Por Arturo Peña arturo.pena@gruponacion.com.py - Fotos: Nadia Monges

Tras cinco meses de ardua tarea, la antigua estación del ferrocarril de la ciudad de Pirayú -única en su tipo en el país, con sus dos torres laterales- fue totalmente restaurada respetando su estructura original. Como parte del proyecto de puesta en valor se montó en su interior un museo que busca reflejar la historia y la forma de vida de esta comunidad ubicada a pocos kilómetros de Asunción, en el departamento de Paraguarí.

“Como estaba anunciado, el jueves se inauguró la línea férrea que acababa de construirse, desde la estación Guazú Virá hasta la capilla de Pirayú, distante tres leguas de esta y 14 de la capital. Partieron los primeros trenes hasta aquel punto a las dos de la tarde. Estos pasos prueban bien el alto grado de prosperidad a que el Gobierno lleva al pueblo paraguayo”. La crónica del Semanario de 1864 -rescatada por el historiador David Velázquez Seiferheld-, hace referencia al momento histórico en que el ferrocarril arribaba a la ciudad de Pirayú, desde Ypacaraí (enconces Guazú Virá). El tramo entre ambas localidades se había inaugurado el 26 de mayo de ese año. A partir de entonces, el tren formó parte importante en la historia de la ciudad paraguariense, ubicada a unos 50 kilómetros de Asunción.

Según fuentes históricas, la construcción de la estación de tren de Pirayú se inició en los primeros meses de es año de 1864, con la dirección de obras del arquitecto inglés Alonso Taylor y colaboración de Benigno Abesada. Otro dato señala que Elizardo Aquino también tuvo participación en los trabajos; militar y experto constructor, años más tarde Aquino llegaría al rango de general del Ejército paraguayo y tendría destacada participación en la Guerra de la Triple Alianza.

Un aspecto que difiere arquitectónicamente con las otras estaciones de la histórica linea del Ferrocarril Carlos Antonio López, es que la de Pirayú se construyó con dos torres en ambos costados del edificio. Estas tuvieron una función relevante como sitios de vigía durante la guerra, ya que se observa desde allí todo el horizonte hasta los alrededores del campamento de Cerro León, instalado en las cercanías.

La estación de Pirayú fue testigo de varios acontecimientos importantes de nuestra historia. Hasta allí llegaron las tropas brasileñas en su avance sobre nuestro territorio y desde saldrían para Asunción. Ya en tiempos de paz, los canastos llenos de “chipa Pirayú”, para deleitar a los capitalinos. Sin embargo, con la muerte del tren, el destino de la estación, como el de la mayoría de los edificios de la red ferroviaria, fue el olvido.

Tuvieron que pasar muchos años para que la misma finalmente hoy reviva. Un arduo y encomiable trabajo de restauración del monumento y de montaje de un museo en su interior llegaron a feliz término recientemente. La recuperación de este emblemático edificio se dio mediante una licitación pública de obras lanzada por el Ministerio de Obras Públicas, adjudicada al Consorcio ICATEC (ICASA - CAEM – Tecnicom)

La arquitecta Bettina Bray, máster en restauración arquitectónica, dirigió los trabajos de recuperación de la edificación, mientras que el proyecto de museología y museografía, así como su montaje, fue elaborado por el también reconocido arquitecto Osvaldo Salerno.

EN ETAPAS

“Con respecto a la restauración, se hicieron las tres etapas correspondientes que son el protocolo de intervención, el desarrollo del proyecto de restauración y la intervención propiamente dicha. En la etapa previa del protocolo de intervención se hizo un diagnóstico del edificio y ahí se realizó el estudio de la patología del mismo. Se lo estudio como a un enfermo y se vio en qué estado se encontraba. Los cimientos, por ejemplo, presentaban rajaduras que había que investigar su origen”, explica la arquitecta Bray.

Este primer balance arrojó que el edificio no presentaba grandes problemas estructurales, pero si se observaban muros con grietas, capas de pintura desprendidas, mucha humedad en las paredes, parte del techo dañado “y muchos remiendos de revoques que denotaban que se hicieron a través del tiempo varias modificaciones. Había muchos tipos de revoque duro, con cemento, que no es compatible con la estructura original, ya que entonces no se utilizaba este material”.

Parte del techo de la estación estaba dañado por la acción de las termitas, lo que llevó a reemplazar algunas piezas de maderamen, pero en su mayor parte, toda la estructura del techo que poseía al momento de la intervención sigue siendo la misma. Todo la madera fue removida, así como las tejas, fueron limpiadas de forma manual y minuciosamente con químicos especiales dirigidos a atenuar las huellas del tiempo.

“Se notaba que había muchas aberturas, muchos vanos (huecos en los muros, que pueden ser puertas o ventanas) que fueron clausurados o cubiertos por alguna razón. Las diferencias entre los espesores de los muros denotaban dónde se habían levantado estas paredes que no eran las iniciales”, explica Bray. En algunos casos, estos vanos fueron reabiertos, recuperando así el espacio original del edificio. “Es lo que suele pasar en una restauración arquitectónica, se van haciendo descubrimientos que solo al trabajar en la obra uno va encontrando. También vas encontrando problemas que hay que buscar solucionar sin dañar el patrimonio”, agregó.

IMAGEN ORIGINAL

Es difícil decir en qué porcentaje el monumento sigue siendo “original”, entendiéndose esto como construcción inicial. Sin embargo, en los trabajos se pudo llegar a algunas precisiones mediante prospecciones. Un ejemplo fue el “descubrimiento” de los muros del cimiento original, que estaban totalmente cubiertos de un revoque hecho posteriormente. La arquitecta Bray explica que varias muestras de los materiales encontrados fueron llevados incluso a los laboratorios del Instituto Nacional de Tecnología y Normalización para su análisis, de manera a definir sus componentes y poder reproducir las técnicas utilizadas. “En un área del edificio usamos arena de un arroyo de la zona, que era el insumo original”, acota Bray.

Otro de los importantes hallazgos se dio a partir de un proceso de estratigrafía pictórica, que consiste en leer la historia del edificio en sus paredes, a través de las capas de pintura y otras coberturas que se fueron superponiendo. Mediante un minucioso y delicado proceso se van quitando las capas hasta llegar a la que sería la original del edificio. El color en que ha sido pintada actualmente la estación responde a ese proceso. “En algunos sitios llegamos a encontrar hasta diez capas de pintura superpuestas, hasta que descubrimos el primer color, que era una especie de salmón. Imitamos el tono para la restauración realizando antes varias pruebas, usando pintura a la cal, que era la pintura de la época”, añade la restauradora.

En todas las piezas del edificio encontraron pisos de alisada de cemento. Como parte de la prospección se hicieron perforaciones en algunas secciones, encontrando para sorpresa de todos el piso original de la estación, que era de ladrillos ubicados en diferentes posiciones, incluso de canto. “Por el nivel de conservación que muestran creemos que el piso original está en buenas condiciones, pero solo se dejó a la vista en algunas partes”, acotó la arquitecta.

Hay varios aspectos muy llamativos del edificio que se fueron descubriendo durante el trabajo de restauración. Uno de ellos es una puerta con un llamativo marco de madera que termina en punta. Este pintoresco detalle estaba cubierto bajo una capa de revoque y fue descubierto casi por casualidad por el jefe de obra. “Dejamos a la vista este hallazgo para que pueda ser observado por los visitantes, ya que era una técnica muy original”, dice Bray. También descubrieron una canaleta embutida en las paredes, hecha de plomo, que desciende del techo, lo cual hace especular que incluso la primera fachada difería de la actual.

Bray explicó además que el 90% de la gente que trabajó en la restauración es de la ciudad. “Es una forma de involucrar a la comunidad y a la vez dejar gente capacitada que pueda ir aportando en la conservación de este y otros edificios patrimoniales”, agregó.

EQUILIBRIO

Un recorrido por la estación de Pirayú es un fascinante tour histórico que revela no solo el derrotero de la ciudad sino también las memorias de esa vena de hierro fundamental para el país que fue la linea del Ferrocarril Carlos Antonio López. El museo-estación está ahora en espera de una fecha para su habilitación al público, que esperemos sea pronto. En estos momentos se encuentra rodeada de un vallado de metal que desluce enormemente el resultado obtenido en el patrimonio. El tema de la seguridad también es motivo de debate y una de las sugerencias es colocar un cercado en torno al edificio. Frente a la estación descansa una antigua locomotora, esperando quizás el momento de surcar nuevamente los rieles.

El costo del trabajo de restauración y montaje del museo representó una inversión de 1.359.338.682 guaraníes, según los datos que ofrece el MOPC. Hacer un comparativo con lo que se gastó en la famosa “Pasarela de oro” -unos 2 millones de dólares- lleva a la más que evidente conclusión de que se puede invertir mejor el dinero de las obras públicas y obtener resultados mucho más relevantes y satisfactorios. Este trabajo además deja una suerte de “manual de obra” replicable en otras estaciones y edificios antiguos. Imaginar una linea de ferrocarril nuevamente activa en el país y que las estaciones sean patrimonio restaurado es apuntar directo a ese equilibro que una nación debe tener entre su pasado, su presente y su futuro.

HISTORIA VIVA

Una parte de la historia viva de la ciudad y de estación es don Luis Giménez, quien está como cuidador del antiguo edificio. Él recuerda nítidamente sus correrías de pequeño en los alrededores de la estación, donde su papá desempeñaba tareas como obrero ferroviario, allá por los años 50. “Yo solía estar todo el día por acá recorriendo. Mucha gente se juntaba acá todos los días a esperar el tren”, señala el funcionario municipal.

También rememora, cual si fuera ayer, cuando iba con su madre con los canastos cargados de chipa rumbo a Asunción para vender el manjar. “Temprano ya nos íbamos y con la plata que juntábamos mi mamá me compraba para mis zapatos y esas cosas”, recuerda.

Pero un día el silbato del tren llegando se dejó de escuchar. Fue un momento de tristeza para la ciudad y también para Luis, que sintió los efectos directos en su propia familia.

Tras muchos años, algo de aquella añeja alegría parece volver al rostro de este hombre, con la recuperación del edificio de la estación. Sentado al frente de la añeja locomota, mientras cuenta su historia, mira de tanto en tanto el horizonte como esperando ver esa antigua humareda aproximarse a lo lejos.

Don Luis Giménez, cuidador de la estación.
La arquitecta Bettina Bray, máster en restauración.


LA MEMORIA DE LA CIUDAD

Una fotografía antigua muestra a soldados del ejército brasileño formados frente a la estación de Pirayú. La gráfica corresponde a la ocupación de la ciudad por parte de las tropas aliadas, en mayo de 1869. Una reproducción de esta foto -que ofreció importantes datos históricos para el proyecto de restauración- forma parte del acervo del museo montado actualmente en el edificio. La museografía del mismo estuvo a cargo del arquitecto Osvaldo Salerno y el trabajo de investigación histórica, cuyos datos se ofrecen en la cartelería del museo, estuvo a cargo del historiador David Velázquez Seiferheld.

El museo rescata no solo esa parte de la historia de la estación relacionada a las guerras, sino que se remonta también a los orígenes de la población, a sus figuras representativas,

Varias tomas fotográficas del fotógrafo Fernando Allen le dan otro toque llamativo al museo y cumplen con el objea las actividades que marcaron la vida de esta localidad. tivo de resumir el espíritu de Pirayú en ese espacio.

Se suma una colección de objetos antiguos que eran del acervo de la estación, como balanzas, muebles, herramientas y otros, además de objetos varios de diferentes épocas donados por ciudadanos pirayuenses.

No podían faltar las muestras de tejidos tradicionales que se fabrican en la zona así como referencias a la gastronomía, donde la chipa Pirayú tiene la categoría de sello distintivo.

El museo ocupa una de las alas del edificio, mientras que en la otra se piensa montar una oficina de turismo con un salón multiuso habilitado a la comunidad.

Antigua foto que muestra a las tropas brasileñas reunidas frente a la estación.


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