POR OLGA DIOS, olgadios@ gmail.com

“Pensamientos fugaces que olvidamos enseguida. Excepto cuando todo se combina para generar algo definitivo e irrevocable”.

Ay, Sacheri, leerte es quererte. Llegaste a mi vida hace más de diez años cuando vi “El secreto de sus ojos”. Peliculaza. Después leí tu última novela, “Lo mucho que te amé”, y ay, bueno, ya escribí una columna sobre ella. Maravillosa. Todavía no vi la película que salió en el 2019 de “La Noche de la Usina”, bajo el título de “La Odisea de los Giles”, pero me muero de ganas. Qué manera de crear personajes entrañables.

La noche de año nuevo del año 2000, en O’Connor, un pueblito de la Provincia de Buenos Aires, un grupo de vecinos debaten el futuro del país. No se imaginan que en menos de un año el Presidente va a tener que escaparse en helicóptero de una situación económica que estalla y en una jornada de furia y represión deja más de veinte muertos. Se imaginan que la paridad cambiaria va a seguir, o quieren imaginarlo, aunque alguno es más previsor y avecina que “se viene la noche”, y algo hay que hacer. “El campo nunca va a dejar de trabajar”, aventura uno, y crean allí mismo una improvisada cooperativa agrícola para comprar la vieja usina de granos que ahora es solo un silo vacío. Varios. Que Fermín Perlassi-inmigrante español, futbolista estrella en su juventud, pero vuelto al pueblo porque es su lugar, su casa- imagina llenos de granos. Entre los ahorros de todos no llegan a la suma que piden los dueños, pero con tanto capital pueden pedir un crédito, no? Aquí es donde entra el villano de la historia, Fortunato Manzi, que, bajo la alerta del gerente del banco, prepara la treta. Manzi, como todos los “vivos”, sabe cosas que la mayoría de la gente no. Entre ellas, que en una semana cambian de ministro y se viene el famoso “corralito”. Les dan el préstamo de inmediato, con los trescientos mil dólares de garantía colateral, depositados en el banco. Al día siguiente se decreta la retención de fondos, no más de 200 dólares por semana. Perdón, de pesos. Y cada vez van a valer menos. Los amigos hacen el cálculo que les tomaría unos veinte años retirar todo el dinero.

Y ahí es donde “los viejitos giles”, se rebelan. Perlassi, su amigo Fontana, y los otros jubilados estafados: Lorgio, Beláunde y Medina, junto con lo que parece una cooperativa de la tercera edad, se despiertan de la bronca y le responden con la certeza del laburante, y la osadía del que ya no tiene nada que perder. Se convierten en una banda, casi un comando. Porque Manzi, no dejó el dinero dentro del banco, lo sacaron todo antes del Corralito (total quien se iba a enterar) y el se mandó construir una bóveda en el medio del campo. Donde? Ahí nomas, cerca del pueblo, en el centro mismo de un campo de pastoreo de ganado. Imposible que nadie se de cuenta. Pero alguien se da cuenta, y allí comienza el nuevo plan: recuperar la plata. Perlassi se inspira en una película de Audrey Hepburn- su amor de celuloide- para planear SU robo del siglo, y lo que sucede después, ya será parte de las leyendas de O’Connor, porque ninguno de los involucrados abrirá la boca: “Aunque junten a todos, aunque eslabonen con cuidado obsesivo todas sus palabras, sus recuerdos y sus sospechas, hay cosas que quedan sin saber, sin explicar y sin entender”.”Él disponía de las claves para contar esa historia. Y que si había que ponerle algún título podría ser… ‘La noche de la Usina’”. Yo, personalmente, me quedo con la sensación simple y satisfactoria de que, a veces, ganan los buenos.

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