POR CAROLINA VANNI, carolina.vanni@gruponacion.com.py - FOTOS: FERNANDO RIVEROS

Es noche de viernes y está fresco. Pero la baja temperatura podría ser engañosa en cuanto a una posible noche y madrugada tranquilas en ese lugar. “No se puede olvidar que el frío llama al incendio, porque la gente usa brasero para calentarse”, dice Matías López, un joven combatiente de la 5ª Compañía del Cuerpo de Bomberos Voluntarios del Paraguay, con asiento en Lambaré.

Este cuartel hace entre 50 a 60 asistencias al mes. Las salidas son para socorrer en accidentes, apagar incendios u otros servicios (casos clínicos, intento de suicidios, rescate en raudal, rescate de animales, etc.).

Pero lo más frecuente es el accidente de moto, resalta Jorge Giménez, quien llega para su guardia. “Si es muy tranquilo, luego viene algo grande”, añade a su vez Alcides López Jr., otro que se suma a la guardia del viernes.

Los bomberos voluntarios son algo distintos al resto de la gente. Si bien tienen familia, trabajo y la mayoría estudia, la diferencia es que brindan a la sociedad una parte de su tiempo sin recibir pago, más que “muchas gracias”. A veces ni siquiera eso.

“Dejamos casa, familia, a veces trabajo. Lo hacemos porque nos gusta, porque nos llena. No es fácil”, apunta Fabián Florentín, quien recuerda que muchos bomberos no tienen ni siquiera el apoyo de sus familias.

A veces ponen en peligro sus vidas y se exponen al maltrato de la gente, la misma a la que están socorriendo. “La gente llama, pide ayuda, pero no magnifica. Llegamos, vemos el hecho y pedimos ayuda… Y nos dicen que perdemos tiempo”, lamenta a su vez Alcides López, quien es miembro del CVBP hace 29 años.

Pero el voluntariado une a los bomberos. “Somos como una gran familia”, asegura a su vez Laura Herrera, bombera desde hace 16 años y ahora secretaria del comando de la 5ª Compañía.

Mientras Laura deja el cuartel, la compañía va recibiendo a los que harán guardia; y en la cocina, Diego Vera –un voluntario y estudiante de gastronomía– comienza a preparar la cena, lo que indica que habrá algo rico, según sus compañeros.

LA GUARDIA

La guardia de lunes a viernes comienza a las 22:00 y va hasta la madrugada del día siguiente. Los sábados inicia a las 20:00 y es hasta el domingo a las 14:00, hora que ingresa el turno siguiente. Este se queda hasta la madrugada del lunes, dependiendo del horario laboral de los voluntarios.

La centinela arranca con la formación. Allí se conoce la cantidad de combatientes y cuántos y qué tipo de móviles están disponibles. Estos datos se pasan a la Central de Alarmas 132.

En la sala de radio, un aspirante y un voluntario están atentos al sonido del equipo UHF, conectado al 132. Allí pasan los servicios a las compañías. En caso de sonar el viejo teléfono, deben reaccionar rápidamente porque casi siempre es un servicio.

La rutina en la compañía es llegar, bañarse, ponerse el uniforme y preparar los equipos personales. Tras esto, se inicia la revisión de los instrumentales y móviles, a fin de cerciorarse que todo esté funcionando correctamente y que los elementos de trabajo estén en su lugar. “Un equipo averiado puede poner en peligro la vida del compañero. Una pieza fuera de lugar retrasa el trabajo”, dice Alberto Coronel mientras revisa los móviles y demás equipamientos.

La medianoche transcurre entre conversaciones y bromas en el pasillo de la compañía. Para el equipo de La Nación sigue la expectativa de algún servicio.

A metros, en la cocina, Diego avisa que la cena está lista y el capitán Óscar Moreno nos invita a pasar. La mesa está servida. Los perros Rocky y Déborath (mascotas del cuartel) olfatean desde la puerta el aroma delicioso de la cena y reclaman una porción.

Al concluir la comida cada uno debe lavar el plato y los utensilios utilizados. Esa es la regla. Los aspirantes se encargan de los demás enseres de la cocina y del aseo general, mientras un grupo de voluntarios va a descansar.

UN SERVICIO

Es 1:08 minutos y sonó el teléfono. Surge un servicio. Quienes duermen se levantan de un salto. La comunicación es ratificada por el sistema de radio UHF y suena la sirena. Es el aviso inequívoco que cada segundo cuanta para salvar una vida, por lo tanto, vestir la “jardinera” y la cotona, calzar las botas debe hacerse rápidamente.

La adrenalina empieza a fluir. Ellos saben que los segundos cuentan, mientras que los minutos restan vida. No se debe perder tiempo. El altavoz avisa que es un accidente en las inmediaciones de la Terminal de Ómnibus de Asunción.

Los más avezados están listos en 30 segundos, otros demoran más. Para ganar tiempo es obligatorio que los equipos estén debidamente ubicados: botas, jardinera y casco abajo, cotona colgada en el lugar que corresponde por esa noche al voluntario.

El vehículo está en marcha y el equipo de socorro acude y llega en menos de 3 minutos. El equipo de La Nación se ubica a un costado para no molestar y poder observar el procedimiento. Por suerte, el accidente no era de gravedad y la mujer indígena –que estaba pasada de copas– no quiso que la llevaran al Hospital de Trauma y se queda con la gente de su comunidad. Al concluir el servicio, que duró alrededor de media hora, la vuelta resulta más relajada.


YCUÁ BOLAÑOS Y CATARSIS

El trabajo de bombero, sin dudas, deja marcas en los voluntarios. Para los que llevan más de 15 años socorriendo, el servicio más fuerte fue el incendio del Ycuá Bolaños. “Allí fue todo junto, porque había niños, adultos, embarazadas. Muchos abandonaron bomberos luego de ese servicio”, expone Laura Herrera, psicopedagoga de profesión.

Agrega que siempre están atentos para detectar si alguien “quedó” en algún servicio. “Cuando se habla mucho o se piensa mucho es porque ese servicio afectó. Entonces trabajamos con el compañero”, indica.

Otro servicio que pegó fuerte a esta compañía fue un accidente de tránsito en el que fallecieron tres jóvenes. Muchos quedaron frustrados, aunque cada uno puso lo mejor de sí. “Fue una mañana de domingo. Un chico quedó boca abajo, dos estaban vivos aún. Pero tardamos, porque los equipos para rescate vehicular son pesados y viejos. Pensé que si agilizábamos, podíamos haberlos salvado”, cuenta con tristeza Álvaro Chaparro, quien siempre está ayudando y orientando a los aspirantes.

Sin dudas este servicio fue intenso y a pesar de que le pusieron muchas ganas, no pudieron salvar a los accidentados, porque el vehículo se convirtió en hierro retorcido, según el propio capitán Óscar Moreno. “Yo había dejado de fumar. Luego de ese servicio volví con el cigarrillo”, señala Moreno.

Pero la vida de bombero no es solo luchar contra la muerte. En muchas ocasiones también ayudan a dar vida. “Asistimos a un par de alumbramientos. No había tiempo de llegar al hospital. Con lo que teníamos ayudamos a venir al mundo a los bebés, y eso nos llena de satisfacción”, dice el capitán Moreno.

Otro momento grato fue cuando llevaron juguetes a niños enfermos de VIH. Los pequeños se sintieron felices con la visita de estos héroes anónimos de la sociedad.

PARADOJA

La vida bomberil es contradictoria, porque aunque es voluntariado están regidos por un sistema verticalista en el que “primero se cumple la orden y luego se pregunta”, dice Vicente Caballero, bombero fundador de la 5ª Compañía, unidad cuyo lema es “Trabajo y Servicio”.

Para los integrantes de la dotación impera la disciplina y el respeto al superior inmediato, ya sea por rango electivo o antigüedad. Este rígido sistema se nota a las horas previas de las guardias con los pedidos de “Permiso para ingresar a la Compañía Voluntario/a más antiguo…”.

La otra frase que impera en la compañía es “A su orden”. El superior recalca que toda tarea se debe hacer con “buena cara” para evitar vueltas en la plaza –que es como una especie de sanción– y “comprender el voluntariado”. La última palabra de un voluntario es siempre “señor o señora”, explica Jorge Figueredo, quien además de prestar servicio en la compañía trabaja en la Central de Alarmas en noche-madrugada.

El estricto sistema que rige en la compañía no afecta la camaradería, la amistad y el respeto entre los voluntarios. El general, la formación de los bomberos se encara para servir en varias áreas, no solo incendios y primeros auxilios, sino además rescate en altura, en agua, manejo de materiales peligrosos, etc.

La academia instruye a los aspirantes durante 9 meses. Tras jurar, cada uno se va capacitando en lo que más le gusta. La compañía envía a los voluntarios al exterior, o en todo caso, pagan el pasaje y la estadía a un instructor que aporta conocimiento para todos.

COSTO OPERATIVO

La 5ª Compañía del Cuerpo de Bomberos Voluntarios del Paraguay fue fundada el 29 de junio de 1997. Los primeros años funcionó en una casa rentada en las cercanías de la subestática de la Ande y la Avda. Cacique Lambaré. Luego de conseguir un terreno de la municipalidad, el entonces capitán Alcides López asumió personalmente la deuda para la edificación.

El costo operativo mensual de la compañía es de G. 12.500.000, aproximadamente, de los cuales G. 7.000.000 se destinan al combustible. También se pagan dos salarios para cubrir choferes para el día, dice Nilva Morán, directora administrativa de la compañía. Por la noche se designa dos voluntarios para conducir los móviles.

Además, se cubren los gastos básicos de alimentación del fin de semana, lo que representa G. 280.000 mensual. La subsistencia de la compañía es gracias al aporte de la ciudadanía que ayuda con donaciones, como socio colaborador o en la colecta anual que se hace el 4 de octubre.

La 5ª Compañía tiene un autotanque –vehículo de primera respuesta– y se complementa con un autobomba, una camioneta y una motocicleta. Todo conseguido a base de donaciones y actividades de los bomberos activos de la compañía. Pero la unidad de rescate y una camioneta de comandancia están fuera de servicios, a lo que se suma que “el televisor se quemó durante una tormenta”, recuerda Nilva Morán.

Así es un cuartel de bomberos en donde sobra camaradería y esperanza para que la gente apoye este voluntariado, siempre dispuesto a salvar vidas. Es hora de encender la alarma no solo al Estado para que les otorguen más recursos y seguro médico, sino también a la sociedad para que apoye su noble tarea.