Carlos fue condenado a 22 años de prisión, tras ser hallado culpable por lo que él define como un estúpido error en su vida. No consideró que pagaría un precio muy alto por aquello: El tiempo perdido con su única hija.

  • Por Fabiola González
  • Fotos: Archivo LN

Siguiendo el ejemplo del hombre que a él lo crío, Carlos no se apartó de su responsabilidad y asumió la paternidad con todo lo que eso involucra, aún estando tras las rejas. “Papá es papá, igual con sus fallas y la cria­tura es la bendición que viene de Dios y la obligación del varón es darle protección”, dice y accede a la entrevista para contarnos su historia:

–LN.- ¿Hace cuánto tiempo estás recluido y cuál es la causa?

–Estoy hace siete años en el penal de Tacumbú, condenado por robo agravado.

–LN.- ¿Cuántos hijos tenés y cuál es la frecuencia con la que podés estar en contacto con ellos?

–Tengo una hija, por la pande­mia no la puedo recibir más acá, antes venía a visitarme mucho, ahora ya no la puedo ver “en vivo” pero todos los días estoy en contacto con ella.

–LN.- ¿No sentís a veces que es preferible que tu hija no te vea o no te visite, antes que lo haga en una penitenciaría?

–A veces me siento muy desa­nimado, pensando en que me gustaría estar con ella. A veces pienso que no está bien, pero es difícil vivir sin la familia, con­viviendo con gente que uno no sabe ni quién es. Muy difícil es.

–LN.- Estar privado de liber­tad es también estar privado de criar hijos, ¿encontraste alguna estrategia para con­tinuar con esto, seguir pre­sente en su vida?

–Estando preso es cierto no puedo hacer mucho, pero intento ayudarle con sus tareas desde acá, para acom­pañarla y seguir presente en su día a día la llamo por teléfono, todos los días hablamos, dos veces al día. Me pregunta por los planetas, por los animales y hay cosas que no le puedo res­ponder porque no encuentro explicación, cuando me pre­gunta por qué estoy acá… es muy difícil contestarle.

–LN.- ¿Vos tenés un horario en que puedas llamarla de manera diaria o es ella quien te llama al penal y te avi­san que tenés una llamada? ¿Cómo se organizan en ese sentido?

–Y yo le llamo en dos horarios, al mediodía y a la tarde, yo tra­bajo acá y dentro de lo que hago uso el teléfono, para promocio­nar mis trabajos y para estar en contacto con mi hija, la tecnología hoy hace todo, cuando tengo mucho saldo le hago videolla­mada y la veo cada día más dife­rente, cada vez más grande, ella usa el celular para hablar con­migo y para hacer su escuela virtual y es una herramienta que hoy hace todo realmente.

–LN.- ¿En que trabajás en Tacumbú? ¿El teléfono es una ventaja que tenés por buen comportamiento?

–Yo estoy en el pabellón liber­tad, acá tenemos nuestro taller de corte y confección, manejo máquinas industriales y los pedidos de trabajo incluso recibimos por el teléfono, por fotos muchas veces. El teléfono es lo que uno se gana por darle un buen uso y por buen com­portamiento.

–LN.- ¿Y lo que ganás con tu trabajo te alcanza para ayudar económicamente a tu hija?

–Exactamente, a mí me pagan de manera semanal por los tra­bajos que hago acá, cada fin de semana cuando cobro yo dejo un poquitito para mi uso acá y el resto ya le mando a ella y gracias a Dios ya puedo ayu­darle con eso.

–LN.- ¿Hasta dónde son las responsabilidades con las que puede cumplir un papá que está preso?

–Son bastantes las responsa­bilidades que uno tiene como papá y con lo que puede cumplir estando preso también, pasa mucho por el afecto y el aprecio que le tenés a tu familia, la fami­lia es única, porque pensando en mi hija yo hago muchas cosas acá, estoy procurando a diario, ella es mi pilar, yo nunca había visto una máquina de coser por ejemplo, estando afuera ni pensaba en trabajar en eso, pero pensando en ella hago todo, el comportamiento y el vivir acá entre los muchachos es com­plicado, es muy duro, pero pensando en ella yo aguanto todo, estoy estudiando tam­bién en la facultad ahora, sigo la carrera de psicología social en el tercer año, preparando mi vida para ella.

–LN.- Cumplir con tu res­ponsabilidad ante la socie­dad pagando la culpa de un error que cometiste, ¿tam­bién puede ir de la mano con tu responsabilidad familiar entonces?

–Exactamente y en eso estoy, yo quiero reinsertarme, salir de acá siendo además de pro­fesional con un título univer­sitario, para poder formar mi vida como una buena per­sona. Cometí un error estú­pido, no tenía idea en qué me metía, estoy muy arrepentido de lo que hice pero eso ya pasó, la vida continúa, estoy estu­diando, ahora enfoco mi vida en lo que quiero al salir de acá.

–LN.- ¿Cómo es orientar a tu hija partiendo desde el error que cometiste y que hoy te hace cumplir una condena? ¿Cómo encarás enseñarle lo que está bien y lo que está mal?

–Trato de darle lo mejor, sé per­fectamente lo que es hacer las cosas indebidas, hablo mucho con ella, le digo lo que está mal y lo que no se debe hacer, en cuanto a lo que está bien le apoyo y le doy confianza, le digo que siempre hay que hacer el bien y que yo cometí un error que me hizo perder tiempo y perderme de las cosas que real­mente tienen valor. Hacer las cosas mal me quitó la posibili­dad de estar todo el tiempo con ella, con la familia y con base en todo eso le enseño.

–LN.- ¿Cuáles son los miedos que siente un papá?

–El miedo que tengo es el que le pase algo a mi hija, estando acá no puedo darle el respaldo, la protección y el cariño que se merece y que le corresponde, da miedo todo lo que pasa y saber que es una niña y que no estoy con ella, ese es mi princi­pal miedo.

–LN.- ¿Qué te hace sufrir como papá?

–El no estar con ella en el día a día, no disfruto de su niñez, eso me hace sufrir.

–LN.- ¿Cómo manejás la ansiedad de tu hija estando recluido, ya que no podés acompañar en una fiebre, en un día de clases o en un cumpleaños?

–Y eso cada vez que hablamos le digo que no puedo, que dentro de poco ya vamos a estar juntos y que vamos a hacer lo que ella quiera, que la voy a acompañar en todas sus actividades, y que vamos a recuperar el tiempo.

–LN.- ¿Cómo proyectás tu vida con tu hija al abandonar la prisión? ¿Qué tenés ganas de hacer por ejemplo… qué es lo primero que harías?

–Lo primero es ir a abrazarla, estar con ella todo el tiempo, lle­varle al parque, pasear, el único propósito que tengo es ese, no separarme de ella.

–LN.- ¿Cómo fue tu papá?

–Mi papá era agricultor, muy buena persona, nos dio todo lo que pudo como papá, lasti­mosamente falleció muy tem­prano. El papá siempre es el mejor, a mi me duele mucho cuando veo que acá vienen las criaturas a visitarle a sus padres, yo intento pensando en que puede ser mi hija les compro helado o caramelos y me aprieta el pecho así porque yo no le tengo a ella. A pesar de la dificultad, de estar privado de libertad procuro mucho por mi hija, eso puedo decirte… una criatura no tiene precio y a esos hombres que abandonan a sus hijos les quiero decir que un hijo merece respeto, que el papá siempre sea papá y se esfuerce por brindarles siem­pre lo mejor a sus hijos, dentro de sus posibilidades.

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Para Julio Espínola, miembro de la Asociación Paraguaya de Sociología, la ausencia de un padre deja un vacío que luego se refleja en los hijos, es com­plicado hacer comparaciones entre la paternidad del ayer y la de hoy por varias realida­des sociales que fueron cam­biando, no obstante, el pensa­miento que construirá un niño sobre esa figura es esencial para la sociedad. Es categórico que lo único que no puede hacer un padre es amamantar, pero con todo lo que significa la res­ponsabilidad de un hijo, es tan capaz como la madre.

–LN.- ¿Qué significa la pater­nidad?

–La paternidad es una cons­trucción sociocultural que cada persona lo reconstruye en su experiencia. Y experien­cias de paternidad las hay tantas como personas. Sin embargo, es importante consignar la impor­tancia de haber vivido o vivir una experiencia de paternidad con una persona que ejerce ese rol.

–LN.- ¿Qué pasa cuando falta papá?

–Depende de qué papá y de qué momento de la vida. Muchas veces la ausencia de un papá violento es un alivio. No es lo mismo la ausencia de un papá ausente desde antes de nacer que aquella ausencia de un papá significativo que estuvo toda la vida siendo la luz de quienes lo rodean. En cualquier caso, es más preciso hablar de paterni­dad; la ausencia de esta rela­ción deja un vacío que luego se refleja en varios órdenes de la vida. Y creo que, lo mismo que en el caso de la ausencia de madre, la falta de padre no se puede reemplazar.

–LN.- ¿Existe diferencia entre la paternidad del ayer y la forma en la que se asume esta responsabilidad hoy?

–En algunos aspectos sí. Cada generación está marcada por experiencias históricas que dejan huellas en la personali­dad. No es lo mismo una genera­ción de padres que participó en una guerra internacional, gra­ves crisis económicas, migra­ción, etc. que otra que nació y se formó en plena dictadura. Ahora hay una generación de jóvenes papás que nacieron durante la transición hacia la democracia que tienen otro tipo de relaciones sociales, con otro tipo de situación socioeconó­mica, con una cultura digital y libertades civiles. Esto influye en el estilo de educación que ejercen como padres. Aún hoy hay padres antiguos y jóvenes que todavía creen en el cinto, la zapatilla, etc.; y padres con otra cultura que están orientados a educar desde las convicciones y la responsabilidad siendo ama­bles, pero firmes.

–LN.- ¿Declinó la impor­tancia del rol del padre en la familia? ¿Se debería susti­tuir ese papel?

–La paternidad es irreempla­zable, lo mismo que la mater­nidad. Para un hijo o hija, las relaciones con ambos son fun­damentales para la formación de la personalidad, sea quien sea quien ejerza ese rol. Los desafíos socioculturales son graves para cada generación. Hoy en día se puede observar la facilidad con que los dispo­sitivos electrónicos ocupan un gran tiempo, no solo de los hijos, sino también de los padres. Las largas ausencias durante las jornadas labora­les y/o estudios obligan a que los hijos compartan menos con los padres. Por eso es impor­tante tomar conciencia de la importancia de compartir con los hijos tiempo de buena calidad, acompañar a los hijos, jugar con ellos, pasear, conver­sar, celebrar. Construir expe­riencias que luego recordarán toda la vida; reír y disfrutar que el tiempo pasa muy rápido.

–LN.- ¿Si no da afecto pero cubre otras necesidades sigue siendo padre?

–El rol de proveedor ha sido asignado al padre en un con­texto donde la madre debía permanecer en la casa cui­dando la prole numerosa. La sociedad patriarcal ha cedido al reconocer que la madre tam­bién puede proveer. Miles de madres solteras lo demues­tran. Sin embargo, el rol de paternidad está asociado a una presencia diferente a la de la madre. El niño y la niña nece­sitan de la figura de un padre porque con dicha relación construyen su propia identi­dad. Los niños ven en el padre un modelo de afecto de papá, esposo, hermano, tío, padrino, vecino etc. El afecto del padre es fundamental para la cons­trucción de la subjetividad de cada persona.

–LN.- ¿Qué es la paternidad incluyente?

–Meg Meeker, Greta Papadi­mitriu, entre otros, consideran que el padre puede asumir la responsabilidad del cuidado de los hijos. No puede amaman­tar, pero todo lo demás puede hacer. Y debería. El afecto con que lo hace es clave tanto para los hijos como para el matrimo­nio. Desde este punto de vista, se han dado algunos pasos en políticas públicas con el per­miso por paternidad (Ley Nº 5508/2015). En nuestro país son sólo dos semanas, pero en otros países a este derecho se le otorga más tiempo.

–LN.- ¿Un papá debería pre­pararse antes de serlo?

–De hecho, esto se da en la experiencia de paternidad de cada uno. No hay competen­cias directas a desarrollar sobre este tema ni en el cole­gio ni universidad. Pero una vida consciente y sensible a la vida de los demás puede ayu­dar mucho. Otra cuestión importante es contar con una persona que pueda orientar en esta experiencia; sea el propio padre, una amistad, un grupo de apoyo u otra persona de experiencia. No es necesario cometer los mismos errores.

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A quienes acompañaron desde la gestación, a aquellos que llegaron cuando los hijos ya estaban, a los que esperan ese momento con todo el corazón y especialmente al mío, ¡feliz Día del Padre!

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