La ansiedad de los aficionados por dar el primer grito de victoria de la Albirroja en estas eliminatorias camino al Mundial 2026 se apagó anoche con el éxito ante Bolivia, en el estadio emblemático del Defensores del Chaco, escenario de grandes hazañas.
Era el momento para comenzar el resurgir de la Albirroja y no falló con un gran partido para dejar en casa los tres puntos ante un rival que propuso muy poco.
La hinchada, pese al mal momento, nunca perdió la esperanza y ayer estuvo presente con los colores tricolores apoyando desde las gradas con sus cánticos y gritos para crear un escenario ideal para el esperado festejo en casa para posicionarse en la tabla de las eliminatorias, para ir metiéndose de nuevo entre el lote de los clasificados directos al certamen ecuménico de México, Estados Unidos y Canadá.
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Viral: el “Club del grito” libera el estrés en colina de Londres
“¡Uno no se da cuenta de todo lo que se guarda!”. En un parque de Londres, decenas de jóvenes se reunieron para gritar juntos y liberar tensión, un fenómeno que se ha vuelto viral en TikTok. Los participantes, en su mayoría personas de unos veinte años, se congregaron el sábado pasado en la cima de la colina de Hampstead Heath, al oeste de la capital.
Esperaron a que Mona Sharif, la organizadora de este “Club del grito”, diera la señal y entonces comenzaron a gritar. La acción “está inspirada en la terapia de grupo y en la terapia del grito, donde las personas expresan frustraciones que no pueden verbalizar”, explica a AFP la creadora de contenido de 26 años.
Sharif cuenta hasta tres y todos empiezan a gritar a todo pulmón mientras se graban con sus teléfonos, observados por transeúntes divertidos o sorprendidos. “Fue terapéutico. ¡Uno no se da cuenta de todo lo que se guarda hasta que lo deja salir!”, dice Rebekah Drakes, una camarera de 23 años, después de su grito.
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Un primer “Club del grito” atrajo a “mil personas” a otro parque una semana antes, informa Mona Sharif, quien no podía creerlo. Tras ver en TikTok que la gente se reunía para gritar en Estados Unidos, “publiqué un video sugiriendo que hiciéramos lo mismo en Londres y creé un chat grupal (...) al que se unieron mil personas en tres días”, cuenta.
Julia Dewit, profesora de 29 años, se alegra de que haya muchas mujeres, a quienes a menudo “se les anima a mantener la calma y la serenidad”, y de que los jóvenes, a diferencia de los mayores, se sientan más cómodos “hablando de emociones y salud mental”.
Antes de comenzar a gritar, los participantes se turnaron para subirse a un banco y hablar sobre su soledad, sus dificultades para encontrar su lugar en la sociedad o lo que les enoja en las noticias, con el aliento del grupo.
Según una encuesta de YouGov para la Universidad UCL, publicada el pasado septiembre, dos tercios de los jóvenes (de 16 a 25 años) en Gran Bretaña experimentan o han experimentado problemas de salud mental, relacionados principalmente con sus estudios o problemas económicos.
Este club también les permite reunirse e intercambiar ideas en una capital donde mucha gente “se siente sola y tiene dificultades para hacer amigos”, subraya Mona Sharif.
Fuente: AFP.
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Los gritos musicales de los mensú
- Óscar Bogado Rolón
- Fotos: Gentileza
Los mensú, apócope de mensualeros, eran los empleados de las empresas extractoras de yerba mate y eran llamados así por la periodicidad de la remuneración que recibían. También se los conocía como mineros. De ahí el título del poema de Teodoro S. Mongelós “Minero sapukái”.
En 1908, Rafael Barrett denunciaba con vigor en su libelo titulado “Lo que son los yerbales” la inicua explotación y penurias de los mensú. Al sitio de la explotación yerbatera lo denominaban mina y al peón, minero.
“La Cámara de Apelación paraguaya –dice Barrett– ha opinado que el yerbal es una mina. Esta designación terrible es más elocuente que todo. “Sí: hay minas al aire y a la luz del sol. El hombre desaparece sepultado bajo la codicia del hombre”.
Los mensú eran reclutados en distintos pueblos del país y regiones vecinas. Se les adelantaba una suma determinada de dinero, que atizaba el interés del desgraciado, a quien hacían firmar un contrato ante el juez de Paz de esa comunidad, lo que constituía, sin exagerar, una verdadera condena a muerte.
Entre las leoninas condiciones estaba la de no abandonar el obraje mientras existan deudas con la empresa (el adelanto devengaba intereses usurarios). Además, como tenían que proveerse de alimentos y ropas de la misma empresa que los contrataba a precios excesivos que no se compadecían de la pésima calidad de los productos, terminaban endeudándose cada vez más, pues el magro ingreso no alcanzaba a cubrir siquiera sus costos de subsistencia.
DURAS CONDICIONES
Como jamás terminaban de pagar sus deudas, nunca podían librarse de ese yugo, de cargar fardos enormes, de hasta ochenta kilos, por la inmensidad de la selva que los devoraba, de soportar los azotes del capataz, las enfermedades, la fatiga y el mal sueño a causa de la humedad, los mosquitos y las serpientes que flagelaban el miserable campamento donde eran hacinados estos despojos humanos. Miles han muerto con padecimientos que hoy son difíciles de dimensionar.
Los que escapaban eran cazados como presas y devueltos a su presidio, cuando no asesinados impunemente. ¿Qué esperanza tenían de escapar unos hombres sin fuerza, enfermos, casi sin vida? En la interminable selva nadie los ayudaría y un intento fallido de fuga era duramente expiado. Por eso la mayoría se resignaba a pasar sus dolorosos días en la mina, de donde miles no han vuelto jamás.
En la práctica la encomienda seguía vigente, pues estas arcaicas técnicas de producción yerbatera tienen en efecto origen colonial, periodos en el que los indios fueron diezmados a causa de esa labor, que constituía una de las actividades económicas principales del Paraguay.
GRITOS MUSICALES
En “Minero sapukái”, Teodoro S. Mongelós describe ese suplicio estoico de los mensú, quienes con gritos de aparente euforia buscan disipar las interminables horas de trabajo: “Ayvu ha ãhóme anga ogueroja barbacuágui mborovire” [con suspiros y ruidosamente se transportan del horno las hojas de yerba que han sido cocidas].
El barbacuá es un horno rudimentario de ladrillos y tierra roja, abundante en la zona, donde se cuecen las hojas de la yerba mate, traídas hasta ahí en pesados fardos sobre las espaldas desnudas del mensú, recorriendo varios kilómetros.
Estas hojas secadas y cocidas en dicho horno eran luego desmenuzadas en una especie de molino denominado cancheadora. Las hojas luego de triturarse pasaban a llamarse mborovire, que es el producto semielaborado. Por último, se traslada el mborovire al depósito para su estacionamiento.
Como los esclavos de las plantaciones de algodón, en los quebrachales, en los ingenios azucareros o en los bosques de extracción de caucho, los mineros tratan de sobrellevar ese castigo no con el desahogo del llanto, sino a gritos, con variados y musicales gritos, canciones en guaraní o simplemente entonando sonidos sin significación alguna, pero con mucha fuerza vital: “Sapukái ñahendu opaichagua ha purahéi avañe’ê” [se escuchan gritos diversos y canciones en guaraní].
Todo el poema se centra en el alivio ruidoso de los mensú, cuyas exclamaciones se pierden en la selva y rompen el silencio: “Kane’õ ára puku, ku ayvúpe ombohasa [la fatiga del largo día es disipada con el bullicio]”. Quizás haya sido una manera de no pensar, de evadirse de falsas ilusiones y abandonarse a los caprichos del destino.
SORNA
Al final de la tercera estrofa del poema, Teodoro desliza una ironía: “Ka’atygua nomomba’éi ro’y, noñandúiri pe kane’ô” [los peones de la selva no acusan el frío, no sienten cansancio]. Mal vestidos como estaban, con harapos, recibían de lleno los rayos de nuestro inclemente sol subtropical tanto como el cortante viento de las riberas del Paraná, que tajeaban la piel; pero, para soportar catorce o dieciséis horas de trabajo, poco ayudaba quejarse. Se les hacía cuesta arriba la jornada y había que quitar fuerzas de cualquier cosa o de lo único que tenían, su aliento. El grito que, compartido, era una forma de solidaridad, de socorro.
La jornada en la selva es larga y la hacen más larga aún los padecimientos repetidos. “Hi’arikuéra opáva kuarahy, ha ayvúpe omba’apo” [el sol se pone tras sus espaldas mientras ruidosamente siguen trabajando].
La musicalidad de “Minero sapukái” se extiende hasta sus últimos versos, que son los más sublimes: “Sapukáipe ñaimo’ã hi’âhóva mombyry” (pareciera que al gritar arrojan un suspiro a lo lejos).
El poeta aporta una metáfora preciosa en la que el suspiro se transforma en grito que se arroja, que se aleja del cuerpo extenuado y del alma oprimida, como una forma de rechazar o disolver todo el dolor que les invade y exhalar así las obstinadas penas y, finalmente, buscar también de esa manera la libertad, que saben y sienten cada vez más distante.
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Grito de desahogo azulgrana
- Por Juan Vicente Duarte
- Periodista-Nación Media
Y volvió por fin a la victoria. Cerro Porteño tuvo que esperar ocho fechas para volver a festejar un triunfo en el torneo Apertura, que le vendrá muy bien para tranquilizar las aguas tras semanas tumultuosas. El que pagó los platos rotos fue Sportivo Luqueño, que fue una sombra del equipo que en sus últimos partidos mostró cosas muy positivas. Ganó el Ciclón 1-0, pero el resultado pudo haber sido más amplio, sobretodo por las ocasiones que desperdició en el primer tiempo. Pero en el segundo, tras una gran jugada de Cecilio Domínguez, Jorge Morel metió el zapatazo esquinado para decretar el único tanto del partido. Después, aguantó con sofocones el resultado. Victoria merecida del Ciclón, que se posiciona nuevamente en el lote de arriba.
Estadio: Ueno Defensores del Chaco. Árbitro: David Ojeda. Asistentes: Eduardo Cardozo y Esteban Testta. Cuarto árbitro: Aldo Quiñónez. VAR: Carlos P. Benítez. AVAR: Héctor Balbuena.
Gol: 57′ Jorge Morel (CP). Amonestados: B. Valdez, R. Piris da Motta, C. Domínguez, D. Churín, W. Viera (CP), M. Ferreira (L).
SPORTIVO LUQUEÑO: Alfredo Aguilar; Rodi Ferreira, Alexis Villalba, Pablo Aguilar, Mathías Suárez; Nicolás Maná (65′ Diego Fernández), Rodrigo Rojas, Rubén Ríos(87′ Jorge Mendoza), Lautaro Comas (65′ Sergio Fretes); Marcelo Ferreira (78′ Sebastián Ruiz Díaz), Alex Álvarez (65′ Derlis Ortiz). DT: JULIO C. CÁCERES.
CERRO PORTEÑO. Jean Fernandes; Víctor Cabañas (79′ Enzo Giménez), Bruno Valdez (90+3′ Ronaldo de Jesús), Cristian Báez, Santiago Arzamendia; Juan Iturbe (85′ Gabriel Aguayo), Robert Piris da Motta, Jorge Morel (85′ Wilder Viera), Cecilio Domínguez; Federico Carrizo (79′ Dramane Diarrá). Diego Churín. DT: JORGE ACHUCARRO.
GIMÉNEZ DIO EL SÍ
El español Manolo Giménez dio el sí para ser el nuevo técnico de Cerro Porteño. El adiestrador llegará al país para firmar su contrato con el Ciclón y comenzará a trabajar en la próxima semana. Así como están las cosas, debutará en la fecha 11 ante Nacional.
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“Escuchen ese grito en el desierto: preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos” Mc 1, 3
- Por el Hno. Mariosvaldo Florentino
- Capuchino
Este segundo domingo del adviento nos presenta la gran figura de Juan Bautista. Él, como profeta encargado de preparar la llegada del Salvador, es para nosotros una importante ayuda en nuestra preparación espiritual.
Su mensaje aún hoy hace eco en el desierto del mundo y de nuestras vidas: “Preparen el camino del Señor”.
Así como Juan hablaba a la gente de Israel, esto es, personas que conocían la ley, que fueron circuncidadas, pero que vivían muy superficialmente su fe, hoy él nos habla a nosotros, bautizados, confirmados, “eucaristizados”, (tal vez esposados en la Iglesia o hasta consagrados), pero que tantas veces vivimos a medias nuestra fe, y nos comportamos casi peor que los paganos.
Infelizmente, esta es una realidad muy común en la vida humana: con el pasar del tiempo las cosas se van acomodando y pierden aquel vigor inicial. Recordemos que incluso las primeras comunidades fueron llamadas a redescubrir “el primer amor”, porque el fuego inicial se había enfriado. De hecho, la vida cristiana necesita una continua nutrición para que no se debilite y pierda su brillo.
Nuestra conversión debe ser un proceso continuo, y debemos empeñarnos constantemente en él. Bastan algunos descuidos para que se instale en nuestro espíritu aquellas voces del mundo, que se insinúan suavemente:
-”Hoy estás cansado, así nomás, mañana haces tu oración, o el domingo próximo vas a la misa”; -”Bueno, no se puede ayudar a todos, ya hiciste mucho”, -”Nadie me va a descubrir, por qué no pruebo...”, -”Un pecadito solo por hoy no me cambiará…”.
Y así, sin darnos cuenta, nos trasformamos casi en el opuesto de un discípulo de Cristo, nos desfiguramos en nuestra fe, perdemos la intimidad con él, aunque mantengamos el nombre de cristianos.
Es, entonces, el momento de escuchar a Juan Bautista que pasa y grita, y grita fuerte en el desierto de nuestras vidas: ¡Conviértanse! ¡El Señor ya viene! ¡Ajusten sus caminos!
Por eso, el adviento es tiempo de tomar conciencia y preguntarse: ¿dónde estoy andando? ¿Qué estoy haciendo con mi vida? Mis bonitas ideas o mis buenos propósitos, ¿estoy colocando en práctica en lo cotidiano?
A aquellos que querían cambiar de vida, Juan proponía un baño ritual, una inmersión en el río Jordán, como señal de renacimiento, de vida nueva. Hoy, a los que ya fueron bautizados, la Iglesia propone una nueva inmersión en la gracia de Dios, que perdona y revigoriza a través de la confesión y de la Eucaristía. Son estos sacramentos que pueden hacer florecer nuestro desierto.
No nos olvidemos que prepararse para Navidad es mucho más que adornar las puertas y arbolitos, escribir tarjetitas, comprar regalitos o pensar en las comidas. Todo esto va bien, si es acompañado de una preparación interior. De nada sirve llegar a Navidad con muchas luces coloridas por fuera, cuando dentro nuestro reinan las tinieblas. El tiempo es ahora: ¡preparen los caminos del Señor!
El Señor te bendiga y te guarde.
El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.
El Señor vuelva su mirada cariñosa y te dé la paz.