregado para elevar su voz contra una mala ley, sino contra el propio ‘sistema’. Se pone en tela de juicio aquello que antes se denominaba ‘economía de libre mercado’ y ahora se vuelve a llamar ‘capitalismo’. ¿Por qué el mundo está dispuesto a escuchar cuando [el movimiento] Ocupa Wall Street se erige en portavoz del 99% de los oprimidos en contra del 1% de los beneficiados?”. Aportaba luego, Beck, como dato para añadir al debate: “En la página web WeAreThe99Percent [herramienta comunicacional masiva de Ocupa WS] pueden leerse las experiencias personales de ese 99%: las de quienes han perdido sus casas en la crisis inmobiliaria, [que] son los nuevos precarios, [y] no pueden permitirse un seguro médico o tienen que endeudarse para poder estudiar. No son los ‘superfluos’ (de Zygmunt Bauman), no son los excluidos, no es el proletariado, sino la clase media la que protesta. Eso deslegitima y desestabiliza ‘el sistema’”. Ulrich –con enorme proyección y capacidad analítica– abordó esos temas, desde comienzos de los ’90, en el siglo pasado hasta su último aliento.

ZIGMUNT BAUMAN

Nueve meses más tarde, el 20 de agosto del 2012, Zigmunt Bauman, dialoga con el mismo periódico. Seguramente, por una cuestión de cercanía geográfica, analiza la situación de España de la que dice que “ha copiado el modelo de Estados Unidos”. Desde esa perspectiva, detalla, que como consecuencia de ello, en ese país “cada vez los pobres son más pobres y los ricos, más ricos”. Advierte luego que “las políticas de austeridad [que forman parte de las acciones gubernamentales] no funcionan [porque] solo harán que las desigualdades sociales aumenten exponencialmente” al punto que “a cualquiera que tenga trabajo se le considera un privilegiado, por muy precario que sea su empleo”. En ese contexto, Bauman sostiene que “se ha cambiado al proletariado por una suerte de precariedado que nos consume a todos” y destaca, en tono de advertencia, que “entre la austeridad y la pérdida del empleo, la gente se siente cada vez más humillada”. Pero no se detiene allí y va por más: “Inculcando miedo han conseguido que la solidaridad entre los trabajadores se diluya y fomentar el individualismo”; “que haya un 52% de desempleo juvenil [en España 2012] es una cifra devastadora”; “la gente está sufriendo mucho y lo peor es que se espera mucho más sufrimiento”.

LAS BASES DEL SISTEMA

En aquel análisis detallado y preciso, el tan viejo como lúcido maestro polaco, no lo duda y puntualiza que “el problema radica en las bases del sistema [político-social porque] para cambiar nuestras democracias necesitamos otras herramientas que aún no tenemos”. ¿Las tenemos hoy, casi una década más tarde de aquellas opiniones de Beck y Bauman? No pocos ni pocas, sospecho, desarrollaron –como enfermedad de alto riesgo social– la hipoacusia política voluntaria. Las demandas sociales no decrecen. Las respuestas de líderes y lideresas de la nada no parecen ser las que las sociedades reclaman. Casi con seguridad, la multipremiada película “The Jocker” [El Guasón], es mucho más comprensible que estas palabras. La recomiendo. Un recorte temporal caprichoso da cuenta que, desde el 2017 hasta hoy, las protestas –prácticas sociales legales y legítimas de expresión para peticionar a las autoridades– crecen. Los escenarios son múltiples. El Movimiento de Chalecos Amarillos se hizo escuchar en toda Francia aunque con especial énfasis en París. Enérgicas protestas se verificaron en Sudán, Argelia, Puerto Rico, Hong Kong, Washington DC, Irak, Líbano, Ecuador, Perú, Venezuela, Bolivia, Paraguay, Argentina, El Salvador, Nicaragua, Chile, Colombia y, más recientemente, Cuba que, por cierto, sorprendió más que ninguno de los anteriores. En casi todos los casos, con víctimas fatales y desapariciones forzadas que se produjeron como consecuencia de las represiones que devinieron en tragedias. Si bien cada uno de esos estallidos tuvo características y reclamos específicos, ciertas peculiaridades, en alguna medida, los unen.

EL RECHAZO A LOS PARTIDOS

Los partidos políticos fueron dejados al margen. Las multitudes los rechazan y, justamente por ello, las protestas son transversales con demandas comunes por más y mejor calidad de vida. La idea de que los hijos e hijas de quienes ocupan las calles para expresarse vivirán peor que sus padres y madres, acojona y opera como propulsor de la indignación popular. ¿Pero, son movimientos que atenazan selectivamente a gobiernos de izquierdas o de derechas, como reiterados relatos conspiranoicos lo aseguran? No. Definitivamente, no. Sobre tres ejes se construyen las nuevas esperanzas de los no escuchados ni escuchadas. Así como en 1789, la democracia moderna comenzó a construirse a partir de la tríada Legalidad, Igualdad y Fraternidad y, con sus más y sus menos, con sus aciertos y yerros hasta poco tiempo atrás fueron banderas contenedoras, desde algún tiempo a esta parte emergen tres D. Desarrollo Sostenible –podría añadir humano integral-; Derechos Humanos; y, Democracia, sabiamente contenidos y explicitados en la Agenda 2030 de las Naciones Unidas.

LA BIPOLARIDAD DEL FIN DE LA GUERRA

Para que quede claro, el menú político de nuestros días de ninguna manera debería recrear aquella bipolaridad emergente del fin de la II Guerra Mundial. Es hora de dejarla atrás. Abogar obcecadamente socialismo o capitalismo como oníricas llaves que todo lo solucionan, es de necios y necias. Insuficiente, además, para resolver pobreza, indigencia, falta de trabajo, de vivienda, hambre, analfabetismo común, por llamarlo de alguna manera y digital, la falta de acceso a la Internet, entre otras demandas y carencias, y el sentimiento cada día más extendido de que el futuro es una utopía, un no lugar o, lamentablemente, inalcanzable. La convulsionadísima Aldea Global, claramente, está en proceso de cambio. ¿Qué quieren cambiar los que dicen procurar el cambio para que no se repitan los males de siempre?

BEIJING EN LUGAR DE MOSCÚ

El colega Fabián Bosoer, en Clarín, luego de destacar el “ascenso pacífico” de la República Popular China, sostiene que ese país “al tiempo que aboga por el principio de no injerencia en el escenario internacional, adopta un mayor activismo en cobijar, alentar y promover a fuerzas políticas desencantadas, críticas o manifiestamente adversas a la democracia liberal, tal como esta ha sido concebida, establecida y alcanzada en el mundo occidental y expandida en el mundo entero a lo largo del último siglo”. Considera que esa actitud es “un desafío claro al liderazgo alicaído de los EE.UU.” y piensa que, con ello, el presidente Xi Jinping procura “una reedición de la bipolaridad Este/Oeste, en la que Beijing ocupa el lugar que tuvo Moscú en tiempos de la Guerra Fría, o como un aliento de la multipolaridad y el multilateralismo, tendencias ambas que pueden ser concurrentes o divergentes y conflictivas”. Críticamente puntualizó que el Gran Timonel de estos tiempos en el Imperio del Centro, sostiene que “el juicio sobre si un país es democrático o no, debe hacerlo su propio pueblo, [y] no un puñado de otras personas”, a la vez que destaca el rol de “los partidos políticos como una fuerza importante para impulsar el progreso de la humanidad” porque “deben trazar el camino correcto a seguir y asumir la responsabilidad histórica de garantizar el bienestar del pueblo”. ¿Qué es correcto? ¿Qué es incorrecto? “Todo lo que no se regenera, degenera”, recuerda el académico uruguayo Luis Carrizo, funcionario de la UNESCO, que suele expresar el centenario pensador Edgar Morin.

DESAPRENDER DOCTRINAS

Es el momento de desaprender aquellas orientaciones doctrinarias que apuntan a ser únicas, excluyentes y contrarias a la diversidad. Vivir y progresar, es con todos y todas; desde todos y todas; y, entre todos y toas. No es constructivo negar las otredades ni construirlas negativamente. Se ciega el conocimiento a partir de errores e ilusiones, advierte desde hace décadas Morin. “Nunca he podido eliminar la contradicción interior. Siempre he sentido que las verdades profundas, antagonistas las unas de las otras, eran para mí complementarias sin dejar de ser antagonistas. Nunca he querido reducir a la fuerza la incertidumbre y la ambigüedad”, confiesa Morin en un texto fundamental: “Introducción al pensamiento complejo”. En otro trabajo, puntualiza que “el ser humano porta en sí mismo un principio de incertidumbre, que es [a la vez] su principio de libertad”. Sabiduría. Y, ese, es el “conocimiento pertinente” que se hace preciso para transitar estos tiempos inciertos que demandan de sistemas educativos que apunten a desarrollar pedagógicamente la condición humana, para alcanzar una identidad planetaria. Es relevante enseñar la comprensión para aprender a comprender. Enfrentar las incertidumbres es posible. También es justo y necesario porque, desde esa perspectiva, la humanidad se enriquece en, de y desde la diversidad con la que será posible co-construir una ética del género humano.

EL CASO DE CHILE

En Chile, después de los más recientes y trágicos estallidos populares, se desarrolla una Asamblea Constituyente para dejar atrás la Constitución con la que el fallecido dictador Augusto Pinochet Ugarte (1973-1990) acotó post mortem la libertad de chilenos y chilenas. El querido colega y amigo Mauricio Weibel Barahona, desde su cuenta en Twitter, reiteradamente aboga para “construir [en ese querido país] una República de los Derechos Humanos” y explica que la reforma constitucional “significa también caminar hacia una cultura y un lenguaje inspirados en esos valores”. Desde ese lugar, propone “no seguir con el idioma del nacionalismo y la guerra”. Sensatez. Edgar Morin, co-protagonista del mítico Mayo Francés del ’68 –aquel estallido social en el que marcharon juntos por las calles de Paris estudiantes y trabajadores que, entre pensadas consignas proponían ser “realistas” para pedir “lo imposible”- el 1 de mayo del año pasado, desde su cuenta en la red Twitter, @edgarmorinparis, fue más allá. “Es importante no ser realista en el sentido trivial (adaptarse a lo inmediato) o irrealista en el sentido trivial (escapar de las limitaciones de la realidad), es importante ser realista en el sentido complejo: comprender la incertidumbre de la realidad, [para] saber que existe lo posible aun [cuando sea] invisible”. ¿Qué es lo que no se entiende?

Mauricio Weibel Barahona: “En Chile hay que construir una República de los Derechos Humanos y caminar hacia una cultura y un lenguaje inspirados en esos valores”.
Luis Carrizo: “Lo que no se regenera, degenera”, dice con precisión Edgar Morin.
Zygmunt BaumAn: “Entre la austeridad y la pérdida de empleo la gente se siente cada vez más humillada”.
Edgar Morin: “El ser humano porta en sí mismo un principio de incertidumbre que es, a la vez, su principio de libertad”.

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