Jóvenes y no tan jóvenes, madres de la mano de sus hijas pequeñas o abuelas con sus nietas. Mujeres urbanas recién salidas de sus despachos de ejecutivas; campesinas organizadas que trabajan en la producción de alimentos, estudiantes universitarias y trabajadoras de comercio.
Docentes, artistas de todas las disciplinas, periodistas y también muchos hombres acompañando las marchas.
Las calles se llenaron de colores entre los que reinó el púrpura simbólico. Las pancartas y carteles portados por las mujeres pedían justicia para las cientos de víctimas de feminicidio que gritan desde el silencio su dolor; justicia que arrope la orfandad de tantos niños. Justicia y protección contra la violencia que debemos ser capaces de vencer entre todos, sin exclusiones.




