Por Toni Roberto (tonirobertogodoy@gmail.com)

A partir de una publicación en las redes de Félix Toranzos, revivieron los recuerdos de mis visitas allá por el 2014 a la casa de Rosita, una de las últimas vecinas de antes del centro de Asunción.

Cada casa, cada rincón, cada patio, tiene un recuerdo. Hoy, caminando por la calle Oliva casi 15 de Agosto, me detengo frente a la casa Luces, una de las últimas con patio frontal en el centro histórico de Asunción y lo primero que me viene a la mente son los recuerdos de su última habitante, Rosita “Chichita” Romero Luces, que en largas charlas me contaba las pequeñas grandes historias de ese caserón que fuera diseñado allá hacia 1890 por el constructor italiano Juan Colombo, quien también había hecho los planos de la monumental iglesia de La Encarnación y que falleciera en 1902.

Sentada en un viejo sofá rojo, de fondo cortinas y flores de plástico que adornaban la mesita del antiguo teléfono con una dulzura y elegancia envidiable, a escasos años de llegar a su centenario, me contaba la historia de la gran casa que fuera construida para Andrés Luces, que había venido de la Argentina: “Tenía el acceso principal sobre la calle Estrella casi 15 de Agosto, una tradicional arquitectura italianizante con una puerta principal con zaguán en el centro y cuatro balcones con persianas, dos a cada lado, donde viviera un tiempo el Dr. Eusebio Ayala. Lamentablemente fue demolida a finales de los años 70 para la construcción de un banco. La mansión tenía salida a otras dos calles, el patio hacia 15 de Agosto se llamaba De las flores, el mirador y caballeriza por donde entraban los carros sobre la calle Oliva donde está una gran fuente llamada De los peces, que hoy es el frente de la casa. En las revueltas que había constantemente en la Asunción de la primera mitad del siglo XX era utilizada ‘la atalaya’ por los revolucionarios porque en aquella época era una de las arquitecturas más altas de la ciudad así como la cúpula de La Encarnación”, relataba Chichita.

Con el boom de la construcción en altura desde principios de los años 70, fue quedando cada vez más escondida y con ello se cumplió aquello de aquel fragmento de una famosa música: “Cuando más altos los pueblos, menos se ven las iglesias”. En este caso, “mientras más altos los edificios, menos se ven los altillos”, parafraseando a esa vieja melodía.

EL ADIÓS A UNA DE LAS ÚLTIMAS VECINAS DEL CENTRO

Con el tiempo y debido a diversas circunstancias se fueron vendiendo, la casa principal y el patio que daba a la calle 15 de Agosto y así el legendario mirador se adaptó como vivienda donde vivió Rosita, más conocida como “Chichita Romero Luces” hasta el final de sus días, el 13 de abril del 2019, con lo cual termina una historia a la que yo le llamo “una de las últimas vecinas antiguas del centro de Asunción”.

Sigo mirando esa vieja arquitectura, parece que la veo a Rosita cuidando su jardín, regando las plantas. Antes de irme hago un rápido dibujo ahí en pleno centro, de fondo el ruido de los buses que se convierten en música cuando me viene a la mente fragmentos de “Barco quieto” de María Elena Walsh:

"No te vayas, te lo pido

De esta casa nuestra donde hemos vivido

Que nostalgia te puedes llevar

Si de la ventana no vemos el mar

Y afuera llora la ciudad

Tanta soledad".

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