Por Juan Carlos dos Santos Periodista y analista de datos

Fotos: Carlos Juri – Gentileza

El domingo 11 de octubre de 1936, a las 10:00, ingresaban a la Bahía de Asunción el cañonero Humaitá, escoltado por el aviso de guerra, capitán Cabral y ante la formación de los demás navíos de la Armada Nacional, quienes fueron saludados por una salva de 21 disparos de cañón.

Procedente de la ciudad de Concepción, a bordo del Humaitá se encontraban los restos del mariscal Francisco Solano López y el del “Soldado desconocido”, un combatiente que luchó y murió en la batalla de Boquerón durante la Guerra del Chaco. El presidente provisional de la República, coronel Rafael Franco, los acompañaba.

En el muelle del Puerto de Asunción aguardaban los ministros, jefes y oficiales de las Fuerzas Armadas de la Nación, más cientos de estudiantes y miles de personas, quienes permanecieron desde la plazoleta ubicada frente al puerto, hoy llamado Isabel la Católica, hasta el Palacio de Gobierno, sobre la entonces avenida Buenos Aires, hoy El Paraguayo Independiente.

Un imponente silencio hizo la multitud en señal de respeto, silencio que solo fue quebrado por el toque de clarín de un soldado del regimiento Valois Rivarola, cuando los restos fueron colocados sobre una cureña de cañón, para ser transportados por diez soldados y escoltados por tropas y el público que caminaba detrás, recordando a la dolorosa peregrinación hasta Cerro Corá en 1870.

VETERANOS DEL 70

Los restos del mariscal López y del Soldado desconocido fueron trasladados hasta una capilla ardiente montada en el salón de actos del Palacio de López, donde el pueblo en general desfiló ante los féretros de ambos héroes, hasta bien entrada la noche del domingo.

La última guardia de honor fue realizada por los pocos veteranos excombatientes del 70, que aún sobrevivían, algunos de ellos vistiendo el uniforme verde olivo, con largas y blancas barbas, caminaron junto a su líder desde el Palacio de Gobierno hasta el recién concluido el Panteón Nacional de los Héroes y oratorio de la Virgen de la Asunción.

LA CONSTRUCCIÓN

El edificio que comenzó a construirse en octubre de 1863, por el entonces presidente de la República, Francisco Solano López, como oratorio de la Virgen de la Asunción, cuyo diseño fue encomendado al arquitecto italiano Alejandro Ravizza e iniciado por el constructor Giácomo Colombino.

El avance de la obra se detuvo a consecuencia de la Guerra contra la Triple Alianza (1864-1870), por espacio de aproximadamente 70 años, pero fue reiniciada en 1934, por orden del entonces mandatario Eusebio Ayala, quien dispuso vía decreto presidencial que sirva como Panteón Nacional de los Héroes y, a pedido de las autoridades eclesiásticas, el edificio mantuvo además su propósito original, el de oratorio de la Virgen de la Asunción.

LA INAUGURACIÓN

A las 7:00 del 12 de octubre de 1936, hace exactamente 84 años, la población asuncena y de las ciudades vecinas comenzó a llegar al centro de la capital. Todas las unidades del transporte público llegaban atiborradas de pasajeros, procedentes de varios rincones, mientras que los edificios públicos y casas particulares de la ciudad amanecieron portando la bandera tricolor.

La calle Palma, desde la Plaza Uruguaya hasta proximidades del Puerto de Asunción, era una sola masa compacta de seres humanos, quienes llegaban a rendir homenaje al héroe del 70 y al Soldado desconocido, muerto en Boquerón.

A las 9:00 de un hermoso día, despejado y con una temperatura agradable, un largo toque del clarín anunció la salida del Palacio de Gobierno de las urnas conteniendo los restos de ambos héroes, con rumbo al nuevo Panteón Nacional de los Héroes y oratorio de la Virgen de la Asunción, acompañados por el coronel Rafael Franco, y por niños de las escuelas primarias de Asunción y ciudades vecinas, que iban formando el cordón de honor.

A las 9:30 fue inaugurado el Panteón Nacional de los Héroes y oratorio de la Virgen de la Asunción, con sendos discursos de representantes de los diferentes poderes del Estado y de las Fuerzas Armadas, así como de los estudiantes, los excombatientes y los trabajadores, todos estos actos protocolares duraron una hora exactamente, para luego proceder del desfile de las diferentes fuerzas militares, de estudiantes y de los excombatientes de la Guerra del Chaco sobre la calle Palma.

EL GRAN DESFILE

El gran desfile fue iniciado por los cadetes de la Escuela Militar, hoy Colegio Militar Francisco Solano López, quienes fueron recibidos con estruendos aplausos por la multitud y mientras una escuadrilla de la Aviación Nacional, hoy Fuerza Aérea Paraguaya, sobrevolaba el desfile dando espectacularidad al acto patriótico. Un total de once mil excombatientes de la recientemente concluida Guerra del Chaco (1932-1935) también participaron del memorable festejo.

Ante una multitud aproximada de 80 mil personas, quienes llegaron para acompañar al mariscal López en su último viaje, culminó el desfile militar, estudiantil y cívico, y comenzó la parte final del patriótico acto. El diario La Nación, en su edición del martes de octubre de 1936, describe el emocionante instante en que los restos del mariscal Francisco Solano López y del Soldado desconocido son ingresados a su lugar definitivo.

LLEGA LA CUREÑA CON SU CARGA GLORIOSA

Minutos después, la voz de bronce del clarín anunciaba la llegada del cortejo, lentamente y sobre el hierro de una cureña, envueltas por la enseña tricolor, sostenida por las manos trémulas de los veteranos de la epopeya del 70, recibiendo el rendido homenaje del ejército, la Armada, la Aviación, los excombatientes del Chaco y el pueblo paraguayo auténtico que, tocado de profunda emoción, presenciaba la marcha, llegan frente al Panteón Nacional las dos urnas, del mariscal y el del soldado de Boquerón, el pasado y el presente del Paraguay inmortal.

Una tempestad de aplausos rubricó expontánea la expresión popular y los veteranos excombatientes de la Guerra contra la Triple Alianza pasaron a formarse al lado del coronel Rafael Franco, presidente provisional de la República. Una salva de 21 disparos realizados por los cañones del Comando de Artillería, desde las plazas frente al Cabildo, rindieron el justo homenaje al momento histórico.

Como se había anunciado, luego del desfile y de la colocación de las urnas con los restos del mariscal Francisco Solano López y del soldado muerto en Boquerón, una gran fiesta popular se realizó en el Parque Caballero.

La fundación Obras de Beneficencia “Sor Josefa Bourdette” fue la encargada de organizar el evento que atrajo a la gran mayoría de las 80 mil personas, quienes participaron del desfile, en homenaje a la inauguración del Panteón Nacional de los Héroes y oratorio de la Virgen de la Asunción.

Todos los puestos de la gigantesca kermés popular se llenaron de gente interesada en los juegos y en las comidas. El evento fue amenizado por los integrantes del Circo Palace y animada por las bandas de la Marina y de la Policía.

EL PANTEÓN HOY

El Panteón Nacional de los Héroes y oratorio de la Virgen de la Asunción es uno de los íconos arquitectónicos de la capital del país. Es una réplica del edificio parisino Le Pantheon, y alberga las urnas con los restos, además del mariscal Francisco Solano López y del Soldado desconocido, de don Carlos Antonio López, primer presidente constitucional del Paraguay; el general José E. Díaz, vencedor de Curupayty; el mariscal José Félix Estigarribia, victorioso conductor en la Guerra del Chaco, y su esposa, Julia Miranda Cueto. Reposan también los restos del general Bernardino Caballero, los presidentes Eusebio y Eligio Ayala y el poeta Emiliano R. Fernández, el hermano de Fulgencio Yegros, Antonio Tomás Yegros y varios niños mártires de la batalla de Acosta Ñu.

El Panteón Nacional de los Héroes es el lugar donde los paraguayos se juntan para celebrar cualquier tipo de acontecimiento, al punto de acuñar la frase: “Nos vemos frente al Panteón”, como señal de una próxima y decisiva victoria deportiva.



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