Por Toni Roberto, tonirobertogodoy@gmail.com

Este domingo Toni Roberto evoca al populoso Barrio Obrero a partir de las “Leyendas” escritas sobre el legendario club Cerro Porteño.

UN PREÁMBULO CAMINO A “LEYENDAS DEL CLUB CERRO PORTEÑO”

Hoy decidí “peregrinar” en el silencio de la siesta de un día cualquiera de enero del 2021 en plena pandemia al legendario Barrio Obrero. El sol pega fuerte, yo tratando de captar sus rincones. El camino, atravesar las primeras proyectadas de Asunción, enfilando al sur de la ciudad hacia la Avenida Quinta y sus calles perpendiculares que llevan al “infinito sur” de la ciudad, un “sueño urbanístico” de los primeros años 30 del legendario intendente Guggiari.

Sus calles “cuadriculadas milimétricamente” hasta “encontrarme con el encuentro” de anchas y arboladas avenidas que hacen música en el paisaje, mientras camino, recuerdo que estoy en el “barrio de los clubes”, ahí al este de sus límites están Atlántida, Sol de América, Nacional y Cerro Porteño, en el centro el Fomento y en sus periferias el Cnel. Escurra y el Pdte. Hayes, una especie de “supermercado de los clubes”, tal vez esta sea una de las principales características de esta marcada “sureña identidad asuncena”.

“LEYENDAS” DEL CLUB CERRO PORTEÑO

Siempre hay un motivo que me lleva a algún punto de la ciudad y en este caso es de nuevo un libro, titulado “Leyendas”, un proyecto de la Fundación Cerro Porteño, con coloridas ilustraciones de Roberto Goiriz, e historias contadas de manera amena por Mario Rubén Álvarez. Más allá de lo futbolístico el trabajo de rescate de esta historia tiene un sentido transversal, si bien es la memoria del club en ocho capítulos, se trata también de los momentos históricos en los que se desarrollan, siendo lo cultural un punto importante.

El Club Cerro Porteño, cuyo nombre deviene de la victoriosa batalla librada en 1811 contra la invasión porteña que hizo surgir lo mejor del espíritu nacional, que nace en 1912 en una época de turbulencias políticas paraguayas, de enfrentamientos, tiene uno de sus momentos más llamativos con la creación de su bandera por doña Susy Núñez: “La elección de los colores que constituirían la identidad del club a lo largo del tiempo fue una tarea difícil y complicada. Los participantes del debate no lograban llegar a un acuerdo y las discusiones carecían del fruto esperado. Esa circunstancia hizo que interviniera una madre que propuso que la camiseta –y la bandera por lo tanto– fueran los colores de los dos partidos tradicionales del Paraguay permanentemente enfrentados”, escribe Mario Rubén Álvarez. Así nacen los colores del club, de la unión de las banderas de los partidos Liberal y Colorado, como un acto de concordia nacional.

“En su recorrido por distintos puntos de la ciudad el club Cerro Porteño desde su creación estuvo primero y hasta 1914 en la zona de la capilla San Juan, en las cercanías de la avenida Perú (antiguamente denominada Salinares) y España, luego pasó a la Quinta Escobar hasta 1924, año que se muda a lo que hoy es la iglesia del Perpetuo de Socorro hasta 1934 pasando luego al estadio Adriano Irala y desde 1970 al estadio Pablo Rojas”, nos cuenta Víctor González Acosta, presidente de la fundación.

NUEVOS PAISAJES EN LOS RELATOS DE VIEJAS HISTORIAS

La manera de contar la historia es un elemento clave para que los jóvenes se interesen en la memoria de sus barrios, de la ciudad en que viven. Es esa nueva manera de relatar, más amena y con tan buenas ilustraciones de Goiriz, que me llevan a recordar también a los antiguos vecinos que conocí en este populoso Barrio Obrero, entre ellos al gran pintor y dibujante don Luis Toranzos que vivía en el límite norte de este barrio; a la pianista y profesora de música Margarita Dolsa en la zona del viejo hospital de Barrio Obrero; o al Dr. Vallese, conocido veterinario de la Avenida Quinta; o a Elida Miquel, una de las primeras odontólogas de Asunción que habitara hacia el límite este del barrio; o a la Dra. Olinda Massare, sólo por recordar a algunos de sus antiguos habitantes.

La variopinta arquitectura barrial nos habla también de la convivencia en las diferencias, desde aquellas viejas casas de ladrillos vistos que se hicieron en la época del intendente Guggiari, una de ellas la de la familia Rusconi u otra de grandes corredores como la de los Moreschi sobre la poética “Avenida Yegros”, pasando por “eclécticas edificaciones” o en otros casos “transformadas arquitecturas” a través de las décadas, que hacen la identidad barrial de este populoso barrio asunceno.

OSVALDO DOMÍNGUEZ SOBRE ABRAHAM ZAPAG

Hace apenas un mes falleció el Dr. Abraham Zapag Bazás, ex presidente de Cerro Porteño, y el olimpista Osvaldo Domínguez Dibb le dedicó unas palabras que nos enseñan que más allá de la confrontación deportiva está la amistad, el respeto y la confraternidad entre paraguayos, de ellas rescato algunos detalles:

“En la cancha y por 90 minutos éramos adversarios enconados, pero siempre leales. Fuera de la cancha ‘Ito’ y yo éramos grandes amigos, de aquellos que se tienen respeto y admiración mutua”.

Sigue diciendo Domínguez Dibb: “Nuestros padres cruzaron medio mundo, procedentes de Siria, para buscar un futuro para sus hijos y su descendencia. Los dos crecimos en un ambiente de trabajo, de familia, donde no tenían cabida ni la haraganería ni las distracciones inútiles. Aquellos laboriosos inmigrantes árabes apenas se permitían descansos y tanto ‘Ito’ como yo honramos ese legado de esfuerzo y dedicación a lo largo de nuestras vidas”.

PALABRAS QUE EVOCAN RECUERDOS DE OÍDOS

Estas palabras del ex presidente del Olimpia sobre lo que fuera la convivencia armoniosa en la diferencia de “adversarios futbolísticos” me llevó a recordar una historia contada de oídos por mi madre y sus hermanos sobre el “Comité Olimpista en Barrio Obrero”, un testimonio de tolerancia en la diferencia de vecinos, que quedaba a principios de los años 60 en la calle 14 de Mayo y Cuarta Proyectada, ahí en la zona de los límites entre los barrios Tacumbú, Obrero y General Díaz, del cual mi abuelo era miembro junto con otros habitantes de sus alrededores como el Gral. Juan A. Cáceres.

Siguiendo este pensamiento hoy podemos decir que más allá del futbol, más allá de las diferencias en Barrio Obrero está antes que nada la práctica de la convivencia barrial entre todos sus habitantes para hacer mejores ciudadanos y construir la memoria colectiva en paz, siguiendo la histórica propuesta de doña Susy de Núñez hace más de 100 años, de unir los colores de adversarios políticos y que hoy me inspira escribir “Un viaje al sur de las proyectadas asuncenas” en estos “Cuadernos de barrio”.



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