Hace apenas meses casi nadie en el planeta creía realmente que “esa gripe de Wuhan” llegara a convertirse en una especie de tsunami de alcance universal. La pandemia se ha extendido de forma imparable y ahora el desafío mayor es la lucha diaria en todos los frentes de la mano de la ciencia, pero básicamente con un arma fundamental: el comportamiento individual y colectivo. La “Guerra del 2020” nos ha puesto en la primera fila de la lucha y nos interpela a todos: altos funcionarios, príncipes, personas que viven en las calles, barrios humildes y palacios. Un recorrido por el mundo sin fronteras para el COVID-19 nos ayuda a entender lo que pasa.

Hasta el viernes último, los medios más importantes del mundo informaban que el número de contagios por coronavirus había superado el medio millón (más de 500 mil) de personas en el planeta. Mientras, el número de infectados –comprobados– supera esa cifra (unos 510.000) y los fallecidos han superado los 22.900 casos.

Los números, en casos como estos, no representan solo cifras que “miden un nivel” o una cantidad de objetos, sino todo lo contrario. Son personas, personas de todas partes del mundo a las que vemos de vez en cuando gracias al trabajo incansable de fotoperiodistas, personal de blanco, etc., “cubiertas” de pies a cabeza con máscaras e intrincados equipos de protección en los lechos de las UTI. Al lado de ellas, los “soldados” de primerísima fila del combate –médicos, enfermeras y enfermeros– libran sus batallas cubiertos por equipos que asemejan a los que llevan los astronautas para explorar el espacio… Allí están, muchos de ellos en países donde la epidemia es dolorosamente inmensa como Italia y España, ahora los Estados Unidos y también Irán, con los rostros marcados y amoratados por el uso de máscaras ajustadas y todo tipo de traje protector. Algunos de ellos y ellas han dejado a sus familias solas en casas y departamentos y no pueden acercarse a ellos por temor a contagiarlas. Otros buscan a través de sus teléfonos celulares esa sonrisa de los hijos o de los padres, también aislados en la cuarentena, esa fuerza que los alimente y recargue de energía para salir otra vez, escudo en ristre a combatir contra el monstruo, un monstruo invisible, pero mucho más temible que los imaginarios que han alimentado por siglos los temores de la humanidad.

ITALIA Y ESPAÑA

Luego de dos días de esperanza, el jueves de noche, Italia, el país con más muertos por la pandemia, registró 4.492 nuevos casos de contagios. Esta cifra llevó a 80.539 casos. Con este dato se rompió la tendencia de los últimos días, ya que supone un millar de casos más de los 3.491 registrados el miércoles. La buena noticia, que también las hay, nos dice que otras 991 personas han superado la enfermedad, por lo que el total de pacientes recuperados se eleva ya a 10.361.

A Italia le sigue España como el país con más muertos, al registrar un total de 4.145, de acuerdo al reporte diario de última hora del jueves que arrojó 655 nuevos fallecimientos por el COVID-19 en 24 horas.

El incremento de los fallecidos de un día para otro fue del 19%, menos que el del miércoles (27%). El balance también reportó 8.578 contagios, que elevaron el total de casos a 56.188. Los pacientes que actualmente están en cuidados intensivos son 3.679, un aumento diario de 513. En tanto, 1.648 personas fueron dadas de alta, para un total de 7.015.

En una semana –la pasada– que ya se auguraba “muy dura”, España cuenta por cientos sus muertos diarios: 462 el lunes, 514 el martes y 738 el miércoles, cifra récord en el país. Así, durante la víspera el país superó a China en la cifra de muertes.

CHINA CIERRA FRONTERAS

China sigue registrando el mayor número de contagios (81.782), seguido de Italia (80.539) y Estados Unidos (75.233). Las autoridades del gigante asiático afirmaron que el miércoles no se registraron casos de transmisión local en el país –incluida la ciudad de Wuhan, epicentro del brote–, mientras que han confirmado 67 casos importados. Asimismo, indicaron que este miércoles se confirmaron seis muertes a causa del COVID-19, todas ellas en la provincia de Hubei, cuya capital es Wuhan. Ante esta disminución de los contagios por transmisión local, el gobierno chino anunció que suspenderá a partir del sábado (ayer) la entrada al país de extranjeros, aunque cuenten con visados o permisos de residencia, a causa de la pandemia de coronavirus. “La entrada con visados diplomáticos, de servicios o cortesía no se verá afectada”, señaló el Ministerio de Exteriores chino en un comunicado, en el que ha agregado que la medida es “temporal” y entrará en vigor la medianoche del sábado. Beijing no ha detectado nuevos casos de coronavirus por transmisión local, oficialmente, durante dos días. Pero los casos provenientes de gente que regresa del exterior han aumentado hasta totalizar 500.

SUIZA: UN PROBLEMA

Suiza, la nación alpina de 8,57 millones de habitantes, se encuentra novena en la lista de países con más casos, con 8.795 infectados y 120 fallecidos hasta el momento, según la herramienta de monitoreo de la Universidad Johns Hopkins. Lo que pocos saben, sin embargo, es que el país ocupa el segundo lugar en contagios per cápita con 1.026 casos por millón de habitantes, aunque estas cifras pueden variar en cuestión de horas. El 25 de febrero se confirmó el primer caso de COVID-19 en Suiza, unos días después de que el brote estallara en la vecina Italia. Un hombre de 70 años en el cantón de Ticino dio positivo con la enfermedad luego de haber regresado de Milán. Posteriormente se descubrieron múltiples casos relacionados con los grupos de Italia en varios cantones, incluidos los de Basilea-Ciudad, Zúrich y Graubünden. Por ahora, el gobierno emite un recuento actualizado solo una vez al día que se basa en la información enviada por los cantones por la mañana. “En este momento, los números están aumentando tan rápido que también tenemos problemas para ingresar todos los datos para poder llevar a cabo los análisis”, dijo Daniel Koch, jefe de enfermedades transmisibles en la oficina de salud pública, la semana pasada a medios locales, subrayando que las autoridades no estaban tratando de ocultar o retener información. Suiza está novena en la lista de países con más casos de coronavirus. Con Europa, reemplazando a China como el epicentro de la epidemia, el gobierno suizo también ha sido criticado por no adoptar una estrategia de prueba más agresiva desde el principio. “Esto es solo el comienzo de la ola”, indicó Koch. “El número de casos aumentará y debemos hacer todo lo posible para suavizarlo y evitar sobrecargar los hospitales”.

SUECIA: DISCIPLINA CIUDADANA

Suecia parece un planeta aparte. Con 10,2 millones de habitantes, el país había declarado hasta ahora 2.016 casos de coronavirus y 25 muertos. Sus datos son de los mejores que pueden encontrarse en Europa. España, con una población cuatro veces superior, tiene 19 veces más contagiados (39.673) y 107 veces más muertos (2.696). Cualquiera diría que los suecos están desde hace semanas encerrados y en cuarentena, pero no es así. Suecia se aleja de esa imagen corriente desde hace días en Europa y cada vez más en el resto del mundo. El gobierno sueco ha decidido no detener la vida económica y social. Todo está abierto: restaurantes, bares, centros comerciales, escuelas. Solo se prohíben las concentraciones de más de 500 personas y se permite hacer deporte, en solitario o en equipos. El gobierno no impone restricciones por ley, aconseja. Por ejemplo, aconseja que se mantenga una higiene muy importante y que la gente se encierre una semana en casa en cuanto tenga algún síntoma de la enfermedad. A los mayores de 70 años se les pide que salgan lo menos posible.

Una de las polémicas de los últimos días fue la decisión de mantener abierto todo el sistema educativo. Las universidades aconsejan seguir vía online todos los cursos que se puedan, pero también permiten la asistencia a clases presenciales y mantienen abiertas todas sus dependencias: bibliotecas, comedores o centros deportivos. Hasta el colegio al que acude la princesa Stelle, que cerró el 5 de marzo por un caso de un niño con COVID-19 positivo, reabrió dos días después y todos volvieron a clases. Desde jardines de infante a secundaria siguen abiertos. El gobierno sueco asegura que no hay evidencia científica de que sean focos de contagio y recuerda que cerrarlos significaría mantener a los niños en casa y con ellos a sus padres, que no podrían ir a trabajar. Los suecos no quieren seguir la vía contra el virus que sigue prácticamente todo el planeta. Hasta ahora les ha ido bien, pero puede ocurrir que en los próximos días se dispare el número de afectados o fallecidos.


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