Acaba de salir del horno de la editorial Rosalba, una singular novela escrita por el maestro Alcibiades González Delvalle, “Noticias de la Guerra del 70” que relata la Guerra del 70 en un lenguaje actual que invita a los más jóvenes a conocer la historia paraguaya con sus propios códigos de comunicación. En este encuentro con Augusto Dos Santos para el programa “Expresso”, que veremos hoy por el canal GEN, el periodista, escritor y dramaturgo habla del oficio de periodismo, del presente y el futuro que vislumbra en los medios de comunicación.

Fotos: NADIA MONGES

Maestro, ya debe ser complicado ser un periodista en trámites de jubilación, pero encima, sos padre de periodista y abuelo de periodista ¿Estás “rodeado” por ese oficio, no?

–Estoy rodeado, con una ventaja. Yo suelo decir que mi mejor contribución al periodismo han sido mi hijo y mi nieta. Ellos son los que quedan y van a quedar para de alguna manera continuar el trabajo que yo hice y ahora ya no puedo hacerlo. Pero, estoy aprovechando. Ya no estoy en trámite de jubilación sino que estoy jubilado y entonces aprovecho para dedicarme a la escritura y a la lectura. Siempre recuerdo una frase de Helio Vera que decía: “Bueno chamigo, ya leíste mucho, ahora hay que escribir”.

–Apellidado Delvalle, sin embargo, hay cierta polémica sobre si naciste en San Antonio o en Ñemby. ¿Cómo alguien que se apellida Delvalle tiene dudas de dónde nació?

–Sí (risas). Yo nací en San Antonio, pero como mi madre era de Ñemby, me inscribió como nacido allí. Entonces, por eso, suelo decir entre broma y no tanto, que los dos pueblos “se pelean” por mi nacimiento. Los de San Antonio dicen que soy de Ñemby y los de Ñemby, que soy de San Antonio, nunca se ponen de acuerdo.

–A mí me pareció fascinante cuando nuestro común amigo Javier Viveros, que tiene la gentileza de editar libros, me envió el ejemplar de “Noticias de la Guerra del 70”, porque me parece que es un desafío tratar de adaptar el mundo actual del periodismo con toda la tecnología, a la transmisión de la Guerra del ’70, icónica para la historia del Paraguay. ¿Cómo es que surgió esa idea?

–Hablando con los jóvenes, estudiantes de periodismo, percibí, como todos percibimos, el grave desconocimiento de nuestra historia, inclusive de las mejores etapas, no sólo las trágicas como la Guerra del 70. Entonces pensé ¿Cómo podríamos hacer que la historia se acerque a los chicos y no al revés? Porque eso es muy difícil, porque no les interesa. Por un lado, por la “mala publicidad” que tiene la historia, es común escuchar que hay que dejar de mirar y hablar del pasado, que tenemos que dejarnos del pasado y pensar en el futuro ¿Pero qué futuro podemos tener si ignoramos el pasado, si ignoramos nuestras raíces? Entonces se me ocurrió que tal vez cambiando de metodología en la enseñanza de la historia, podríamos aliviar un poco ese problema de desconocimiento que existe. Y así fue que encontré que utilizando el lenguaje de los jóvenes y la tecnología que tanto conocen y a la que están tan enganchados, tal vez podría funcionar. Así fue que empecé a hacer algunos capítulos y luego se los mostré a nuestro amigo Javier.

–Y él con ese olfato que tiene…

–Sí, él con esa habilidad que tiene me dijo “yo quiero imprimir ese libro”. A él le llamó la atención la novedad, no de la historia que es muy conocida, sino del medio utilizado para contar la historia, entonces fue que nació este libro…

EL PASADO EN LENGUAJE ACTUAL

–Hay otro componente que quiero agregar acá, que es la pedagogía de la irreverencia, porque la irreverencia es altísimamente pedagógica para una sociedad que está agobiada por los problemas de educación, por sus encierros…

–Así es…

–Pero aquí no quiero dejar pasar esta frase que me parece genial (lee del libro) y dice “Fue muy comentado un tuit de Rafaela López, hermana del general, que supuestamente afirmaba su predilección por Benigno”, para que sea presidente, verdad, luego de la muerte del padre. “Ella tuvo que salir a desmentirlo apresuradamente, asegurando que no contaba con cuenta de twitter”. Esto es lo que dice de lo que ocurre cuando elegían como presidente al mariscal López.

–Así es. Yo pienso que necesariamente tiene que llegar mejor a los jóvenes, no sé si decir gustarles o no, pero no les sorprende el uso de ese lenguaje y les pareció natural. Yo estaba medio asustado pensando en cómo lo tomarían, pero les pareció natural. Un joven lee y le parece lo más natural porque ellos se comunican así.

–Esa guerra (la del 70) provocó algo en la sociedad paraguaya y ese algo fue una división que lleva más de un siglo.

–Que hasta hoy perdura…

–Es decir que el lopizmo y el antilopizmo no debe ser solamente la adscripción a una persona o no, sino debe encerrar factores mucho más importantes.

Así mismo, un ejemplo son los casos de Elisa Lynch y Pancha Garmendia. Pancha Garmendia es el símbolo del antilopizmo, se la utiliza como el valor de la ética, de la moral frente a la barbaridad. Por otro lado, Elisa Lynch es el símbolo de los lopiztas, como la mujer que por amor se quedó en el país, por amor sufrió. Usamos mucho esos dos símbolos para justificar o no lo que hizo López. Pero en definitiva, como lo había dicho Manuel Gondra ya a comienzos del siglo XIX, “vamos ya a terminar con esto”, vamos a sepultar el pasado porque nos daña mucho. Primero, porque nos divide, en segundo lugar, nos permite, desgraciadamente, conocer mal la historia.

–Todo es o blanco o negro, nos perdemos una gran cantidad de tonalidades.

–Claro, porque con ese fanatismo el daño es muy grande.

–A propósito de las cosas que nos dividen, un acontecimiento potentísimo fue la Revolución de 1947 y otras revoluciones también, pero esa como más incidente en nuestra vida de hoy ¿Qué lecciones deja te parece?

–Por mucho tiempo no se habló de esa Revolución, no hay un solo capítulo que recuerde a la Revolución del 47 hasta diez o quince años después. Nos silenció a todos, por el miedo que se tenía y era con razón. Además esa revolución no sólo dejó muchos muertos sino también una enorme cantidad de paraguayos que han tenido que salir de su país a refugiarse, sobre todo en la Argentina. Se calcula que fueron unos 100 mil, y la mayoría de ellos ya se quedaron allá para siempre. Entonces, esa revolución nos enseña que ya nunca más deberíamos pensar en una lucha armada.

–Y eso supone también esa especie de ejercicio que deberíamos pensar en construir una sociedad que dirima sus asuntos desde el debate, nunca desde las armas.

–Asimismo, pero aún en ese debate, como lo vemos en muchos momentos a partir del inicio de la democracia, los verbos son violentos y una violencia verbal, generalmente suele traducirse en una violencia física.

PERIODISMO VS LITERATURA

–Quiero volver a ese oficio del periodismo que honraste y seguís honrando por tantos años ¿Cómo te organizás?, atendiendo que la literatura es el summum de la ficción y el periodismo tiene su propia redacción… Se dice que los periodistas novatos en literatura escriben con reglas de redacción del periodismo. ¿Cómo deslindás esos territorios?

Mi oficio de periodista, que fue el primero que tuve y va a ser el último evidentemente, me enseñó a manejar el lenguaje; después es cuestión de técnica. Porque si vos manejás el lenguaje, estudiás la técnica novelística, la técnica del cuento, la del teatro, porque también escribo teatro, es un ejercicio constante. Por eso, para los profesores de la carrera de periodismo es fundamental que les enseñen a sus alumnos a diferenciar y reconocer los géneros. Incluso en el ejercicio del periodismo, hay que saber diferenciar lo que es un reportaje, una entrevista, una noticia, porque si no distingue, le parece todo igual y no es igual. Una novela no es un reportaje, aunque puede haber reportajes obviamente novelísticos, porque a partir de un reportaje podés hacer una novela, pero son géneros absolutamente distintos. Entonces, no te digo que domino los géneros, pero me siento bastante cómodo escribiendo. Este año produje bastante, a partir del año pasado, de la pandemia, tengo un libro de cuentos, tengo dos obras de teatro que ya están listas, tiene Arlequín y esta novela y proyectos. Porque yo no entiendo que se pueda ser escritor sin tener proyectos. Y, como suelo decir ante cada obra: “Esta no es mi última obra, es la penúltima” siempre.

–¿Cómo estás viendo la escuela de periodismo en Paraguay? ¿Qué cosas te ponen optimista y qué cosas te preocupan un poco de cómo estamos enseñando a los chicos?

–Me preocupa fundamentalmente en los estudiantes de periodismo el poco apego a la lectura, porque un periodista tiene que tener una cultura general sólida pero no tenés otro medio para llegar a esa cultura sino a través de la lectura y es allí donde fracasamos todos. Es cierto, posiblemente pueden conocer muy bien la técnica de redacción, pero llevada a la práctica, no se nota ¿Por qué? Porque le falta la sustancia fundamental de una buena escritura que es la cultura, porque si no sabés nada ¿cómo vas a informar? Si vos no estás informado, difícilmente tu lector esté bien informado. El gran desafío que tienen las facultades de periodismo del país es hacer que los “licenciados en Ciencias de la Comunicación”, aparte de tener ese nombre tan grande, salgan sabiendo leer y escribir.

–¿Quiénes son dos o tres emblemáticos periodistas que a esta altura del tiempo ya temés que puedan ser olvidados porque pasó el tiempo y te resultaría agradable recordarles y contar por qué son inolvidables para vos?

–Néstor Romero Valdovinos, por ejemplo, deberíamos rescatar su figura. Fue un gran periodista. También Sindulfo Martínez, que fue muchísimo tiempo el periodista que tuvo La Tribuna porque escribía unas glosas que todos los periodistas que estábamos iniciándonos soñábamos con escribir como él. Y otro que está absolutamente olvidado es quien fue el director de La Mañana, Manuel Bernardes; fue el primero –y el último– en escribir editoriales que la gente entendía y que podía seguir.

–(Risas) Sí, porque escribir editoriales es el arte de escribir algo que la gente no va a entender.

–Sí.

–Perdón… Y cuanto menos entienda…

–¡Mejor! Él tuvo la virtud de escribir editoriales que se entendían.

–Y también quiero preguntarte, en homenaje a la memoria ¿cómo era escribir en tiempos de Stroessner?

Sí. Sucede que la responsabilidad del periodismo es la misma en dictadura que en democracia, no hay diferencia. El problema está en el ambiente que uno tenga para escribir. Y en la época de Stroessner ha sido muy difícil porque no aceptaba críticas y, si él no actuaba, lo hacían sus secretarios. Tenía de primera, segunda y tercera línea y luego venían las grandes difamaciones a través de los medios manejados por el estronismo, “La voz del coloradismo”, “Patria”, los discursos que despiadadamente caían sobre los periodistas críticos, no admitían que ellos puedan tener errores, entonces se hacía difícil la función periodística. O, había que prescindir de la posibilidad del riesgo y seguir escribiendo o, sencillamente, darse a la autocensura que es la mejor forma de salvarse, pero esa no es nuestra función. Pero, como suelo decir: un barco está seguro amarrado en el puerto, pero no ha sido construido para eso.

DEL CÓDIGO MORSE

–¿Cómo te impacta esa nueva forma de comunicación tan potente que son las redes sociales?

–Al principio me impactaron mucho, porque yo vengo casi casi del tiempo de la paloma mensajera. Yo pasé por el sistema Morse…

–No te puedo creer. Por favor, comentá sobre lo que estás hablando para que entiendan los chicos.

Sí, cuando estaba en el diario El País. El sistema Morse era el sistema más adelantado de la época porque era posible transmitir en forma inmediata, incluso de un continente a otro. Pero tenía un gravísimo problema, eran los sonidos de punto y raya…

–Y un operador que estaba traduciendo en palabras.

–Sí recuerdo bien que había un señor Gómez, telegrafista de la Antelco que trabajaba con nosotros en El País, y de pronto había mal tiempo y como eran ondas largas, las ondas se iban por el mal tiempo, pero como había una página que llenar, él la llenaba. Muchas veces me pregunté cuántas mentiras habrá escrito para llenar esas páginas. Ese era un sistema que sólo podía ser atendido y manejado por un técnico y era un telegrafista. Después ya se ha ido evolucionando hasta llegar a hoy, pero por suerte la evolución ha sido un poco lenta, lo que nos dio tiempo de adaptarnos.

EL FUTURO DEL OFICIO

–Igual hay factores que los cambios tecnológicos no van a cambiar en el futuro del periodismo ¿Qué cosas te preocupan y cuáles te dan optimismo?

–Bueno, desde el 2000 se viene diciendo que los diarios con soporte de papel se van a acabar, que todo será en la web. De hecho, hay diarios centenarios que han desaparecido y otros que se han adaptado y se han convertido en digitales. Pero yo pienso que acá en Paraguay, tenemos mucho tiempo todavía para tener diarios con soporte de papel, es un hábito difícil de cambiar. Y lo otro es que la tecnología no cambia la función del periodista. Cualquiera que sea la tecnología o el sistema, siempre va a haber una persona que quiere saber qué sucede y siempre va a haber otra persona que le cuente lo que sucede.

URGENCIAS Y PROFUNDIDAD

–Sobre ese tema tengo una posición. Creo que el cambio más importante no se va a dar en el periodista sino en el lector, porque estamos configurando, no un nuevo periodista sino una nueva forma de lectura de los medios. Ya nadie puede dedicar 3 o 4 horas a leer un diario. Hasta no hace mucho se decía que el tiempo de lectura era de 20 minutos, ahora se habla de dos minutos por lectura. El desafío es ese, llegar a ese nuevo lector.

–Sí, eso obliga al periodista a ser más conciso, más breve, pero eso tiene su exigencia, porque las pocas palabras exigen tener más ideas y más claridad. Las exigencias de los lectores se están imponiendo, eso obliga a los diarios a, por ejemplo, que los titulares sean más expresivos, que permitan que el lector en pocas palabras tenga que saber de qué se trata. El tiempo es el mismo, siempre.

–Me detengo ahí. En pocas palabras, el lector tiene que saber de qué se trata.

–Así mismo, vos conocés muy bien, el famoso “copete” (o bajada). Que en esas 5 o 6 líneas esté la mayor cantidad de información posible que responda a lo fundamental.

–¿Quién, cuándo, cómo y dónde?

–Sí. La verdad es que no hay cambios en el tiempo, lo que hay es impaciencia. Porque los lectores de diarios digitales leen el título y un poquito y van pasando, no agotan la información.

–Y a propósito de agotar ¿No te preocupa el hecho de que en el futuro se agote el género de la profundización y se convierta todo en el género de la urgencia, porque ese es el ritmo, no?

–Claro, porque sabemos que son cuatro las funciones esenciales del periodismo: informar, explicar, entretener y opinar. Ahora, la explicación hoy es absolutamente necesaria, porque frente a esta avalancha de noticias que recibimos, el lector necesita saber qué está pasando.

–Alcibiades ¿cuáles son tu ideas de futuro en lo editorial? ¿Tenés obras en proceso que estás pariendo además de esta novela tan singular?

–Sí , el proyecto próximo serían los estrenos de las dos obras teatrales que están en Arlequín ahora, una sobre la vida de Blas Garay y otra sobre la vida de Rafael Barret.

–Hablame dos palabras de cada uno de ellos.

–Ambos han sido de los mejores periodistas de todos los tiempos. Tanto Garay como Barrett. Hasta hoy es posible leer sus escritos como si hubieran sido escritos ayer. Eran tan grandes como periodistas, escritores y también historiadores, que supieron leer el presente con proyección de futuro. Y los dos han muerto muy jóvenes, 26 años Garay y 31 años Barrett.

–Y notablemente cada uno es ícono de diferentes sectores políticos.

–Sí, pero entonces los políticos eran tan civilizados que se peleaban a muerte, pero en la desgracia, eran solidarios.


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