Por Arturo Peña arturo.pena@gruponacion.com.py

Fotos Gentileza / Tierraviva

No se registraban hasta estos días casos positivos de covid-19 en ninguna comunidad indígena del país. En gran parte de ellas, según los datos, se tomaron medidas sanitarias como la restricción del acceso. La cuarentena, en contrapartida, hizo que las necesidades se acentúen. Un reclamo extendido fue la escasa asistencia que han tenido por parte del Gobierno en los últimos meses, principalmente en el tema alimenticio. Sin embargo, tras esos reclamos resuenan –y con más fuerza– las históricas reivindicaciones –desatendidas, olvidadas– de los pueblos indígenas del Paraguay.

Floris Yegros es una comunicadora indígena. Una de sus tareas últimamente fue juntar información confiable referente a la pandemia del covid-19 para traducirla al nivaclé y difundirla a través de una radio comunitaria de su zona. “La gente mira mucho las redes sociales y mucha de la información ahí les confunde todo. Hay miedo de que entre el virus en la comunidad, pero se tomaron medidas para que estemos seguros”, comentó Floris. Ella vive en la Aldea Samaria, una de las 11 que componen la comunidad Nivaclé Unida, en el distrito de Loma Plata, departamento de Boquerón, a unos 450 kilómetros de Asunción, en el Chaco paraguayo.

Al decretarse la cuarentena sanitaria, el tema fue discutido en el interior de la población, donde se tomó la medida de cerrar el acceso a los no indígenas y hacer un control del movimiento entre las aldeas. “De hecho, con la cuarentena mucha de la gente que salía de la comunidad para trabajar afuera ya no pudo salir porque paró gran parte del movimiento. Algunos hacen trabajos de albañilería y esas cosas, pero en los primeros meses no hubo nada. Ahora se está regularizando de a poco”, comentó la comunicadora.

“Nosotros estamos cumpliendo acá (las medidas sanitarias), la gente tiene en cuenta la salud, usa tapaboca, pero el alcohol en gel es difícil de conseguir; además, es caro para nosotros. Pero por parte de las instituciones públicas no cumplieron tanto, se tardaron mucho en la ayuda. Ahora están algunas cosas un poco mejor. La gobernación nos donó por el Día del Indígena una olla popular, pero es difícil que les alcance a todos. Necesitamos más apoyo para mantener las ollas populares”, afirmó.

En gran medida, en las comunidades indígenas del país, tanto en el Chaco como en la región Oriental, la realidad es dura de por sí. La crisis que ha generado la pandemia del covid-19 a nivel país solo agregó un elemento más a las carencias y problemas por los que atraviesan históricamente los grupos nativos.

En muchas comunidades chaqueñas, antes que el coronavirus, ahora una de las preocupaciones principales es el agua. La sequía viene causando estragos desde hace unos meses en el Chaco y las lluvias no aparecen. “Ahora mismo por lo que estamos preocupados es por el tema del agua. En las aldeas nos proveemos de aljibes comunitarios que se están secando. A veces la gente de la municipalidad o la gobernación lleva agua y carga los aljibes, pero eso dura muy poco días. Tenemos miedo de quedarnos sin agua”, comentó Floris.

RITUALES ANTI-COVID-19

“Nuestra zona es lejísimos”, comenzó diciendo César Barboza, uno de los líderes de la comunidad Yshir de Puerto Diana, a unos 30 kilómetros del Bahía Negra, departamento del Alto Paraguay, una zona de difícil acceso en el Chaco. Él se encontraba haciendo gestiones por Asunción días atrás y comentó que volvía en bus a su comunidad; es decir, un viaje de casi 20 horas. En temporadas de lluvia solo se llega hasta Bahía Negra en barco –el otro medio más utilizado–, a través del río Paraguay, ya que los caminos son muy precarios.

“Nosotros hablamos con los líderes y cerramos nuestro portón para controlar la gente que viene porque viste que en Brasil son los más afectados (por el covid-19)”, explicó Barboza. Puerto Diana es una comunidad bastante grande de casi 300 familias, ubicadas en unas 2.300 hectáreas. César reclamó la poca asistencia que han tenido del Gobierno durante esta pandemia, a pesar de haber tomado las medidas sanitarias. “Una vez, los del IPA (Instituto Paraguayo de Artesanía) juntaron y llevaron las cosas de los artesanos. Yo les acompañé y salió muy bien, pero eso no se siguió. Los indígenas Yshir viven de la artesanía, hacen de madera de alta calidad, también tejidos, pero su artesanía no tiene salida ahora. La gente no puede viajar”, comentó. Los artesanos ubican sus productos especialmente en Bahía Negra, desde donde pueden trasladar a otros sitios o venden a los pasajeros eventuales, e incluso van hasta Puerto Murtinho, en la ribera brasileña, donde pueden cambiar piezas por víveres. “Pedimos a la gente cosas para que podamos continuar con las ollas populares. Tenemos una organización donde colaboramos para hacer la olla popular cada semana, pero es mucha gente. Puerto Esperanza, Karcha Balhut, Puerto Pollo, son otras comunidades grandes del pueblo Yshir de la zona, entre Bahía Negra y Fuerte Olimpo”, explicó.

Barboza agregó que algunos miembros de la comunidad mantienen chacras para consumo, algunos practican la pesca. “Antes era sacar miel de abeja del bosque y vender, pero ahora ya no es su época. Algunos tienen también una oveja y algún otro animalito para salvar la situación”, agregó el líder Yshir.

Relató además que en la comunidad se realizaron también rituales indígenas para pedir por protección ante la pandemia. “Eso tiene su tiempo para hacer la danza ritual, hay chamanes que cantan, ellos tienen un espíritu que suena y canta. Eso creo que nos va a ayudar también, la cultura. Nosotros vivimos en la naturaleza, en el bosque, que nos da las plantas medicinales”, señaló. Pero, justamente, el problema de tierra y la pérdida de los bloques es otra situación acuciante. “Estamos reclamando una tierra que tiene un riacho en Puerto Ramos, es un lugar sagrado donde vinieron a instalarse extranjeros que no tienen historia acá. Vinieron de lejos y querían drenar eso. Los ancianos hacían ahí su ritual y nosotros estamos reclamando esas tierras porque son territorio ancestral Yshir”, agregó Barboza.

LA TIERRA

Vidal Gauto es de la comunidad Mbya de Paraje Puku, en Yhú, departamento de Caaguazú. Como en otros asentamientos indígenas, en este también se tomaron medidas por la cuarentena como el cierre de los accesos y el control del movimiento en la comunidad. “Nosotros nos informamos de todo este tema del coronavirus y acatamos el decreto presidencial, pero en estos tres meses hemos tenido solamente una vez la asistencia de comida de parte del Gobierno”, reclamó Vidal.

En la comunidad, de unas 1.060 hectáreas de extensión, hay chacras comunitarias donde se hace plantación de sésamo y otros productos que son vendidos a través de intermediarios, “pero todo ese movimiento se paralizó. Estamos pasando mal acá, nos arreglamos con lo que podemos”, agregó el dirigente.

Pero según Gauto, para ellos la pandemia no es el principal tema de preocupación. Lo ven como algo pasajero y hasta quizás alejado, ya que viven aislados de cierta forma. En la comunidad se arrastran conflictos de tierra desde hace décadas. El desmonte, el avance de cultivos mecanizados e incluso la invasión de territorios por parte de grupos campesinos sintierras son los problemas que les afectan fuertemente. Los indígenas de Paraje Puku ya han protagonizado varias marchas y manifestaciones en Asunción frente a los entes públicos que tienen la potestad de dar soluciones a sus reclamos, pero hasta hoy siguen sin tener respuestas efectivas.

La cuarentena no es algo nuevo quizás para las comunidades indígenas en el país, que de hecho viven en una suerte de “aislamiento” histórico, producto de una sociedad que siempre les ha dado la espalda. Los indígenas en el Paraguay siguen ubicándose en los índices más bajos de calidad de vida, en todos los órdenes. La “pandemia” más dolorosa para las pueblos originarios sigue siendo el olvido.

“LA ASISTENCIA FUE LENTA E INSUFICIENTE”

“Con base en el monitoreo de la situación de comunidades del bajo Chaco y del Alto Paraguay que estuvimos realizando desde Tierraviva a partir del inicio mismo de la declaración de cuarentena sanitaria, puedo dar algunos ejemplos que ilustran la situación de las mismas. Uno de los principales problemas que enfrentan en estos tres meses es el tema del abastecimiento de alimentos. Ellos cumplieron a rajatabla las recomendaciones y tomaron medidas para prevenir el contagio, limitando el acceso y circulación por sus comunidades. La respuesta del Estado en cuanto a la asistencia fue lenta e insuficiente. A nivel de Estado se dividieron; el Indi estuvo trabajando en la región Oriental y en el Chaco, la SEN. Según nuestro monitoreo, la entrega de alimentos ha sido escasa. En el Chaco hubo solo una entrega en estos tres meses. Es decir, se hizo una asistencia mínima, se llegó a todas las comunidades, pero ha sido insuficiente”, explicó el antropólogo Marcos Glauser, de la ONG Tierraviva, que trabaja con comunidades indígenas del Chaco.

“Esto aplica principalmente a las comunidades Enxet, Angaite, Sanapaná e Yshir, con las que semanalmente estamos en contacto a través del monitoreo telefónico. Por otra parte, en la zona del Chaco también se estuvo incrementando la sequía. Las lluvias no son suficientes para abastecerse de agua potable. No solo falta para poder lavarse las manos, sino también para tomar o cocinar. Esta es definitivamente una prioridad que debe ser atendida”, agregó Glauser.

Según el monitoreo realizado por otras organizaciones que acompañan al pueblo Pa’i Tavyterã del Amambay, en la región Oriental, estas comunidades fueron asistidas por primera vez en los últimos días, habiendo ya pasado casi tres meses de cuarentena. “La situación de este pueblo, así como otros ubicados en la zona fronteriza con Brasil, es muy preocupante no solo por la ya conocida situación en el país vecino, sino porque hay muchos casos de coronavirus en comunidades Kaiowa, que son parientes del mismo pueblo, con quienes hay mucho contacto e intercambio. En una situación similar están las comunidades Ayoreo de la zona de Carmelo Peralta, donde, según se denuncia, existe un flujo de entrada y salida de personas del país”, agregó el antropólogo.

“Hablando en términos más generales, podemos decir que la pandemia simplemente profundiza los problemas ya existentes en las comunidades indígenas: la falta de una alimentación adecuada, el acceso a derechos básicos como agua potable y atención en salud y el acceso a los recursos naturales. Recordemos que el 75% de la población vive en la pobreza y 60% en la pobreza extrema. Esta situación, como bien ya lo estuvo denunciando mi colega Rodrigo Villagra, está relacionada con las malas condiciones laborales y menor pago por su trabajo, las limitaciones de movilidad y la pérdida creciente de acceso a recursos naturales, ya sea por la deforestación o porque los vecinos de las comunidades ya no permiten ingresar a sus propiedades para mariscar. Cabe recordar que los indígenas tienen derecho a utilizar los recursos naturales de los territorios que tradicionalmente ocupan”, señaló finalmente.

DATOS

Según los datos recogidos en el Tercer Censo Comunitario de los Pueblos Indígenas del 2012, en Paraguay existen 493 comunidades y 218 aldeas o barrios. Según el censo de ese año, la población nativa era de poco más de 117.000 personas. En las últimas décadas, los registros mostraron un notable descenso de la población indígena relacionado a desalojos forzosos de sus tierras ancestrales, falta de atención médica y otros factores.



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