Ambos protagonizaron un encuentro atractivo, Trinidense con más fundamentos a la hora de manejar la pelota, por momentos equivocó caminos. Por su parte, Resistencia se mostró más directo y golpeó por intermedio de Jorge Núñez, luego de una gran jugada colectiva.
En el complemento se jugó con más espacios, siendo el local el que más generó, aprovechando la desesperación del rival. De igual manera, el marcador no se movió y Resistencia volvió a sonreír luego de varias fechas.
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Paraguarí baja de las nubes al líder
Un golpazo fue el que dio Paraguarí AC en uno de los partidos mañaneros de ayer, en la continuidad de la jornada 25 del torneo de la División Intermedia. Y el que lo sufrió fue nada menos que el puntero del campeonato, General Caballero de Mallorquín, que pese a remontar dos veces, cayó en el tramo final del compromiso.
Marcelo Garcete (4’), Víctor Velazco (61’, de penal) y Roland Escobar (78’) convirtieron los tantos del Torero. Los tantos de Axel Baigorria, con un doblete (32’ y 68’), para el cuadro mallorquino sirvieron para igualar provisoriamente.
Si bien General Caballero sigue en la punta, hoy puede perder esa condición si el 12 de Junio de Villa Hayes si hoy consigue una victoria de local ante Independiente de Campo Grande, que también buscará ganar por su aniversario de fundación.
En otro partido disputado ayer, Fernando de la Mora logró una trabajosa victoria de 2-1 sobre Resistencia en su estadio Emiliano Ghezzi. El cuadro del barrio Palomar llegó rápidamente a los goles, con el doblete de Rodney Chaparro.
El primero de ellos al inicio del partido (minuto 2) y el segundo a los 22’. Aníbal Vega descontó a los 77’ para los chacariteños, que buscó el empate pero no logró, y sufriendo la expulsión de su lateral Aquilino Giménez.
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Laboratorio Central logra una acreditación inédita para proteger a pacientes en investigaciones
Este martes se informó sobre un hecho histórico para el Ministerio de Salud Pública: por primera vez se realizó la entrega del Certificado de Acreditación Básica al Comité de Ética en Investigación para la Salud con Seres Humanos del Laboratorio Central de Salud Pública (CEI-LCSP).
Según explicaron las autoridades, el reconocimiento representa un avance en el fortalecimiento de las investigaciones científicas vinculadas a la salud pública, ya que garantiza que los estudios que involucren a personas sean evaluados bajo criterios técnicos y principios éticos destinados a resguardar a quienes participan en ellos.
Con esta acreditación, el Laboratorio Central de Salud Pública (LCSP) se convierte en la primera institución dependiente del MSPyBS en contar con un Comité de Ética formalmente acreditado. El procedimiento se concretó luego de verificar el cumplimiento de las exigencias establecidas en la Resolución N.º 379/2025 del Ministerio de Salud.
La certificación fue otorgada mediante el Certificado DIEE/DGPE N.º 5/2026 y tendrá una vigencia de dos años. El documento reconoce que el comité reúne las condiciones necesarias para analizar investigaciones en las que participan seres humanos, con especial atención a la protección de sus derechos, seguridad, dignidad y bienestar.
Trabajo en equipo
El proceso también pone en valor el trabajo de un equipo integrado por profesionales de distintas disciplinas del Laboratorio Central, cuya labor contribuye a incorporar mayores estándares de transparencia, responsabilidad y control ético en la investigación científica.
Desde el Ministerio de Salud señalaron que el logro posiciona al LCSP como pionero dentro de la cartera sanitaria en materia de gobernanza ética de la investigación, un aspecto considerado fundamental para generar evidencia científica confiable y, al mismo tiempo, garantizar el respeto de los principios bioéticos nacionales e internacionales.
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La palabra que se resiste a desaparecer
- Paulo César López
- paulo.lopez@nacionmedia.com
- Fotos: AIP / SNC
Entre las maracas y el adorno de plumas, las primeras palabras hermosas emergen como llamas y tenue neblina cada vez que se invoca a Ñamandu Ru Ete Tenondegua durante los primeros resplandores del día. Antes de convertirse en escritura, antes de ser clasificada por gramáticas y diccionarios, la palabra fue canto, rito, memoria y una manera de habitar el mundo.
En la dimensión originaria de la lengua quizá se encuentre una de las claves para comprender una pregunta que atraviesa la historia paraguaya: ¿quién decide qué palabras merecen ser escuchadas?
Hablar de lenguas supone hablar también de poder. No existen únicamente idiomas que tienen más o menos palabras, mayor o menor complejidad gramatical o diferentes capacidades expresivas. Existen, sobre todo, lenguas a las que una sociedad concede autoridad y otras a las que relega a determinados espacios periféricos. Hay lenguas autorizadas para la ciencia, la política, la universidad y la literatura mientras que otras quedan confinadas al hogar, al mercado, al afecto o al ritual.
El problema, entonces, no parece estar en las lenguas, sino en las jerarquías que construimos alrededor de ellas.
El guaraní constituye uno de los ejemplos más evidentes. Su historia está marcada por una honda paradoja: es una lengua profundamente arraigada en la vida cotidiana paraguaya y, al mismo tiempo, ha sido relegada de numerosos ámbitos considerados prestigiosos.
El antropólogo y lingüista hispano-paraguayo Bartomeu Melià advertía que el problema del guaraní no residía en una supuesta incapacidad interna, sino en su evolución histórica. La marginación cultural y social lo confinó a determinados campos semánticos, mientras otros ámbitos –especialmente la ciencia y la técnica– le permanecían prácticamente vedados. Esto a pesar de que el guaraní posee recursos potenciales para formar neologismos, crear expresiones nuevas o directamente incorporar préstamos.
DIMENSIÓN POLÍTICA
La cuestión adquiere así una dimensión política. Una lengua no deja de hablar de ciencia porque carezca de capacidad para hacerlo; deja de hacerlo cuando una sociedad decide que la ciencia debe hablarse en otra lengua.
Algo semejante ocurre cuando se juzga la riqueza de un idioma según la cantidad de términos que posee para designar números, objetos o categorías abstractas.
El antropólogo norteamericano Marvin Harris cuestionaba esa mirada al señalar que la especificidad o generalidad de un discurso responde a las necesidades culturales de cada sociedad. Allí donde resulta necesario distinguir grandes cantidades, una lengua desarrolla recursos para hacerlo; cuando esa precisión no es relevante para la vida cotidiana, puede bastar con expresiones generales como “poco”, “mucho” o “demasiado”.
¿Quién posee entonces el vocabulario más rico? La pregunta pierde sentido cuando comprendemos que las lenguas no son inventarios universales de palabras, sino herramientas construidas por comunidades concretas para desenvolverse en mundos concretos.
Por eso las jerarquías lingüísticas nunca son puramente lingüísticas. Son sociales, económicas, históricas y políticas.
DIGLOSIA
El Paraguay suele presentarse como un país bilingüe. Pero la coexistencia de dos lenguas no significa necesariamente igualdad entre ellas.
El bilingüismo puede esconder una distribución profundamente desigual de funciones: una lengua para los espacios oficiales y otra para los espacios cotidianos; una para escribir y otra para hablar; una para la universidad y otra para la intimidad; una para el poder y otra para la vida.
Durante siglos se instaló la idea de que civilizar equivalía a dejar atrás lo indígena; que avanzar significaba abandonar la oralidad para abrazar la escritura, sustituir la tradición por la modernidad y transformar la supuesta barbarie en civilización.
La lengua fue uno de los territorios fundamentales de esa operación. Melià lo expresó con contundencia al señalar que el estado de las lenguas constituye un claro indicador de lo ocurrido con las sociedades americanas. Si la conquista comenzó con la ocupación del territorio, su culminación puede encontrarse en la ocupación de la lengua.
Conquistar una lengua significa, en cierto modo, conquistar la posibilidad de nombrar el mundo.
COSMOVISIÓN
Nombrar un territorio de una manera u otra implica inscribir sobre él una determinada cosmovisión. Y cuando una comunidad pierde sus palabras, no pierde solamente vocabulario: pierde una parte de las categorías con las cuales interpreta su existencia.
El guaraní sin dudas habla. Está en las calles, en las casas, en los mercados, en los campos, en los fogones. Habla en los afectos y en los insultos, en el humor y en las canciones, en las ceremonias y en la conversación cotidiana. Pero cuando llega a determinadas instancias, su voz comienza a perder volumen.
Es allí donde Melià advertía sobre el peligro del alingüismo: una sociedad que pierde progresivamente la capacidad de pensar, decir y reconocerse en su propia lengua. Una lengua se encuentra dominada cuando queda confinada al coloquio íntimo y se le niega vigencia en aquello que una sociedad define como el “mundo de la cultura”.
A pesar de ello, la palabra guaraní todavía persiste. Excluida de determinados espacios de la llamada “alta cultura”, la voz indígena continúa levantándose junto a los fogones. Sigue resonando en el opy y en el tangara, allí donde la palabra todavía conserva algo de su antigua dimensión sagrada.
No se trata de decidir si una lengua es superior a otra. Se trata de preguntarnos qué mundo desaparece cuando una lengua deja de ser capaz de nombrarlo. La palabra no es un mero instrumento para describir la realidad, sino que forma parte de aquello que hace posible existir dentro de ella.
De ahí que defender una lengua no consista solamente en conservar palabras antiguas. Consiste en preservar una determinada manera de mirar, de recordar, de relacionarse con los otros y con la tierra.
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Joyero resistió a un asalto y con martillo hizo correr a delincuente
Ciudad del Este. Agencia Regional.
Un solitario asaltante irrumpió en una joyería, desenfundó su arma de fuego y apuntó hacia la persona que se encontraba atendiendo en el local. Le exigió la entrega de las joyas exhibidas en la vitrina. Ante esto, al instante la víctima tomó un martillo que tenía cerca y con ello intentó resistir al solidario delincuente.
Acto seguido, el afectado consiguió ahuyentar al hombre que lo estaba amenazando, lo hizo retroceder y salir del local. No obstante, en la huida consiguió agarrar dos cadenas de plata para luego correr hacia la motocicleta en la cual había llegado a la joyería.
A su salida, el agresor realizó disparos cuyos proyectiles impactaron en el techo del local asaltado, según reportó el personal de la Comisaría 5ª. de Hernandarias. Ocurrió ayer jueves a las 17:45 en el local denominado “Joyería y Relojería Albert”, ubicado sobre las calles Juan Bautista Flores y 25 de Agosto, zona céntrica de Hernandarias.
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Fue víctima Alberto Adrián Achar Rojas, de 70 años, propietario de la citada joyería. El autor portaba presumiblemente una pistola y llegó al local en una motocicleta de color negro.
De acuerdo con los datos recabados por el personal policial por parte de la víctima, la presencia solitaria del delincuente habría permitido que el joyero enfrentara a su agresor con lo primero que tenía a la mano, un martillo, aún con un arma de fuego en manos de su atacante.
En el lugar del hecho quedó un casquillo percutido, presumiblemente del arma de fuego con la cual el asaltante efectuó los disparos. Intervinieron agentes de criminalística y el caso fue comunicado al Ministerio Público.
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