Este primer domingo del 2021 Toni Roberto nos transporta en estos sus cuadernos unos segundos al 2020 para recordar momentos de un tiempo de pandemia que empezó allá en los primeros días de marzo. Un año difícil que se convierte en positivo cuando nos refugiamos por un momento en el pasado, buscando una esperanza en este 2021 que se inicia.

Por Toni Roberto

tonirobertogodoy@gmail.com

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Caminar por nues­tros propios recuer­dos escritos es un viaje “al pasado del pasado” de nuestras propias emo­ciones. Ya sea desde el inte­rior de alguna vieja casona o desde la “terraza de los recuerdos”. Los últimos 12 meses ya son parte del archivo de nuestra propia memoria, en emociones concatenadas como en el “reel” de una película de alegrías y tristezas.

Confieso que mientras escribía estas líneas me entero de la partida del gran Manzanero, lo que me llevó a recordar los soni­dos lejanos de alguna fiesta bailable de mi viejo barrio o a las músicas que sonaban en mi “persiana de niño” llegadas desde el legenda­rio Hermitage de la calle 15 de Agosto, soñando aque­llos tiempos de boleros que tal vez ya no volverán.

“La casa de Rosita”, Asunción.

Es este paseo por el pasado reciente fue emocionante tejer recuerdos con mi compañera de estas mis­mas páginas Bea Bosio, un diálogo en la encantadora placita Walt Disney, donde ambos nos hicimos pregun­tas con escuetas respuestas, convirtiéndose ello en una especie de terapia psicoa­nalítica al aire libre.

Una atípica entrevista mutua en una fría siesta de julio en plena pandemia, el para­lelo entre ambos fue en todo momento las vivencias de la infancia que nos llevan consciente o inconsciente­mente a volcar esos recuer­dos en un encuentro en lo que dimos en llamar “cua­dernos del alma” surgido desde sus “Crónicas del Alma” y estos “Cuadernos de barrio”, recuerdos extra­viados de abuelos, vecinos, el despensero o el zapatero del barrio, ese lugar donde depositamos domingo a domingo nuestras emocio­nes para compartir con cada uno de los lectores.

La familia Barudi. Asunción c. 1961.

RECUERDOS DE UN CASTILLO ENCANTADO

El recorrido siguió su rumbo, pasando por una vieja casona de 1920 a la que popularmente se la llama Castillo Norrone, un lugar donde muchos transeúntes se imaginan a algún duende encantado en el espesor de esa arboleda que aporta misterio y silen­cio a la ruidosa esquina de Félix Bogado y Rodríguez de Francia, de su historia hay poca información pero pudimos acceder imagina­riamente a partir de viejas fotos familiares de sus anti­guos inquilinos, los Solano López Campos, una fami­lia que vivió en ella entre 1963 y 1968 en el amplio pri­mer piso de la “mansión”. “Los inquilinos del casti­llo encantado asunceno” La Nación, 28/06/20.

La familia Solano López - Campos, Asunción.

LA CASA DE ROSITA

Cada casa, cada rin­cón, cada patio tiene un recuerdo que contar en la casa de Rosita Romero Luces, una antigua dama asuncena que viviera en lo que fuera un hermoso anti­guo mirador sobre la calle Oliva, convertido luego en su residencia donde habi­taría hasta el final de sus días en el 2019. Ella fue tal vez la última vecina anti­gua del centro de la Asun­ción, de la cual tuve el pri­vilegio de ser amigo y a cuya historia pude acce­der de primera mano. Hoy, de cierta forma, ella revive de la mano de su inquilino Félix Toranzos quien cuida celosamente cada rincón de su glorioso pasado. “La Casa de Rosita” (primera parte), La Nación 13/09/20.

La familia Vera, Asunción.

FOTOGRAFÍAS QUE HABLAN

Las antiguas fotos fami­liares son una constante en el camino de este reco­rrido por el pasado para entender pequeñas his­torias asuncenas a partir de “multitudinarias” ins­tantáneas como la de los Sequera Netto, a la que pudimos acceder gracias a la memoria de José Enri­que Sequera, quien man­tiene vivos sus recuerdos. “Aurora Netto de Sequera Arte y belleza en moda”. La Nación, 08/11/20.

Los rescates fotográficos familiares de José Luis Ardissone, o las imágenes de la “tradición encen­dida” por Teresa Pozzoli de sus antepasados de Loma Tarumá, o las del fotógrafo y bioquímico Manuel Ven­tre que registró lugares poco conocidos de la anti­gua Asunción a partir de las tomas realizadas a su amada Muñeca Guggiari. “Recuerdos de Muñeca”. La Nación 12/07/20.

El matrimonio Keppler Enciso y familia. Loma Tarumá, Asunción.

UN BELLO CLUB SIN LOCAL PROPIO

¿Qué sería del pasado si no fuera por los hermosos recuerdos de aquellos ami­gos que ya no están y otros que quedan para celebrar la memoria?, es lo primero que pensé al entrevistarle a “Petota” Solano López en su chalet de la zona de Los Laureles, sobre sus recuer­dos del antiguo “Charming Club” del viejo barrio Vista Alegre, un club sin local propio pero con muchas vivencias en un enclave que hoy es denominado oficial­mente barrio Pettirossi. El final de esa entrevista me produjo un nudo en la gar­ganta cuando después de un largo silencio me dijo: “Cómo quiero que vuelvan los amigos, pero así es la ley de la vida, muchos ya se fue­ron pero se quedarán para siempre en mis recuer­dos”. “El Charming Club del viejo barrio Vista Ale­gre”. La Nación, 02/08/20.

“El Charming Club”. Asunción c. 1960.

LAS MEMORIAS DE LA ARQUITECTURA DEL DEFENSORES DEL CHACO

Confieso que en ese reco­rrido me fue muy fácil reen­contrarme en el barrio Sajonia con el viejo Esta­dio Defensores del Chaco, que conocí desde muy chico, recorriendo en los años 80 sus alrededores con queridos compañeros del Cristo Rey, pero que a los recuerdos arquitectó­nicos del mismo –denomi­nado antiguamente Esta­dio de Puerto Sajonia de la Liga Paraguaya de Fútbol– pude acceder de primera mano de uno de sus prota­gonistas, el ingeniero Luis Fernando Meyer, quien en 1964 junto a los arquitectos Goldenberg, Perelló, Solís, Soler y Galeano ganaran el concurso de diseño y direc­ción de obras de lo que sería esa gran mole de cemento transformada en “poesía de la arquitectura para­guaya”. “Recuerdos de los alrededores del Defenso­res”. La Nación, setiembre del 2020.

Muñeca Ventre (sentada en primer plano). Foto: Manuel Ventre. Asunción c. 1949.

Definitivamente un año difícil se convierte en positivo cuando nos refu­giamos por un momento en el pasado, buscando las fuerzas para afrontar el incierto futuro de este año que empieza, mien­tras sigo escuchando “No sé tú” de Armando Man­zanero, en estos primeros días del 2021 con la espe­ranza de un mundo mejor para todos.

*Agradezco al equipo de La Nación y en espe­cial a Marycruz Najle que domingo a domingo desde hace casi dos años cuida celosamente cada detalle de estas publica­ciones.


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