Por Toni Roberto, tonirobertogodoy@gmail.com

Este domingo Toni Roberto nos hace un paseo por pequeños recuerdos de navidades pasadas a partir de tres creadores de piezas navideñas paraguayas.

A veces estas fechas y sobre todo estos tiempos de pandemia, nos llevan a “recordar recuerdos” del alma, es así que al encontrarme con varios de ellos, como cuando uno se cruza imaginariamente en cualquier esquina de la ciudad –tal vez por la concurrida intersección de Estrella y Alberdi– con varios de sus creadores, en este caso con la escritora María Teresa Encina Marín de Miranda, el poeta José Luis Appleyard y la grabadora Edith Jiménez.

María Teresa, autora de varios villancicos, tiene uno en particular: “Torore de la Navidad” que es el que más me suena a los oídos. Pareciera estar oyendo a Jorge Garbett, José Antonio Galeano, Claudia Abente, “Pulgo” Barriocanal, Jorge Aponte y Ati Toche, con el legendario Grupo Sembrador que luego integraron también Gilda Heisecke y Julia Peroni, inmortalizar esta joya de la tradición paraguaya en el sonido de sus voces:

“Torore torore mi niño, torere de la Navidad,

María desea su niño que dulce felicidad

Torore torore mi niño, torore de la Navidad,

la madre guarda en su pecho misterios de soledad

Torore torore mi niño, torore de la Navidad,

dulce niño que te entregas por toda la humanidad”.

Sencillo pero memorable “Torore”, que en el dulce idioma guaraní significa “arrullar”, y me trae a la memoria un grabado denominado “Virgen con niño”, que fuera publicado como tarjeta de fin de año en 1971 por la gran artista Edith Jiménez. Se puede notar el lenguaje austero utilizado por ambas mujeres creadoras en estas dos obras, simbolizando en ambos casos la sencilla y maternal imagen de una madre paraguaya arrullando a su niño recién nacido en la Navidad.

UN RINCÓN NAVIDEÑO EN LAS PÁGINAS DE LA ANTIGUA REVISTA ALCOR

Al mismo tiempo abro una página de la antigua revista paraguaya Alcor, reeditada por Vidalia Sánchez, y me encuentro con una poesía de José Luis Appleyard titulada “Este diciembre”, que fuera publicada en enero de 1960 y que en empieza así:

Este diciembre

–tiempo de las uvas–

con la perenne amistad hasta mí vuelve

y abre la entraña absorta del recuerdo

y me llena de paz,

este diciembre.

En otra parte dice:

“Puedo aspirar el ciclo de sus días

luminosos y henchidos de cigarras

y encender el recuerdo ante el perfume

de la oración frutal del cocotero.

Porque ha sido un pedazo de diciembre

el que me trajo el hilo

con que tejí la trama del cariño

que guardo para siempre”.

¿Qué hubiera escrito José Luis Appleyard este diciembre?

Sigo recorriendo imaginariamente este año que ya se marcha y que tantos afectos llevó consigo, y a veces me resulta un remanso para el alma “arrullarme” en el recuerdo de algunas de estas creaciones navideñas, para transitar el Paraguay profundo, en este difícil diciembre del 2020.


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