POR ALDO BENÍTEZ, aldo.benitez@gruponacion.com.py

Desde crear personajes ficticios que tengan vida a través de una saga hasta el trabajo artesano y diario de plasmar una situación ciudadana en un dibujo humorístico. La Nación habló con tres de los más destacados dibujantes del país para conocer un poco más de sus obras y de cómo se hace esto de graficar situaciones cotidianas en dibujos que transmitan humor y así llegar a la gente. Cómo se vive la pasión de contar historias y convertirlas en historietas.

ROBERTO GOIRIZ

Con 41 años de trayectoria, Roberto Goiriz es uno de los más destacados caricaturistas y dibujantes de nuestro país. Arrancó a los 16 años en esta vocación y desde entonces no paró. Sus obras llegaron a trascender en países como Brasil, Estados Unidos, España e Italia, entre otros. Dice que su desafío hasta hoy día es crear dibujos que tengan una forma de contar diferente a otras.

Roberto Goiriz nació en Asunción, en 1961. Para la época de su niñez, los entretenimientos más importantes eran las historietas. “Se las podía encontrar en todas partes: en la casa de uno, en la de los vecinos, en la peluquería, en la escuela, en los quioscos, había incluso lugares de intercambio que surgían en cada barrio, adonde uno podía acudir con sus revistas viejas y cambiarlas por otras que no hubiera leído”, expone.

Cuenta que ingresó al mundo del cómic desde muy joven. Justamente, una de esas revistas que veía de niño fue la que le llamó la atención para que esto sea, con el paso del tiempo, su vocación. “Pues bien, sucede que esas revistas tenían maravillosas ilustraciones y aventuras que me llamaron la atención desde muy chico. Allí encontré una puerta de entrada a mundos desconocidos. Podía caminar en el desierto junto al errante Nippur o trasladarme velozmente por el espacio, acompañando a Flash Gordon. Perderme en el castillo que habitaba el Príncipe Valiente o luchar contra un gorila, ayudando a Tarzán”, dice Goiriz.

Fue así que se metió de lleno al mundo de las caricaturas, de los dibujos, de los pinceles, en definitiva, de la creación. “Por curiosidad, creo, traté de copiar uno de esos dibujos que tanto me impactaban y, para mi sorpresa, no salió tan mal. Le mostré el resultado a un compañero, pero él no creyó que yo lo hubiese hecho. Yo tampoco lo creía mucho, así que continué practicando”, señala.

Dice que años después, con una carpeta llena de dibujos, recorría las editoriales de Asunción. Así fue que, a los 16 años, empezó a publicar sus primeros dibujos en el suplemento escolar del diario Abc Color. “Quizá por insistencia me contrataron para dibujar el suplemento escolar. Tenía 16 años y ese fue mi primer trabajo profesional”, dice Goiriz.

“Así comencé, y continué produciendo ilustraciones e historietas. Escribiendo, dibujando, e insistiendo tanto a nivel local como en Brasil, Argentina, España, Italia y Estados Unidos, países en los que he publicado mis cosillas. Y continúo creando”, señala el artista.

En cuanto a una reflexión sobre el mercado o sector, dice que la historieta, como cualquier otro arte o medio de comunicación, atraviesa cambios y que se ven mucho más en los soportes, ya que al papel ahora se añaden las pantallas de los diversos dispositivos electrónicos. Esto hace que se produzca mucho más que en el pasado, según Goiriz. “Pero gran parte de esto se dirige a nichos de mercado muy específicos y quizá la antigua masividad se ha perdido en muchos casos. Pero se ha ganado en variedad temática, en riqueza de estilos y autores, en calidad de las propuestas. Se produce mucho y para cada gusto”, dice el artista.

“El dibujo, cuando es planteado en una historieta, está al servicio de la narración. Al igual que el guion. Ni uno ni otro deben destacar más de lo que el cómic necesite para contar su historia, pues eso es lo principal. Narrar adecuadamente, de manera a que el estilo de dibujo sea casi invisible, pero a la vez marcar una forma de contar que se diferencia de otras obras, es el desafío que sigo tratando de enfrentar”, señala finalmente Goiriz.


MELKI MELGAREJO

Melquiades Melgarejo Valiente, o mejor Melki, es uno de los grandes dibujantes de nuestro país que actualmente está trabajando y estudiando en el exterior. La calidad de su trabajo le ha valido a Melki estar en la mirada de grandes cadenas que trabajan en Europa en el humor a través de las caricaturas.

“Yo empecé a dibujar desde los 6 años más o menos. Empecé a bocetar superhéroes. Superman fue el primero, pero ya desde ese tiempo y hasta ahora, mi preferido es Spiderman. De hecho, tuve la suerte de verlo a su creador Stan Lee en la Comiccon de Montreal. Así también como a Adam West, el Batman de la serie televisiva de los años sesenta, uno de mis programas preferidos de esa época”, dice Melki.

Radicado desde hace un par de años en Canadá, hasta donde fue para capacitarse, pero en donde rápidamente encontró desafíos laborales. En el 2018, empezó a trabajar con el equipo de Oasis Animation, una empresa que trabaja en las producciones del gigante de streaming Netflix.

“Profesionalmente arranqué en el año 1998. Desde esa época publico todos los días sin parar. Recuerdo que el periodista Luis María Flecha me había presentado a ‘Titito’ López Moreira y este me abrió las puertas del entonces diario Noticias. Desde entonces estoy en esto y es lo que más me gusta. Es mi pasión”, señala.

Melki añade que lo suyo es más flexible a nivel gráfico porque es el humor gráfico, que lleva consigo la espontaneidad y sobre la transmisión y comprensión rápida del mensaje, que es un elemento que él busca siempre plasmar en sus gráficos o personajes.

Agrega que es posible vivir de esto, pero dependiendo del lugar de trabajo y la trayectoria que uno ya se haga con ello. “Hay que tener mucha paciencia y perseverancia por sobre todo”, expone Melki.

Sobre la situación actual en el sector, menciona que es un momento importante y que se tiene que aprovechar. “El Cómic adquiere nueva fuerza especialmente con todas estas películas de superhéroes que no paran de salir. Y probablemente dentro de todo lo que es el dibujo es una de las profesiones más difíciles porque hay que dominar especialmente la anatomía”, finaliza.

Nicodemus Espinosa

“Siempre dibujé, y una cosa trae a la otra” arranca diciendo Nicodemus Fermín Espinosa González, más conocido como Nico. Con más de 40 años en este mundo, Nico es también una marca registrada en nuestro país en lo que tiene que ver con el humor gráfico y los dibujos.

Nacido en Asunción, el 31 de marzo de 1954, Nico también agarró esta pasión de los dibujos desde muy pequeño. “Siempre dibujé. Primero como hobbie y luego como profesional. El cómic es un paso inevitable, por llamarlo de alguna manera, para un dibujante que tiene ganas de narrar cosas en forma gráfica”, explica.

Dice que empezó a hacer historietas o cómic, como se lo quiera llamar, con dos guionistas de lujo en el antiguo diario Hoy (años 1977 en adelante). Recuerda, en ese sentido, a Rodolfo Víctor Santacruz –o Rovisa– con quien hacía una tira diaria, una especie de el gordo y el flaco autóctonos, que se llamaba “Pililito y Pan Kyra”.

“Luego trabajé con el gran Helio Vera, juntos satirizamos un premio que en ese entonces se otorgaba en el ambiente del espectáculo nacional, una especie de Oscar paraguayo, el premio se llamaba El Morotoko de Oro (¿por qué todos los premios tienen que ser de ‘oro’? )”, dice Nico. Y añade “Nuestra historieta apareció con el nombre de El Último Morotoko, parodiando aquella famosa novela de James Fenimore Cooper, El último Mohicano, pero con situaciones locales”.

No recuerda bien la fecha en que se inició, pero está seguro que fue en los años 70 junto con otros dibujantes. Cita entre ellos a Reinaldo Martínez, “Rojita”, y colaboradores como Manuel Mosteiro y Ricardo Yustman. Con ellos editaron la primera revista de humor y rock –soy rockero desde la época de las “operaciones tijeras” en donde la policía nos detenía a los cabelludos y nos pelaban a la fuerza, recuerda Nico– que se llamaba JE JE GRAP.

Recuerda además la puesta en marca de la revista “El Raudal” que salió en los años 80. “Sacamos con otro par de amigos y dibujantes también, Roberto Goiriz y Juan Moreno, que sirvió de catapulta para realizar otros proyectos como el álbum a todo color de El Raudal y luego pasó a ser un semanario de humor en formato tabloide”, expone Nico.

Sobre la actualidad del Cómic dice que en nuestro país goza de buena salud. “Existe una interesante variedad de publicaciones, todas autoeditadas. Está ‘Epopeya’ de Javier Viveros, ‘Paraguay Retã Rekove’ de Roberto Goiriz. En Encarnación está Set Studios con ‘Noctogoles y Corazón Coronado’, en Ciudad del Este está ‘Pescadores’ del dibujante Rodrigo Núñez”.

Otra publicación es la del creador Vidal González con su personaje “Coquito Man” de temática infantil. “Junto con mi hijo Alejandro, editamos ‘El Bachenauta’, revista cuyo slogan es ‘De nulo interés cultural’ y contiene humor, ciencia ficción, terror, fantasía heroica, cuentos y comentarios de destacados exponentes del género. En estos días salimos con la edición número 11 y vamos rumbo a cumplir dos años de su aparición”, cuenta Nico.

Señala además que en nuestro país se puede vivir de hacer este trabajo, pero que cuesta un poco porque la lectura está relegada como una cuestión habitual de la gente, pero que igual se tiene que pelear.

Para Nico, el cómic sirve como primer vínculo entre los niños y la lectura en el trayecto de su aprendizaje, o al menos es lo que se tiene en el primer mundo, dice: “Acá algunas ‘vacas sagradas’ de la cultura, hasta hace poco consideraban a la historieta o cómic como ‘arte menor’. En Europa, los niños aprenden a leer con los cómics, acá les enseñan a bailar reguetón”, tirotea Nico.

Dice además que esto además de su trabajo es su pasión misma. “El dibujo, el arte, la creación, es mi estilo de vida”, cierra Nico.