Por Toni Roberto, tonirobertogodoy@gmail.com

No quiero ser literal explicando ese magnífico y singular dibujo con rastros de tener varias décadas encima. Pratt Mayans retrató a Eugenia en ese singular balcón. Solo quiero en pocas líneas hacer notar la vida de unos vecinos de Asunción en 1970 y rendir homenaje a la investigadora y docente Eugenia Bordas Gatti, que es parte de estas líneas.

UNA CARTA O DISCAR UN TELÉFONO

La única posibilidad de comunicación, aparte de las visitas domiciliarias que eran costumbre, era discar un teléfono, enviar una carta o alguna esquela, cosa que nos demuestra el genial José Antonio Pratt Mayans en este dibujo fechado en diciembre de 1970. En el mismo, él retrata a la botánica Eugenia Bordas, además acompaña la imagen con una imaginaria carta de la misma, dirigida a Edith Jiménez, enviándole saludos a su hermana la pianista e investigadora Nelly Jiménez, su mamá y a Coquito Grillón, todos vecinos del barrio Catedral, ahí en la zona de la iglesia del San Francisco.

LA LENTA ASUNCIÓN DE LOS 70

Así se vivía al paso de una Asunción más lenta, pero en la que se vivía a diario con el calor del encuentro personal o donde la intelectualidad intercambiaba cartas o esquelas, lejos aún del internet, pero más cerca de un café en alguna esquina de la ciudad. Un café compartido para ponerse al día con las noticias buenas y malas, tal vez en el legendario y desaparecido café Chirigüelo de Yegros y Manuel Domínguez, ahí cerquita nomás del lugar donde fue dibujada esta “imaginaria carta de la botánica”, en ese mismo barrio.

El mismo balcón años después.
El mismo balcón años después.


EUGENIA BORDAS Y EL CUARTO DEL OLVIDO

Sirva también este dibujo como muestra de nuestra frágil memoria y el poco reconocimiento que les ofrecemos en vida a los héroes civiles, hoy Eugenia Bordas Gatti fallecida en el 2018. Ella fue una mujer sencilla de la calle Fulgencio R. Moreno esquina Iturbe a la que, sin embargo, los paraguayos le debemos gran parte de nuestra clasificación herbaria.

No me gustan los discursos de despedida, pero tampoco borrar de la memoria a quienes fueron personas importantes por su aporte a la sociedad. Solo decir que Eugenia vivió sus últimos días en el más terrible de “los cuartos del olvido”, en una sociedad donde el ruido y lo banal es más importante que un pedazo del pasado de nuestra “memoria asuncena”, que es lección para la educación de los “cuadernos del futuro”.

Camino, voy rumbo a esas calles, a mirar lo que quedó del café Chirigüelo, tal vez encuentre, dibujados en alguna pared, a uno de estos vecinos o a otros parroquianos como Efraín Cardozo, Enrique Cazenave o al ingeniero Elías. Tal vez así pueda y podamos, tratar de “olvidar el olvido”.