Por Aldo Benítez, periodista - Fotos: Fernando Riveros

Lo que empezó como una juntata de amigos en torno a la sombra de la plaza, terminó siendo una organización que ahora apunta a recuperar la memoria histórica de Piribebuy. La pequeña historia de “Los amigos de la Plaza”, cuyos integrantes sueñan con impulsar un gran cambio cultural en la ciudad.

Desde hace varios años, cada domingo por las mañanas, Carlos Alberto Alcaraz, médico de profesión, tenía como rutina tomar su sillón preferido y sentarse a la sombra de los árboles de la plaza de Los Héroes, en el corazón de Piribebuy, una ciudad que descansa a los pies de serranías en el departamento de Cordillera.

Esa práctica, con el tiempo, terminó por contagiar a otros amigos suyos y vecinos. En aquellas mañanas domingueras, a las que se sumaban por ejemplo el músico Óscar Gini, o Gualberto Martínez, el odontólogo del barrio, entre otros, se comenzaron a gestar diálogos que dieron vida, casi sin pretenderlo, a un proyecto mucho más ambicioso que solo la modesta y bohemia costumbre de sentarse en torno a una guampa de tereré y contar anécdotas.

El objetivo ya fue armar una comisión vecinal y, a partir de eso, trabajar en un plan, en una idea, que fue la de rescatar la memoria colectiva de la ciudad. “Como cada domingo hablábamos de lo que teníamos como ciudad, de nuestra cultura, de nuestra historia, entonces decidimos armar algo más serio” dice Carlos Alcaraz. Fue así que decidieron formar la Comisión “Los amigos de La Plaza”, un nombre que admiten, tal vez carezca de originalidad, pero que tiene toda la esencia de lo que formaron como grupo.

Lo primero que hicieron como comisión fue rescatar un viejo camión que estaba enterrado en el patio de la casa de la familia Salomón Jure, un vecino de la urbe piribebuyense. Hicieron el permiso correspondiente para rescatar el vehículo, lo restauraron y hoy, el camión que fue utilizado en la guerra del Chaco, un Whippet 1928, luce reluciente en la plazita que divide la ruta principal en la entrada misma a la zona urbana de la ciudad.

“Nos dimos cuenta que recuperar este camión fue lo que teníamos que hacer con nuestra historia” dice Gualberto Martínez, que si bien es odontólogo en su profesión, su vocación es la historia. Don Gualberto se entusiasma, al igual que sus amigos de la plaza, cuando evoca lo que se sabe de la historia de Piribebuy, principalmente, de aquello que recibieron ellos de los testimonios de sus padres, de sus abuelos, de sus antepasados, de lo que pasó en la famosa batalla de Piribebuy, durante la guerra de la Triple Alianza (1965-1870).

En ese sentido, Gualberto Martínez se muestra absolutamente convencido de que, a pesar del escaso material documental historiográfico sobre los acontecimientos de aquel 12 de agosto de 1869, lo que recoge la memoria colectiva no puede estar muy ajeno a la verdad.

Es decir, para Gualberto Martínez, los actos crueles que recogen algunos historiadores sobre lo que pasó en Piribebuy fueron tales, y que no obedece solamente a una antojadiza línea nacionalista de ensalzar lo que ocurrió en aquellas horas históricas en pleno centro de Piribebuy.

En tiempos en los que el revisionismo histórico viene mostrándose como un movimiento que pone en duda o al menos genera otras preguntas sobre los hechos del pasado, que desde siempre han tenido casi como un relato único, la batalla de Piribebuy no escapa a esta corriente.

En ese sentido, existe una versión de historiadores que cuestiona sobre todo la veracidad de lo que pudo haber sido la barbarie brasileña, como por ejemplo la quema del Hospital de Sangre, con sus ocupantes adentro, una vez vencidos los poco más de 1.300 hombres paraguayos que defendían la plaza de Piribebuy en aquella batalla.

“El revisionismo es muy importante, pero yo creo que todo parte del relato y de la forma en que uno aplica el relato. Quizás, lo que yo te conté, vos ya le contás de otra forma a otra gente, hay detalles que escapan, probablemente, pero lo que pasó siempre va a ser una sola cosa y es lo que queda” expone Gualberto Martínez, mientras observa el monumento en la plaza frente mismo a la Iglesia de la ciudad, con el busto del héroe local, el comandante Pedro Pablo Caballero.

La versión de que durante la batalla de Piribebuy fue muerto el general brasileño Juan Manuel Mena Barreto, considerado uno de los hombres más importantes de la milicia brasileña de entonces, lo que despertó la furia del Conde D'Eu, quien ordenó quemar el Hospital de Sangre con gente adentro, no encuentra razón alguna para no creer de parte de “Los Amigos de La Plaza”, a pesar de que no exista documento alguno que acredite dicha orden.

Revisar la historia es un ejercicio que de por si levanta grietas. Si bien no hay documentación sobre la orden del conde, existen otras en donde se habla de la crueldad brasileña. Por ejemplo, las cartas que enviaba el sacerdote Fidel Maíz a Enrique Solano, hijo del mariscal Francisco Solano, en las que señala por ejemplo el caso del Hospital de Sangre, que Maíz califica de “barbarie”.

En la batalla de Piribebuy, unos 1.600 soldados paraguayos -muchos de ellos mayores de edad, con pocas armas, etc- resistieron al menos durante cinco horas a la invasión de las tropas aliadas (Brasil-Argentina-Uruguay) que tenían 20.000 hombres. Según las crónicas bélicas de nuestro país, en esta ciudad se libró la única batalla urbana de toda la Guerra Grande -como también se la conoce a la Triple Alianza- y es aquí donde también se decidió trasladar la capital del país, luego de Luque, cuando la contienda tenía un camino casi imposible de rever para el Paraguay.

Lo que Gualberto Martínez, Oscar Gini, Carlos Alcaraz y Los Amigos de La Plaza sostienen es que la batalla dejó una ciudad devastada, pero que supo levantarse a fuerza de su propia gente. “Nuestras mujeres, las heroínas de Piribebuy, las que se quedaron, defendieron a sus familias y las que se salvaron ayudaron a la reconstrucción de la ciudad. Ese es un motivo de orgullo para todos nosotros” dice Gini.

Ese orgullo del pasado es lo que quieren transmitir desde la comisión con las charlas que hacen cada domingo y, sobre todo, con lo que pretenden establecer a partir de la biblioteca y el otro proyecto que buscan impulsar. La reorganización del museo de la ciudad.

El museo de Piribebuy, en efecto, es una casona antigua que empezó a funcionar como tal en 1994. Conserva elementos históricos muy importantes sobre todo en lo concerniente a lo bélico. Se puede encontrar los rifles de la época de la Guerra Grande, los sables, las balas de mortero y cañón. Los mapas que se utilizaban en la época, cuadros, pinturas, elementos de cocina, en fin, una serie de objetos.

Sin embargo, todo está encimado. El lugar resulta pequeño para todas las cosas que tienen y carece de señaladores. Las paredes son húmedas y hay poca iluminación. En suma, se muestra como un lugar abandonado. De hecho, está cerrado al público por unas refacciones que al parecer, no van a terminarse aún. “Estamos trabajando ahora en un proyecto de remodelación total de nuestro museo. Es una idea que queremos trabajarla con la municipalidad o con la gente de Cultura” dice Carlos Alcaraz.

Hacia el camino científico

En abril de este año, Carlos Von Horoch y Astrid Ávalos, arqueólogos de la

Secretaría Nacional de Cultura y de la Comisión Nacional de Conmemoración del Sesquicentenario de la Epopeya Nacional (1864-1870), inspeccionaron un horcón de madera antiguo que se encontró de casualidad en la zona en donde habría estado instalado el Hospital de Sangre incendiado durante la batalla, cerca de la plaza central de Piribebuy.

Ávalos, dice a La Nación que el trabajo que realizaron en este caso se llama arqueología preventiva, que permite evaluar mediante un sistema de sondeos la potencialidad de que el objeto hallado tenga vestigios del hospital incendiado, lo que posibilitará determinar el lugar exacto en donde estuvo y también, principalmente, preservar un patrimonio histórico. “La arqueología preventiva interviene en casos de terrenos para evitar la destrucción del patrimonio buscado” expone Ávalos.

La mujer es arqueóloga especializada en Francia y está como asesora ad honorem de la Secretaría para este operativo. Dice que, además de ser una novedad la utilización de la arqueología preventiva en un trabajo de rescate histórico así para nuestro país, también lo es el hecho de que se haga en un contexto urbano, lo cual suma características muy especiales.

“Como científica, yo solamente me guío por hechos demostrables o demostrados. Solamente la evidencia me confirmará qué pasó y dónde con este hospital” expone Ávalos. Los resultados de los estudios del trabajo realizado todavía llevarán un par de semanas para conocerlos.

No todo es guerra

El proyecto que tiene la Comisión “Los amigos de la Plaza” no se limita solamente a rescatar lo que dejó la batalla de la Guerra Grande sino ver también los grandes hechos históricos que marcaron a la ciudad. En ese sentido, Gualberto Martínez relata, por ejemplo, que la idea es recordar un poco lo que fue la vida de Arturo Bernal, un antiguo poblador de la ciudad y que en los años 60 y 70 era el encargado del almacén comunitario, que si bien era de la Iglesia, tenía un fuerte respaldo de las Ligas Agrarias.

“Solamente por ser de la Ligas Agracias, una tarde vinieron a buscarlo y lo trajeron 15 días después, pero en una tumba. Ese tipo de historias es importante que nuestros jóvenes conozcan, para que no sigan diciendo estupideces como que prefieren la dictadura” expone Gualberto Martínez. Además, rememora que durante la Revolución del 47, los vecinos de la ciudad sufrieron varios atropellos y momentos de violencia.

La idea es también compartir con personalidades de la cultura, del mundo del deporte, gente que haya sobresalido en el país y que tengan raíces en Piribebuy.

“Esta ciudad tiene una historia demasiado interesante, es necesario que nuestros jóvenes, nuestros niños, nuestra gente sepa y la viva” dicen Los Amigos de La Plaza, mientras toman un tereré, en la misma plaza que los convoca cada domingo de mañana.