POR Hamurabi Noufouri y Fernando Luis Martínez Nespral

Fotos: AFP Y WIKIPEDIA

El tiempo y los hechos demuestran que prohibir prácticas religiosas en espacios con semejante significado sacro más que solución es exclusión.

Conforme crece el desconocimiento o escamoteo de la historia propia y ajena, del arte y/o de las religiones, aumenta el peligro de que el uso de los credos como arma política se convierta en pandemia mundial agregada a la que ya padecemos.

A 25 años de la masacre de bosnios musulmanes en Srebrenica, el mayor genocidio perpetrado en Europa desde la Segunda Guerra Mundial, no parece casual que el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, anunciara su voluntad de ejecutar el dictamen judicial que permite que la Basílica de Santa Sofía deje de ser museo para volver a ser utilizada como mezquita.

Construida en el siglo VI como iglesia cristiana en 1453, contraviniendo prescripciones coránicas y tradiciones islámicas, fue convertida en mezquita por los otomanos conquistadores de la entonces Constantinopla y finalmente, hace casi cien años, Mustafá Kemal Atatürk le dio la función de museo que ahora pierde.

FANATISMOS

Los tergiversadores seriales del pasado que solo lo presentan en clave de enfrentamiento, según la división internacional de la Civilización y la Barbarie del siglo XIX, suelen poner de ejemplo igual y contrario a la Mezquita de Córdoba, construida en el siglo VIII y convertida en catedral por los conquistadores castellanos del siglo XIII. Omitiendo que la modificación principal fue realizada sin acuerdo del emperador Carlos V, quien sentó un precedente ejemplar al reprobarla diciendo: “Han destruido lo que era único en el mundo y puesto en su lugar lo que se puede ver en todas partes”.

Actitud que evidencia lo retrógrado de quienes, como la autoridad eclesiástica de Córdoba y el líder de VOX, Santiago Abascal, se niegan a ver al edificio como “Mezquita-Catedral”, afirmando que es la “Catedral” de Córdoba, a secas.

Sí hay simetría entre el caso turco y el andaluz en el inevitable atraso al que nos condena ese fanatismo, cuya nacionalización de personas y edificios por racismo religioso impide que habitemos la diversidad e interculturalidad de la historia que hoy nos constituye como especie.

Sí nos hacen habitarla patrimonios de la humanidad como Santa Sofía, la Mezquita-Catedral de Córdoba y tantos otros, que el devenir convirtió en inigualables palimpsestos que cautivan como versión arquitectónica del diálogo intercultural e interreligioso de sus identidades múltiples.

LA SUMA DE LAS INFLUENCIAS

Anticuerpos edilicios contra esos fanatismos que confirman aquello que Juan Goytisolo dijera al disertar en 1996 en nuestra cátedra de Arte Islámico y Mudéjar de la FADU UBA: “toda cultura es la suma total de las influencias que ha recibido”, por lo que es tan empobrecedor e ignominioso para todos que esté prohibido solo para musulmanes orar en ambos espacios como tapar los mosaicos figurativos de Santa Sofia o las cruces de la Catedral andaluza para que así lo hicieran.

El tiempo y los hechos demuestran que prohibir prácticas religiosas en espacios con semejante significado sacro más que solución es exclusión que propicia el retorno de lo reprimido por vías y caminos indeseables. Más eficaz sería convertirlos en bienes públicos que alberguen usos culturales y prácticas religiosas de los diversos credos a ellos vinculados.

Pretender olvidar el pasado es un error que se paga con el futuro, así lo expresa la elocuencia arquitectónica del diálogo interreligioso de la mezquita de las dos quiblas de Medina, en la que el Corán cambió para siempre la orientación del rezo de los musulmanes para evitar conflicto con judíos y cristianos, el mausoleo de San Juan Bautista que la sala de oración de la mezquita aljama de Damasco acoge sin conflicto o el Domo de la Roca de Jersusalén que conmemora el rezo conjunto de Muhamad con Abraham, Moisés y Jesús en la explanada del Templo de Salomón. Soluciones que hoy habitan más en nuestro futuro que en nuestro pasado.

(*) Hamurabi Noufouri y Fernando Luis Martínez Nespral son profesores del Doctorado en Diversidad Cultural UNTREF y de Arte Islámico y Mudéjar FADU-UBA

HAMURABI NOUFOURI

Doctor en Historia del Arte y Bellas Artes por la Universidad de Salamanca (España)

Arquitecto por la UBA.

Premio Extraordinario en Artes y Humanidades de la Universidad de Salamanca.

Profesor Titular de Arte Islámico y Mudéjar de la FADU-UBA desde 1989 a la fecha.

Director del Instituto, el Doctorado y la Cátedra Unesco en Diversidad Cultural, UNTREF

Ha publicado más de una decena de libros y más de 50 artículos científicos sobre historia y crítica de la arquitectura y el diseño y sobre temas árabes, islámicos, interculturales e inmigratorios.

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