El defensor Bruno Valdez, de 31 años, está a punto de regresar a Cerro Porteño. Ayer saltó la información en los medios argentinos que Boca Juniors y el Ciclón ultiman detalles para el préstamo por un año, con opción a compra. Inclusive el cuadro boquense pretende negociar una parte del pase. El Xeneize busca liberar un cupo de extranjero y el zaguero no será tenido en cuenta por el nuevo técnico Diego Martínez. El ciclo anterior de Valdez en filas azulgrana fue entre el 2014 y el 2016 y ahora hay acuerdo entre el club y el futbolista para su retorno a Barrio Obrero.
Otro jugador que busca Cerro es el paraguayo Luis Amarilla, de 28 años, actualmente en el Mazatlán mexicano.
PREPARA DEFENSA
El Departamento Jurídico de Cerro Porteño se encuentra preparando la defensa con respecto a la suspensión de su barra brava. El documento se presentará el lunes o martes y se filtró que uno de los argumentos de defensa será el cierre de algunos portones de Gradería Norte en el momento del incidente entre los inadaptados. Igualmente, objetarán la tardanza de más de 15 minutos que emplearon los agentes del orden público (la Policía) para ingresar al estadio de modo a detener desde el principio el disturbio. También es seguro que si el Tribunal de Justicia decide otorgarle los tres puntos al cuadro pedrojuanino, Cerro va a apelar la decisión.
PACHI, CONFIRMADO
La inclusión frente a General Caballero de Federico Carrizo está confirmada. Estaba en duda por un golpe en la zona lumbar que le obligó a salir ante 2 de Mayo; sin embargo, ayer entrenó normalmente y el equipo azulgrana no tendrá variantes ante los esteños.
SIN HINCHAS DEL AZULGRANA
El club General Caballero recibirá a Cerro Porteño el domingo en el estadio Ka’arendy, desde las 18:15, y emitió un comunicado guiándose por la determinación del Tribunal de Justicia de suspender el ingreso de los hinchas de Cerro por dos fechas. La entidad informa que solo permitirá la entrada al estadio a los aficionados del club local. Aquellas personas que lleven remeras alusivas a Cerro no podrán acceder al coliseo. Ya se pusieron en venta las boletas que serán nominales y costarán: 100.000 (Preferencia); 60.000 (Plateas) y 30.000 (Graderías).
PERFIL
BRUNO AMÍLCAR VALDEZ ROJAS
F. Nac.: 06/10/1992
Edad: 31 años
Lugar de Nac.: Villa Hayes, Paraguay
Altura: 1,81 m
Posición: defensa central
Pie: derecho
Club actual: Boca Juniors
Fichado: 16/01/2023
Contrato hasta: 31/12/2025
Clubes:
2011: Sol de América
2014: Cerro Porteño
2016: América, México
2023: Boca Juniors
Valor actual: 1.500.000 euros
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Reapareció “el Chapo” y pide a las autoridades de EE. UU. que le transfieran a México
El excapo mexicano Joaquín “Chapo” Guzmán ha enviado cartas a las autoridades judiciales estadounidenses para pedir el traslado a su país de nacimiento porque considera que su juicio fue irregular y su condena de cadena perpetua “cruel”.
Extraditado en 2017, tras dos fugas de prisiones mexicanas, el Chapo cumple condena en una cárcel de máxima seguridad en Colorado.
La AFP pudo consultar tres cartas manuscritas del cofundador del cártel de Sinaloa, registradas en el sistema de información judicial federal este lunes.
“Esta es una carta cortés sobre (...) las evidencias, que no fueron probadas”, explica el Chapo en un inglés con faltas gramaticales y de sintaxis.
El Chapo pide en la misiva, dirigida al tribunal del distrito este de Nueva York, que le reconozca su “derecho a volver” a su país, sin aclarar si su solicitud es para cumplir el resto de su condena en México.
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En otra misiva del 20 de abril el Chapo se queja de que ha solicitado sin éxito los documentos que llevaron a su condena.
Esos documentos “no probarán (sic) mi cruel castigo” añade. “El veredicto de mi juicio no fue justo”, asegura.
El Chapo asegura además que está a la espera desde hace tres años de una apelación.
Joaquín Guzmán invoca además la protección de “la primera a la quinta enmienda” de la Constitución estadounidense.
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El Chapo se ha quejado en varias ocasiones mediante cartas manuscritas de las condiciones de su encarcelamiento, el aislamiento y la falta de visitas familiares.
Fuente: AFP
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Cerro, dos partidos sin público
Sumario y pedido de informes a Olimpia y al Ciclón para identificar a vándalos que protagonizaron los hechos de violencia.
El Tribunal Disciplinario de la Asociación Paraguaya de Fútbol se reunió ayer a la tarde y dio a conocer una resolución de manera provisoria en relación a los violentos actos que se dieron en el superclásico entre Olimpia y Cerro Porteño, que obligó a la suspensión del partido el domingo pasado.
Si bien todo queda en veremos en cuanto a la resolución más importante (resultado deportivo), la decisión más importante guarda relación a que el público azulgrana no podrá ingresar en los próximos dos partidos que el equipo dispute sus partidos de local, es decir, ante Ameliano, en la fecha que viene, y Deportivo Recoleta.
“Disponer, provisoriamente y por el término de 2 fechas, que el club Cerro Porteño dispute dichos partidos a puertas cerradas, sin público en todo y cualquier estadio en el que el club Cerro Porteño oficie de local en cualquier torneo organizado por la Asociación Paraguaya de Fútbol”, refiere la parte resolutiva, pero agrega también que “en partidos en que el club Cerro Porteño oficie de visitante también regirá la misma prohibición para el mismo, con libre acceso de simpatizantes del club local”.
Contrario a lo que pensó inicialmente, en la que solo se señalaba a la barra brava cerrista, el organismo punitivo de la APF también menciona en su considerando que los hinchas franjeados también incurrieron en los desmanes generalizados que obligaron a la suspensión del partido.
En ese sentido y con base en los hechos denunciados por el delegado, el árbitro, el oficial de seguridad y la Policía se abre un sumario y se corre un traslado para que ambos clubes presenten sus descargos correspondientes en el plazo de 72 horas.
Además, se emplaza a ambos clubes para que presentan la identidad, datos y los registros personales de todos los integrantes de sus barras bravas y aquellas identificadas en los actos de violencia que se registraron el domingo.
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Cerro y Nacional van por recuperar terreno
Cerro Porteño y Nacional protagonizarán el encuentro más trascendente de la jornada, en partido a jugarse en la Nueva Olla. Ambos equipos llegan a este compromiso con el objetivo de recuperarse del traspié de la fecha anterior y para los dos el triunfo es impostergable, mirando la punta del Apertura.
Jorge Bava prepara cuatro cambios dándole oxígeno al plantel mirando las tres fechas a jugarse en una semana. La Academia también tendría variantes. La de Fabrizio Jara es obligatoria por pertenecer al club azulgrana.
Para el Ciclón el empate sin goles contra el equipo alternativo del 2 de Mayo no fue bien visto por el entorno de la entidad, inclusive pudo haber sido peor y terminado en derrota, si no fuera por el penal desviado por el arquero Alexis Martín Arias sobre el final. En gran parte del cotejo el 2 superó al Ciclón.
La actuación de Nacional frente a Olimpia, en la fecha pasada, fue de más a menos. El segundo gol Decano en tiempo de adición vino a consecuencia de varias distracciones, que terminaron con el invicto y el desalojo de la punta del Apertura. Una rápida recuperación esperan los seguidores tricolores.
EN TRINIDAD
A primera hora, Trinidense recibe en su estadio Martín Torres a Libertad. Se enfrentarán dos escuadras que juegan un fútbol similar de muchos toques, aunque el de Santísima Trinidad sea un poco más vertical que el Gumarelo.
En cuanto a la cosecha de puntos, ambos conjuntos se encuentran en deuda, ya que apenas lograron cinco puntos en cuatro presentaciones y se codean en la zona baja del campeonato.
Carlos Jara Saguier se quedó sin rubro
Cerro Porteño se encuentra en pleno plan de ajuste económico, teniendo en cuenta que debe levantar la prohibición de FIFA, que se extenderá por los próximos tres mercados de pases, a consecuencia de cuotas impagas por la compra del defensor Matías Pérez del club ruso FC Oremburgo.
Y el primero en caer en esa adaptación fue el histórico Carlos Jara Saguier, quien cumplía funciones de scouting en las divisiones formativas del club.
El Bambino, quien en su época de jugador ganó en el Ciclón cuatro títulos en cinco años, incluido el último tricampeonato cerrista (1972, 73 y 74), explicó a Versus Sports, los motivos de su desvinculación: “Los directivos consideraron que ya no teníamos nada que hacer en el club, dijeron que no había rubro. No tenía lugar y ante esa situación es mejor hacerse a un lado. Con mucho gusto doy el paso al costado. Les agradezco a todos. Ahora estamos en proceso de descansar y después veremos qué pasa”.
El campeón preolímpico 2024 y medalla de Plata, en Atenas 2004, dejó entrever que seguirá dirigiendo cuando se le presente la oportunidad.
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Volver de la Antártida
- Ricardo Rivas
- Periodista – Enviado especial
El Hércules C130 TC 64 sobrevoló el aeródromo de Marambio lenta y pesadamente. Lo escuchamos claramente. No conseguimos verlo. Cerca de un centenar y medio de ojos lo buscaron en el cielo gris muy oscuro.
“Nubosidad baja”, desde un par de días atrás anuncian las plataformas meteorológicas globales. Pronóstico cumplido. La invisibilidad de aquella máquina transformó el ánimo colectivo. Pero no fue suficiente para abandonar la esperanza, aunque la misma expectativa construimos justamente un día atrás cuando un intento de regreso se frustró. Pienso en ayer.
Que fue tan raro como este hoy porque en ningún momento fue de noche. ¡Qué extraño es todo esto! Decir que es como “un atardecer permanente” –como poéticamente lo describe Juan Gómez, vicecomodoro de la Fuerza Aérea Argentina, jefe de la Base Marambio– no parece suficiente para bajar el telón de cada día. Los motores de la enorme aeronave vuelven a escucharse.
El rugido mecánico parece llegar desde el invisible Mar de Weddel oculto por debajo del “mar de nubes”, como aquí se llama a esta condición climática. Una vez más el centenar y medio de ojos se clavan en el cielo. Lo patrullan. Silencio. Parece eterno. “Allá viene... lo veo!”. Parece suspendido en el aire.
Una estela de humo negro se desprende de cada uno de sus motores. La imagen crece vertiginosamente. Casi a ras del piso sobrevuela los primeros 400 metros de la pista cubierta por una fina capa de hielo y unos 4 centímetros de nieve. En el mismo tiempo que se posa sus motores rebajan al máximo sus revoluciones.
El comandante lo deja correr hasta cerca de los 900 metros. Se detiene. Advierto que detrás de mí, bajo la Bandera, al pie del mástil que la sostiene y le permite flamear, un grupo de jóvenes que finalizan la “invernada” se empujan y revuelcan sobre la nieve como algunos años antes lo habrán hecho en el momento en que finalizaron sus viajes cuando egresaron de la secundaria. Los percibo alegres, aunque no me parece que esa presunta alegría sea por partir. Son y se sienten antárticos y antárticas.
La aeronave no se mueve. El comandante procura saber si puede girar y transitar sobre piso firme. Con cuidado extremo gira para llegar hasta donde se detendrá para que desciendan algunas personas y subamos otras. Debemos hacerlo con rapidez.
La compuerta trasera se abre. Nos acomodamos lo mejor posible en el interior de un avión carguero. Los motores continúan encendidos. Silencio profundo. Respiraciones lentas. Ritmos cardíacos acelerados y ruidosos. Las pibas y los pibes se recuestan (acurrucan) sobre sus mamis. Miro y me pregunto... ¿por qué los traen para invernar en la Antártida en familia?.
EN VUELO
Los cuatro motores turbohélices aceleran al mango. El fuselaje vibra intensamente. Los SKUAS (como apodan a la y los pilotos de helicópteros con los que almorcé y cené cada uno de mis días siempre diurnos en la Base Marambio) me enseñaron que “cuando el vuelo se inicia todo está chequeado varias veces”.
También me aseguraron que “en 800 metros” el avión ganará altura “para volver a casa”. Cierro los ojos. Daniel Bertagno –hermano amigo, colega periodista y académico– gran compañero de viaje me codea. Hace un par de selfies.
El comandante suelta los frenos. Por las pequeñas ventanillas solo se ve el gris oscuro del cielo. Se escucha claramente cuando el hielo en la pista se quiebra y vuela en pedazos. Algo de nieve, también. Silencio extremo. La nariz del Hércules C130 TC 64 le apunta de lleno al cielo. Comienza a ganar altura. Estable. Solemne. Épico.
El piberío estalla en ovación. Alguna mamá lagrimea. Un chiquilín de 11 años deja su lugar. Me invita a choca puñitos. “¿Lo voy a volver a ver señor?”, me pregunta mirándome fijamente. Creo que la Antártida, tal vez, comienza a quedar atrás. ¿Será así?
En las entrañas de Heracles (Hércules) hijo de Zeus –dios supremo de los dioses el Olimpo, senior del cielo, del trueno y la justicia, también llamado “Padre de dioses y hombres”– regresa el silencio. Los cuatro motores ronronean parejos. Adormezco. En alguna dimensión transito la Antigua Grecia. Valoro a Hércules. Lo asumo como un rescatista de altísima gama como los que seguramente impulsan a los que vi entrenando en Marambio con clima extremo.
Tengo la convicción de que el nieto de Cronos y Rea nos llevará hasta Río Grande, donde el 15 de noviembre comenzó esta misión académica que devino en aventura tan inesperada como inevitable. T
al vez de eso también se trate vivir. Hasta unas pocas horas atrás los interrogantes iban por otros senderos. ¿Con quiénes y dónde brindaremos en las medianoches del 24 y el 31 de diciembre próximos? Sé que muchos y muchas de aquellas y aquellos que nos vieron partir porque finalizaron sus invernadas todavía piensan en ello.
Gera Gómez –el YD (yanki delta, en código de la Organización de Aviación Civil Internacional-OASI)–, jefe del aeródromo Marambio, deberá esperar para desayunar con su hija en Córdoba, Argentina. La niña y su papá entristecerán. Otros muchos y muchas también tendrán que esperar.
Las proyecciones climáticas pronostican que “no serán posibles las operaciones aéreas” por varios días. ¡Qué bajón! Daniel me despierta. Poco más de tres horas estuve en situación de ausencia. Llueve cadenciosamente en Río Grande. Una brisa helada obliga a recordar la Antártida. Aun así, nos reciben calidez.
“Bienvenidos, antárticos”, nos dice el comodoro Rober Romero. Nos abraza y ofrece acompañarlo con café caliente recién hecho. Se agradece y disfruta. Todavía deberemos volar unos 3 mil kilómetros para llegar a El Palomar (un aeropuerto militar en los alrededores de Buenos Aires) a bordo de otro Hércules.
LOS REGRESOS
Los regresos –vaya a saber por qué– siempre me parecen mucho más largos que los viajes de ida. Volver, siempre es incierto. Vivir es un viaje de ida permanente. El profe don Édgar Morin –palabra más, palabra menos– suele reivindicar la incertidumbre como una suerte de motor vital. Lo pienso y re-pienso.
Llega Maximiliano Magiaterra, el comandante conjunto antártico a bordo de otro Hércules. Nos abraza después de recibir los honores protocolares que corresponden a su cargo y jerarquía militar. “¡Bienvenidos, antárticos!”, repite como momentos antes lo hiciera su camarada dirigiéndose a nosotros.
Nos despedimos con el compromiso de reunirnos para cenar “el año que viene”. De nuevo estamos en la panza del Hércules. Nos sorprende que avanza la nocturnidad. En treinta y cinco días cerca del Polo Sur nos desacostumbramos a la noche que sigue a cada día. Ganamos altura. Entrecierro los ojos. Vuelvo a la Antigua Grecia.
El hijo de Hipnos y Pasitea –corporizado– avanza sobre mí irremediablemente. Morfeo se me acerca. Me atrapa. No resisto. Sé que cuenta con el respaldo de los Oneiros que obedecían fielmente a su madre.
Tal vez hayan pasado casi cinco horas de vuelo suave. En el momento que bajé del TC 66, es noche cerrada. Puse mis ojos en el cielo. Después de 36 días volví a la nocturnidad. Caminamos juntos hasta un recinto desprovisto de toda comodidad. Solo lo justo. Austero. Militares –hombres y mujeres– compañeros de viaje y de muchos de nuestros 35 días en la Antártida esperan órdenes. Un niño de unos 11 años se me acerca.
“Lo voy a extrañar, señor”, me dice mientras me abraza con fuerza. Me hace lagrimear. No puedo pensar con claridad. Mucho para recordar. Mucho para procesar… Para revisar. En el Cabify viajo en silencio. Mañana temprano avisaré a La Nación que estoy de regreso.
Es tarde. Cerca del mediodía más próximo volaré a nuestra casa... Hoy hace ocho días que regresé. La inmanencia antártica me invade. Las noches me quedan largas. Muy largas. No consigo dormir con continuidad. Con cada insomnio los recuerdos recientes me atropellan. Las consultas médicas, varias, solo tienen una respuesta coincidente. “Síndrome posantártico”, diagnostican. Es demoledor. Cansa. Confunde. Agobia.
Tengo la convicción y la necesidad de llamar a mi querido amigo-hermano, colega periodista y maestro Augusto dos Santos. Debo advertirle que muchas de las respuestas que le di cuando me entrevistó a distancia para “Expresso” no fueron las más adecuadas. Carecieron de precisión. Vestir de antártico como lo estaba entonces no fue suficiente para contestar con suficiencia.
No pocas veces la ignorancia nos induce a creer que sabemos de aquello que desconocemos. También quiero que sepa que hasta el pasado 15 de noviembre –cuando llegué a la Antártida– aquel continente para mí era un sueño más entre muchos que, como tantos otros, ya lo tenía en el largo listado de los incumplidos.
Por esa razón, querido Augusto, siento que antes de responderte debiera haberte advertido que como dicen que alguna vez dijo Woody Allen, “si quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes”.
Es posible también que Woody nunca lo haya dicho. Pese a todo, para este caso siento que con esa frase podría haber respondido a todas tus preguntas cuando quisiste saber qué hacía allí. Espero sepas comprender que, como vos y tu curiosidad natural devenida en oficio, tampoco lo tenía claro.