Por Mario Rubén Velázquez

ruben.velazquez@gruponacion.com.py

A principios de 1980 empezó la decaden­cia de las orques­tas bailables debido a que la música disco puso de moda a los “disc-jockeys” (o DJs), esos señores que pasaban discos en las fiestas bailables y en las discos. Entonces, aparecieron en las radios y la tele Rubén Rodríguez, Bruno Masi y Mario Ferreiro, entre otros “pinchadiscos” loca­les. La década del 80, además, fue cuando se inició la con­solidación del rock nacional, sostiene el músico, profesor e investigador Saúl Gaona, uno de los fundadores de Pro Rock Ensamble y el cerebro detrás del vinilo “Música para los perros”.

En la segunda mitad de esta década, una de las pocas orquestas que aún sobrevi­vía era Los Hobbies, que con el tiempo se había posicio­nado en el primer lugar con los siguientes integrantes: Emilio García, Luis Álva­rez, Tommy Centurión, Nene Salerno y Víctor Destefano (luego Riolo Alvarenga).

En 1988 este grupo se pre­sentó en el festival Rock in Sanber junto con grupos del rock nacional, de Bra­sil y Argentina. La multi­tudinaria audiencia le abu­cheó durante cada tema que interpretaba. Este grupo aún gozaba de cierta popularidad, pero cometió el error de pre­sentarse en un festival donde las estrellas eran los grupos del rock nacional.

Los Hobbies se disolvió pocos años después (era prácticamente el único grupo de entre las orques­tas bailables que aún seguía en pie) luego de aproxima­damente 30 años de exis­tencia (pero con integran­tes que se fueron renovando cada tanto), recopila Gaona.

En 1982, tres grupos de rock argentinos, Litto Nebbia, Pastoral y Vivencia, se pre­sentaron en el Rowing Club a estadio lleno. El grupo nacional Pro Rock Ensam­ble (PRE) descolló con una tocata impecable -según la prensa de entonces- que los llevó a realizar conciertos en clubes, discotecas, colegios, universidades, pubs, radio y televisión. Gaona sostiene que, a partir de entonces, “el rock nacional dejó de ser sub­terráneo”.

“LOS REBELDES”

“Pro Rock Ensamble cons­tituye el certificado de naci­miento del rock nacional”, publicaron los diarios Abc Color (en 1989) y Última Hora (1991), si bien mucho antes Los Rebeldes -un grupo que emigró al Brasil a principios de los 70- ya había lanzado un compacto de cuatro can­ciones: “Me quedo en silen­cio”, “Oye”, “Triste Partida” y “Estoy soñando”. Entonces, en la jerga local el rock se lla­maba “música beat”.

“Creo que el grupo más repre­sentativo del rock, original­mente, fue Los Rebeldes. Eran del barrio Trinidad y ellos grabaron un disco com­pacto con temas propios, en cuanto a la música, pero no en las letras, que eran de Javier Cataldo. Esa fue la primera grabación de rock de Paraguay”, remarca Ser­gio Ferreira, periodista de Abc Color especializado en artes y espectáculos.

Según Ferreira, ya había una “conciencia rockera” en los años 70, pero que esta se consolida con el lan­zamiento del disco de Pro Rock Ensamble “Música Para los Perros” en 1983. “Pero antes estuvieron los discos del Festival Beat de 1970 y el disco de IODI, con temas propios y eran pop rock”, agrega.

En los 80 se realiza el Fes­tival de la Década, que fue para festejar los 10 años de Radio Primero de Marzo y en Asunción empezaron a abrirse los pups (bares temáticos tipo irlandeses), que fueron muy importan­tes para la actuación de los grupos rockeros, sostiene el periodista. Entre los músi­cos talentosos del rock para­guayo de entonces, ya desco­llaban Roberto Thompson como el gran guitarrista y Miguel González, otro vir­tuoso de la seis cuerdas, cuenta Sergio Ferreira.

Otros musicazos eran los integrantes de Los Rebeldes, los hermanos Ríos, y el gran baterista Toti Morel, quien sigue tocando hasta ahora, así como otros talentos loca­les, sostiene. “El rock para­guayo se ha caracterizado por tener muy buenos músicos en sus diferentes épocas”.

AJUSTICIAN A SOMOZA

En la década de los 80, la dic­tadura de Stroessner empe­zaba a endurecerse de nuevo en Paraguay, luego del ajus­ticiamiento de un bazucazo del ex dictador nicaragüense Anastasio Somoza Debayle, el 17 de setiembre de 1980 en Asunción, a la edad de 54 años. La Policía utilizaba la “caperucita roja”, aque­llos Chevrolet Custom 10, donados al Paraguay por el gobierno de Estados Uni­dos, para imprimir terror a los ciudadanos comunes sin licencia para delinquir.

Entonces, a los rockeros se les perseguía con la excusa del pelo largo, “facha rara” (Chester Swann dixit) o cualquier cosa, con el obje­tivo de evitar que surja un movimiento juvenil rebelde, como los que movilizaron al mundo entre los años 60 y 80. Los melenudos “eran llevados a la comisaría para su recorte, pero había una resolución de la Asociación de Músicos del Paraguay (AMP) que habili­taba a tener pelo largo a los rockeros. Si tenías el carnet, podías tener el pelo largo. Por eso los músicos querían tener ese carnet”, concluye Ferreira.

A mediados de 1984 aparece el grupo Nash de Dany Zayas y Ramón Méndez, primera banda de rock pesado en el Paraguay (esta banda se vol­vió a reunir en el 2012). En 1985 apareció otro grupo metalero, Rawhide, inte­grado por Isidro Chávez (voz), Emilio Paredes y Felipe Valle­jos (guitarras); Santiago Ber­nal (batería) y Jerry Groehn (bajo). Este grupo compuso el primer tema rock en gua­raní, aunque el primero que lo grabó fue Corrosión, en la década de los 90.

Pero la historia del metal paraguayo la contaremos en las próximas entregas.

EL ROCK NACIONAL NACE EN LOS AÑOS 60

MARIO FERREIRO. Periodista, escritor, productor y testigo calificado del rock paraguayo.

Si hay alguien que siguió a las primeras bandas de rock en Paraguay y conoció sus entretelones de primera mano -mucho antes de que se haya inventado la pala­bra “viralizar”- es Mario Ferreiro, periodista de dia­rios, radios y televisión, y escritor (“El tranvía”, “Sonría por favor” y “La casa vacía”).

La irrupción de Los Rebeldes en la escena local, en la segunda mitad de los años 60, “determina el naci­miento del rock nacional, no tanto porque ellos hayan aportado temas originales, sino por su forma de tocar, las canciones que elegían para su repertorio y el show que montaban en escenario”, sostiene.

Sin embargo, hay otros antecedentes -aclara- como la Big-Boys Serenaders que tuvo un gran éxito con un tema propio: “Banco de colegio”, de aceptable difusión local, o grupos de colegios secundarios como los Toppers (con alumnos del Inter y del Goethe) o los Hobbies (forma­dos inicialmente con alumnos del Colegio Alemán).

“Ya en los 70, Alci-Rock (de Alcides Parodi), Cacho Rock (Cacho Sanabria) y Chester Swann fueron pioneros, al igual que Roberto Thompson, Toti Morel, Chacho Iba­rrola, Jorge Cáceres, Richard Albospino y tantos otros”, relata Ferreiro. Participó del proceso evolutivo de Pro Rock Ensamble, Faro Callejero, RH+Positivo, Cash al Contado, Rolando Chaparro, Willy Suchard, etc. Dice que los admira y considera que son excelentes músicos.

–¿Cuál fue el festival más importante de rock?

–Ya en los 80 la evolución posibilitó grandes festivales como el del Rowing con Litto Nebbia, Vivencia, Pastoral y Pro Rock Ensamble en 1982, de la Facultad de Ingeniería en 1983 y el Festival de la Década de Radio 1ro. de Marzo de 1986. La gran explo­sión del rock fue Rock in Sanber, en enero de 1988.

RH+. Con Roberto Thompson en la primera guitarra, Jorge Sosa (voz y bajo), Rafael Nayar (batería) y July Riquelme (guitarra) arrasaron en Rock in Sanber.

ROCK IN SANBER

Fue el domingo 17 de enero de 1988, en San Bernardino, Para­guay. La cancha del club Nacional estaba repleta: unas 30 mil personas coreaban y fumaban “tabaco para pipa”. El sábado anterior, una lluvia torrencial postergó el evento. Los argen­tinos Soda Stereo y Fito Páez, y los brasileños Os Paralamas do Sucesso y Roupa Nova tocaban junto a bandas locales como RH+Positivo (de Jorge Sosa y Julio Riquelme), Onda Corta (de Rodrigo Moreno y Juan Formiccelli) y Hobbies.

La cantidad de personas que fue al evento sorprendió a todos. Jorge Sosa, “frontman”, voz y bajo de RH+Positivo y hoy fis­cal del Ministerio Público, tenía solo 21 años cuando tocó en Rock in SanBer. Y lo recuerda así: “Parecía una peregri­nación a Caacupé, iban caminando en la lluvia, por la ruta desde Ypacaraí hasta San Bernardino y luego ver la gente distribuida en las plazas, en las calles, en las veredas, dur­miendo ahí, obviamente tomando todo lo que había en la ciudad. Era una especie de Woodstock paraguayo”, recuerda.

Además de Sosa en voz y bajo, RH+ contaba entonces con uno de los guitarristas más importantes de la escena local: Roberto Thompson. En la batería estaba Rafael Nayar y July Riquelme, también en la guitarra. Su banda se había formado apenas unos meses antes y mediante la recomendación de Mario Ferreiro pudieron conseguir un lugar en el festival, tocando prácticamente gratis, relata.

SERGIO FERREIRA. Periodista de Abc Color.

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