- Por Juan Duarte
- Nación Media
En un partido entretenido, sobre todo en el tramo final, Resistencia y General Caballero de Mallorquín igualaron 1-1 en Dos Bocas. Luego de un primer tiempo en el que ambos tuvieron ocasiones, pero sin fortuna frente a los arcos, lo mejor quedó reservado para el segundo tiempo.
Fue ahí que el equipo mallorquino se puso adelante con el gol de cabeza de Hernán Pérez, tras una excelente asistencia de Clementino González.
Resistencia reaccionó a tiempo para emparejar todo, “ayudado” en gran medida por una infantil indecisión de Manuel Romero, que tras un intento fallido de despeje cometió una imprudente falta sobre Lezcano, que el árbitro Blas Romero pitó penal sin dudar. El propio Lezcano no falló desde los 12 pasos y decretó la paridad.
Lo que se vio después fue un encuentro de ida y vuelta, donde Jorge Sanguina tuvo la ocasión más clara para desnivelar el partido, pero su cabezazo pegó en el travesaño. Hasta el minuto final pudo llegar el desequilibrio para cualquiera, pero finalmente el marcador ya no se movió.
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Caballero: un pueblo entre cerros, historia y naturaleza que guarda la esencia del Paraguay
A unos 101 kilómetros de Asunción y a 30 kilómetros de Paraguarí se encuentra General Bernardino Caballero, más conocido como Caballero, un distrito que combina paisajes naturales, construcciones históricas y las tradiciones propias de la vida rural paraguaya.
Ubicado en el departamento de Paraguarí, el distrito tiene una superficie aproximada de 162 kilómetros cuadrados y está rodeado por cerros, valles y arroyos que forman parte del paisaje de la Cordillera de los Altos. Los cursos de agua, entre ellos El Chorro, Itá Cajón y el Caañabé, que continúa su recorrido hacia el Ypoá, aportan un atractivo especial a esta zona del país.
Era conocido como Isla Galán
Antes de convertirse en distrito, este territorio era conocido desde la época colonial como Isla Galán y pertenecía al municipio de Ybytymí. El 30 de agosto de 1901, durante la presidencia de Emilio Aceval, fue declarado independiente mediante el Decreto Ley n.º 299, adoptando el nombre de General Bernardino Caballero.
La creación del distrito se concretó el 4 de mayo de 1902 y, desde entonces, sus pobladores comenzaron a organizar las instituciones necesarias para el funcionamiento de la nueva comunidad.
El nombre rinde homenaje al general Bernardino Caballero, quien fue comandante de las fuerzas paraguayas durante la Guerra de la Triple Alianza y posteriormente presidente de la República.
Huellas del ferrocarril
Uno de los atractivos que conserva Caballero es su antigua estación de tren, cuya estructura edilicia permanece en pie y constituye uno de los vestigios de la época en que el ferrocarril tuvo un papel fundamental en la conexión de las comunidades del interior.
El patrimonio arquitectónico también se refleja en antiguas casonas que recuerdan el desarrollo que experimentó la localidad durante la primera mitad del siglo XX, período marcado por la llegada de inmigrantes europeos. Algunas construcciones conservan características de la arquitectura de aquella época y forman parte de la identidad histórica del distrito, según indicó Fátima Núñez, secretaria general del municipio, en comunicación con La Nación/Nación Media.
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En localidades cercanas, como Escobar, también se mantienen elementos vinculados al antiguo sistema ferroviario, entre ellos una zorra utilizada para transportar cargas, que actualmente forma parte de un espacio cultural que incluye una biblioteca y un pequeño museo.
Naturaleza y vida rural
Los cerros que rodean Caballero, sus caminos rurales y los arroyos conforman un escenario que invita a recorrer el distrito con calma y descubrir paisajes que conservan buena parte de su esencia natural.
La agricultura y la ganadería forman parte de la economía local, con producción de caña de azúcar, mandioca, algodón y otros productos, además de la cría de ganado vacuno, ovino y equino. La actividad forestal también complementa la producción de la zona.
Con cerca de 5.000 habitantes, Caballero mantiene una dinámica tranquila y comunitaria, donde las costumbres rurales continúan formando parte de la vida cotidiana.
Sabores y recuerdos que forman identidad
La identidad de Caballero también se encuentra en su gastronomía tradicional. Las comidas preparadas a leña, los caldos, el kuré chyryry y el chicharõ huiti forman parte de una cocina que conserva sabores y métodos transmitidos entre generaciones.
A esto se suma el paisaje de los antiguos caminos que conducen hacia compañías rurales como Iriarte, donde todavía es posible encontrarse con escenas características del interior paraguayo.
Caballero reúne así historia, naturaleza, patrimonio y tradición en un mismo destino. Un pueblo que conserva paisajes y costumbres que permiten conocer una parte auténtica de la identidad paraguaya.
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Caballero: entre cerros, historia y la naturaleza guarda la esencia del país
El nombre rinde homenaje al Gral. Bernardino Caballero, quien fue comandante de las fuerzas paraguayas durante la guerra de la Triple Alianza y luego presidente de la República.
A unos 101 kilómetros de Asunción y a 30 kilómetros de Paraguarí se encuentra General Bernardino Caballero, más conocido como Caballero, un distrito que combina paisajes naturales, construcciones históricas y las tradiciones propias de la vida rural paraguaya.
Ubicado en el departamento de Paraguarí, el distrito tiene una superficie aproximada de 162 kilómetros cuadrados y está rodeado por cerros, valles y arroyos que forman parte del paisaje de la Cordillera de los Altos. Los cursos de agua, entre ellos El Chorro, Itá Cajón y el Caañabé, que continúa su recorrido hacia el Ypoá, aportan un atractivo especial a esta zona del país.
ERA CONOCIDO COMO ISLA GALÁN
Antes de convertirse en distrito, este territorio era conocido desde la época colonial como Isla Galán y pertenecía al municipio de Ybytymí. El 30 de agosto de 1901, durante la presidencia de Emilio Aceval, fue declarado independiente mediante el Decreto Ley n.º 299, adoptando el nombre de General Bernardino Caballero.
La creación del distrito se concretó el 4 de mayo de 1902 y, desde entonces, sus pobladores comenzaron a organizar las instituciones necesarias para el funcionamiento de la nueva comunidad.
El nombre rinde homenaje al general Bernardino Caballero, quien fue comandante de las fuerzas paraguayas durante la guerra de la Triple Alianza y posteriormente presidente de la República.
HUELLAS DEL FERROCARRIL
Uno de los atractivos que conserva Caballero es su antigua estación de tren, cuya estructura edilicia permanece en pie y constituye uno de los vestigios de la época en que el ferrocarril tuvo un papel fundamental en la conexión de las comunidades del interior.
El patrimonio arquitectónico también se refleja en antiguas casonas que recuerdan el desarrollo que experimentó la localidad durante la primera mitad del siglo XX, período marcado por la llegada de inmigrantes europeos. Algunas construcciones conservan características de la arquitectura de aquella época y forman parte de la identidad histórica del distrito, según indicó Fátima Núñez, secretaria general del municipio, en comunicación con La Nación/Nación Media.
En localidades cercanas, como Escobar, también se mantienen elementos vinculados al antiguo sistema ferroviario, entre ellos una zorra utilizada para transportar car-gas, que actualmente forma parte de un espacio cultural que incluye una biblioteca y un pequeño museo.
NATURALEZA Y VIDA RURAL
Los cerros que rodean Caballero, sus caminos rurales y los arroyos conforman un escenario que invita a recorrer el distrito con calma y descubrir paisajes que conservan buena parte de su esencia natural.
La agricultura y la ganadería forman parte de la economía local, con producción de caña de azúcar, mandioca, algodón y otros productos, además de la cría de ganado vacuno, ovino y equino. La actividad forestal también complementa la producción de la zona.
Con cerca de 5.000 habitantes, Caballero mantiene una dinámica tranquila y comunitaria, donde las costumbres rurales continúan formando parte de la vida cotidiana.
SABORES Y RECUERDOS QUE FORMAN IDENTIDAD
La identidad de Caballero también se encuentra en su gastronomía tradicional. Las comidas preparadas a leña, los caldos, el kure chyryry y el chicharõ hu’iti forman parte de una cocina que conserva sabores y métodos transmitidos entre generaciones.
A esto se suma el paisaje de los antiguos caminos que conducen hacia compañías rurales como Iriarte, donde todavía es posible encontrarse con escenas características del interior paraguayo.
Caballero reúne así historia, naturaleza, patrimonio y tradición en un mismo destino. Un pueblo que conserva paisajes y costumbres que permiten conocer una parte auténtica de la identidad paraguaya.
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La palabra que se resiste a desaparecer
- Paulo César López
- paulo.lopez@nacionmedia.com
- Fotos: AIP / SNC
Entre las maracas y el adorno de plumas, las primeras palabras hermosas emergen como llamas y tenue neblina cada vez que se invoca a Ñamandu Ru Ete Tenondegua durante los primeros resplandores del día. Antes de convertirse en escritura, antes de ser clasificada por gramáticas y diccionarios, la palabra fue canto, rito, memoria y una manera de habitar el mundo.
En la dimensión originaria de la lengua quizá se encuentre una de las claves para comprender una pregunta que atraviesa la historia paraguaya: ¿quién decide qué palabras merecen ser escuchadas?
Hablar de lenguas supone hablar también de poder. No existen únicamente idiomas que tienen más o menos palabras, mayor o menor complejidad gramatical o diferentes capacidades expresivas. Existen, sobre todo, lenguas a las que una sociedad concede autoridad y otras a las que relega a determinados espacios periféricos. Hay lenguas autorizadas para la ciencia, la política, la universidad y la literatura mientras que otras quedan confinadas al hogar, al mercado, al afecto o al ritual.
El problema, entonces, no parece estar en las lenguas, sino en las jerarquías que construimos alrededor de ellas.
El guaraní constituye uno de los ejemplos más evidentes. Su historia está marcada por una honda paradoja: es una lengua profundamente arraigada en la vida cotidiana paraguaya y, al mismo tiempo, ha sido relegada de numerosos ámbitos considerados prestigiosos.
El antropólogo y lingüista hispano-paraguayo Bartomeu Melià advertía que el problema del guaraní no residía en una supuesta incapacidad interna, sino en su evolución histórica. La marginación cultural y social lo confinó a determinados campos semánticos, mientras otros ámbitos –especialmente la ciencia y la técnica– le permanecían prácticamente vedados. Esto a pesar de que el guaraní posee recursos potenciales para formar neologismos, crear expresiones nuevas o directamente incorporar préstamos.
DIMENSIÓN POLÍTICA
La cuestión adquiere así una dimensión política. Una lengua no deja de hablar de ciencia porque carezca de capacidad para hacerlo; deja de hacerlo cuando una sociedad decide que la ciencia debe hablarse en otra lengua.
Algo semejante ocurre cuando se juzga la riqueza de un idioma según la cantidad de términos que posee para designar números, objetos o categorías abstractas.
El antropólogo norteamericano Marvin Harris cuestionaba esa mirada al señalar que la especificidad o generalidad de un discurso responde a las necesidades culturales de cada sociedad. Allí donde resulta necesario distinguir grandes cantidades, una lengua desarrolla recursos para hacerlo; cuando esa precisión no es relevante para la vida cotidiana, puede bastar con expresiones generales como “poco”, “mucho” o “demasiado”.
¿Quién posee entonces el vocabulario más rico? La pregunta pierde sentido cuando comprendemos que las lenguas no son inventarios universales de palabras, sino herramientas construidas por comunidades concretas para desenvolverse en mundos concretos.
Por eso las jerarquías lingüísticas nunca son puramente lingüísticas. Son sociales, económicas, históricas y políticas.
DIGLOSIA
El Paraguay suele presentarse como un país bilingüe. Pero la coexistencia de dos lenguas no significa necesariamente igualdad entre ellas.
El bilingüismo puede esconder una distribución profundamente desigual de funciones: una lengua para los espacios oficiales y otra para los espacios cotidianos; una para escribir y otra para hablar; una para la universidad y otra para la intimidad; una para el poder y otra para la vida.
Durante siglos se instaló la idea de que civilizar equivalía a dejar atrás lo indígena; que avanzar significaba abandonar la oralidad para abrazar la escritura, sustituir la tradición por la modernidad y transformar la supuesta barbarie en civilización.
La lengua fue uno de los territorios fundamentales de esa operación. Melià lo expresó con contundencia al señalar que el estado de las lenguas constituye un claro indicador de lo ocurrido con las sociedades americanas. Si la conquista comenzó con la ocupación del territorio, su culminación puede encontrarse en la ocupación de la lengua.
Conquistar una lengua significa, en cierto modo, conquistar la posibilidad de nombrar el mundo.
COSMOVISIÓN
Nombrar un territorio de una manera u otra implica inscribir sobre él una determinada cosmovisión. Y cuando una comunidad pierde sus palabras, no pierde solamente vocabulario: pierde una parte de las categorías con las cuales interpreta su existencia.
El guaraní sin dudas habla. Está en las calles, en las casas, en los mercados, en los campos, en los fogones. Habla en los afectos y en los insultos, en el humor y en las canciones, en las ceremonias y en la conversación cotidiana. Pero cuando llega a determinadas instancias, su voz comienza a perder volumen.
Es allí donde Melià advertía sobre el peligro del alingüismo: una sociedad que pierde progresivamente la capacidad de pensar, decir y reconocerse en su propia lengua. Una lengua se encuentra dominada cuando queda confinada al coloquio íntimo y se le niega vigencia en aquello que una sociedad define como el “mundo de la cultura”.
A pesar de ello, la palabra guaraní todavía persiste. Excluida de determinados espacios de la llamada “alta cultura”, la voz indígena continúa levantándose junto a los fogones. Sigue resonando en el opy y en el tangara, allí donde la palabra todavía conserva algo de su antigua dimensión sagrada.
No se trata de decidir si una lengua es superior a otra. Se trata de preguntarnos qué mundo desaparece cuando una lengua deja de ser capaz de nombrarlo. La palabra no es un mero instrumento para describir la realidad, sino que forma parte de aquello que hace posible existir dentro de ella.
De ahí que defender una lengua no consista solamente en conservar palabras antiguas. Consiste en preservar una determinada manera de mirar, de recordar, de relacionarse con los otros y con la tierra.
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Joyero resistió a un asalto y con martillo hizo correr a delincuente
Ciudad del Este. Agencia Regional.
Un solitario asaltante irrumpió en una joyería, desenfundó su arma de fuego y apuntó hacia la persona que se encontraba atendiendo en el local. Le exigió la entrega de las joyas exhibidas en la vitrina. Ante esto, al instante la víctima tomó un martillo que tenía cerca y con ello intentó resistir al solidario delincuente.
Acto seguido, el afectado consiguió ahuyentar al hombre que lo estaba amenazando, lo hizo retroceder y salir del local. No obstante, en la huida consiguió agarrar dos cadenas de plata para luego correr hacia la motocicleta en la cual había llegado a la joyería.
A su salida, el agresor realizó disparos cuyos proyectiles impactaron en el techo del local asaltado, según reportó el personal de la Comisaría 5ª. de Hernandarias. Ocurrió ayer jueves a las 17:45 en el local denominado “Joyería y Relojería Albert”, ubicado sobre las calles Juan Bautista Flores y 25 de Agosto, zona céntrica de Hernandarias.
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Fue víctima Alberto Adrián Achar Rojas, de 70 años, propietario de la citada joyería. El autor portaba presumiblemente una pistola y llegó al local en una motocicleta de color negro.
De acuerdo con los datos recabados por el personal policial por parte de la víctima, la presencia solitaria del delincuente habría permitido que el joyero enfrentara a su agresor con lo primero que tenía a la mano, un martillo, aún con un arma de fuego en manos de su atacante.
En el lugar del hecho quedó un casquillo percutido, presumiblemente del arma de fuego con la cual el asaltante efectuó los disparos. Intervinieron agentes de criminalística y el caso fue comunicado al Ministerio Público.
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