Por Toni Roberto (tonirobertogodoy@gmail.com)

Una foto tomada en marzo de este año por Nino Cricco me llevó a recordar un viejo moderno edificio público olvidado y a “recordar recuerdos”.

Corrían los finales de la década del 50 y al mismo tiempo que estaba en plena ejecución el legendario edificio del Hotel Guaraní, se planteaba un moderno hospital en lo que en aquella época era casi las afueras de la Asunción, un proyecto de Damián Pozzo que venía de estudiar arquitectura en Río de Janeiro, uno de los lugares más importantes donde se gestó gran parte de la arquitectura moderna latinoamericana y por supuesto, la propia Brasilia.

El diseño, un gran paralelepípedo con aires de la modernidad brasilera pero adaptado a nuestro entorno, con corredores externos y grandes “viseras” que lo protegerían de los duros veranos y enclavado en el medio de ese gran predio rodeado por una vegetación bendecida en aquella zona de la Asunción.

DESDE EL VIEJO HOSPITAL SAN PABLO AL VIEJO HOSPITAL DE CLÍNICAS

A través de las últimas seis décadas ese “moderno viejo” hospital vio pasar maternidades, nacimientos, médicos, enfermeras, alegrías y tristezas, pero sigue ahí en pie dialogando con el entorno como lo demuestra esta foto tomada por Cricco en marzo en la época de la vacunación contra la influenza. Esto me llevó luego en un vuelo imaginario hasta el oeste de la ciudad al legendario viejo Hospital de Clínicas, llamado primeramente Hospital de la Caridad, que fuera diseñado en 1890 por el italiano José Grattarola y terminado bajo la dirección del constructor Ángel M. Martínez, e inaugurado en 1894, donde se formaron muchos de los médicos que luego pasaron por el hospital del barrio San Pablo.

HÉROES OLVIDADOS

Quiero recordar también en este “gran diario blanco del domingo” a muchos médicos, héroes olvidados que salvaron vidas y “enfermeras combatientes” en un sistema de salud que desde el vamos sufrió por el poco interés estatal. Pero especialmente a Eduardo Ammatuna, el primer alergólogo paraguayo que se había especializado en Buenos Aires y que le salvó a mi madre, una niña de dos años en plena revolución del ’47. Estando mi abuela en la época previa al parto de uno de sus hijos y por el peligro de que los revolucionarios ingresen a la casa de la calle Alberdi, mi madre fue escondida en lo de los vecinos Gorostiaga, durmiendo debajo de la cama en pleno invierno, hecho que le llevó a un grave cuadro asmático que le tuvo entre la vida y la muerte, siendo salvada por este sabio e investigador entregado a la medicina. También al Dr. Raúl Figueredo, de quien hablan los Boccia en su libro “Historia de la medicina en el Paraguay”, que venía especialmente desde San Bernardino hasta el año 1981 en su pequeño Escarabajo para atenderle religiosamente a su tía, mi bisabuela, quien gracias a su cuidado vivió casi 100 lúcidos años, que me permitieron escuchar historias asuncenas contadas de a oídos e interesarme en las pequeñas leyendas de la ciudad en que nací.

Mientras sigo escribiendo este texto de domingo, el viejo moderno edificio del hospital San Pablo sigue ahí esperando su rescate, restauración y puesta en valor como testimonio de toda una época para que no sólo quede en los recuerdos.

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