Festejo a boca llena de Piris da Motta con Jorge Morel, autor del único tanto azulgrana, que cantó victoria luego de mucho tiempo.FOTO: EDUARDO VELÁZQUEZ
Y volvió por fin a la victoria. Cerro Porteño tuvo que esperar ocho fechas para volver a festejar un triunfo en el torneo Apertura, que le vendrá muy bien para tranquilizar las aguas tras semanas tumultuosas. El que pagó los platos rotos fue Sportivo Luqueño, que fue una sombra del equipo que en sus últimos partidos mostró cosas muy positivas. Ganó el Ciclón 1-0, pero el resultado pudo haber sido más amplio, sobretodo por las ocasiones que desperdició en el primer tiempo. Pero en el segundo, tras una gran jugada de Cecilio Domínguez, Jorge Morel metió el zapatazo esquinado para decretar el único tanto del partido. Después, aguantó con sofocones el resultado. Victoria merecida del Ciclón, que se posiciona nuevamente en el lote de arriba.
Estadio: Ueno Defensores del Chaco. Árbitro: David Ojeda. Asistentes: Eduardo Cardozo y Esteban Testta. Cuarto árbitro: Aldo Quiñónez. VAR: Carlos P. Benítez. AVAR: Héctor Balbuena.
Gol: 57′ Jorge Morel (CP). Amonestados: B. Valdez, R. Piris da Motta, C. Domínguez, D. Churín, W. Viera (CP), M. Ferreira (L).
SPORTIVO LUQUEÑO: Alfredo Aguilar; Rodi Ferreira, Alexis Villalba, Pablo Aguilar, Mathías Suárez; Nicolás Maná (65′ Diego Fernández), Rodrigo Rojas, Rubén Ríos(87′ Jorge Mendoza), Lautaro Comas (65′ Sergio Fretes); Marcelo Ferreira (78′ Sebastián Ruiz Díaz), Alex Álvarez (65′ Derlis Ortiz). DT: JULIO C. CÁCERES.
CERRO PORTEÑO. Jean Fernandes; Víctor Cabañas (79′ Enzo Giménez), Bruno Valdez (90+3′ Ronaldo de Jesús), Cristian Báez, Santiago Arzamendia; Juan Iturbe (85′ Gabriel Aguayo), Robert Piris da Motta, Jorge Morel (85′ Wilder Viera), Cecilio Domínguez; Federico Carrizo (79′ Dramane Diarrá). Diego Churín. DT: JORGE ACHUCARRO.
GIMÉNEZ DIO EL SÍ
El español Manolo Giménez dio el sí para ser el nuevo técnico de Cerro Porteño. El adiestrador llegará al país para firmar su contrato con el Ciclón y comenzará a trabajar en la próxima semana. Así como están las cosas, debutará en la fecha 11 ante Nacional.
Viral: el “Club del grito” libera el estrés en colina de Londres
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“¡Uno no se da cuenta de todo lo que se guarda!”. En un parque de Londres, decenas de jóvenes se reunieron para gritar juntos y liberar tensión, un fenómeno que se ha vuelto viral en TikTok. Los participantes, en su mayoría personas de unos veinte años, se congregaron el sábado pasado en la cima de la colina de Hampstead Heath, al oeste de la capital.
Esperaron a que Mona Sharif, la organizadora de este “Club del grito”, diera la señal y entonces comenzaron a gritar. La acción “está inspirada en la terapia de grupo y en la terapia del grito, donde las personas expresan frustraciones que no pueden verbalizar”, explica a AFP la creadora de contenido de 26 años.
Sharif cuenta hasta tres y todos empiezan a gritar a todo pulmón mientras se graban con sus teléfonos, observados por transeúntes divertidos o sorprendidos. “Fue terapéutico. ¡Uno no se da cuenta de todo lo que se guarda hasta que lo deja salir!”, dice Rebekah Drakes, una camarera de 23 años, después de su grito.
Un primer “Club del grito” atrajo a “mil personas” a otro parque una semana antes, informa Mona Sharif, quien no podía creerlo. Tras ver en TikTok que la gente se reunía para gritar en Estados Unidos, “publiqué un video sugiriendo que hiciéramos lo mismo en Londres y creé un chat grupal (...) al que se unieron mil personas en tres días”, cuenta.
Julia Dewit, profesora de 29 años, se alegra de que haya muchas mujeres, a quienes a menudo “se les anima a mantener la calma y la serenidad”, y de que los jóvenes, a diferencia de los mayores, se sientan más cómodos “hablando de emociones y salud mental”.
Antes de comenzar a gritar, los participantes se turnaron para subirse a un banco y hablar sobre su soledad, sus dificultades para encontrar su lugar en la sociedad o lo que les enoja en las noticias, con el aliento del grupo.
Según una encuesta de YouGov para la Universidad UCL, publicada el pasado septiembre, dos tercios de los jóvenes (de 16 a 25 años) en Gran Bretaña experimentan o han experimentado problemas de salud mental, relacionados principalmente con sus estudios o problemas económicos.
Este club también les permite reunirse e intercambiar ideas en una capital donde mucha gente “se siente sola y tiene dificultades para hacer amigos”, subraya Mona Sharif.
Los mensú, apócope de mensualeros, eran los empleados de las empresas extractoras de yerba mate y eran llamados así por la periodicidad de la remuneración que recibían. También se los conocía como mineros. De ahí el título del poema de Teodoro S. Mongelós “Minero sapukái”.
En 1908, Rafael Barrett denunciaba con vigor en su libelo titulado “Lo que son los yerbales” la inicua explotación y penurias de los mensú. Al sitio de la explotación yerbatera lo denominaban mina y al peón, minero.
“La Cámara de Apelación paraguaya –dice Barrett– ha opinado que el yerbal es una mina. Esta designación terrible es más elocuente que todo. “Sí: hay minas al aire y a la luz del sol. El hombre desaparece sepultado bajo la codicia del hombre”.
Los mensú eran reclutados en distintos pueblos del país y regiones vecinas. Se les adelantaba una suma determinada de dinero, que atizaba el interés del desgraciado, a quien hacían firmar un contrato ante el juez de Paz de esa comunidad, lo que constituía, sin exagerar, una verdadera condena a muerte.
Entre las leoninas condiciones estaba la de no abandonar el obraje mientras existan deudas con la empresa (el adelanto devengaba intereses usurarios). Además, como tenían que proveerse de alimentos y ropas de la misma empresa que los contrataba a precios excesivos que no se compadecían de la pésima calidad de los productos, terminaban endeudándose cada vez más, pues el magro ingreso no alcanzaba a cubrir siquiera sus costos de subsistencia.
DURAS CONDICIONES
Como jamás terminaban de pagar sus deudas, nunca podían librarse de ese yugo, de cargar fardos enormes, de hasta ochenta kilos, por la inmensidad de la selva que los devoraba, de soportar los azotes del capataz, las enfermedades, la fatiga y el mal sueño a causa de la humedad, los mosquitos y las serpientes que flagelaban el miserable campamento donde eran hacinados estos despojos humanos. Miles han muerto con padecimientos que hoy son difíciles de dimensionar.
Los que escapaban eran cazados como presas y devueltos a su presidio, cuando no asesinados impunemente. ¿Qué esperanza tenían de escapar unos hombres sin fuerza, enfermos, casi sin vida? En la interminable selva nadie los ayudaría y un intento fallido de fuga era duramente expiado. Por eso la mayoría se resignaba a pasar sus dolorosos días en la mina, de donde miles no han vuelto jamás.
En la práctica la encomienda seguía vigente, pues estas arcaicas técnicas de producción yerbatera tienen en efecto origen colonial, periodos en el que los indios fueron diezmados a causa de esa labor, que constituía una de las actividades económicas principales del Paraguay.
GRITOS MUSICALES
En “Minero sapukái”, Teodoro S. Mongelós describe ese suplicio estoico de los mensú, quienes con gritos de aparente euforia buscan disipar las interminables horas de trabajo: “Ayvu ha ãhóme anga ogueroja barbacuágui mborovire” [con suspiros y ruidosamente se transportan del horno las hojas de yerba que han sido cocidas].
Teodoro S. Mongelós, el poeta de los humildes
El barbacuá es un horno rudimentario de ladrillos y tierra roja, abundante en la zona, donde se cuecen las hojas de la yerba mate, traídas hasta ahí en pesados fardos sobre las espaldas desnudas del mensú, recorriendo varios kilómetros.
Estas hojas secadas y cocidas en dicho horno eran luego desmenuzadas en una especie de molino denominado cancheadora. Las hojas luego de triturarse pasaban a llamarse mborovire, que es el producto semielaborado. Por último, se traslada el mborovire al depósito para su estacionamiento.
Como los esclavos de las plantaciones de algodón, en los quebrachales, en los ingenios azucareros o en los bosques de extracción de caucho, los mineros tratan de sobrellevar ese castigo no con el desahogo del llanto, sino a gritos, con variados y musicales gritos, canciones en guaraní o simplemente entonando sonidos sin significación alguna, pero con mucha fuerza vital: “Sapukái ñahendu opaichagua ha purahéi avañe’ê” [se escuchan gritos diversos y canciones en guaraní].
Todo el poema se centra en el alivio ruidoso de los mensú, cuyas exclamaciones se pierden en la selva y rompen el silencio: “Kane’õ ára puku, ku ayvúpe ombohasa [la fatiga del largo día es disipada con el bullicio]”. Quizás haya sido una manera de no pensar, de evadirse de falsas ilusiones y abandonarse a los caprichos del destino.
SORNA
Al final de la tercera estrofa del poema, Teodoro desliza una ironía: “Ka’atygua nomomba’éi ro’y, noñandúiri pe kane’ô” [los peones de la selva no acusan el frío, no sienten cansancio]. Mal vestidos como estaban, con harapos, recibían de lleno los rayos de nuestro inclemente sol subtropical tanto como el cortante viento de las riberas del Paraná, que tajeaban la piel; pero, para soportar catorce o dieciséis horas de trabajo, poco ayudaba quejarse. Se les hacía cuesta arriba la jornada y había que quitar fuerzas de cualquier cosa o de lo único que tenían, su aliento. El grito que, compartido, era una forma de solidaridad, de socorro.
La jornada en la selva es larga y la hacen más larga aún los padecimientos repetidos. “Hi’arikuéra opáva kuarahy, ha ayvúpe omba’apo” [el sol se pone tras sus espaldas mientras ruidosamente siguen trabajando].
La musicalidad de “Minero sapukái” se extiende hasta sus últimos versos, que son los más sublimes: “Sapukáipe ñaimo’ã hi’âhóva mombyry” (pareciera que al gritar arrojan un suspiro a lo lejos).
El poeta aporta una metáfora preciosa en la que el suspiro se transforma en grito que se arroja, que se aleja del cuerpo extenuado y del alma oprimida, como una forma de rechazar o disolver todo el dolor que les invade y exhalar así las obstinadas penas y, finalmente, buscar también de esa manera la libertad, que saben y sienten cada vez más distante.
Cerro Porteño cerró el martes un lamentable año en lo deportivo. La nueva derrota, esta vez ante Libertad en el cierre del Clausura y en un partido que lo tenía ganado hasta el minuto 90, ratificó el penoso momento que atraviesa el equipo azulgrana, que terminó en un vergonzoso sexto lugar.
Y este término viene al dedillo porque el propio Federico “Pachi” Carrizo, uno de los referentes del equipo, calificó de esta manera el cierre de año del Ciclón.
“Simplemente disculparnos con la gente, con los que siempre están, porque ha sido un año duro. Nos tocó perder otra vez de una manera vergonzosa, inédita, por cómo termina. Tenemos que poner el pecho, los que seguimos, los que estamos acá, tenemos que tener la espalda para soportar todo esto”, aseguró el volante a Tigo Sports.
El argentino es otro que no se salvó de las críticas a lo largo del año, pero dejó en claro que no tirará la toalla hasta que el Ciclón vuelva al lugar que le corresponde.
“Más fácil es irme a mi casa, pero quiero mucho al club, porque le agarré muchísimo cariño, hace seis años que estoy. Me gusta que vengan, me gustan que puteen, y cuando las cosas están bien también que nos alienten como siempre. En estos momentos malos doy la cara porque soy uno de los más grandes y no tengo duda de que el año que viene lo vamos a sacar adelante”, remarcó.
Añadió finalmente que la única manera de salir de esto es haciendo autocrítica entre todos y trabajar para lo que viene. “Hay muchas cosas que tenemos que corregir, jugadores, dirigentes y cuerpo técnico, hay cosas que cambiar puertas adentro”, concluyó.
El delantero brasileño Francisco Da Costa, de 29 años, ya está en España con el plantel azulgrana y desde ayer se sumó a las actividades de pretemporada que realiza el plantel en el complejo deportivo, Marbella Football Center, de la ciudad de Málaga, España. La directiva cerrista lo anunciará de manera oficial en las próximas horas.
La idea del cuerpo técnico que lidera el español Manolo Jiménez es tener al atacante por lo menos en tres entrenamientos antes de regresar a nuestro país, mañana, posiblemente en horas de la tarde (a confirmar). El objetivo es entrenar a la mañana y luego viajar a Paraguay.
Chico es la segunda adquisición del cuadro de barrio Obrero. El primer fichaje fue Derlis Rodríguez, quien fue transferido de Tacuary. Además regresó de Trinidense el ofensivo Fernando Romero.
A esto se agrega que Cerro está tras la ficha de Héctor David Martínez como prioridad y en segundo orden la del delantero Luis Amarilla y del defensor Juan Saborido. Las bajas fueron Santiago Arzamendia, el brasileño Edú, Fabrizio Jara, Fabrizio Peralta y Luis Riveros.
Cerro Porteño se prepara para afrontar los partidos de repechaje, ante el brasileño, Atlético Paranaense, por un boleto a los octavos de final de la Copa Sudamericana (ver infografía). Además el Ciclón debe intervenir en este segundo semestre del torneo Clausura y la Copa Paraguay.