Un cabezazo de Danilo en el minuto 66 le dio al Flamengo el cuarto título de la Copa Libertadores de su historia, en la final jugada en el Monumental de Lima. Con ese tanto superó al Palmeiras y de esta manera se convierte en el club brasileño con más títulos del máximo torneo continental de Sudamérica.

Pero más allá de ese gol, el Men­gão fue el equipo que más quiso, el que más lo buscó y el que logró el sueño continental desde la actitud y determinación.

El equipo de Filipe Luís lo ganó desde la iniciativa de encarar la final como corresponde. Jugó al anticipo y dejó aislado a los hombres de punta más peligro­sos del Verdão. Tal es así, que jugadores como Allan y el pro­pio Vitor Roque tuvieron que recurrir a la aventura indivi­dual y perdieron casi siempre en el intento, por la gran cober­tura defensiva que impuso el Flamengo, con un trabajo imperial de Guillermo Varela y el propio Danilo.

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La categoría de Giorgian de Arrascaeta fue también un punto alto desde la pausa y el criterio para distribuir balones. Arriba, entre Samuel Lino y en mayor medida Bruno Henrique generaron algunos sofocones en la defensa del Palmeiras. Gustavo Gómez, de gran par­tido, evitó un gol seguro tras una salida en falso de Murilo. Aún así, ese primer tiempo fue para el olvido, porque escasea­ron las ocasiones de conquista. El curso del partido quizás hubiera tenido otro trámite si el árbitro argentino Darío Herrera se animaba a mos­trar la tarjeta roja a Erick Pul­gar. El chileno, tras una falta ya cobrada, metió un planchazo sobre Bruno Fuchs, pero ape­nas vio la amarilla. El asedio del Flamengo se vio recompen­sado con el golazo de cabeza de Danilo. El zaguero entró como un tromba para aprovechar el córner de De Arrascaeta y meter el cabezazo que dejó sin chances a Carlos Miguel.

Recién desde este tanto, el Palmeiras se animó a más. Gómez, ya metido como delantero y algunos cambios de Abel Ferreira le dieron otro aire al Palmeiras, pero con mucho desorden.

En los minutos finales, el empuje fue netamente del cua­dro paulista, pero se perdió en el intento. Al final, el título quedó a manos del equipo que mejor jugó y el que aprovechó su momento para sentenciar el partido.

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