Por Ricardo Rivas, periodista, Twitter: @RtrivasRivas

No son pocos aquellos que sometidos a los tribunales suelen afirmar que creen “en Dios y en la justicia”. Recuerdo que Carlos Monzón, por mencionar alguno de tantos, luego de asesinar a Alicia Muñiz, la madre de Maxi [Maximiliano Roque], uno de sus hijos, repetía aquellas palabras una y otra vez. Incluso, después de haber sido condenado 11 años de prisión. Otros, como es el caso de Carlos Eduardo Robledo Puch, en el momento de ser condenado a “cadena perpetua con reclusión por tiempo indeterminado” por el asesinato de 11 personas, miró al Tribunal y dijo: “Esto es una farsa. Un circo romano. Algún día voy a salir y los mataré a todos”. Hace casi 50 años que está en la cárcel.

TODO ES HISTORIA

La historia universal recogió cientos de frases parecidas. Hasta los genocidas que fueron juzgados en Nüremberg, cuando finalizó la II Guerra Mundia, dijeron las suyas. Todos hicieron referencia s concretas a Dios. Todo es historia. “Los presos son pobres, como es natural, porque solo los pobres van presos en países donde nadie va preso cuando se viene abajo un puente recién inaugurado, cuando se derrumba un banco vaciado o cuando se desploma un edificio construido sin cimientos”, sostenía el maestro Eduardo Galeano. Marie-Christine Fuchs, jefa del Programa de Estado de Derecho para América Latina de la fundación Konrad Adenauer (KAS), explicó a la prensa alemana que “si bien la idea de que los ricos pagan multas y los pobres van a la cárcel puede ser polémica, tiene razones y causas objetivas” para que esa creencia se extienda “y hay varios factores que lo explican”. Fuchs, sostiene que “uno de esos factores son los estereotipos, es decir, pensar que un pobre migrante es automáticamente un delincuente” y añade, como problema, que “ese tipo de prejuicios se percibe también en el trabajo de la Policía y la Fiscalía”. Y va más allá. Sostiene que a las cárceles “efectivamente, llegan los más pobres”, asegura que “hay muchos estudios” sobre esa problemática, describe que “los delitos más catalogados son robos, hurtos u otros relacionados con drogas” de los que se acusa a los sectores sociales menos favorecidos y, sentencia: “Obviamente hay una amplia tasa de impunidad en todo lo que se llama delitos de cuello y corbata”. Sabor amargo. Fuchs trabaja intensamente en estos temas. Profundiza en ellos y, junto con la UNESCO y la Corte Interamericana de Derechos Humanos, es parte de los especialistas que dictan el Diplomado para Periodistas Especializados en Derechos Humanos del que participé en 2020, junto con un numeroso grupo de colegas de Latinoamérica.

“VALE JESÚS LO MISMO QUE UN LADRÓN”

En eso pienso esta noche de viernes, cerca de la medianoche, refugiado en la vieja mecedora. El copón me ofreció un Mundus Bacillus Terrae Malbec, con el cuerpo, aromas y tonalidades suficientes como para avanzar hacia el sábado indetenible. Enrique Santos Discépolo ocupó mis oídos. Las letras de sus tangos más célebres, siempre fueron voz de la injusticia. “Hoy ya murió el criterio/Vale Jesús lo mismo que un ladrón”, escribió aquel poeta atormentado por amor en el ’26 del siglo pasado, 95 años atrás, cuando Tita Merello, estrenó “¿Qué vachaché?” Ocho años más tarde [1934], cuando poco o nada había cambiado, parió otra queja. “Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor/ Ignorante, sabio o chorro, pretencioso estafador/Todo es igual, nada es mejor/Lo mismo un burro que un gran profesor […]No pienses más, sentate a un la’o/Que a nadie importa si naciste honra’o/Si es lo mismo el que labura/Noche y día como un buey/Que el que vive de las minas/Que el que mata, que el que cura/O está fuera de la ley”. Tangazo, “Siglo 20 cambalache”. Para poner blanco sobre negro, siempre clamó por la injusticia que Discépolo y su hijo, Enrique Luis Discépolo Díaz de León, mexicano, sufrieron en carne propia. Injusticia.

LA MEDIDA DE LAS COSAS

Latinobarómetro –una respetada investigación sobre la opinión pública latinoamericana que se desarrolla desde 1995- en 2018, luego de requerirle a miles de personas ¿cuánta confianza tiene usted en el Poder Judicial?, reportó que en Argentina, 38,1% de la sociedad tiene “ninguna confianza”, en la Justicia; en tanto que 35,4%, tiene “poca confianza”; 4,5%, tiene “mucha confianza”; y, 19,1%, tiene “algo de confianza”. En Paraguay, esos mismos indicadores, revelan que 25,3%, tiene “ninguna confianza”; 43,6%, “poca confianza”; 3,8%, “mucha confianza”; y, 19,9%, “algo de confianza”. Entre los dos países, el 75% de la sociedad percibe a la Justicia en forma negativa. Ese mismo trabajo reveló que el 42,5% de la sociedad argentina considera que ese país lo gobiernan “grupos poderosos en su propio beneficio”; mientras que, en Paraguay, el 45% de la población, dijo pensar de la misma forma. El 7,6% de argentinos y argentinas; al igual que el 5% de paraguayas y paraguayos, por su parte, creen que sus gobiernos gestionan “para el bien de todo el pueblo”. Para este último indicador, la pregunta que se formuló a consultadas y consultados, fue sencilla y sin vueltas: “En términos generales ¿diría usted que (su país) está gobernado por unos cuantos grupos poderosos en su propio beneficio, o que está gobernado para el bien de todo el pueblo?” Solo el 12,6% de las poblaciones en los dos países perciben positivamente a sus gobernantes. La situación no parece la mejor. En Argentina y Paraguay el 75% no confía en la Justicia y, el 87,4% descree que sus gobernantes apunten al bien común. ¿Y ahora, quién podrá defendernos? ¿De qué se habla cuando se habla de justicia?

“UN PRINCIPIO MORAL”

En procura de definiciones, según la Real Academia de la Lengua, se trata de “un principio moral que lleva a dar a cada uno [o a cada una] lo que le corresponde o pertenece”; “derecho, razón, equidad”. No son pocas las voces quejosas con los diccionarios. Alguna vez, años atrás, en la escalera de los tribunales de Buenos Aires, un viejo abogado me explicó –palabra más palabra menos- que “justicia, también es ética, equidad y honestidad y, todos los que estamos en esto, debemos tener la voluntad constante de procurar dar a cada uno lo que le corresponde”. Aquellas palabras nunca me abandonaron. En 2005, en el Museo de Antropología de México, quien dijo ser “un académico de la UNAM (Universidad Autónoma)” que allí se encontraba, explicó que para los mayas, la idea de justicia se vinculaba estrechamente con las conductas individuales y la ética de aquel pueblo originario. En ese contexto, sugirió que lo justo [Tah tohol] “es ocupar el lugar que cada uno y cada cosa tienen que ocupar”. Si ese orden se respeta, “existe tohil [lo que en español se menciona como justicia]” y “es necesario seguir el sendero que nos hace justos”. Dar a cada quién lo suyo –lo que le corresponde en relación con las y los otros- es un pilar social. Y una preocupación constante. “Dios ordena ser equitativo, benevolente y ayudar a los parientes cercanos. Y prohíbe la obscenidad, lo censurable y la opresión”, dice el Muhammad. [Corán 16:90]. La justicia, es una constante en todas las culturas. En la Enciclopedia Judaica, el rabino Steven S. Schwarzschild contrasta el enfoque judío de la justicia con las definiciones occidentales dominantes, que son principalmente retributivas o distributivas, es decir, sistemas de cómo hacer las cosas. En contraste, la justicia judía es una visión sustantiva de lo que debería ser la vida humana. “La visión sustantiva de la justicia se refiere a la mejora total de la vida humana y, sobre todo, la vida social”, escribió Schwarzschild. “Por lo tanto, inunda todas las relaciones humanas e instituciones sociales”. El académico Luis Carranza Torres, afirma que “San Agustín, a veces nombrado como ‘Doctor de la Gracia’, sostenía que “donde no hay verdadera justicia no puede haber un pueblo”. El monoteísmo nunca deja de pensar y abogar por la justicia. Pese a ello, claramente parece que algo no se entiende en nuestra región cuando se trata de justicia. Lo justo pareciera ser solo aquello que se alinea con los deseos de quienes reclaman. Honestos o deshonestos. Y lo que viene parece ser, al menos, preocupante. Los algoritmos ya se filtran en las administraciones de justicia.

JUSTICIA VIRTUAL

Los ciberjueces –apoyados en la IA [Inteligencia Artificial]- avanzan en algunos países. Justicia científica. Justicia virtual o como quieran llamarla. La República Popular China, en 2019, presentó el Tribunal de Internet de Beijing para resolver disputas sencillas. En la etapa experimental operará como una especie de apoyo para los magistrados y magistradas humanas. Algunos amigos y amigas a los que prefiero no mencionar, en Beijing –un año antes de la presentación formal del tribunal virtual- me comentaron que los casos que lleguen hasta ese juzgado, serán atendidos por una jueza animada, con claros rasgos de mujer, que se comportará como humana, pero apoyada en la IA. ¿Será justicia?

La jueza virtual del Tribunal de Internet de Beijing. ¿Será justicia?
Enrique Santos Discépolo, la voz tanguera de la injusticia.

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