General Caballero busca reforzar a su delantera antes del cierre del libro de pases y esta detrás del regreso del atacante Júnior Marabel, de 25 años, quien en el Apertura del 2022 pasó con éxito por la institución esteña, disputando en aquel torneo 19 partidos, con siete tantos incluidos.
Ya se iniciaron las conversaciones entre directivos de Unión de Santa Fe, el club actual del atacante, y los de General Caballero y la vuelta está prácticamente concretada.
El delantero de Cerro Porteño Fernando Romero, quien aún no pudo debutar en el Clausura, es otra opción para reforzar al conjunto rojo.
La última contratación del cuadro de Mallorquín fue el arquero Rubén Escobar, de 32 años, quien últimamente estuvo ligado al Atlético Palmaflor de la Primera División de Bolivia.
Con respecto al equipo que prepara el técnico Troadio Duarte para enfrentar este viernes a Sportivo Luqueño, en el estadio Ka’arendy, se prepara la reaparición del volante ofensivo Guillermo Hauché, quien estuvo ausente en las tres primeras fechas a consecuencia de una lesión muscular.
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El General manda
Superó a Tembetary y le sacó su invicto. Empate entre 3 de Noviembre y Benjamín Aceval.
Con un gol en la agonía del partido de su histórico jugador Miller Mareco, General Caballero de Mallorquín se posiciona como nuevo líder del torneo de la Intermedia tras su triunfo de 2-1 sobre Atlético Tembetary, al que le sacó el invicto.
El tanto inicial del Rojo Mallorquino fue anotado por Alexis Verdún al comienzo del partido (minuto 2), pero en el minuto 16, el goleador del torneo, Diego “Chino” Martínez, emparejó el compromiso. Sin embargo, a los 87’, Mareco hizo el tanto ganador para los locales, que suman 7 unidades.
En otro compromiso jugado ayer, 3 de Noviembre y Benjamín Aceval no pudieron vencerse e igualaron 1-1. El cuadro del barrio San Pablo puso el 1-0 a los 17’ por intermedio de Diego Álvarez, pero lo igualó Nery Castro en el segundo tiempo (minuto 67).
La fecha se completa hoy con dos compromisos: Santaní recibe al 12 de Junio de Villa Hayes desde las 17:00 en su estadio Juan José Vázquez. Cierran la jornada Fernando de la Mora y Carapeguá en el Emiliano Ghezzi, desde las 19:30.
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Luz verde para el puntapié inicial
El torneo arranca en la primera semana de abril, tendrá nueva regla sobre la inclusión de juveniles en los equipos.
- FOTO APF
Todos los clubes han confirmado a sus entrenadores, activan a diario y siguen reforzando sus planteles. El torneo de la División Intermedia 2026 arrancará en su 29.ª edición en la primera semana de abril con participación de dieciséis equipos. La principal novedad tiene que ver con la inclusión de juveniles: la regla pasa de Sub-23 a Sub-24, además ocho jugadores mayores pueden figurar en planilla, cambio que ya tuvo consecuencias en la integración de las plantillas.
Los ascendidos son Benjamín Aceval de Villa Hayes, campeón de la Primera División B; 3 de Noviembre de Asunción, subcampeón de la Primera División B; y Paraguarí Atlético Club, de Paraguarí, campeón del Nacional de Interligas. Asimismo, participarán Atlético Tembetary, de Villa Elisa, y General Caballero, de Juan León Mallorquín, ambos descendidos de la Primera División de 2025.
El segundo certamen en importancia del fútbol paraguayo se desarrollará durante siete meses. El sistema sigue a dos ruedas de 15 fechas (30 en total).
Durante la fase de grupos del Mundial 2026, entre el 11 al 27 de junio, el campeonato tendrá una pausa. Hay un ligero incremento para los clubes por los derechos de televisación.
CONFRATERNIDAD
Robert Harrison, presidente de la Asociación Paraguaya de Fútbol (APF), compartió recientemente una cena de confraternidad con dirigentes de los clubes, en un espacio propicio para intercambio de ideas y el fortalecimiento de vínculos. La reunión permitió conversar sobre los desafíos y objetivos de la categoría.
MEJORAS EN CAMPOS
En las instalaciones del Centro de Alto Rendimiento Deportivo (Carde) se desarrolló recientemente también un Seminario de Mejoramiento y Mantenimiento de Campos de Juego, jornada de capacitación destinada a cancheros y administrativos de los clubes que integran las distintas divisionales de la Asociación Paraguaya de Fútbol (APF), con el objetivo de fortalecer conocimientos y optimizar el cuidado de las superficies de juego.
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Volver de la Antártida
- Ricardo Rivas
- Periodista – Enviado especial
El Hércules C130 TC 64 sobrevoló el aeródromo de Marambio lenta y pesadamente. Lo escuchamos claramente. No conseguimos verlo. Cerca de un centenar y medio de ojos lo buscaron en el cielo gris muy oscuro.
“Nubosidad baja”, desde un par de días atrás anuncian las plataformas meteorológicas globales. Pronóstico cumplido. La invisibilidad de aquella máquina transformó el ánimo colectivo. Pero no fue suficiente para abandonar la esperanza, aunque la misma expectativa construimos justamente un día atrás cuando un intento de regreso se frustró. Pienso en ayer.
Que fue tan raro como este hoy porque en ningún momento fue de noche. ¡Qué extraño es todo esto! Decir que es como “un atardecer permanente” –como poéticamente lo describe Juan Gómez, vicecomodoro de la Fuerza Aérea Argentina, jefe de la Base Marambio– no parece suficiente para bajar el telón de cada día. Los motores de la enorme aeronave vuelven a escucharse.
El rugido mecánico parece llegar desde el invisible Mar de Weddel oculto por debajo del “mar de nubes”, como aquí se llama a esta condición climática. Una vez más el centenar y medio de ojos se clavan en el cielo. Lo patrullan. Silencio. Parece eterno. “Allá viene... lo veo!”. Parece suspendido en el aire.
Una estela de humo negro se desprende de cada uno de sus motores. La imagen crece vertiginosamente. Casi a ras del piso sobrevuela los primeros 400 metros de la pista cubierta por una fina capa de hielo y unos 4 centímetros de nieve. En el mismo tiempo que se posa sus motores rebajan al máximo sus revoluciones.
El comandante lo deja correr hasta cerca de los 900 metros. Se detiene. Advierto que detrás de mí, bajo la Bandera, al pie del mástil que la sostiene y le permite flamear, un grupo de jóvenes que finalizan la “invernada” se empujan y revuelcan sobre la nieve como algunos años antes lo habrán hecho en el momento en que finalizaron sus viajes cuando egresaron de la secundaria. Los percibo alegres, aunque no me parece que esa presunta alegría sea por partir. Son y se sienten antárticos y antárticas.
La aeronave no se mueve. El comandante procura saber si puede girar y transitar sobre piso firme. Con cuidado extremo gira para llegar hasta donde se detendrá para que desciendan algunas personas y subamos otras. Debemos hacerlo con rapidez.
La compuerta trasera se abre. Nos acomodamos lo mejor posible en el interior de un avión carguero. Los motores continúan encendidos. Silencio profundo. Respiraciones lentas. Ritmos cardíacos acelerados y ruidosos. Las pibas y los pibes se recuestan (acurrucan) sobre sus mamis. Miro y me pregunto... ¿por qué los traen para invernar en la Antártida en familia?.
EN VUELO
Los cuatro motores turbohélices aceleran al mango. El fuselaje vibra intensamente. Los SKUAS (como apodan a la y los pilotos de helicópteros con los que almorcé y cené cada uno de mis días siempre diurnos en la Base Marambio) me enseñaron que “cuando el vuelo se inicia todo está chequeado varias veces”.
También me aseguraron que “en 800 metros” el avión ganará altura “para volver a casa”. Cierro los ojos. Daniel Bertagno –hermano amigo, colega periodista y académico– gran compañero de viaje me codea. Hace un par de selfies.
El comandante suelta los frenos. Por las pequeñas ventanillas solo se ve el gris oscuro del cielo. Se escucha claramente cuando el hielo en la pista se quiebra y vuela en pedazos. Algo de nieve, también. Silencio extremo. La nariz del Hércules C130 TC 64 le apunta de lleno al cielo. Comienza a ganar altura. Estable. Solemne. Épico.
El piberío estalla en ovación. Alguna mamá lagrimea. Un chiquilín de 11 años deja su lugar. Me invita a choca puñitos. “¿Lo voy a volver a ver señor?”, me pregunta mirándome fijamente. Creo que la Antártida, tal vez, comienza a quedar atrás. ¿Será así?
En las entrañas de Heracles (Hércules) hijo de Zeus –dios supremo de los dioses el Olimpo, senior del cielo, del trueno y la justicia, también llamado “Padre de dioses y hombres”– regresa el silencio. Los cuatro motores ronronean parejos. Adormezco. En alguna dimensión transito la Antigua Grecia. Valoro a Hércules. Lo asumo como un rescatista de altísima gama como los que seguramente impulsan a los que vi entrenando en Marambio con clima extremo.
Tengo la convicción de que el nieto de Cronos y Rea nos llevará hasta Río Grande, donde el 15 de noviembre comenzó esta misión académica que devino en aventura tan inesperada como inevitable. T
al vez de eso también se trate vivir. Hasta unas pocas horas atrás los interrogantes iban por otros senderos. ¿Con quiénes y dónde brindaremos en las medianoches del 24 y el 31 de diciembre próximos? Sé que muchos y muchas de aquellas y aquellos que nos vieron partir porque finalizaron sus invernadas todavía piensan en ello.
Gera Gómez –el YD (yanki delta, en código de la Organización de Aviación Civil Internacional-OASI)–, jefe del aeródromo Marambio, deberá esperar para desayunar con su hija en Córdoba, Argentina. La niña y su papá entristecerán. Otros muchos y muchas también tendrán que esperar.
Las proyecciones climáticas pronostican que “no serán posibles las operaciones aéreas” por varios días. ¡Qué bajón! Daniel me despierta. Poco más de tres horas estuve en situación de ausencia. Llueve cadenciosamente en Río Grande. Una brisa helada obliga a recordar la Antártida. Aun así, nos reciben calidez.
“Bienvenidos, antárticos”, nos dice el comodoro Rober Romero. Nos abraza y ofrece acompañarlo con café caliente recién hecho. Se agradece y disfruta. Todavía deberemos volar unos 3 mil kilómetros para llegar a El Palomar (un aeropuerto militar en los alrededores de Buenos Aires) a bordo de otro Hércules.
LOS REGRESOS
Los regresos –vaya a saber por qué– siempre me parecen mucho más largos que los viajes de ida. Volver, siempre es incierto. Vivir es un viaje de ida permanente. El profe don Édgar Morin –palabra más, palabra menos– suele reivindicar la incertidumbre como una suerte de motor vital. Lo pienso y re-pienso.
Llega Maximiliano Magiaterra, el comandante conjunto antártico a bordo de otro Hércules. Nos abraza después de recibir los honores protocolares que corresponden a su cargo y jerarquía militar. “¡Bienvenidos, antárticos!”, repite como momentos antes lo hiciera su camarada dirigiéndose a nosotros.
Nos despedimos con el compromiso de reunirnos para cenar “el año que viene”. De nuevo estamos en la panza del Hércules. Nos sorprende que avanza la nocturnidad. En treinta y cinco días cerca del Polo Sur nos desacostumbramos a la noche que sigue a cada día. Ganamos altura. Entrecierro los ojos. Vuelvo a la Antigua Grecia.
El hijo de Hipnos y Pasitea –corporizado– avanza sobre mí irremediablemente. Morfeo se me acerca. Me atrapa. No resisto. Sé que cuenta con el respaldo de los Oneiros que obedecían fielmente a su madre.
Tal vez hayan pasado casi cinco horas de vuelo suave. En el momento que bajé del TC 66, es noche cerrada. Puse mis ojos en el cielo. Después de 36 días volví a la nocturnidad. Caminamos juntos hasta un recinto desprovisto de toda comodidad. Solo lo justo. Austero. Militares –hombres y mujeres– compañeros de viaje y de muchos de nuestros 35 días en la Antártida esperan órdenes. Un niño de unos 11 años se me acerca.
“Lo voy a extrañar, señor”, me dice mientras me abraza con fuerza. Me hace lagrimear. No puedo pensar con claridad. Mucho para recordar. Mucho para procesar… Para revisar. En el Cabify viajo en silencio. Mañana temprano avisaré a La Nación que estoy de regreso.
Es tarde. Cerca del mediodía más próximo volaré a nuestra casa... Hoy hace ocho días que regresé. La inmanencia antártica me invade. Las noches me quedan largas. Muy largas. No consigo dormir con continuidad. Con cada insomnio los recuerdos recientes me atropellan. Las consultas médicas, varias, solo tienen una respuesta coincidente. “Síndrome posantártico”, diagnostican. Es demoledor. Cansa. Confunde. Agobia.
Tengo la convicción y la necesidad de llamar a mi querido amigo-hermano, colega periodista y maestro Augusto dos Santos. Debo advertirle que muchas de las respuestas que le di cuando me entrevistó a distancia para “Expresso” no fueron las más adecuadas. Carecieron de precisión. Vestir de antártico como lo estaba entonces no fue suficiente para contestar con suficiencia.
No pocas veces la ignorancia nos induce a creer que sabemos de aquello que desconocemos. También quiero que sepa que hasta el pasado 15 de noviembre –cuando llegué a la Antártida– aquel continente para mí era un sueño más entre muchos que, como tantos otros, ya lo tenía en el largo listado de los incumplidos.
Por esa razón, querido Augusto, siento que antes de responderte debiera haberte advertido que como dicen que alguna vez dijo Woody Allen, “si quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes”.
Es posible también que Woody nunca lo haya dicho. Pese a todo, para este caso siento que con esa frase podría haber respondido a todas tus preguntas cuando quisiste saber qué hacía allí. Espero sepas comprender que, como vos y tu curiosidad natural devenida en oficio, tampoco lo tenía claro.
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Con Paiva, el Júnior ya acaricia el título
La final de la Liga colombiana tuvo su primera presentación en el estadio Metropolitano Roberto Meléndez de Barranquilla, donde los aficionados armaron una fiesta en las tribunas, mientras el Júnior goleó 3-0 Deportes Tolima en el arranque de la pelea para quedarse con la estrella del segundo semestre.
Con doblete de José Enamorado y gol de Bryan Castillón, el Tiburón prácticamente definió la serie ante los ibaguereños, que sufrieron la expulsión de Sebastián Guzmán y esperando la revancha el próximo martes 16 de diciembre.
Tras ingresar en filas de Júnior en el segundo tiempo, el delantero paraguayo Guillermo Paiva tuvo una actuación destacada al asistir para el 1-0 y también para el segundo gol. Otro paraguayo que estuvo en el banco de Júnior es el defensor Carlos Javier Báez, ex Cerro Porteño, quien no ingresó.
Tolima deberá buscar una remontada en el partido de vuelta en Ibagué. La tarea no será fácil, ya que también sufrió la expulsión de Sebastián Guzmán.
En cuanto al trámite del partido, desde un inicio se pudo notar el hambre de triunfo por parte de Júnior, ya impuso condiciones sobre un Tolima que fue sorprendido cuando a los 5’ apareció José Enamorado para marcar un golazo. Luego, a los 36’ fue Bryan Castrillón, quien puso el 2-0 y a los 39’ fue nuevamente el 10, quien decretó el 3-0 en el marcador. Así se cerró la primera etapa.
Ya en el segundo tiempo, la reacción de Tolima era lo más esperado y así lo hizo, aunque realmente sin mucha claridad ya que no pudieron encontrar el descuento. Eso sí, se complicaron más de la cuenta cuando a los 66’ se fue expulsado Sebastián Guzmán tras una agresión en contra de Teófilo Gutiérrez. El marcador no se movería más y fue goleada de los Tiburones sobre el Glorioso.