Planean una superpeatonal desde la Plaza Uruguaya a Loma San Jerónimo e incorporar a la Chacarita al centro histórico con parques y urbanizaciones.

Por Jorge Zárate

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En el 2037 la ciudad alcanzará 500 años desde su fundación española, se crea Paraguay, el asentamiento guaraní que nombra un país, su río, es en al menos cien años pre­existente.

Con su Centro Histórico des­poblado y en riesgo patrimo­nial, agobiada por el ruido y la contaminación del aire de los vehículos, pocos espacios verdes y una administración municipal colapsada, el desafío de recuperarse debería ser un imperativo ciudadano.

“Esa es la idea”, dice Jorge Bosch, viceministro de Urba­nismo y Hábitat al anunciar un programa de “revitalización” con más de 40 acciones, “entre ellas la parte de las superman­zanas que es un proyecto en conjunto con la Municipalidad de Asunción”, asegura.

Fue durante un encuentro vir­tual, webinario en la jerga de este tiempo, en el que expuso Salvador Rueda, el español cuyas ideas ayudaron a cam­biar Barcelona y que está vincu­lado a un próximo ensayo de su idea de las supermanzanas en la “Madre de Ciudades”.

“Urbanismo, Supermanzanas y Centro Histórico de Asunción” fue presentado por Javier Cor­valán, arquitecto paraguayo, investigador en la Universi­dad de Venecia y profesor en las principales escuelas loca­les, la Universidad de Asunción (UNA) y la Católica (UCA).

Este se reconoce “discípulo” de Rueda al que invitó a imple­mentar su idea y con el que viene trabajando desde hace 5 años en el diseño de una propuesta para Asunción. En octubre del 2019, Rueda visitó esta capital y congregó una pequeña multitud en el Cen­tro Cultural Juan de Salazar, oportunidad en la que se pre­sentó una maqueta de la idea desarrollada con Corvalán y el apoyo de la empresa Con­trol del ingeniero Víctor Fús­ter. “Estamos asociados con el arquitecto Lucas Fúster para hacer un trabajo enmarcado en el Plan CHA para su revitaliza­ción”, contó Corvalán.

“Hay un camino transitado, algo estudiado y no estamos en el punto cero, sino donde tenemos que animarnos a vol­verlo ejecutivo y echarle mano a esto de organizar el CHA; que hay que cambiar la “inte­ligencia” que está metida, no quiere decir demoler cons­trucciones ni cambiar calles, es solamente una cuestión de inteligencia, de cómo fun­ciona la ciudad”, explica.

Se propone entonces “la pea­tonalización de Palma hasta la Loma San Jerónimo, cableado subterráneo para esa maraña de infraestructura… para que esté soportado por servicios modernos, contemporáneos, con equipamiento público en las calzadas, circulación para impedidos físicos y detalles constructivos”, resume.

Se plantea a su vez la incorpo­ración de la Chacarita Alta y del Banco San Miguel como parte del CHA, “entendiendo la ciu­dad como un Ecosistema, un conjunto de elementos natu­rales y construidos”, expone.

Para ejemplificar el funcio­namiento de la idea, se bus­cará experimentar en breve con la primera supermanzana piloto, “una experiencia aca­démica con la UCA que hare­mos extensiva a las facultades del país para que compartan con nosotros la experiencia que se hace con un mínimo de esfuerzo, básicamente es tra­bajo de señalización siguiendo la Guía metodológica de Salva­dor Rueda. Estamos pensando en un aula abierta para hacer la primera supermanzana efí­mera, pero que ojalá sea perma­nente y queremos invitar a toda la ciudadanía porque este es un tema que corresponde a todos y no solo a la arquitectura y al urbanismo”, apunta.

REGENERACIÓN

Salvador Rueda es Licenciado en Biología y fue el direc­tor de la Agencia de Ecolo­gía Urbana de Barcelona. Su idea de las supermanzanas y la recuperación de los espa­cios urbanos lo llevó a dar 800 conferencias en el mundo.

“Espero que lo que proponga permita entender cómo hacer para la revitalización del CHA”, comienza señalando para exponer que el mismo “está en un proceso acelerado de degra­dación, deterioro tanto en su patrimonio histórico y cultu­ral por lo que deberíamos plan­tear un proceso de reciclaje y regeneración urbana.

Un segundo elemento es el actual abandono económico, muchos puntos que no están ocupados y; un tercer aspecto es el despoblamiento, un CHA sin personas, es uno que va directo a la muerte, al deterioro a la inseguridad”, indica.

Propone, entonces, “incor­porar la idea de inclusividad de aquellos grupos humanos que bien estén en el CHA o en el entorno como la Chacarita… Si queremos regenerar el cen­tro no lo podemos hacer sin un escenario de seguridad que solo es posible si podemos incluir a todo el mundo, porque el que quede afuera reclamará su espacio de un modo o de otro.

Otra de las características es que está colapsado, hay más coches que personas y eso hace a la calidad del aire, el ruido y está desconectada de los ele­mentos alternativos al coche… Una de las cuestiones claves está ligada al Puerto, al cómo se conectaba a pie, en bicicleta y con transporte público a ese centro que tenía que irradiar, hacer pasar centenares de per­sonas”, describe.

Lo hace puntualizando que en su opinión la ciudadela de ofi­cinas públicas edificada en el Puerto no debió haber tenido un acceso prioritario de automóvi­les como se ve ahora. “La solu­ción que se ha tomado es una barbaridad, se podría recompo­ner, creo que estamos a tiempo, porque sin la participación de las miles de personas que van a coincidir en esa área portuaria que no puedan llegar a disfru­tar de esa regeneración es una oportunidad perdida… también plantear la entrada al CHA con transporte público masivo.

El malogrado proyecto de metrobús que debía conectar con el centro y con el Puerto, debería ser un proyecto a vol­ver a poner en pie, cuestión clave para modificar el modelo de movilidad imperante basado en el coche”, señala.

Propone, entonces, “iniciar un proceso de cambio lo más rápido posible, con objetivos para el 2037, concibiendo una ciudad que estuviera en primera línea, en la liga de ciudades regenera­das en un proceso en que los ciu­dadanos que la habitan tengan una esperanza mejor posible”.

Entiende que la supermanzana brinda “la posibilidad de liberar el espacio… otorgando la mayor parte del espacio a la movilidad de paso, para otros usos, otros derechos, poner en el centro de la planificación a la per­sona… en las supermanzanas la prioridad es para el que va a pie… porque hay que comenzar a pensar que la ciudad no es solo para el coche”, dice.

La idea es “sustituir coche por vegetación… queremos que las calles se conviertan en plazas con esos árboles maravillo­sos que ustedes tienen y que el peatón se convierta en ciuda­dano que tiene derecho al ocio, al intercambio a la cultura y a la participación democrática, integrando el verde urbano. En las calles y en los interio­res de la manzana, se crea una alfombra que permita redu­cir las temperaturas fruto del efecto de isla de calor de nues­tros entornos urbanos que los desprenden por la noche y que hacen difícil dormir y perjudi­can a las personas enfermas y vulnerables”, señala.

Recuerda que en la experiencia de Barcelona se dio una “mul­tiplicación de las actividades económicas, todas las super­manzanas crecieron entre un 15 y un 60% por la calidad del espacio público, porque si es atractivo, las personas ocupan el espacio, es un intangible fun­damental y es clave para rege­nerar económicamente, así se multiplica también el número de puestos de trabajo”.

Lo hace recordando que en Asunción el “nivel de cali­dad del aire es bajísimo, hay mucho ruido, el control tér­mico deteriorado, el piso despide mucho calor”, seña­lando que las supermanza­nas promueven la actividad física y mejoran la calidad del aire y que se podrían extender “a toda la ciudad de forma muy barata” apun­tando que se puede “implan­tar rápido merced a la volun­tad política y haciendo parte a la población que se identi­fique con el sistema”.

La idea de Corvalán es presen­tar la experiencia en una super­manzana a ser practicada en los alrededores de la Escalinata de la calle Antequera. “Si aquí funciona, se puede hacerlo en otro lado, entendemos que en un barrio residencial podría tener mejor predisposición, pero queremos involucrar al transporte público, a los comerciantes; a la actividad económica, cultural”, señala.

La primera experiencia, explica Rueda, se hace con vallas y conos, “con carteles que expliquen que hay priori­dad peatonal. La segunda fase, involucra pintura y algún ele­mento como mesas, para que bajen los trabajadores a comer, o a cenar, cuestiones tan bara­tas que permiten disfrutar de un espacio que de otra manera sería imposible… La tercera fase incorpora materiales de reciclaje urbanos que van cam­biando el paisaje para bien”.

Para Rueda “es importantísimo que los jóvenes se impliquen porque si no, qué futuro les queda… váyanse a vivir al CHA, generen lugares para vivir por­que papá en un momento dejará de estar, el crecimiento está determinado por el nivel de autonomía e independencia, tienen en sus manos hacer un futuro distinto. Vamos a por ella…”, propone.

OTRAS MIRADAS

Es una ciudad muy amigable con sus habitantes, el problema es que sus habitantes la hemos tratado muy mal en las últi­mas décadas, hasta diría que nos hemos ensañado con ella”, considera la arquitecta Ana Rosa Lluis O’Hara, especialista en Intervención en el Patrimo­nio Arquitectónico y Urbano y miembro del Consejo Interna­cional de Monumentos y Sitios (Icomos, su sigla en inglés).

En su mirada la ciudad “sigue tan amigable, que a pesar de todo nos sigue brindando su magia a través de sus monu­mentos que esperan ser restau­rados, su patrimonio modesto que resiste el abandono y la des­idia, sus lapachos que florecen aún antes de tiempo, sus bellas plazas destruidas y sucias pero llenas de recuerdos que nunca se borrarán de nuestra memo­ria y tantos otros detalles que hacen que Asunción sea siem­pre un lugar mágico y muy caro a nuestros afectos”.

Lluis O’Hara fue parte del Seminario Internacional de Revitalización de Centros Históricos de América Latina (Sirchal) cuya propuesta coin­cide con la idea de la propuesta de Salvador Rueda, “que la ciu­dad sea de los habitantes, no del automóvil, como ocurre ahora”.

Creado por el arquitecto chi­leno/francés Leo Orellana, el Sirchal aportó ideas para resolver la decadencia del Centro Histórico de Asunción (CHA), que también necesi­tan analizarse.

Por ejemplo: “Reafirmar la vin­culación del ciudadano con el río. Ahora con la construcción de los edificios públicos en el puerto, esto se verá más difícil por el fuerte impacto negativo que este proyecto supone para el CHA, fundamentalmente en cuanto a que será como un muro divisorio entre la ciudad y el río. Aún así se encontrará la manera de permear ese muro y llegar al río de manera armoniosa”, explica la especialista.

Para el arquitecto Raúl Mon­tero Bray no se dieron avances en el Plan CHA que considera “no fue un plan de desarrollo urbano, porque no fue pensado para resolver los problemas de toda la ciudadanía, sino se trató de recuperar algunas zonas, ribereñas o no, y ponerla al ser­vicio de la especulación inmo­biliaria para diversos usos, sin pensar seriamente en la reloca­lización de una gran cantidad de gente desplazada del sitio.

También que la capital no es amigable con sus habitantes porque “no está adaptada al clima, no tiene protección al asoleamiento intenso, ni las plazas tienen el diseño ade­cuado”. Sugiere que las pla­zas se diseñen como “masa, varias manzanas formando parques y no una sola man­zana cada 10 cuadras como es ahora”, siendo fundamental que la ciudad sea inclusiva.

Entiende que es prioritario un “sistema que evite la tie­rra urbana ociosa que termina siendo un problema de salud pública” y una política “eficiente para la protección y manteni­miento de edificios patrimo­niales. No se ha promovido un debate serio sobre lo que debe ser patrimonio histórico edi­licio y casi solamente se consi­dera así a los edificios, lugares y sitios pos-coloniales con lo que se realza la cultura opresiva y destructiva de lo colonial”.

Sostiene que una eficiente organización del estaciona­miento es vital y también la “municipalización del trans­porte público incorporando trenes urbanos, cable carril o trenes subterráneos.

Para el laureado arquitecto Solano Benítez, “el plan CHA es el placebo para cubrir la indi­ferencia sobre el tema, incluso de las mismas personas que lo hicieron… es un instrumento inútil, para gestores inútiles, es por antonomasia una herra­mienta diletante”.

Explica que es fundamental tener un concepto integral: “Todo tema que se aborde por separado, necesariamente es sectario, marginante y xenofó­bico, necesitamos refundar­nos como sociedad que aspira a vivir en comunidad ocupando un territorio en común. ¿Puede una ciudad tener un destino distinto a la condición de vida de sus habitantes? Mucho antes que una ciudad se vuelva fea, son sus habitantes quienes lo son”, considera.

“Mientras no seamos capa­ces de tolerar las diferencias e integrarlas como valores que nos completan, la exclusividad a la que aspiran determinados sectores de nuestra colectivi­dad serán siempre los obs­táculos de exclusión, somos quienes de un modo perverso permitimos la confusión sus­tituyente de sociedad por mer­cado, y bajo esa lógica no hay lugar para la accesibilidad y menos de quienes tienen capa­cidades diferentes”, apuntó.

ALGUNOS DATOS

El CHA tiene 5,18 kilómetros cuadrados.

Según la DGEEC desde el 2012 no tiene más de 22 mil habitantes, está práctica­mente vacío, y el 50% de sus habitantes está en la Chacarita.

Serían unos 40 habitantes por hectárea en el CHA, densidad que no es sostenible.

En 1992, los asuncenos eran 500.998; en el 2023 alcanzarían los 521.091 y en el 2030, los 531.724, vale decir, habrá unas 30 mil personas más de las que residían en la capital 38 años antes, situación que contrasta con la ocupación de los baña­dos y el crecimiento del departamento Central que alcanzará las 2.638.439 personas, seis veces más que la pobla­ción capitalina, a la cual, en 1992, ape­nas doblaba.

La población de los bañados aumentó de manera progresiva. En 1992 habitaban dicha zona alrededor de 11.500 familias, un total de 47.159 personas, el 9,41por ciento de la pobla­ción total asuncena. En el 2002 aumentó a 21.000 familias, un total de 94.098 perso­nas, el 18,37 por ciento de la población total urbana. Actualmente, ocupan los bañados alrededor de 26.000 familias que suman 136.219 personas, el 25,7 por ciento de la población capitalina. Las proyecciones al 2030 instalan en los bañados al 33 por ciento del total de habitantes de Asunción.

Mientras la tasa total de crecimiento de la población asuncena total fue nula o negativa, la de los bañados aumentó 2,8 veces en 26 años.

Fuente: Revista Mandu’a https://mandua.com.py/como-llegara-asuncion-al-2037-quinto-centenario-n628

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